Incendios contra la bancarrota

Publicado por

Darío Menor

Publicado el 20 May 2010

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Protestas contra la crisis en Grecia (May 2010) | © Darío Menor / M'Sur
Protestas contra la crisis en Grecia (May 2010) | © Darío Menor / M’Sur

El plan de salvamento de la economía griega, que prevé ahorrar 30.000 millones de euros al Estado gracias a la subida de impuestos y al recorte del gasto público, ya tiene sus tres primeros mártires. Se trata de dos mujeres ―una de ellas embarazada― y un hombre que murieron asfixiados el 5 de mayo después de que unos manifestantes atacaran con artefactos inflamables una oficina del banco Marfin Egnatia situada en una céntrica avenida de Atenas.

La sucursal se convirtió en el punto más caliente de la jornada de huelga general, convocada por los sindicatos del sector público y privado como protesta contra las medidas planteadas por el Gobierno del socialista Yorgos Papandréu para salvar de la bancarrota la economía helena. La oficina del Marfin Egnatia fue arrasada por las llamas, por lo que algunos de sus empleados se refugiaron en la planta superior del edificio, que fue donde fueron encontrados los tres cuerpos sin vida. También resultó herida de gravedad otra persona, que fue hospitalizada.

Varios de los trabajadores del banco tuvieron que ser rescatados por los bomberos, que se jugaron la vida para salvarlos mientras en la calle la protesta continuaba. Durante un buen rato en el entorno de la sucursal atacada el caos fue casi absoluto. Los manifestantes seguían con sus consignas antisistema y contra el plan de ajuste del Gobierno en medio de la densa humareda que salía del edificio, del que iban saliendo los empleados salvados por los bomberos con el rostro lleno de angustia, lágrimas y hollín.

Los manifestantes se concentraron frente al banco tras la marcha de protesta

Sin explicarse cómo la tensión que Grecia vive en estos últimos meses se había llevado por delante a tres de sus compañeros y a punto había estado de costarles la vida, los trabajadores rescatados pasaban en un momento del infierno del edificio a la tragedia de las calles. Desorientados y observados con pena y curiosidad por los manifestantes y policías, se abrazaban, gritaban desesperados y corrían luego al bar que, abierto a toda prisa, les dejaba lavarse las manos y la cara tiznadas con el incendio.

Con el paso de las horas, las fuerzas de seguridad blindaron la zona donde se encuentra la oficina atacada del Marfin Egnatia. Excitados por la muerte, el humo y los gases lacrimógenos lanzados por los antidisturbios, un gran número de manifestantes se concentró frente al funesto banco una vez terminada la marcha de protesta. Anarquistas, sindicalistas y ciudadanos de a pie contrarios al plan del Gobierno se enzarzaron allí en acaloradas discusiones sobre las terribles consecuencias provocadas por los ataques a los bancos, que junto a los edificios públicos, coches de lujo y contenedores fueron el objetivo principal de los radicales.

Aunque las tres muertes sorprendieron a todos, los 25.000 congregados en la manifestación de Atenas según la Policía, (100.000, de acuerdo a los organizadores) sabían que la tensión iba a estallar fácilmente. “Cuando te suben los impuestos, te bajan el sueldo y te quitan el futuro es normal que la gente se enfade y estalle por algún sitio”, contaba Mijalis, un conductor del metro de la capital que, como la mayoría de sus colegas del transporte público heleno, ayer hizo huelga, lo que bloqueó el país.

Funcionarios mal pagados

Pasada ya la parte más caliente de la protesta, los griegos afrontan ahora con tristeza la dura realidad que tienen por delante, marcada por más impuestos, salarios más bajos, recortes sociales y despidos más fáciles. “Es terrible. Grecia ha sido siempre un país muy alegre, de gente que ríe, sale mucho a la calle y disfruta del sol y del aire libre. Vivíamos como vosotros, los españoles. Ahora estamos todos tristes y deprimidos”, dice Yeyi Panagiotopoulou, una funcionaria de 35 años que con el nuevo plan del Gobierno pierde sus dos pagas extraordinarias.

También Kristos trabaja para el Estado griego, por lo que los recortes aprobados ayer en el Parlamento le dejarán a final de año con 2.000 euros menos en el bolsillo. Se trata de un bocado grande a su salario de 1.200 euros mensuales, pero este ateniense de 27 años no puede hacer como los otros funcionarios y protestar en las calles contra el Gobierno. A él le corresponde estar al otro lado, defendiendo al Estado y llevándose las pedradas y los garrotazos que reparten los manifestantes radicales.

