«Presidir una reunión de 200 hombres es algo natural»

Asma Chaabi

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 20 Dic 2004

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Asma Chaabi (Essaouira, 2004) |  © Ilya U. Topper
Asma Chaabi (Essaouira, 2004) | © Ilya U. Topper

Essaouira  | Diciembre 2004

Asma Chaâbi es una mujer directa, abierta y segura de si misma. Y a la vez muy cercana. Alguien a quien hablarle de tú. Así, al menos, lo entendieron los 49.000 habitantes de Essaouira, que le dieron su voto en septiembre de 2003 y la convirtieron en la primera alcaldesa en la historia de Marruecos.

¿Un caso sorprendente? Según Asma, de ningún modo: a ella le resulta totalmente natural. ¿Pero no hay reticencias en la ciudad por el hecho de tener una mujer como alcalde? ¿Nunca se le echa en cara su condición femenina? Todo lo contrario, afirma Asma: “Para ellos es un orgullo”.

¿Una ciudad marroquí encantada de ser dirigida por una mujer? Indudablemente, Marruecos adolece aún de rasgos patriarcales que impiden a muchas mujeres ocupar puestos importantes en la política. En el Parlamento marroquí hay 35 diputadas frente a 290 hombres; y 30 de ellas sólo entraron en 2002 a través de una lista reservada a ellas. Es innegable que las mujeres marroquíes en general se siguen encontrando con un techo de cristal en la política. ¿Cuál es el secreto del éxito de Asma Chaâbi?

«Jamás he oído decir a mis padres: ‘Esto es para la niña y aquéllo para los chicos»

Una de las claves puede ser su afiliación política: el Partido del Progreso y el Socialismo (PPS), creado en los años 40, ex comunista y marcadamente feminista, agrupa a varias de las políticas marroquíes más destacadas e inició la histórica reforma de la Mudáwana, la ley de familia revisada en 2004 que hoy es una de las más avanzadas del mundo árabe. Quizás sea aún más importante el que a Asma nunca se le haya ocurrido pensar que ella pudiera valer menos que un hombre.

“Me he criado en una familia con siete hermanos varones” – explica Asma – y jamás he oído decir a mis padres ‘esto es para la niña y aquéllo para los chicos’. Hoy no me molesta en absoluto presidir una reunión con doscientos o trescientos hombres; me parece algo totalmente natural”.

No es una hipótesis: Asma es vicepresidenta del holding Ynna, que emplea a unas 20.000 personas. Este entramado empresarial, fundado en 1948 como pequeña iniciativa familiar por Miloud Chaâbi, el padre de Asma, agrupa hoy una decena de filiales del sector de la construcción, la fabricación industrial, el comercio y el turismo.

Varios de los hijos entraron en política: “Tengo incluso un hermano en el PJD, el partido islamista”, admite la alcaldesa. “Pero es como nosotros”. Aunque su ideología es, por supuesto, muy diferente, y no cree que el PJD vaya a tener mucho éxito en el futuro, tampoco cree que este partido sea “una obstáculo para nada” ni se siente coartada por sus miembros en la comisión municipal.

«Essaouira tiene mucha alma, es mística, es patrimonio de la humanidad… »

Nacida y crecida entre Kenitra, Rabat y Casablanca, Asma no dudó a la hora de volver a la ciudad que considera su lugar de origen: Essaouira.

Esta ciudad es la tercera clave. Construida sobre una franja de rocas entre el Océano Atlántico y una llanura de marismas y dunas, Essaouira es un puerto pesquero con unos 100.000 habitantes. Fundada por los fenicios, fortificada por los portugueses en 1505 y reconstruida como puerto mercantil en 1757, tiene un indudable encanto: murallas roídas por las olas e intrincadas callejuelas blancas.

