Tingitanus

Zoubeir Ben Bouchta

Publicado por

M'Sur

@MSur_es

Es la identidad colectiva de los autores de la revista M'Sur. Aparece normalmente en las colaboraciones de artistas, escritores o músicos que, por ser esporádicos, no disponen de usuario propio en la revista.

Publicado el 15 Abr 2010

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Donde las columnas de Hércules

benbouchta_tingiDeyanira —esposa de Hércules— conversa en el jardín de las Hespérides con Tingis, la mujer de Anteo, el gigante que fue vencido por el semidios griego. En la segunda mitad del escenario, Anteo está encerrado en un laboratorio, obligado a inventar un arma letal para Hércules…

Puede sorprender que un dramaturgo marroquí recurra a la mitología griega pero no es tan extraño teniendo en cuenta que parte de los mitos helénicos se desarrollan precisamente en África del Norte: para quien vive en Tánger, las columnas de Hércules son una geografía cercana y omnipresente. Según los propios historiadores griegos, aquí se encontró en época romana la tumba de Anteo, y el hijo de Tingis sería el fundador de Tánger.

Zoubeir Ben Bouchta (Tánger, 1964) tiene un amplio registro: muchas de sus obras, algunas escritas en magrebí, otras en árabe clásico, giran en torno a problemas sociales o describen la emigración, inquietud constante en una ciudad portuaria como es Tánger. Ha publicado siete dramas, algunos de ellos traducidos al castellano y al inglés. Sus obras se representan con frecuencia en Tánger, Rabat y Casablanca, alguna ha sido llevada hasta Nueva York, otra a la televisión marroquí.

En 1993, Ben Bouchta recibió el premio Autor Joven de la Asociación de Escritores Marroquíes por la obra El pulpo y en 2004, el Festival Nacional del Teatro premió su texto Lala Yamila. Más tarde llegaron An-nar al-hamrá (El fuego rojo, 2006) y Aqdam baidá (Pies blancos, 2008). Recientemente, el Ministerio de Cultura marroquí editó sus tres textos más conocidos, Lala Yamila,Ya Mouya Ghanní (Cántame, ola) y Zanqa Shakespeare (Calle Shakespeare) reunidos en la trilogía Hotel Tánger.

Tingitanus, escrita en árabe clásico, permanece inédita, aunque se está representando en Marruecos. Consta de 15 escenas o, como dice el autor, ‘iluminaciones’. Ofrecemos aquí una traducción de la segunda escena y, a continuación, el texto árabe original.

MediterraneoSur ha publicado una entrevista con Zoubeir Ben Bouchta: «El teatro es un árbol que sólo florece en los campos que creen en la democracia» [Marzo 2010]

[Ilya U. Topper]

ar

Tingitanus

Personajes
(según orden de aparición):

Tingis
Deyanira
Anteo
Heralda
Hércules

Escenario dividido por una cortina en dos partes paralelas:

1) Espacio de la cueva: una cueva medio marina medio en tierra firme, similar a la famosa Gruta de Hércules [cerca de Tánger]. Una mancha de luz diurna penetra en la tenebrosa profundidad; en la roca se abre hacia el mar una abertura que dibuja la forma del continente africano. A través de esta abertura, el espacio de la cueva se inunda por la rompiente de las olas en marea alta y baja.

En el espacio de la cueva se halla un laboratorio de experimentos científicos  tradicional; es poco más que una mesa de fábrica sencilla sobre la que se amontonan diversos tipos de aparatos para experimentos químicos tradicionales.

2) Espacio del jardín. El jardín de las Hespérides, poblado por árboles de manzanas doradas. Las manzanas que cuelgan de las ramas o caen al suelo salpican el verde luminoso como bolitas de brillo dorado.

 

[…]

 

2º Iluminación: Una rosa a la que apasiona su fragancia

 

Violento crepitar de olas. Anteo está inclinado sobre su mesa. Parece que los experimentos científicos cautivan toda su atención. El ronquido de la tormenta es aún más fuerte que el crepitar de las olas. Pasa un rato. Se oyen los cascos de un caballo que a veces se acerca y otras se aleja. Anteo atiende al resonar del galope.

Anteo: ¡Como si alguien se acercara! No, ahora los cascos se alejan. ¿Será que galopa o baila? Tal vez acorte la distancia. ¿O serán imaginaciones mías vacías que me envuelven en esta cueva destinada a las tinieblas? Desde que Hércules me encerró aquí ya sólo me alegran los oídos el rugido del mar y el quejido de las tormentas… Diez años, cara a cara con este alboroto mudo, que me muestra el espectro de mi muerte, que me controla la respiración. ¿Tienes que apresar mi espíritu, oh Hércules victorioso?

(El eco de los cascos se intensifica, mezclado con el trueno del mar y el silbido de la tormenta)

Y este ruido ¿qué significará? ¿Caballos que se acercan o se alejan?
Casi se me ha olvidado el ruido de los cascos de los caballos. ¡Hasta su ritmo! ¿Será un ritmo de galope o de baile o de golpes contra las entrañas? O será Hércules, aquel que

juega ahora con los árboles y los mares
enciende los infiernos de los dioses en los bosques de la gruta
juguetea con las nubes y desparrama el curso de los ríos
sopla en la flauta el solo de la victoria
y arremolina el mundo en el baile de los ciclones
como si la guerra fuese un juego y los incendios un gozo.

