Dos almas

 

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“Mientras en lo profundo
del corazón palpite un alma judía […]”, así comienza la traducción oficial del himno nacional de Israel.

En realidad, el original en hebreo dice “el alma de un judío” pero lo más probable es que el traductor diera en el clavo. La letra se refiere al alma judía.

¿Existe el alma judía? ¿Es diferente del alma de los demás? Y de ser así, ¿cuál es la diferencia?

Con toda franqueza, yo no sé lo que es el alma. Sin embargo, supongamos por un momento que existe una especie de psique común, un espíritu general que engloba a todos las personas que forman determinado colectivo, cada una de las cuales posee además un alma individual. ¿Qué diferencia a esa “alma” del “alma” de otros pueblos?

Más del 20% de los israelíes de hoy ni siquiera son judíos: pertenecen al pueblo palestino

Un extranjero que observara el Israel actual se quedaría estupefacto. Para empezar, más del 20% de los israelíes de hoy ni siquiera son judíos. Pertenecen al pueblo palestino, que tiene supuestamente un “alma” distinta. Normalmente cuando la gente habla de los israelíes se refiere a los israelíes judíos.

Este hecho, por cierto, debería haber convencido hace mucho tiempo a los israelíes de cambiar el himno nacional y otros símbolos del estado para dotar a dicha minoría de un sentimiento de pertenencia. Los canadienses lo hicieron. Cuando se dieron cuenta de que podía suceder que los ciudadanos de ascendencia francesa se separaran y fundaran una nación propia, cambiaron la bandera y el himno para dar a la minoría francesa un sentido de pertenencia. Visto desde lejos, yo diría que la operación tuvo éxito. La verdad es que hay pocas posibilidades de que suceda lo mismo en Israel.

Incluso cuando hablamos exclusivamente de los israelíes judíos, nuestra psique nacional, es decir nuestra “alma”, resulta más bien desconcertante. Contiene elementos mutuamente excluyentes y contradicciones profundamente asentadas.

Por un lado, la mayoría de los israelíes judíos están enormemente orgullosos del poder del estado que han “construido de la nada”. Hace 150 años apenas había judíos en Palestina y los que había no tenían ningún poder. Hoy en día, Israel es el país más poderoso de la región, una potencia nuclear que destaca en muchos campos del saber humano, ya sea en lo militar, lo tecnológico, lo económico, lo cultural etc.

El mundo está lleno de gente cuyo único objetivo es destruirnos

No obstante, si escuchamos a ciertos israelíes podríamos llegar a la conclusión de que Israel puede desaparecer del mapa en cualquier momento. El mundo está lleno de gente cuyo único objetivo es destruirnos. Por lo tanto, no nos queda más remedio que estar siempre listos para defender nuestra misma existencia en cualquier momento.

¿Cómo pueden convivir estas dos actitudes contradictorias? Sin problemas. Se combinan perfectamente.

Para empezar está la antigua creencia de que somos el pueblo elegido de Dios.

¿Por qué nos eligió Dios?

Dios sabrá. No tiene que andar dando explicaciones.

El asunto es complicado. Primero, los judíos inventaron a Dios. En realidad, los egipcios y los mesopotámicos también se disputan la autoría del invento, pero todo el mundo sabe que fueron los judíos.

Se ha dicho muchas veces que los judíos no creen en Dios, pero sí que Dios eligió a los judíos.

A los judíos se les enseña desde niños que pertenecen al pueblo elegido

A los judíos se les enseña desde niños que pertenecen al pueblo elegido. El dato queda grabado inconscientemente en sus “almas” para todas sus vidas, aunque muchos acaben siendo absolutamente ateos. Es cierto que son muchos los pueblos que se creen mejor que los demás. Sin embargo, no tienen una Biblia para demostrarlo.

Estoy seguro de que muchos judíos ni siquiera son conscientes de que lo creen o por qué lo creen. El alma judía lo sabe, así de sencillo. Somos especiales.

El idioma refleja este extremo. Por un lado, están los judíos y después otros. La palabra hebrea para los no judíos es goyim. En hebreo antiguo el vocablo significa solamente pueblos, e incluía al antiguo pueblo israelita. Sin embargo, con el transcurrir de los siglos se le ha dado una nueva definición: por un lado, los judíos y por otro los otros, los gentiles, los goyim.

Según la leyenda, los judíos eran un pueblo como otro cualquiera que vivía en su tierra, la Tierra de Israel, cuando de pronto los malvados romanos los conquistaron y los dispersaron por el mundo. En realidad, la religión hebrea tenía un carácter proselitista y se expandió rápidamente por los cuatro costados del Imperio. Los judíos de Palestina eran una minoría entre los adoradores de Jehová cuando los romanos expulsaron a muchos de ellos, pero ni mucho menos a todos, de la región.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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