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¿Cómo conseguirán tener éxito allí donde tantos otros han fracasado? ¿Por qué iban a tener más posibilidades que las docenas que les precedieron?

Bueno, es que ellos tienen un Gran Plan. Un Plan tan grande que no se puede rechazar. Un Plan Secreto.

¿Secreto para quién? Para los palestinos, por supuesto. Binyamin Netanyahu ha participado en el diseño. Si es que no es directamente su autor.

Hace años vivía en Israel un famoso crítico teatral. En cierta ocasión, durante el estreno de una nueva obra, se puso en pie diez minutos después de que se alzara el telón y se dirigió a la salida.

“¿Cómo puede escribir una crítica sin ver la obra entera?”, preguntó un actor.

“Para saber que una manzana está podrida no es necesario comérsela entera”, dijo el crítico

“Para saber que una manzana está podrida no es necesario comérsela entera”, respondió.

Pues con el Gran Plan pasa igual. Basta con los detalles que se han filtrado.

No se trata de un plan diseñado para que lo acepten las dos partes. Es un plan para imponérselo a una de ellas. A la parte palestina.

Cuando los británicos se marcharon en el 48, la ONU puso en marcha un plan.

Consistía en dividir Palestina en dos Estados, uno judío y otro palestino, con Jerusalén como unidad neutral. Las partes formarían una especie de confederación económica.

Los palestinos lo rechazaron. Consideraban que el país era su patria y esperaban recuperarla con la ayuda de los ejércitos árabes.

Por su parte, los judíos lo aceptaron sin vacilar. Todos los que vivíamos en el país en aquella época recordamos el júbilo en las calles. Sin embargo, David Ben Gurion no pensaba darse por satisfecho. Sabía muy bien que estallaría la guerra y esperaba que nuestro bando aumentaría su territorio considerablemente.

El Plan de Partición murió el día después del fin de la guerra de 1948. Había nacido una nueva realidad. La guerra había partido Palestina en tres unidades: Israel propiamente dicho, Cisjordania, que pertenecía al reino de Jordania, y La Franja de Gaza, bajo administración egipcia.

Varias guerras después (¿quién las cuenta ya?), Israel controla de distintas formas toda la Palestina histórica. La paz parece muy muy lejana.

En teoría ¿cuáles son las alternativas?

En 1949 diseñamos el plan para la Solución de los Dos Estados y todo el mundo se puso en contra

Justo después de la Guerra de 1948, a principios de 1949, un pequeño grupo de jóvenes que incluía a un musulmán árabe, a un druso árabe y a mí (curiosamente, los tres acabaríamos ocupando un escaño en la Knesset) diseñamos un plan con una solución: la así llamada Solución de los Dos Estados. Un país con dos Estados, Israel y Palestina, con Jerusalén como capital conjunta, fronteras abiertas y economía común.

El plan no contentó a nadie. Todo el mundo se puso en contra: el gobierno de Israel, los países árabes, los Estados Unidos de América, la Unión Soviética (hasta 1969), Europa y el mundo islámico.

Hace ya 70 años de aquello. Y sin embargo, oh milagro, hoy en día todo el mundo está de acuerdo con él.

Estas son las opciones: o un país con dos Estados o un Estado colonial judío en todo el país. No hay tercera alternativa.

Quizá Jared Kushner sea un genio como su suegro. Pero ni siquiera su brillante cerebro judío encontrará otra solución. Y todo el poder de Estados Unidos no bastará para someter eternamente a los palestinos. El Gran Plan no es más que otra receta para la guerra perpetua.

Ojalá Europa, incluyendo al Reino Unido post-brexit, estuviera dispuesta a prevenir esta catástrofe. Si hubiera estado con el príncipe en la playa de Tel Aviv, eso es lo que habría dicho.

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© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 30 Junio 2017 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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