«Ahora soy capaz de amar una Grecia mucho más real»

María Belmonte

 

Otra cuestión sobre sus peregrinos: son todas miradas desde fuera. ¿Qué veían ellos que pasara desapercibido a los locales?

Mira, en 2007 subí al monte Olimpo con dos amigos atenienses. Dos personas que eran de los que habían creado Syriza precisamente para atajar un país asolado por la corrupción, el clientelismo, la alternancia de dos familias políticas. Y me decían: “María, ¿por qué vienes? Este país es asqueroso, desastroso”. Me hicieron reflexionar sobre mi propia mirada idealizada, porque yo buscaba el país de los filósofos con toga, de las estatuas bellísimas. Pero conocer la historia, la triste historia de Grecia, la guerra civil, la dictadura de los coroneles…

¿Un jarro de agua fría?

«Los extranjeros te dulcifican la imagen; leer algo sobre España escrito por nosotros mismos es muy duro»

Yo iba también a buscar un país que no existe, y un ideal que quizá no existió jamás, porque los hombres ni las mujeres eran tan bellos como las estatuas, y todo fueron una serie de repúblicas que se hicieron la guerra continuamente. A mí me encanta también leer cosas de España escritas por extranjeros, te dulcifican la imagen, ves tu propio país como algo exótico. Sin embargo, leer algo sobre España escrito por nosotros mismos es muy duro. Ahora le contestaría a mis amigos –los dos tuvieron que emigrar– que soy capaz de amar una Grecia mucho más real, con sus ruidos, su contaminación…

… su espantoso vino retsina…

Horroroso [risas], pero con su gran generosidad. Llegas a un lugar cualquiera después de caminar todo el día por la naturaleza, y un desconocido te abre el patio de su casa, te ofrece asiento y te trae un vaso de agua fresca y un poco de dulce, lo que se ha ofrecido siempre al viajero. Luego es verdad que vuelves a Atenas y se te cae el alma a los pies: todo cerrado, gente pidiendo desesperada…

Acaba de decirme que los relatos de España escritos por españoles son duros, pero usted escribió un viaje a su propia tierra, y no le quedó nada mal.

«Thoreau decía que 30 kilómetros cuadrados bien explorados dan para toda una vida»

Hice un viaje a pie por la costa vasca, y he utilizado un territorio tan familiar como excusa para ensayar ese género anglosajón que a mí me fascina, que es la nature writing, la escritura sobre la Naturaleza. Tengo un filtro grande en ese proyecto, y es que si te fijas no hablo de seres humanos. Hablo de pulpos, de lapas, de agua, del musgo. Lo que he querido demostrar es que no tienes que viajar a lugares lejanos para encontrar la belleza, porque nos rodea por todas partes. Tienes que aprender a mirar. Thoreau, ahora tan de moda, decía que 30 kilómetros cuadrados bien explorados dan para toda una vida, y de hecho él nunca salió de Concord y alrededores.

¿Se tuvo que preparar para este viaje?

Soy de letras pero me encanta la ciencia, y he tenido que leer mucha divulgación, porque tengo un nivel muy básico, no creas… Mi gran dolor es saber tan poco de química, matemáticas, biología. Debe de ser muy grave para nuestro cerebro, según los matemáticos, que sepamos tan poco. La mayor aberración educativa es la separación tan brutal que hay entre ciencias y letras. De hecho, filósofo es el que ama la sabiduría. Y en la filosofía antigua no se distinguía entre uno y otro, era un saber. Había que conocer la geometría y las matemáticas para comprender el mundo.

Cuando reseñé su libro, me llamó la atención un hecho: que no mencionara en ningún momento a ETA. ¿Eso es autocensura, o simplemente no encontró ninguna reminiscencia de ese fenómeno?

«Cuando fui a Pasajes, yo iba en compañía de Víctor Hugo: los otros no tenían cabida»

Me llamó mucho la atención. Imagínate, cuando entro en San Sebastián, la de lugares manchados de sangre que hay allí. Pero yo escribía un libro de Naturaleza, y la política no tenía entrada. Es como si mi ídolo, Robert MacFarley, cuando viaja por Irlanda, te hablara del IRA, y no de las piedras. Habría sido otro libro. Lo único que hago alusión es a la guillotina que estuvo instalada en la plaza de San Juan de Luz durante la Revolución Francesa, muy activa además.

Cuando regresa, ¿vuelve a un sitio en paz?

Vuelvo a un sitio irreconocible, no solo en paz, sino como una amnesia… Allí no ha pasado nunca nada, el PNV dicen que hace las cosas muy bien, porque hay mucho dinero, todo el mundo está feliz. Parece que no han muerto nunca 800 personas. Pero yo puedo olvidarlo cuando estoy allí, la gente es muy simpática. Cuando fui a Pasajes, yo estaba arrobada, iba en compañía de Víctor Hugo. Los otros no tenían cabida.

Para cerrar el círculo, ¿qué tiene de Mediterráneo esa costa norte?

No te sé contestar. Creo que afortunadamente son distintos. Cuando vas al Mediterráneo encuentras una esencia distinta, y cuando vas al norte también, con ese mar tan bravo, con ese color. En cuanto a las personas… Quizá entre navegantes sí exista esa afinidad. Piensa en el griego Piteas, que sale de Marsella y se va nada menos que hasta la última Thule, y navegó hasta donde, dice, “el mar se hizo sólido”. Esos navegantes vascos que salían de Pasajes o Zarauz, y se iban guiándose por la Osa Mayor hasta la península de Labrador eran una casta muy necesitada, pasaron mucha hambre, pero es una sola casta en todo el mundo.
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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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