El gran día

 

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Hace dos días, el Estado de Israel celebró su septuagésimo cumpleaños. No se ha oído hablar de otra cosa durante días. Discursos y más discursos plagados de lugares comunes. Un enorme festival kitsch.

Todo el mundo estaba de acuerdo: David Ben Gurión hizo historia cuando proclamó la fundación del estado de Israel en aquella pequeña sala de Tel Aviv.

Esta semana, a los que vivieron aquellos momentos les han preguntado: ¿Dónde estaba usted en aquel momento? ¿Qué sintió cuando la historia llamó a su puerta?

Bueno, pues yo los viví y no sentí nada.

Por entonces yo servía en el recién estrenado ejército, que aún no se llamaba “Ejército de Defensa de Israel”, su nombre oficial en hebreo. Mi compañía tenía sus cuarteles en un pequeño campamento de tiendas de campaña en Hulda, un kibutz al sur de Tel Aviv.

La proclamación me importaba un comino. Estábamos metidos en una guerra desesperada para ambos bandos

Aquella misma noche íbamos a atacar un pueblo llamado al-Kubab, cerca de Ramla. Esperábamos resistencia, así que estábamos preparándolo todo, como hacen los soldados antes de una batalla. De pronto alguien vino corriendo y gritó: “¡Venid rápido, Ben Gurión está declarando la independencia en el salón!”. En el salón estaba la única radio del lugar. Todo el mundo fue corriendo, yo incluido.

La verdad es que la proclamación me importaba un comino. Estábamos metidos hasta el cuello en una guerra desesperada para ambos bandos y sabíamos que la supervivencia de nuestro estado se decidiría por medio del combate. Si ganábamos la guerra, existiría un Estado. Si la perdíamos, ni un Estado ni nosotros.

El discurso de un político en Tel Aviv no significaba nada.

Sin embargo, un detalle despertaba mi curiosidad. ¿Cómo se llamaría el nuevo Estado? Había varias propuestas, y yo quería saber cuál se había elegido.

Cuando oí la palabra “Israel”, abandoné el salón y me fui a seguir limpiando mi arma.

Por cierto, la feroz batalla no tuvo lugar. Cuando atacamos el pueblo por los dos flancos, la población ya había salido huyendo. Entramos en las casas vacías, con comida caliente aún en las mesas. A los habitantes nunca se les permitió volver.

A la mañana siguiente transfirieron a mi compañía al sur. El ejército egipcio había penetrado en Palestina y debíamos detenerlos antes de que alcanzasen Tel Aviv. Pero eso es otra historia.

David Ben Gurión, cuya voz había oído aquella tarde en la radio, es hoy el mayor héroe nacional de nuestra historia. El hombre que creó el Estado de Israel. Esta semana han emitido un documental sobre su vida por televisión.

El director, Raviv Drucker, un excelente periodista, ha producido una magnífica película. Muestra a Ben Gurión tal y como fue, con sus todas virtudes y todos sus defectos.

Comparados con Ben Gurión, sus sucesores en el cargo han sido todos políticos de segunda

Comparados con él, sus sucesores en el cargo de primer ministro han sido todos políticos de segunda. Por no mencionar al enano que actualmente ocupa el sillón.

Fue Ben Gurión quien decidió proclamar el nacimiento del estado en el momento preciso en que los ocupantes británicos se habían marchado y los ejércitos de los cuatro países árabes vecinos estaban a punto de invadirnos. Sus colegas tenían miedo de tomar la decisión y Ben Gurión tuvo que imponerla.
La verdad es que yo no creo que la decisión fuera tan crucial como dicen. Si la proclamación se hubiera retrasado unos meses todo hubiera sido más o menos igual. Una vez ganada la guerra, aun con el enorme número de bajas que supuso, podríamos haber proclamado el Estado de Israel en cualquier momento.

El filme muestra a las masas celebrando la independencia por las calles. Esto nunca sucedió

El documental es muy riguroso en su mayor parte, aunque tiene algún que otro fallo. Por ejemplo, muestra a los habitantes de Tel Aviv celebrando la independencia por las calles después de la proclamación. Esto nunca sucedió, aunque lo cierto es que se ha repetido tantas veces que casi hay que perdonarle a Drucker su credulidad. De hecho, lo que se celebró por las calles fue la resolución de la partición de Palestina en un estado árabe y otro judío (con Jerusalén como entidad independiente) por parte de Naciones Unidas en noviembre de 1947.

Las calles estaban desiertas cuando el Estado judío se fundó en mayo de 1947 y Ben Gurión pronunció su discurso. Los jóvenes estaban en el ejército y los mayores demasiado asustados para celebrar nada.
De una población de 630.000, en aquella guerra perdimos a unos 6300 de los nuestros.

Proporcionalmente, hoy en día el equivalente serían unos tres millones de ciudadanos estadounidenses. Muchos más resultaron heridos, yo entre ellos, pobre de mí. Las bajas del bando árabe fueron aún mayores en términos absolutos.

Ben Gurión tenía muchos y muy coloridos hábitos de fingir lo que no era. Le gustaba dárselas de gran filósofo, y el documental nos lo muestra recibiendo cientos de libros, todos ellos pagados por un millonario judío británico, lo cual por cierto sería delito según la actual legislación israelí.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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