Kristos es policía y aunque está harto de los políticos de su país y de las condiciones precarias en que debe desarrollar su trabajo, estos días le toca tragar. Hace horas extras que nunca le pagarán y cuando responde a los golpes de los antisistema, dice sentir un sentimiento extraño. “Los anarquistas son unos locos agresivos, pero las protestas contra los políticos son justísimas. Llevan 30 años robándonos a los trabajadores, que somos los que al final nos toca pagar siempre”, cuenta, negándose a que le hagan fotografías por miedo a las represalias de los radicales. “La foto de un compañero acabó en una página anarquista y, cuando tiempo después acudió a un concierto, fue reconocido por los antisistema, que le dieron una paliza. Lleva dos años sin poder andar bien”. Este odio a los miembros de las fuerzas de seguridad, intrínseco entre los izquierdistas, se exacerbó con la muerte de un joven debido al tiro de un policía en diciembre de 2008.

“Los anarquistas son unos locos agresivos, pero las protestas son justísimas”

Los próximos años serán difíciles para Kristos y la mayoría de los trabajadores griegos. “Nos están borrando el futuro. Ahora ya me tengo que pagar de mi bolsillo la pistola, el chaleco antibalas y el uniforme, pero con los recortes la situación empeorará todavía más”.

“España, la siguiente”

Decir “soy español” en la manifestación de ayer de Atenas provocaba una reacción unánime entre los griegos: “Vosotros seréis los siguientes”. “Lo que está pasando desde hace unos meses con Grecia, el plan de ajuste de nuestro Gobierno y el supuesto rescate que nos vende la Union Europea y el Fondo Monetario Internacional no sólo tienen que ver con la clase trabajadora helena. Grecia es el proyecto piloto para hacer reformas similares después en otros países europeos como España o Portugal”, sostiene Kostas Papadakis, quien participó en la huelga general junto a otros miembros de su sindicato.

Dimitri, ateniense y funcionario, pide a los españoles que reaccionen contra sus dirigentes y cambien la dirección de su política, ya que si no lo hacen “en poco tiempo acabarán como nosotros, los griegos. Aquí las empresas de los países grandes, como Francia y Alemania, han comprado todo y ahora con esta situación lo harán con mayor facilidad aún, lo que dejará a Grecia, España y Portugal como un pueblecito de Europa”. Theodoris, que trabaja como taxista, saca además a relucir en su protesta el viejo enemigo griego: “En poco tiempo dirán que estamos en bancarrota y que nos venden a Turquía”. Como muchos otros manifestantes, Dimitri exige que se replantee la construcción europea para que las cuestiones sociales sean las que marquen las agendas.

Aunque en los países que participan en el plan de rescate a Grecia la ayuda es vista como un generoso apoyo, los atenienses consideran que se trata de un regalo envenenado. “Los culpables de la crisis son los poderosos. Que paguen los ricos. La gente de a pie no nos beneficiaremos de ese dinero; Europa sólo ayuda a los bancos. Los trabajadores de Grecia, Irlanda, España o Portugal no somos los ‘pigs’, los ‘pigs’ están en la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y los bancos”, explica Costantinos Papadakis, en alusión al significado inglés ―cerdos― de las iniciales de Portugal, Irlanda, Grecia y Spain. Anima a los españoles y al resto de ciudadanos del sur del Continente a que a que se unan a la protesta griega.

Medidas desesperadas

Al día siguiente del incendio del banco Marfin Egnatia, las flores, velas y mensajes de condolencia marcan el número 23 de la avenida Stadiou. Al día siguiente, otra manifestación pasó por el lugar. Después de guardar un espeluznante minuto de silencio, las miles de personas congregadas dedican un aplauso cerrado a las víctimas.

Nueva Democracia muestra populismo, irresponsabilidad y falta de sentido de Estado

La manifestación concluyó en la céntrica plaza Syntagma, donde tiene su sede en el Parlamento. Mientras los ciudadanos gritaban en la calle contra los políticos, dentro de la Cámara los diputados votaban el paquete de medidas de ahorro presentadas por el Gobierno. El plan, como se esperaba, resultó aprobado gracias a la cómoda mayoría de los socialistas del Pasok. Nueva Democracia, la formación que gobernaba hasta hace unos meses y que los economistas consideran responsable principal de la crisis, votó en contra. Su posición demuestra populismo, irresponsabilidad y ausencia de sentido de Estado.

Pese al profundo malestar popular y al empobrecimiento general que dejan las reformas, se trata de la única opción que le quedaba a Grecia para evitar la bancarrota. El jefe de Gobierno, Yorgos Papandréu, tiene ahora por delante tres años de legislatura para mostrar que es capaz de cambiar su país. Si tiene éxito se ganará el ascenso de político a estadista y la admiración tanto dentro como fuera de Grecia. Si, por el contrario, se demuestra que las privaciones a las que someterá a sus conciudadanos no tienen un efecto positivo y relativamente rápido en la economía, se convertirá en el último demonio de la historia política griega.

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