(Escucha con más atención)

Cuán viva está en mí esa muerte, y cómo creció en mí la derrota. Como si un Hércules se hubiera hecho gigante en las células y echara raíces en las profundidades de la existencia y sus columnas.  Se posa sobre el pecho de mi madre, la Tierra. Arranca las olas del corazón de Neptuno ¡mi padre!

(Se acerca a la boca de la cueva que se abre al mar y le habla:)

Mi padre, mar de la derrota
desde que Hercules arrambló con mis jardines
y arrancó de mi cabeza
la corona de mi reino
y desnudó los manzanos de mis abuelas
las Hespérides
y yo convivo con mi muerte…
¿Recuperarán mis alas la libertad de mis altos vuelos?
¿Reencontrará mi esposa Tingis sus gritos de placer en mi regazo?

Hércules me ha encerrado con una condición: que invente un arma letal del que se pueda servir para llevar a cabo sus doce trabajos. Y si no, me ejecutará a la vista de los pájaros y las bestias y a la vista de mi madre, la Tierra.
A la vista tuya, ¡Neptuno!
¡Padre! Oh mar de las tinieblas.
A la vista de todos los dioses y los gnomos.
¿No quedará en el universo un señor por el que merece morir?

(Vuelve al interior de la cueva)

Diez años cara a cara con mi muerte. Y nadie más, excepto este laboratorio. Haciendo gotear del alambique las gotas de la vida, sembrándolas en los poros de la materia para que se convierta en un alma, ya que Hércules codicia un aparato que siegue almas. Como si la oración fuese guerra y los dioses, un truco.

Retumban los cascos más alto, tal vez más cerca. Se ilumina gradualmente el espacio del jardín. Los dos espacios están ahora iluminados al mismo tiempo.

Espacio de la cueva:
Anteo: Mi día es un sol que sale en la ausencia.

Tingis se pasea por el jardín, deleitándose con sus manzanas doradas.
Tingis: Mi noche es una luna que se asoma a mi abismo y huye lejos.

Anteo: Ves que me he convertido en un fantasma agitado por la química del tiempo, mezclando día y noche, y me enferma…

Tingis: Caigo sobre el origen de mi sombra menguante en mi ausencia…

Anteo: … me enferma…

Tingis: Agarro mi mitad solitaria en las ruinas.

Anteo: …como si estuviera en las tinieblas de mi existencia…

Tingis atraviesa la cortina imaginaria y entra en el espacio de la cueva. La oscuridad cae sobre el jardín.

Tingis:  Un rostro que espanta sus facciones.

Tingis se acerca más a Anteo. Ninguno de los dos muestra sorpresa alguna; es como si no se hubieran separado en todos estos años.

Anteo: Una fragancia al que le apasiona su rosa.
Tingis: Una rosa a la que le apasiona su fragancia.
Anteo: Inhalo su olor en mi cuerpo carcomido por la humedad.
Tingis: Inhalo su olor en el vuelo de la gaviota.
Anteo: Inhalo su olor en los himnos incesantes del oleaje de mi furia que detesta la muerte en el umbral de la cueva.

Ella lo abraza

Tingis: Lo añoro y él se entrega a mi regazo como un inválido al que mutiló la soledad de la cueva.
Abraza su cara con las palmas de ambas manos.

Anteo: Añoro la calma de tus manos que abrazan mi cara.
Juguetea con sus trenzas y las deshace una a una.

Tingis: Añoro la rudeza de sus manos, que se adentran en mis trenzas y las sueltan con loco cariño.

Anteo: Mis labios secos añoran el néctar de sus labios húmedos de deseo.

Ella lo abraza

Tingis: Él se convierte en mí.

Él la abraza

Anteo: Ella se convierte en mí.

Se mantienen unidos un rato.

Los dos: Dos almas que vuelan en una gaviota, seremos dos.

Voces cantando:
Soy a quien amo, y a quien amo es yo.
Somos dos almas que comparten vivienda.
Si me miras a mí le miras a él
y si le miras a él a nosotros nos miras.
El que pregunta por nuestra historia
si nos viera no nos distinguiría.
Su alma es mi alma y mi alma es suya
quién vio a dos almas que comparten vivienda.1

Las voces cantantes se alejan poco a poco. Tras unos instantes, Tingis y Anteo se separan. Anteo se vuelve atento como quien se despierta de un sueño.

Anteo: Ah ¡como si emergiera de un breve sueño!

Escudriña los alrededores.

Casi olvido el ser y lo que significa el tiempo. Han pasado diez años y es como si fuera un sueño breve. ¿Realmente era ella quien me abrazó hace un instante o serán las penumbras que explotaron de repente en luz?

Tingis se aleja de él con pasos bailarines.

¿O será una luz aprisionada entre los pliegues de mi alma? Un trago de vida irrumpe en mi muerte aplazada desde la rendija de un cuerpo cristalino.

Escucha con atención. Los cascos de caballos se alejan.

¡Guardias! ¡Ya basta con ese resonar de cascos! ¿Me queréis destrozar las entrañas…?

Tingis ha desaparecido. La oscuridad cae gradualmente sobre el espacio de la cueva.

 

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