Reportaje

Las semillas de Siria

Ethel Bonet
Ethel Bonet
· 8 minutos
El científico Ali Shehade de ICARDA en Terbol, Líbano (Ago 2017) | © Diego Ibarra Sánchez / MeMo

Beirut | Marzo 2018

En la región del Creciente Fértil nació hace 10.000 años la agricultura, y en esta misma tierra se salvaguarda parte del futuro alimentario de la humanidad.

Guerras, enfermedades, problemas medioambientales o la necesidad de alimentar a una población en constante crecimiento son los retos modernos a los que se enfrenta la agricultura. Es famoso el Banco Mundial de Semillas creado en 2008 en Svalbard (Noruega), en el que hay depositadas más de 900.000 muestras de simientes de todo el mundo, pero mucho antes, científicos sirios pusieron en pie una iniciativa similar: el Centro Internacional de Investigación sobre Agricultura en Áreas Secas (ICARDA), establecido en 1977 en Tal Hadya, a las afueras de Alepo.

El centro ha recolectado más de 150.000 muestras de semillas de cereales y leguminosas

Desde su creación, el centro ha ido recolectando más de 150.000 muestras de semillas de diferentes clases de cereal, y leguminosas de grano como garbanzos, lentejas, y judías, procedentes de 150 países. Proteger los cultivos de mañana es una preocupación que existe desde hace más 40 años en las zonas áridas de Oriente Medio, donde las sequias, unido a la mala gestión de los recursos hídricos, además de las guerras, han amenazado las generaciones futuras.

Ali Shehade es uno de los decenas de científicos locales e internacionales de ICARDA, que han contribuido a preservar el legado de las primeras civilizaciones agrícolas, estudiando minuciosamente los genes de los parientes de las plantas silvestres que plantaban ya los primeros cultivadores. Como gran parte del equipo vive ahora en Líbano, si bien es originario de Alepo.

Aunque no se presenta como un refugiado sino como un científico expatriado, Shehade, como cualquier sirio, ha sido víctima de la guerra: ha sufrido extorsión, la separación de su familia que huyó a Turquía, la partida de un hijo a Alemania, y el secuestro de algún compañero por el Estado Islámico. Pero habla con pasión del que fue el mayor banco de semillas y genes de toda la región, con más de 1000 hectáreas para cultivos, hasta que la guerra hizo que quedara abandonado a su suerte, sin ningún cuidado.

“La colección del banco de semillas de Alepo es especialmente valiosa porque tenemos muestras de todas las regiones secas del mundo. Muchas de las variedades de las plantas silvestres de las regiones áridas tienen características especiales que pueden ayudar a las cosechas a enfrentar los problemas del cambio climático, como son la resistencia a la sequía, al calor y las plagas, y las adaptaciones a la salinidad”, explica el científico sirio.

Durante la guerra, Shehade salvó el herbolario y 150 ovejas de raza awassi y los traslado a Líbano

Las investigaciones del centro ICARDA se centran en cómo producir cultivos mejor adaptados al cambio climático. Cada una de las semillas puede ser utilizadas en el futuro en investigación o en la recuperación de cultivos de plantas afectadas por catástrofes naturales o guerras. Pero este ‘Jardín del Edén’, que ayudó a Siria a producir suficientes cosechas como para no tener que depender de las importaciones agrícolas, se vio amenazado por el conflicto civil en 2012. “La dirección general de ICARDA decidió sacar del país a los investigadores internacionales y sus familias y, por precaución, trasladamos parte del material y todos los archivos de plantas a un sitio más seguro de Alepo”, recuerda Shehade.

No obstante, el equipo local, formado por Shehade y nueve de sus ayudantes siguió trabajando en ICARDA, que estuvo en funcionamiento hasta octubre de 2015 cuando los rebeldes tomaron Tal Hadya e impidieron al personal del centro entrar a las instalaciones. Aunque nunca ha estado directamente relacionado con el gobierno sirio, se identifica a ICARDA con el régimen porque trabaja con los programas nacionales de Agricultura.

