Berlusconi se queda sin inmunidad

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Darío Menor

Publicado el 20 Oct 2009

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Silvio Berlusconi (en el G8; 2009) | G. Boulougouris/ © Comisión Europea
Silvio Berlusconi (en el G8; 2009) | G. Boulougouris/ © Comisión Europea

La decisión del Tribunal Constitucional de Italia de anular las leyes que conferían inmunidad a Silvio Berlusconi es un duro revés para el veterano primer ministro y puede ser el principio de su caída: ahora deberá responder en dos juicios desde el banquillo de los acusados.

No hay nadie comparable a Silvio Berlusconi. Desde que, hace quince años, saltó de los negocios al mundo de la política, se ha convertido en el italiano más universal. Es inmensamente rico, poderoso y muy popular. Basta hacer una simple búsqueda en Google para ver que es imbatible: ninguno de sus compatriotas se le acerca ni de lejos en número de páginas web relacionadas.

Su fama, hábitos y personalidad han cambiado incluso la propia lengua italiana. El semanario The Economist lo denunció el pasado mes de abril. Esta ‘berlusconización’ del lenguaje se ha producido por la importación a la política de términos futbolísticos. Antes los ‘tifosi’ (término con que se conoce a los hinchas italianos del balompié) animaban a la selección nacional al grito de “¡Forza Italia!”. Siempre atento a los posibles nichos de negocio, ‘Il Cavaliere’ se apropió del grito y bautizó con ese nombre a su propio partido.

Ahora, cuando los italianos dicen “¡Forza Italia!” temen el imborrable tufo político que desprenden esas dos palabras. Lo mismo ocurrió con el término ‘azzurro’ (azul). Era el nombre de una inolvidable canción de Adriano Celentano, considerada un himno oficioso del país, y el color de la indumentaria de las selecciones deportivas italianas. Gracias a Berlusconi esta palabra y color tiene ahora un significado político: “azzurri” es como se denomina a los miembros de su partido, Forza Italia, hoy convertido en el Pueblo de la Libertad. El color institucional de ambas formaciones es, por supuesto, el azul.

 “Si no fuera por Silvio, estaríamos en manos de una izquierda que haría lo que ya saben”

La progresiva ‘berlusconización’ de la sociedad italiana, que podría, según algunas críticas internacionales, haber llegado incluso hasta la moda, ha estado estos últimos días a punto de zozobrar. Después de haber superado con éxito las polémicas sobre su vida privada de los últimos meses, el primer ministro se ha enfrentado a su momento más difícil de esta legislatura. El Tribunal Constitucional decidió el miércoles que era ilegítima la inmunidad de ‘Il Cavaliere’ frente a la Justicia.

Fue la peor noticia que podían darle, aún más dura que si hubiese perdido unas elecciones. De las derrotas en las urnas ya se ha repuestos en otras ocasiones, igual que de las traiciones de los antiguos socios de Gobierno o de los escándalos propios o de su familia.

Al banquillo

La decisión del Constitucional es más peligrosa porque no le relega a la segunda fila de la oposición, como puede ocurrir con las urnas, sino que le sienta por obligación en el banquillo de los acusados, el asiento más detestado por ‘Il Cavaliere’. Para valorar su enfado no hubo más que escuchar su reacción inmediata a la sentencia, que calificó de “política”.  “La Corte Constitucional es de izquierdas, pero yo sigo adelante”, dijo, descartando así la posibilidad de dimisión, con la que él mismo había amenazado hace unas semanas en caso de que le quitaran el blindaje frente a la Justicia.

“Voy a mostrarles a los italianos de qué pasta estoy hecho” dice Berlusconi

“¿Cuál es el resumen de todo esto?”, preguntó retóricamente. “Pues que menos mal que existe Silvio, porque si no fuera por Silvio con todo su Gobierno, con un apoyo del 70 por ciento de los italianos, estaríamos en manos de una izquierda que haría de nuestro país lo que todos ya saben”.

