Boxeo made in Spain

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Publicado el 12 Jul 2008

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'Pitbull' recibe un directo durante un entrenamiento (Sevilla, 2008)  | © manutrillo
‘Pitbull’ recibe un directo durante un entrenamiento (Sevilla, 2008) | © manutrillo

Sevilla  | Julio 2008

El frenético golpear de un balón de cuero se mezcla con el acompasado de tres combas rozando el suelo. A destiempo un enorme saco de arena ahueca el sonido de la sala cada vez que recibe un directo. Tras su eco, un resoplido, y tras este nuevamente oímos el balón y vuelta a empezar. Por lo demás todo es silencio.

“¡Tiempo!” Los golpes se difuminan en el jadeo de veinte chavales empapados en sudor. 59 segundos. Nadie habla, respiran, dando bocanadas de aire como el que va a sumergirse en el mar. 48 segundos. Todos rotan en sus ejercicios: de la comba a hacer sombras frente al espejo, de ésta a los balones, de los balones a los sacos… El olor a cuero húmedo y desquebrajado lo impregnan todo. 30 segundos. “¿Qué le estás haciendo a ese pobre saco?….ni que estuvieras en la calle… por dentro, por dentro…” grita el entrenador a un chaval lleno de tatuajes. 20 segundos. Risas y jadeos. 10 segundos. ”¡Vamos que el sábado hay velada!”. 2 segundos. ”¡Tiempo!”. Empiezan otros tres minutos de fatigoso entrenamiento.

El cartel “Deporte sí, drogas no” no luce ningún sello público o privado que lo respalde

Estamos en el barrio sevillano de Rochelambert, dentro del pabellón municipal de deportes; entre el trasiego de bañistas, niños con kimono y mujeres mayores que van a mantenimiento, una pequeña puerta nos adentra en un universo lleno de arquetipos, una especie de cueva del tiempo, hermético, cristalizado en nuestro imaginario por decenas de filmes. El universo del púgil: el gimnasio.

Lo primero que llama nuestra atención es un cartel “Deporte sí, drogas no”, y no por su mensaje, institucionalmente gastado, sino por el hecho de no tener ningún sello público o privado que lo respalde. “Llevo veinte años en Rochelambert y no sé lo que es ganar un duro”, dice Antonio “El Bigote”, el entrenador de este gimnasio que lleva los mismos años sacando a chavales de la calle. “Veo que subvencionan el rugby, el baloncesto… y el boxeo que en verdad está quitando gente de la calle y el que mueve masas, nada… a una velada va más gente que al Cajasol y no estamos hablando de un campeonato, sino de peleas normalitas.”

“En el boxeo no existe la envidia”

El boxeo es una herramienta de prevención, reinserción e integración social más que comprobada, proyectos como “el knock out a las drogas” desarrollado en países como Uruguay, Estados Unidos y Venezuela, demostraron que tras varias iniciativas en barrios conflictivos, el boxeo fue el único deporte que conseguía atraer a los chavales.

“Un tío que ha tenido problemas, llega al gimnasio y siente el cariño: es como una gran familia”

¿Por qué el boxeo? “Engancha porque un tío que ha tenido problemas, lo están mirando malamente en la calle, en todos lados, llega al gimnasio y ve el ánimo de sus compañeros, siente el cariño, el gimnasio es como una gran familia; en otros deportes hay muchas envidias y sobre todo entre ellos mismos, en el boxeo no existe la envidia, no la conozco y tengo sesenta años”.

El sociólogo francés Loïc Wacquant lo describe perfectamente en su obra “Entre las cuerdas”: El gimnasio se define por su relación simbiótica y de oposición con el barrio. En el sentido de necesitar a este para reclutar jóvenes púgiles y oponerse al desorden con el orden, a la violencia descontrolada con el manejo de esta. David, “el torero”, albañil, es un joven boxeador de 26 años, ídolo del barrio sevillano de Los Pajaritos. Sus pechos están tatuados, el izquierdo con la cara de su hija, el derecho con la de su prima muerta de un disparo en extrañas circunstancias por su padre: “Los que sufren más son los que se esfuerzan más, ese es mi lema… Ahí tienes a los brasileños que vienen esmayaítos detrás de un balón y cuando ganan dinero se echan a perder”.

Esta frase nos recuerda aquella tan polémica de Samuel Eto’o:  “Tengo que correr como un negro para vivir como un blanco”. Pero en este caso hablamos de boxeo amateur donde por una velada un púgil puede ganar en el mejor de los casos unos 60 €. “Porque sueñan, todos los chavales sueñan en ser campeones, a veces ni siquiera eso, tan sólo en subirse a un ring, quieren saber lo que es.” Nos habla Marquitos, hijo de “El Bigote”, ex boxeador, subcampeón intercontinental peso welter, hoy reconvertido a policía local.