“Essaouira tiene mucha alma” resume la alcaldesa. “Es mística. Tiene una enorme historia, es patrimonio de la humanidad… hay muchísimas personas que se enamoran de ella en la primera visita. Una ciudad con destino”. Otro es el festival de música gnaua que cada verano convierte la ciudad en un hormiguero de decenas de miles de jóvenes y mayores de todo el país, grupos marroquíes, subsaharianos, jamaicanos o de Madagascar…

La marquetería de madera de tuya, largamente la seña de identidad de los artesanos locales, ya no ofrece el único recuerdo local. En los últimos años han florecido talleres de cuero, rafia y prendas de vestir que combinan la fabricación tradicional con diseños innovadores. Varias tiendas venden jabones y cremas cosméticas basados en el aceite de argan, un óleo extraido de las semillas de un árbol endémico en el sur de Marruecos.

“Desde hace un año hay una fundación para preservar este aceite y los árboles que lo producen. Tiene muchos usos: para aromaterapia, para el corazón, la piel… es medicinal”, asegura Chaâbi. La idea de convertir este aceite tradicional en materia prima para una industria ecológica refleja bien el espíritu emprendedor de los habitantes de Essaouira.

 «Trabajamos mucho con las mujeres rurales frenar el éxodo rural»

Las mujeres no se quedan atrás en la competición. Las numerosas galerías de arte dan fe: “Hay muchas mujeres pintoras, algunas presiden asociaciones de pintores”, recuerda Asma. Otras, más modestas, atienden en las tiendas, dirigen restaurantes de barrio o trenzan sandalias de rafia en sus propios talleres; también son ellas quienes elaboran los productos de argan en cooperativas locales.

“Trabajamos mucho con las mujeres rurales para que se queden en sus tierras, pero con trabajo e ingresos: así frenamos el éxodo rural provocado por la escasez de lluvias” explica la alcaldesa. Alaba las cualidades “tambien medicinales”, de la miel negra de los cercanos montes del Atlas, que también proporciona ingresos a las mujeres rurales.

Artesanía única, una población laboriosa, una playa clasificada como la sexta más bonita del mundo que espera recibir pronto la bandera azul, un turismo no masivo pero fiel, un excelente equipo humano… para Asma, que se define como “una mujer de gestión”, todo son oportunidades. “Hubo que reestructurar todos los servicios porque nos encontramos con graves lastres en la administración pero ya hay un balance positivo” afirma.

El antiguo barrio judío de Essaouira está amenazado por el oleaje del mar

 

La ciudad parece haber despierto de cierto letargo y por todas partes se ven obreros que acondicionan las plazas, crean parques o restauran el viejo cementerio cristiano, cuyas tumbas decimonónicas en diversos idiomas dan fe de muchos aventureros atrapados por esta ciudad barrida por los vientos.

Pero hay retos que superan el presupuesto. “El gran problema de la mel·lah” suspira la alcaldesa. Este barrio judío –hace un siglo, alrededor de la mitad de la población de Essaouira profesaba esta fe– se está cayendo y el oleaje amenaza con derribar toda una parte de la muralla exterior. El hermanamiento con algunas ciudades europeas y los acuerdos de cooperación con Bélgica e Italia pueden quizás salvar este patrimonio universal.

Con Francia hay otro proyecto: la cría de marisco en la ensenada de Essaouira para suplir la escasez de pescado que amenaza a la población tradicionalmente pesquera. Y Asma sueña con llegar más lejos: “Aun no tenemos universidad. Queremos crearla y le he sugerido al Gobierno de España que implantemos una universidad española; a fin de cuentas se trata de un idioma de importancia mundial al que hay que darle su rango”.

Alcaldesa, socialista, vicepresidenta de un holding empresarial con estudios en Oxford, casada y con tres hijos con los que se reúne los fines de semana en la casa familiar en Rabat, políglota – domina el árabe, francés e inglés, le encanta “hablar andaluz”, y se comunica en portugués e italiano – Asma Chaâbi refleja a la perfección el espíritu emprendedor y cosmopolita de Essaouira. ¿Un caso raro en Marruecos? Asma tendría su respuesta: “No. Es algo totalmente natural”.

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