Las semillas de Siria

 

“La administración decidió descentralizar ICARDA y desde 2015 la misión se distribuye entre el Líbano, Marruecos y Etiopia, donde seguimos realizando investigaciones, y cultivos”, precisa Shehade. Apilados en un despacho están las muestras de decenas de miles de plantas traídas de Alepo, minuciosamente clasificadas y archivadas en carpetas, que son, en palabras de Shehade, “patrimonio de la Humanidad”.

La guerra siria obligó a los científicos a pedir prestadas los duplicados de semillas en Svalbard

El centro de Terbol, que ejerce provisionalmente de sede central de ICARDA, ha recuperado el 75% de la colección de muestras que se almacenaban en el banco de semillas y genes de Alepo. En parte gracias a Svalbard, el centro noruego al que siete años antes habían entregado importantes muestras de su material. Ahora han tenido que pedir las semillas duplicadas al centro del Ártico. Teóricamente, “la bóveda del Juicio Final” de Svalbard no estaba destinada a abrir su “caja fuerte” tan pronto, pero la guerra siria obligó a los científicos a pedir un préstamo un poco adelantado, que esperan devolver pronto.

“Ésta es la quinta cosecha recolectada en Terbol”, manifiesta el científico sirio con aire vanidoso mientras nos enseña los cultivos y los invernaderos. La estación agrícola produce una media de 20.000 semillas al año preparadas para soportar cualquier vicisitud.

Ahora, los campos agrícolas del valle de Bekaa cosechan la esperanza de alimentar el futuro de Siria. Al igual que Shehade, sus ayudantes sirios abrigan la ilusión de que con su esfuerzo y conocimiento ayudarán a reconstruir el país que dejaron atrás. Pero el sueño personal del científico es regresar en su añorado Alepo.

A pesar de que el centro de ICARDA en Tal Hadya está abandonado desde 2015, agricultores y trabajadores de la zona que tenían empleados informan periódicamente a Shehade sobre la situación en la que se encuentra el cuartel general de Alepo.

“Soy confidente de que las muestras del banco de semillas en Alepo no han sido dañadas”

“Hasta ahora no ha habido ningún daño en las instalaciones. Soy confidente de que la mayoría de las muestras del banco de semillas no han sido dañadas”, indica Shehade que no oculta su tristeza de haberlo dejado atrás. Explica que las muestras de semillas “fueron guardadas herméticamente por lo que no afecta la estabilidad de las semillas”. Ni siquiera en el caso de que falle el generador de la cámara frigorífica que las mantiene a cerca de 15 o 20 grados bajo cero. “Durante un tiempo tuvimos que utilizar generadores, pero después volvimos a estar conectados a la central eléctrica de Alepo, que está en pleno funcionamiento. Aún así, aunque haya cortes de luz no afecta a la estabilidad del embrión de la semilla”, reitera Shehade. “Cada una de estas semillas almacenadas están listas para ser cultivadas o distribuidas en todo el mundo”, insiste, mientras muestra una de las bolsitas herméticas sacada de cámara frigorífica.

El sector agrícola en Siria “ha sido seriamente dañado por la guerra, como cualquier otro sector”, advierte Shehade. Ya sea debido al daño de las infraestructuras o al desplazamiento de los agricultores, ha habido una gran disminución en la producción, explica el científico sirio. Según un estudio de Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sobre el impacto de la guerra, el daño al sector agrícola ascendió a 16 mil millones de dólares en 2017.

La experiencia de ICARDA podría tener un papel clave en la reconstrucción agrícola en Siria. “Allí tenemos unas instalaciones enormes para nuestras investigaciones, el banco de semillas, el laboratorio, y los invernaderos. No es sólo por Siria es por el futuro alimenticio de toda la región”, sostiene Shehade. que espera poder regresar pronto a Alepo para retomar las actividades científicas.

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Acerca del autor

Ethel Bonet

@Qarnabit

Periodista (Alicante, 1975). Vive en Beirut.
Ha estudiado Filología Árabe en Alicante...

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