El hecho es que el boxeo, a pesar de la mala prensa que arrastra, está de moda, los gimnasios de nuestro país se llenan día tras día, y a los apuntes de Loïc Wacquant hay que sumar la oposición que hace el gimnasio al estrés, abriéndose así el gimnasio no sólo al barrio, sino a la ciudad entera y a sus más variopintos habitantes. “Toreros, futbolistas, pilotos de Iberia, chavales que estudian una oposición, administrativos que están todo el día delante del ordenador… llegan al gimnasio y en una hora salen nuevos”, dice Antonio.

“Quería hacer algo de deporte y de paso me enseñara a defenderme” añade Chole, arquitecto de 34 años. Así pues el lema que enarbolan algunos gimnasios ahora nada tiene que ver con las drogas: “Dale un K.O. al estrés”. En el Reino Unido encontramos la diversión de algunos ejecutivos ingleses: The Real Fight Club, una curiosa hermandad de hombres de negocios que abandonan la corbata para calzarse los guantes de boxeo. En su página web lo tienen claro: “El boxeo ha vuelto, olvida el golf”. En los gimnasios madrileños Reebok Sport Center, las clases de boxeo han tenido un éxito espectacular.

“La natación me venía mejor para la espalda pero no desconectaba como en el boxeo”

Volviendo a Sevilla, el hermano mayor de Marquitos, Domi, también ex boxeador, ha hecho una apuesta en este sentido y ha abierto en la localidad sevillana de Gines el mayor gimnasio de boxeo de España: “Llevamos veinte años trabajando en esto casi de gratis y ya es hora que nos guardemos las espaldas. No sabemos cómo nos va a salir, por ahora la acogida ha sido buena”.

¿Qué tiene el boxeo que no tengan otros deportes, para combatir el estrés? Fernando, perito agrónomo de 33 años, nos da su teoría: “La natación me venía mejor para la espalda pero no desconectaba; normalmente cuando el ejercicio conlleva algo de riesgo, en este caso llevarte una galleta, —sonríe— es cuando consigues esa desconexión”. En tan sólo unos treinta minutos se puede conseguir desconectar totalmente. “Comba, espejo, balones, saco y a elección del boxeador se sube al ring a hacer guantes con un compañero; tres minutos de intensidad y uno de descanso, para una persona que no compita con unos diez asaltos (circuitos) va de sobra”, asegura Domi.

Un polideportivo lleno

Acudimos a una de las veladas pugilísticas amateur organizadas por Domi y su familia, en el polideportivo municipal del Parque Alcosa, en Sevilla. Boxeadores de Madrid, Málaga, Almería o Sevilla comparten vestuario con extranjeros residentes de Senegal, Brasil, Rusia, México, Camerún… quienes por medio de una licencia especial de la federación española pueden pelear en las veladas pero no optar a títulos nacionales.

Para más de media ciudad, este tipo de eventos es totalmente desconocido, carece de publicidad en prensa, radio y televisión, tan sólo el boca a boca y algún llamamiento en blogs personales consiguen llenar el polideportivo de seguidores de algunos boxeadores, que hoy en día se han convertido en auténticos héroes de barrio.

Para media ciudad, las veladas de boxeo son totalmente desconocidas: carecen de publicidad

Uno de ellos es Isaac, de 28 años. Trabaja en una fábrica de suministro de hierro, a veces en jornadas maratonianas para pagar errores cometidos en el pasado cuando trabajaba como portero de discoteca, antes de dedicarse al boxeo con el que ha conseguido “orden, disciplina, relajación”.

Al preguntarle como le queda tiempo para entrenarse, contesta: “Una persona humilde como yo, llegar al polideportivo y ver la que hay formada para verme pelear… para mi eso no tiene precio, supongo que es mi recompensa”. Su carta de presentación: un tatuaje ―”Pitbull”― en los abdominales. “Me lo puse nada más empezar a boxear, me gusta porque es un perro que pelea hasta morir”.

“El ‘Torero’, el ‘Pitbull’… son dignos de mención, unos chavales con un pasado tan chungo y que estén ahí practicando deporte…. funcionan como modelos ante todos los amigos del barrio que van a las veladas”, comenta Marquitos. Las grandes bolsas de dinero que se manejan en el boxeo profesional en Estados Unidos dan riendas sueltas a la imaginación de muchos de ellos.

