«Los portugueses somos negociantes, gente levantina»

Lídia Jorge

 

¿Cuáles son los puntos más difíciles de esta labor de afrontar la historia?

Hablamos de afrontar la historia reciente del país, la guerra colonial, la relación con África, la policía política, la fantasmagoría de la familia, los valores tradicionales, la dictadura, el peso de la dictadura. Crecemos más jóvenes, estamos tocadas por un mundo más amplio. Mostramos la modernidad, los puntos frágiles, la injusticia, el combate, persona a persona. Es lo que hacen las escritoras de mi edad. El país se desarrolla en una nueva onda, y esa complejidad es nuestro tema.

En El fugitivo que dibujaba los pájaros, usted vuelve la mirada hacia ese mundo rural que en las letras españolas había desaparecido durante mucho tiempo, hasta que hace poco volvió a ponerse de moda. ¿En Portugal siempre ha estado presente?

«Lo rural se mezcla con la modernidad. Lo rural no se perdió entre nosotros»

Aquí continúa. La semana pasada estuve con un escritor, João Ricardo Pedro, que hablaba del mundo rural como una cosa que deja marcas en el presente. Tiene un libro maravilloso que habla del mundo urbano habitado por elementos rurales. El mundo urbano absorbe el rural, y lo rural se mezcla con la modernidad. Lo rural no se perdió entre nosotros. Hay dos temas entre los portugueses, siempre, que no se pasan: uno es el el mar, la relación con el mar, y África, naturalmente, y el mundo de las raíces. Están de forma permanente.

Dijo una vez en España que en su país no existe la literatura light. ¿Sigue siendo cierto, o ya llegó a Portugal?

No, no, hay en una crisis enorme. Entre editores, libreros, escritores. Los libros que se venden son de ensayo: política, economía, fenómenos extraordinarios como deportistas que alcanzaron el Everest, y luego literatura light, literatura light hecha con el aspecto de literatura hard, histórica. Es un pastiche, no hay diferencia ahora respecto a España.

Como Ken Follett.

Sí. Como país pequeño que somos, buenos lectores hay pocos, el desafía es mucho mas duro que en España. Quien antes vendía veinte mil ejemplares, que para nosotros estaba muy bien, ahora puede vender cinco mil como mucho. Y eso es muy poco, si uno es un escritor serio, que necesita investigar, necesita reposo. Conozco a editores que quieren dejar la edición de libros. La semana pasado una editora de Planeta portuguesa me dijo: “Los libros que me gustan no son los que gustan al público, y lo que le gusta al público no me gusta. Y no soporto más esta tragedia”.

La izquierda española quiere mirarse de nuevo en Portugal. ¿Se están haciendo las cosas tan bien allí? ¿Qué podemos aprender?

«El Partido Comunista y el Bloco de Esquerda entendieron que debían ayudar al gobierno socialista»

El panorama es optimista, es una especie de milagro. El Partido Comunista y el partido Bloco de Esquerda, que es de extrema izquierda, entendieron que debían ayudar al gobierno socialista. Porque fue tan mal, tan mal lo que consiguió el gobierno de la derecha, que pensaron que no deberían bloquear la tentativa de ser un poco mejor. Se inventó una palabra para esto, para señalar que es una asociación más bien frágil: geringonça [chapuza]. Parece un caso único en Europa. Esta asociación todos los días se deshace y se rehace [ríe].

¿El efecto de la izquierda se nota también en la cultura? ¿La cuidan más?

No estoy segura. Hay una obsesión por los negocios inmediatos, por la política social. Simplemente tiene más apertura para la cultura que la derecha, que no tenía ninguna. Son personas que van al teatro, que tienen interés por la cultura. Pero hoy día no se nota una gran diferencia. Sí se ve una diferencia en el aspecto social: prestan mucha más atención a los que tienen poco o no tienen nada, a la política del trabajo, la política para los jubilados… es la tónica dominante.

Portugal ha sido siempre país de grandes poetas y novelistas, pero, ¿y el relato? ¿Tiene consideración?

En Portugal los cuentos tampoco tienen mucha opción. La novela sí, pero para los cuentos siempre es difícil. Los editores tiemblan cuando se trata de cuentos. Aunque sean una pequeña joya, siempre hay dificultad de publicar cuentos. Con todo, será el género del futuro, cuando la gente no tiene tiempo para leer mucho.

Usted ha cultivado la literatura infantil y juvenil. ¿Se aprecia este género en Portugal?

«Escribir para los niños es siempre como si acábaramos de nacer»

Tiene cierta consideración, pero está completamente dominada en este momento por las marcas extranjeras. Los escritores portugueses tienen dificultades para publicar cuentos infantiles. Pero tiene bastante consideración, hay autores que se dedican a ella.

¿Ha enseñado ya a leer a algunas generaciones de portugueses?

Sí. Cuando hablo con niños de doce años, y uno me dice que cuando tenía siete leía por ejemplo O Romance do Grande Gatão, me impresiona. Da alegría saber que se sintieron tocados por esta historia, que les dice algo. Es una faceta muy tierna.

Y la escritora Lídia Jorge para lectores adultos, ¿ha aprendido algo escribiendo para niños?

Sí. Aprendí que hay que ver el mundo como si fuese la primera vez. Tendemos a mirar todo el tiempo como si ya supiéramos cómo se nace y como se muere. Los niños no saben cómo se nace, ni cómo se muere. Y eso es encantador. Para los adultos se escribe sabiendo cómo se nace y cómo se muere, si no, no hay profundidad, no hay amplitud suficiente para tocar a un adulto. Pero para los niños no: es siempre como si acábaramos de nacer.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Lídia Jorge
 
 

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