Luego atacó a los “magistrados rojos”, a la prensa e incluso a la televisión, pese a que él mismo controla seis de los siete principales canales de Italia. Concluyó su ira cargando contra el presidente de la República, Giorgio Napolitano, la institución que más respetan los italianos. “Todos saben de qué parte está”, dijo Berlusconi, en lo que los analistas han considerado un irresponsable ataque al jefe del Estado.

El jueves, algo más calmado, Berlusconi volvió a criticar a Napolitano. “Fue elegido por una mayoría de izquierdas. Sus raíces políticas son totalmente de izquierdas y fue la persona que designó a los jueces de la Corte Constitucional”. Estos ataques entran dentro de la interpretación ‘berlusconiana’ de la política. Van dirigidos sobre todo a sus electores, ante los que se presenta como una víctima de las instituciones que, según él, no soportan su aplastante mayoría electoral. “Voy a mostrarles a los italianos de qué pasta estoy hecho”, les anunció.

Cesare Mirabelli, presidente emérito del Tribunal Constitucional, rechaza las acusaciones de Berlusconi a esta corte y garantiza que la decisión de los jueces ha estado basada sólo en la Constitución.

“Este tribunal custodia la Carta Magna, por ello no es favorable ni contrario a ninguna de las vertientes de la política”, explicó. “Al leer las resoluciones adoptadas se verá que seguramente hay motivaciones firmes y convincentes para haber tomado esta decisión. La sentencia ha de ser acogida sin triunfalismos ni demonizaciones por todas las partes políticas. Hay que verla con absoluta serenidad. La política no debe hacer una lectura instrumental de las decisiones del Constitucional”.

Mirabelli considera que la inmunidad fue revocada porque violaba dos artículos de la Constitución y porque contenía un defecto de forma. Por ello, ‘Il Cavaliere’ tiene todavía una puerta abierta para recuperar su estatus de privilegio.

‘Il Cavaliere’ supuestamente pagó a un abogado inglés para que prestara falso testimonio

“Podría conseguirla por medio de una ley constitucional y no siguiendo el camino elegido por la normativa anulada el miércoles. En parte, se ha dicho que el blindaje atentaba contra la Carta Magna porque era una ley ordinaria y no constitucional. Creo que los jueces del Constitucional han discutido más la forma con que se ha aprobado el blindaje que su significado”, indicó Mirabelli.

Dos procesos abiertos

Aunque rehaga su estrategia, a Berlusconi no le dará tiempo a evitar los dos procesos que tiene abiertos en los tribunales. El primero se remonta a 1997. En aquel año ‘Il Cavaliere’ supuestamente pagó a un abogado inglés para que prestara falso testimonio en un juicio y protegiera así al primer ministro y a sus empresas. El letrado, llamado David Mills, fue condenado a principios de este año. El juez quiso citar a Berlusconi pero el blindaje se lo impidió. Hasta ahora.

El segundo proceso importante tiene que ver con Mediaset, el conglomerado televisivo del magnate. Según el juez, ‘Il Cavaliere’ creó un entramado de empresas fantasma para evitar el pago de impuestos en la compraventa de derechos de películas.

Berlusconi creó un entramado de empresas fantasma para evitar pagar impuestos

A estos juicios Berlusconi debe sumar la otra gran mala noticia que le han dado los magistrados estos últimos días. Un tribunal ha condenado a Fininvest, la corporación empresarial de su familia, a pagar 750 millones de euros al industrial Carlo de Benedetti por haberle quitado de las manos Mondadori, la principal editorial italiana. Según el juez, Berlusconi utilizó métodos ilícitos para conseguir quedarse con la división de libros de Mondadori y con el semanario Panorama en 1991.

El fin de su inmunidad y la obligación de pagar 750 millones de euros a su eterno rival De Benedetti pueden estar señalando el principio del fin del ‘berlusconismo’. Hasta ahora ‘Il Cavaliere’ ha demostrado ser el mejor superviviente de la política italiana. Nada ha podido con él. Las nuevas circunstancias serán una prueba de fuego para un hombre ya anciano (tiene 73 años recién cumplidos) pero que ha probado no tener rival ni en la política ni en la sociedad italiana.

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