“Cuando uno empieza y va a dos o tres campeonatos, se le quitan todos los pajaritos”, nos dice Marquitos refiriéndose al nivel de exigencia que conlleva dar el salto a profesional. “La idea con mis boxeadores es que cada uno estudie y tenga su trabajo, y a raíz de eso, si nos sale un combate, uno al mes o cada dos meses, que cuente con 1.000 € en su bolsillo extra”, dice Domi, quien pone sus miras en el boxeo profesional alemán.

El boxeo suele ser tachado de violento. “Violento el futbito, que se pegan en el campo, después se pegan en los vestuarios y al final en la calle, lo veo todos los días porque yo estoy en una instalación municipal”, asegura Antonio. Resulta curioso asistir a una de estas veladas y comprobar que no hay ni una sola persona de seguridad y el ring no posee ningún tipo de valla que lo separé del público. “En más de cincuenta veladas nunca ha habido ningún problema”, remacha.

“Basta que un día hiciéramos una velada y vieran treinta tíos uniformados para que se formara el lío” confirma Domi.  Esto sería impensable en un partido de fútbol y menos aún si éste fuese regional como son estas veladas. ¿Explicación? “Ahí nos conocemos todos, además la seguridad somos nosotros mismos”, nos dice Domi con una media sonrisa.

“Subirse a un ring, eso merece un respeto a dos personas que se están partiendo la cara”

Fernando lo achaca a otra razón: “Pegarle patadas a un balón lo hace cualquiera, podrás ser mejor o peor… pero subirse a un ring, eso merece un respeto a dos personas que se están partiendo la cara”. A veces la tensión en boxeadores noveles es tal que justo antes de salir al ring sienten los guantes pesados como plomo, impidiéndoles salir del vestuario.

Los boxeadores se sienten a veces  incomprendidos ante los gritos del público. “Yo no entiendo a la gente, es contradictoria, no saben ni lo que quieren… no conocen el arte del boxeo, lo critican y después van a verlo”, espeta David.

¿Violencia o agresividad?

La agresividad se puede entender como una conducta mediada por mecanismos biológicos de carácter innato tanto en el hombre como en los animales, y violencia como la influencia de factores culturales que alteran esos mecanismos biológicos llegando a una conducta cultural o social, según José San Martín, Director del Centro Reina Sofía para el estudio sobre la violencia. Son pocos los boxeadores amateurs que separen tan analíticamente ambos conceptos, pero si son conscientes que existe una línea que nunca deben cruzar: “Se puede golpear a una persona, pero nunca humillarla, eso es lo que yo enseño a mis chavales”, dice Marquitos. “Cuando subo al ring busco los puntos, hacer un boxeo bonito, como hacemos en el gimnasio”, añade David. “Amateur son cuatro asaltos de dos minutos en los que hay que sacar golpes por todos lados” corrobora Domi.

“Se puede golpear a una persona, pero nunca humillarla, eso es lo que enseño”

Por encima de lo que supone el paso de gigantes que es subirse a un ring, la práctica del boxeo, lejos de generar violencia, parece que la controla e incluso extingue. Fernando: “De pequeño me daban arrebatos de agresividad, me ponía hecho un fiera, a mi eso me dejó de ocurrir cuando empecé en boxeo”. Este comentario lo suscriben casi todos los que practican este deporte: David: “Antes me peleaba yo más que ahora y mira que te buscan las cosquillas”. ‘Pitbull’: “Te vuelves como más pasota”. Fernando, tras doce años practicando deportes de contacto, nos vuelve a dar una de sus experimentadas teorías: “Gran parte de la violencia que tiene la gente es fruto de la inseguridad y del miedo, cuando tú aprendes a defenderte adquieres cierta seguridad y eso es lo que te hace controlar el miedo”.

El control es parte fundamental de un boxeador y como tal entra dentro de la rutina del entrenamiento: “Cuando pierdes el control, pierdes hasta la confianza del entrenador, aquí vamos a pegarnos, a entrenarnos, a superarnos uno al otro pero cuando hay mal rollo….abajo y se acabó, fíjate que pronto se corta el tema”, concluye Antonio.

“Esto lo arreglará otro Poli Díaz”

El boxeo esta de moda o nunca ha dejado de estarlo como nos dice Marquitos. “Incluso antes de que yo boxeara salía en TV, cuando estaba Pilar Miró en TVE; después por razones a las que no voy a entrar se dejó de emitir, y ahora si quieres boxeo: o internet o a pagar el cable”. Por lo general los boxeadores se resignan cuando hablan del tema, y son conscientes de la doble moral en la que se ven envueltos. “Tu sacas Rocky, ¡pues ea! Al mes siguiente se llenan los gimnasios, que sale más sangre, pues más gente aún… el día que hablen bien de nosotros nos quedaremos solos”.

