Ciegos en Gaza

 

Lo mismo sucedió con los racistas que se oponían a Martin Luther King en Alabama. En los albores de la ocupación, un seguidor de Luther King de origen palestino vino a este país e intentó convencer a sus compatriotas de que adoptaran la misma estrategia. El ejército israelí abrió fuego y los palestinos recurrieron a la lucha armada.

Pero esta vez es distinto. La organización islámica (violenta) Hamas de la Franja de Gaza ha hecho un llamamiento a la protesta pacífica, y decenas de miles de personas lo han seguido. La novedad puede ofrecer resultados imprevistos. Uno de ellos es ordenar a los francotiradores abrir fuego más o menos al azar.

Al manifestar públicamente mi vergüenza, un lector me ha acusado de hipocresía citando mis dos libros sobre la Guerra de Independencia de 1948, en los que describo las atrocidades de las que fui testigo.

Incluso en la sociedad civil, las protestas por este asesinato en masa han sido muy pocas

Por supuesto que se cometieron atrocidades, como se cometen en todas las guerras. Los que las perpetraron fueron soldados procedentes de todos los grupos étnicos y todas las clases sociales. Sin embargo, fueron denunciados por algunos de sus compañeros de armas (que también pertenecían a todos los grupos étnicos y clases sociales). La mayoría de los soldados se limitaron a seguir al más persuasivo.

Hoy en día la situación es diferente. No solo porque hoy disparan siguiendo órdenes a manifestantes desarmados que se encuentran lejos del muro, sino que porque además no se oyen voces de protesta. Los políticos y los militares están unidos. Incluso en la sociedad civil, las protestas por este asesinato en masa han sido muy pocas.

¿Cuál ha sido la reacción de los medios israelíes? No la ha habido. Los medios prácticamente han ignorado este suceso, fundamental en la historia de Israel.

Por suerte para los perpetradores, están sucediendo muchas cosas que nos distraen de sus acciones. Al parecer, en Siria el presidente Bashar al Asad ha utilizado armas químicas contra los rebeldes. Los medios de comunicación israelíes se han volcado en estas noticias. ¡Qué salvajada! ¡Qué barbaridad! ¡Qué típico de los árabes!

Después está el asunto de los 36.000 trabajadores “ilegales”, es decir no judíos, que pululan por Israel. El gobierno quiere expulsarlos. Los israelíes de bien quieren evitarlo, con mucha razón. Es un trabajo a jornada completa. No queda tiempo para la Franja de Gaza.

Y por supuesto, también está el Día del Recuerdo del Holocausto, que se celebra convenientemente esta semana. Se podrían escribir ríos de tinta sobre este horrible capítulo de la historia. ¿Qué es Gaza comparado con el Holocausto?

¿Qué pasa con nuestros medios de comunicación?

La triste realidad es que nuestros medios de comunicación han retomado el papel que cumplían en los primeros días del Estado de Israel: son un instrumento del gobierno. La revista que yo dirigía tardó décadas en cambiar ese hábito. Durante muchos años, en Israel hubo una prensa decente con brillantes periodistas y presentadores.

La mayoría de los periodistas bienintencionados no se dan cuenta de lo que hacen (o no hacen)

Pero aquella época acabó. Quedan algunos, pero la gran mayoría de la prensa está al servicio del régimen (gleichgeschaltet en alemán). 2 minutos sobre Gaza. 20 sobre Siria. 10 sobre el último (e imaginario) brote de antisemitismo en el Partido Laborista británico.

La mayoría de los presentadores y periodistas, todos ellos personas honestas y bienintencionadas, no se dan cuenta de lo que hacen (o no hacen). Son inocentes del delito de pensar por sí mismos.

¿Dónde está la “izquierda”? ¿Dónde está el así llamado “centro”?

No han desaparecido, como tantos lamentan. Ni mucho menos. Para derrocar a Netanyahu bastaría con que un pequeño porcentaje de israelíes cambiara su voto o que uno de los partidos minoritarios gravitara hacia un lado o hacia el otro del espectro político.

Sin embargo, están todos paralizados. Más allá de algunos susurros inaudibles, nadie se atreve a protestar contra los asesinatos. Incluso entre muchos de los admirables jóvenes que luchan contra la ocupación, cada uno desde su sector específico, cunde el silencio sobre los crímenes en Gaza.
No hay manifestaciones masivas. No hay enormes protestas. No hay nada.

Por eso nosotros somos también culpables. Y quizá más culpables que otros.

Tomen nota: ¡Yo soy culpable!

 

© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 14 Abril 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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2 comentarios

  1. Raúl Urrutia López dice:

    Un detalle: “que es gaza ante el holocausto” pues mucha diferencia señor, para empezar la democracia no existía, los cuestionamiento políticos se defendían con balas y el pueblo apoyaba la política del régimen asesinó y me refiero al estado de Israel hoy, pues un invasor que aniquila a un pueblo desarmado y con el apoyo tácito de su gente no tiene ninguna diferencia con la Alemania nazi

 
 

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