La república deja de ser ingobernable

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Darío Menor

Publicado el 21 Ene 2008

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Giorgio Napolitano | Paolo Poce/ © Comisión Europea
Giorgio Napolitano | Paolo Poce/ © Comisión Europea

“Algo debe cambiar para que todo siga igual”. Esta célebre cita de ‘El Gatopardo’, la novela en que Giuseppe Tomasi di Lampedusa disecciona la Sicilia de finales del XIX, quizás deje de aplicarse pronto a Italia. Las crisis políticas han cansado al país transalpino, que ha tenido, de media, un Gobierno nuevo cada año desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.

El último en desplomarse ha sido el de Romano Prodi, que no superó la semana pasada la votación de confianza a la que se vio obligado a concurrir después de que Udeur, uno de los 16 partidos que formaban la coalición de Gobierno, la abandonara. Con 161 votos contra 156, el Senado tumbó el Ejecutivo de centro izquierda encabezado por ‘Il Professore’, quien tuvo que presentar su renuncia tras una sesión marcada por los insultos y la bronca entre los senadores.

Pero puede ser la última vez que Italia ponga en juego la estabilidad del país por peleas casi de nivel personal. El miércoles por la tarde, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, hizo caso a lo que parecía la petición no sólo del bando de Prodi, sino en general de una sociedad italiana harta de vaivenes políticos: en lugar de convocar nuevas elecciones, como pedía insistentemente Silvio Berlusconi y todo el arco parlamentario de centro-derecha, dio via libre a la formación de un Gobierno de transición.

Franco Marini podría ser el líder del Gobierno de transición

Su cabeza sería el actual presidente del Senado, Franco Marini, un veterano político democristiano con un pasado de sindicalista y de eurodiputado. Más centrista que la mayoría de sus compañeros de viaje, fue desde 2002 uno de los organizadores de la alianza La Margerita, que agrupaba el bando del centro-izquierda. El máximo cometido del nuevo Ejecutivo es reformar la ley electoral italiana, culpable de la fragilidad de coalición de Prodi.

El desplome del Ejecutivo no se debía a una circunstancia particular, como ocurrió en febrero de 2007, cuando ‘Il Professore’ llegó a dimitir —regresó al cargo días después— tras una votación en el Senado en la que sus aliados de izquierda rechazaban la prórroga de la misión italiana en Afganistán.

La salida del Udeur del Gobierno, en cambio, tenía motivos menos ideológicos: su líder, el ex ministro de Justicia Clemente Mastella, presentó su dimisión el 16 de enero al ser investigado por tráfico de influencias. Pero sólo fue el incidente que dio el golpe de gracia a Prodi. Su tumba ya había sido cavada cuando se aprobó una ley electoral que condena a la ingobernabilidad propia de coaliciones de ocho, diez o más partidos para poder formar el Ejecutivo.

Cambiar la ley

La norma es el legado del último gobierno de Silvio Berlusconi. Sólo seis meses antes de que se celebraran los comicios, ‘Il Cavaliere’ impulsó el nuevo sistema, pensando que beneficiaría al centro derecha. Para su sorpresa, sucedió lo contrario, ya que su coalición se vio abocada a la oposición por el reparto que imponía la ley electoral decretada por él mismo.

Silvio Berlusconi ya masca su regreso al Gobierno

Berlusconi ya había vislumbrado la hora de su triunfante regreso, ya que los sondeos le dan una cómoda mayoría si mañana se celebrasen elecciones. Pero aunque el veterano dirigente —de 71 años— ha amenazado con grandes manifestaciones en Roma, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, ha preferido escuchar a sus rivales y a figuras influyentes del campo conservador, como Luca Cordero di Montezemolo, presidente de la patronal italiana, quien abogó por una reforma de la ley antes de volver a las urnas.

Más veladamente, también la Conferencia Episcopal italiana pidió “confianza en Napolitano” y sugirió “a todos los sujetos políticos tener en cuenta el bien común”. No sirvió de nada que el partido democristiano UDC, que al principio había dejado entrever su apoyo a un Gobierno de transición, se alineara con Berlusconi y pidiera elecciones en abril. “Todo lo demás sería una pérdida de tiempo”, remachó Pier Ferdinando Casini.

La reforma traerá cambios: con toda probabilidad desaparecerán personajes como Mastella o Lamberto Dini, un político que también se desgajó de la coalición de centro-izquierda y formó un minipartido con el que votó en contra de Prodi. Precisamente por ello, estas pequeñas formaciones son las que más combaten la reforma del actual sistema: les va la vida en ello.