La realidad es que España ha dado y da grandes púgiles; el último es Javier Castillejo, ‘El Lince de Parla’, con seis campeonatos del mundo en superwelter, y aunque pocos deportistas españoles tienen este palmarés, aún sigue siendo un desconocido para el gran público. “Castillejo es un hombre recatado, muy familiar y lo que le gusta a la prensa es un golfo”, resopla Domi.

“Esto lo arreglará otro “Poli” que salga, porque eso es lo que vende e interesa a la prensa, a los políticos y a todos, un tío que se meta en drogas, que se vaya de putas”. Lo dice Antonio, quien nos subraya como “El Potro de Vallecas” fue utilizado por los medios.

Marquitos, quien tenía dieciocho años cuando coincidió con él en el equipo de Rimer Box de Sánchez Atocha de Madrid, recuerda con cariño una de sus frases: “Marquitos, es que cada vez que la lío gano dinero”.

Victorias y derrotas

Un boxeador que haya sufrido un K.O. no estará autorizado a participar en una competición o en un entrenamiento de boxeo, en un período de cuatro semanas después del K.O. Por lo menos un período de tres meses a partir del segundo K.O. y  un año a partir del tercer K.O. Siempre mediante certificado médico.

Dicen que el boxeo es una metáfora de la vida, en la cuál se lucha esquivando los golpes. El currículo de un púgil son sus victorias y derrotas, una realidad paralela que pueden dirigir por medio de su esfuerzo personal. Un denominador común a todos estos boxeadores es su mirada: directa, profunda, limpia y abierta, como la de alguien sin complejos, que nada tiene que ocultar y al que le apasiona lo que hace: “Si me tocará una primitiva, me gustaría comer del boxeo”, dice David, encendiéndosele la mirada.

Entrenadora de pugiles

El boxeo ha sido siempre un deporte puramente masculino, o al menos eso parece. Susana, sevillana de 31 años, es la entrenadora del gimnasio del barrio del Tiro de Línea, Sevilla. “Me siento muy respetada”, contesta a la típica pregunta de género. Susana es la novia de Marquitos, ha trabajado de reponedora, cajera, vendiendo turrones en la feria… “Poquito a poco vamos tirando pa’lante”. Siempre le han atraído los deportes “era de sobresalientes en educación física”, sobre todo los de contacto.

Desde su noviazgo con Marquitos le ha seguido allá donde entrenara o peleara, despertando en ella una pasión que se ve ahora reflejada en la tutela de más de 50 chavales. “El otro día leí en un foro que tenemos en internet que un chaval decía que estaba en el mejor gimnasio de España, con la mejor entrenadora… y mira, me llenó tanto de ver que un chaval nos esté valorando como entrenadores, como personas…”. No son sólo palabras: ver cómo piden consejo los púgiles o son jaleados por Susana cuando están al límite de sus fuerzas es una demostración de que el boxeo no entiende de géneros.

“Me daba no sé qué, ir allí con tantos hombres… que esté Susana ayuda al principio, porque después te das cuenta que es más por una misma… nunca he sentido discriminación dentro del boxeo”, dice Katia, una alemana que se siente atraída por la estética “clásica” de este deporte. “Aquéllo es como una familia… no es como los otros gimnasios donde he estado del típico chulito, fuerte, portero de discoteca”, comenta Fátima,   representante de una conocida firma, que encuentra en el gimnasio un respiro a su   estrés diario y una contraposición “al pijerío y al lujo que existe en mi trabajo”.

Y es que este gimnasio se nutre en gran parte del vecino barrio de las 3.000 viviendas, algunos chavales conflictivos o con temas de reinserción por drogas, “si tu vieras como se relajan… se vuelven más nobles”, dice Susana. Allí todos comparten un espacio y un objetivo: dejar los problemas en la puerta del gimnasio aunque sea sólo por una hora. “Dos personas, ahí van en ropa de deporte, ningún uniforme de ningún tipo, son colegas todos entre ellos” observa Susana.

“Una vino porque le había pasado una cosa desagradable y quería defenderse”. El hecho es que, por lo general, los boxeadores entran en este deporte y no vuelven a pelearse en la calle, mientras las boxeadoras tal vez sí: “Desgraciadamente lo he tenido que utilizar alguna vez, yo no sé qué les pasa a los hombres, pero están locos”, dice Susana con resignación.

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