Siete años después de Tahrir

 

“Aunque ya antes el movimiento se enfrentó a la ira del Estado egipcio, la Hermandad puede llegar a un punto de quiebra ahora que la administración de Sisi está desmantelando sistemáticamente su infraestructura social de negocios, clínicas, escuelas y guarderías. Existe un peligro real de que las luchas entre facciones dejen a la Hermandad sumida en guerras intestinas” explica Fawaz Gerges, analista y profesor de la London School of Economics.

Pero no mucho mejor es la situación de los activistas laicos y la prensa. Ya bajo Mubarak, el clima político era represivo y solo tras la revolución de 2011 hubo aire fresco yse multiplicaron los medios independientes. Desde la llegada al poder de Sisi en 2013, y especialmente durante los últimos meses, se ha exacerbado la persecución a la prensa que ahoga a periodistas críticos, pero incluso a medios tradicionalmente más afines al régimen.

El Gobierno exige a los medios extranjeros “utilizar solo fuentes oficiales”

Desde propaganda nacionalista a la expulsión y persecución judicial de periodistas, pasando por la adquisición de medios, militarización de las coberturas y nuevas leyes restrictivas, el régimen de Sisi toca todas las cuerdas para controlar a los medios tanto locales como extranjeros: en marzo, la corresponsal de The Times, Bel Trew, tuvo que abandonar el país tras ser amenazada con un juicio militar. A finales de febrero el Gobierno instó al boicot contra la cadena británica BBC por transmitir una entrevista a la madre de una desaparecida forzosa, mientras que la agencia de noticias Reuters se enfrentó a un proceso penal por una información en la que apuntaba que el estudiante italiano Giulio Regeni, torturado y asesinado en El Cairo había sido detenido por la Policía poco antes de su desaparición. Antes de las elecciones, el Gobierno exigió a los medios extranjeros “utilizar solo fuentes oficiales”, mientras que la Fiscalía anunció el lanzamiento de una línea telefónica de quejas sobre “noticias falsas y rumores” publicadas en medios de comunicación “con la intención de socavar la seguridad nacional”.

Así, en medio de un clima de cada vez mayor represión contra la prensa, Egipto se ha convertido en uno de los países con más periodistas encarcelados, al menos 27, según un informe del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). Muchos languidecen en detención preventiva, a veces por razones peregrinas: una periodista que publicó en Facebook un meme sobre Sisi fue condenada a 5 años de cárcel por “posesión de cannabis”. En apenas 4 meses, al menos 15 periodistas fueron detenidos o interrogados por las fuerzas de seguridad. La draconiana ley de seguridad limita la cobertura de los atentados terroristas y prohíbe usar otras cifras que las que ofrezca el Ejército y se ha bloqueado el acceso a cientos de páginas web (425 hasta la fecha, según un informe de la Asociación egipcia para la Libertad de Pensamiento y Expresión).

Hombres de negocios afines al régimen o del aparato militar siguen comprando canales y periódicos

“La censura siempre ha sido algo normal en Egipto, especialmente la autocensura; tienes que tener una conciencia muy activa para resistirla. El problema ahora es la arbitrariedad, la impredictibilidad de esta persecución. Sientes que cualquier cosa puede enfadar a las autoridades, no sabes dónde están las líneas rojas”, dice Lina Attalah, directora del medio independiente Mada Masr. A principios de mes, un presentador de televisión, ardiente defensor de Sisi, fue detenido durante 24 horas y está pendiente de investigación por “insultar a la Policía” tras leer en el aire una carta de la mujer de un policía que se quejaba de sus problemas económicos.

Además, hombres de negocios afines al régimen o del aparato militar siguen comprando canales y periódicos. Khaled el Balshy, director de la página web opositora Al Bedaiah, apunta a una “nacionalización por proxy”: primero se añade un medio a la interminable lista de entidades e individuos sospechosos de apoyar a los Hermanos Musulmanes, se congelan sus cuentas bancarias (una táctica también utilizada contra las ONG) y finalmente el medio se coloca bajo control administrativo de uno de propiedad gubernamental. La cadena ONTV, un popular canal de televisión generalmente a favor de Sisi, con ocasionales comentarios críticos, fue adquirida el pasado mayo de 2016 por un poderoso magnate cercano a los servicios secretos militares, y a finales de 2017 se documentó la compra del canal Al Hayat por una firma de seguridad, Falcon, cuyo gerente es un antiguo oficial también del mismo cuerpo castrense.

Lina Attalah, cuya página web todavía es prácticamente inaccesible desde el territorio egipcio, concluye: “Tengo miedo todo el rato. Sobre qué me va a pasar a mi, qué nos va a pasar al equipo, pero ponemos estos miedos a un lado cuando escribimos las historias y nos enfrentamos a ellos después” Amro Ali, por su cuenta, resume así la situación: “La hiperseguridad está a la hora del día, y eso intimida y acaba con los activistas. El régimen crea un marco que lo pone en una posición de elegir entre estabilidad o caos”.

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Alicia Alamillos

@Ali_Arena

Periodista (Córdoba, 1992). Tras pasar por la mesa Internacional de ABC y...

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