Mastella es el paradigma de las perversas consecuencias del actual sistema electoral italiano. Su partido, enraizado en la región meridional de Campania, consiguió en los comicios de 2006 poco más de 500.000 votos gracias a una mezcla de clientelismo y popularidad de su líder. Con el 1,4% que logró, en teoría no debería formar parte del Parlamento, pero debido a que la ley prima al ‘mejor perdedor’, el Udeur se hizo con 14 diputados y tres senadores.

Los pequeños partidos son los que más combaten la reforma del sistema: les va la vida en ello

Con este botín, Mastella negoció el apoyo a Prodi, al que le exigió un Ministerio y una Subsecretaría. ‘Il Professore’ no tuvo más remedio que aceptar y nombró al líder del Udeur ministro de Justicia, lo que provocó las primeras rencillas en su Ejecutivo, ya que a ese puesto aspiraba también Antonio Di Pietro, ex fiscal del caso ‘Manos Limpias’ reconvertido ahora en político con su partido, Italia de los Valores.

La hora de Veltroni

Quien gana con la decisión de Napolitano es Walter Veltroni. El popular alcalde de Roma, que combina su labor política con su vocación de escritor —tiene publicados dos decenas de libros, sobre todo ensayos políticos y sociológicos, pero también obras de ficción—, puede ser el principal beneficiario de la caída del actual Gobierno.

Una vez desaparecido Prodi —que buscará probablemente un refugio en el Parlamento Europeo y se retirará de la ingrata política italiana—, el alcalde de Roma pasa a liderar el centro izquierda. Ha sido durante meses el perfecto delfín de ‘Il Professore’ desde su papel de impulsor y actual secretario del Partido Democrático (PD), el bloque nacido en octubre con la unión de las dos principales formaciones del centro-izquierda: La Margarita y Demócratas de Izquierda.

Pese a las tensiones en el nuevo partido por las distintas familias fusionadas, Veltroni consiguió que el PD insistiera de forma unánime en la necesidad de reformar el sistema electoral antes de volver a las urnas. El nuevo Gobierno provisional le dará a Veltroni el respiro que necesita para afianzarse como líder de la izquierda y organizar la batalla contra Berlusconi. No será una tarea fácil: los partidos de izquierda radical, cuyos votos necesitará para ganar, le tienen escasas simpatías. La desconfianza que provoca entre los ex comunistas es tal que Cesare Salvi, senador de Izquierda Democrática, afirmó que la caída de Prodi había sido “la obra maestra” de Veltroni.

El Gobierno provisional le dará a Veltroni un respiro para afianzarse como líder de la izquierda

Lo que nadie sabe es con qué tiempo contará Veltroni para esta tarea, ya que Napolitano no ha puesto fecha límite. Aunque el alcalde prefiere que las elecciones se celebren en primavera de 2009, también dejó entrever —antes de que Napolitano diera a conocer su decisión— que podrían organizarse en verano. Habría suficiente tiempo de reformar la ley electoral porque, aseguró, ha estado trabajando con los técnicos de Berlusconi y la nueva norma podría redactarse en cuestión de semanas. Luego, añade, habría que añadir el tiempo necesario para convocar un referéndum y aprobar la ley.

Para construir la nueva arquitectura de su sistema político, Italia mira sobre todo a España y Alemania. Aspira a crear un sistema mixto que combine el modelo mayoritario con el proporcional y, además, establezca un umbral de votos del 5% para entrar en el Parlamento. Según el borrador realizado por Antonio Agosto, profesor de la universidad Roma Tre, de esta manera las formaciones minoritarias se tendrían que unir antes de presentarse a las elecciones. Así, se iría superando la fragmentación excesiva, nacida desde los tiempos del Tangentopoli, el escándalo de corrupción que hizo estallar en 1992 a los dos partidos principales, el democristiano y el socialista.

El nuevo sistema electoral acabará con los premios al mejor perdedor y al vencedor. Actualmente, la coalición que saca más votos se hace inmediatamente con el 54% de los escaños en el Parlamento. El problema reside en que los asientos de diputado y senador que se conceden como premio al ganador se reparten de manera diferente en la Cámara de los Diputados, donde se realiza a nivel nacional, y en el Senado, donde se hace según las regiones.

Es la semilla de mayorías diferentes en las dos cámaras, que pueden bloquear todo intento de gobernar. En 2006, Prodi obtuvo sólo dos escaños en el Senado más que Berlusconi, pero lo superó en 67 diputados en la Cámara Baja. Ahora, Italia parece decidida a dar un golpe de timón y escapar a la condena de tener que repetir la historia.

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