Con previsión antes de que ocurriera lo inevitable, Shehade salvó el herbolario de ICARDA y a un rebaño de 150 ovejas de la raza awassi y los traslado al centro provisional en Terbol, en el valle de la Bekaa, el fértil este de Líbano.

“La administración decidió descentralizar ICARDA y desde 2015 la misión se distribuye entre el Líbano, Marruecos y Etiopia, donde seguimos realizando investigaciones, y cultivos”, precisa Shehade. Apilados en un despacho están las muestras de decenas de miles de plantas traídas de Alepo, minuciosamente clasificadas y archivadas en carpetas, que son, en palabras de Shehade, “patrimonio de la Humanidad”.

La guerra siria obligó a los científicos a pedir prestadas los duplicados de semillas en Svalbard

El centro de Terbol, que ejerce provisionalmente de sede central de ICARDA, ha recuperado el 75% de la colección de muestras que se almacenaban en el banco de semillas y genes de Alepo. En parte gracias a Svalbard, el centro noruego al que siete años antes habían entregado importantes muestras de su material. Ahora han tenido que pedir las semillas duplicadas al centro del Ártico. Teóricamente, “la bóveda del Juicio Final” de Svalbard no estaba destinada a abrir su “caja fuerte” tan pronto, pero la guerra siria obligó a los científicos a pedir un préstamo un poco adelantado, que esperan devolver pronto.

“Ésta es la quinta cosecha recolectada en Terbol”, manifiesta el científico sirio con aire vanidoso mientras nos enseña los cultivos y los invernaderos. La estación agrícola produce una media de 20.000 semillas al año preparadas para soportar cualquier vicisitud.

Ahora, los campos agrícolas del valle de Bekaa cosechan la esperanza de alimentar el futuro de Siria. Al igual que Shehade, sus ayudantes sirios abrigan la ilusión de que con su esfuerzo y conocimiento ayudarán a reconstruir el país que dejaron atrás. Pero el sueño personal del científico es regresar en su añorado Alepo.

A pesar de que el centro de ICARDA en Tal Hadya está abandonado desde 2015, agricultores y trabajadores de la zona que tenían empleados informan periódicamente a Shehade sobre la situación en la que se encuentra el cuartel general de Alepo.

«Soy confidente de que las muestras del banco de semillas en Alepo no han sido dañadas”

“Hasta ahora no ha habido ningún daño en las instalaciones. Soy confidente de que la mayoría de las muestras del banco de semillas no han sido dañadas”, indica Shehade que no oculta su tristeza de haberlo dejado atrás. Explica que las muestras de semillas “fueron guardadas herméticamente por lo que no afecta la estabilidad de las semillas”. Ni siquiera en el caso de que falle el generador de la cámara frigorífica que las mantiene a cerca de 15 o 20 grados bajo cero. “Durante un tiempo tuvimos que utilizar generadores, pero después volvimos a estar conectados a la central eléctrica de Alepo, que está en pleno funcionamiento. Aún así, aunque haya cortes de luz no afecta a la estabilidad del embrión de la semilla”, reitera Shehade. “Cada una de estas semillas almacenadas están listas para ser cultivadas o distribuidas en todo el mundo”, insiste, mientras muestra una de las bolsitas herméticas sacada de cámara frigorífica.

El sector agrícola en Siria “ha sido seriamente dañado por la guerra, como cualquier otro sector”, advierte Shehade. Ya sea debido al daño de las infraestructuras o al desplazamiento de los agricultores, ha habido una gran disminución en la producción, explica el científico sirio. Según un estudio de Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sobre el impacto de la guerra, el daño al sector agrícola ascendió a 16 mil millones de dólares en 2017.

La experiencia de ICARDA podría tener un papel clave en la reconstrucción agrícola en Siria. “Allí tenemos unas instalaciones enormes para nuestras investigaciones, el banco de semillas, el laboratorio, y los invernaderos. No es sólo por Siria es por el futuro alimenticio de toda la región”, sostiene Shehade. que espera poder regresar pronto a Alepo para retomar las actividades científicas.

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