«Los derechos humanos están por encima de las tradiciones»

Bibiana Aído

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 4 Jul 2010

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Bibiana Aído
Bibiana Aído
La gaditana, ministra de Igualdad desde 2008, comparte su visión sobre los logros que ha alcanzado su Ministerio.

Hace dos años que el nombre de Bibiana Aído pasó a la historia de España como la ministra más joven de la democracia y por ser la primera titular de la cartera de Igualdad, una apuesta firme del presidente Rodríguez Zapatero.

Desde entonces, Aído (Alcalá de los Gazules, Cádiz, 1977) ha tenido que librar una dura batalla contra la violencia de género, ha afrontado retos como la reforma de la Ley del Aborto y se ha visto envuelta también en polémicas más o menos estériles. Lo seguro es que su figura no ha pasado desapercibida en esta legislatura, y nadie puede negarle el tesón y la firmeza en sus convicciones. Para hablar del sentido de su Ministerio en el contexto europeo y mediterráneo actual, así como para valorar algunos temas de actualidad, la ministra accedió a responder estas preguntas para M’Sur.

¿Se puede comparar la situación de la mujer en España respecto a sus países vecinos (Portugal, Francia, Italia, Marruecos, Grecia…)? ¿Estamos mejor o peor?
España, en cuestiones de igualdad entre mujeres y hombres, ha avanzado mucho en muy poco tiempo. Aún nos queda un largo camino por recorrer, pero eso no nos impide reconocer el salto cualitativo que hemos experimentado en pocos años. En cuanto a los países de nuestro entorno, la situación es muy dispar, pero si se trata de establecer comparaciones, podemos afirmar que salimos bien parados. Nuestra legislación es pionera y el compromiso de este Gobierno desde 2004 en políticas de igualdad, indiscutible.

En Francia el índice de asesinatos de mujeres a manos de sus compañeros es superior al de España, en Italia es similar… Y sin embargo, no tienen el eco que hay aquí, no trasciende tanto a la prensa ni hay actos institucionales de rechazo. ¿Cómo se explica?
El primer paso para abordar un problema tan grave como el de la violencia de género es sacarlo del ámbito de lo privado y situarlo en la agenda política, y por lo tanto mediática. Y eso es lo que hicimos en España en 2004 con la aprobación de la Ley integral contra la violencia de género. Reconocimos un problema que hasta entonces se escondía tras las paredes de las casas, y lo afrontamos con honestidad, rigor y recursos para tratar de erradicarlo.

En otros países, ni siquiera conocen la dimensión del problema. Por eso considero de especial relevancia que hayamos conseguido en este semestre de Presidencia Española de la UE que los 27 aprobaran por unanimidad la creación de un Observatorio europeo contra la violencia de género, que nos va a permitir evaluar y conocer la situación de este tipo de violencia en toda Europa. Además, también hemos conseguido aprobar la puesta en marcha de un teléfono único para toda Europa de información y asistencia para mujeres víctimas, y ya contamos con suficientes apoyos para la puesta en marcha de una euro orden que proteja a las mujeres en el resto de Europa. España ha exportado su modelo a Europa.

¿Usted respeta el velo islamista (hiyab) como expresión de identidad de las mujeres musulmanas o le parece un símbolo reprobable de una ideología machista?
No me gusta ningún velo, pero son muchos los que nos impiden ver las cosas con claridad y por eso creo que este debate debe ser abordado desde el respeto y el diálogo.

¿Sólo un Estado laico puede alcanzar la igualdad de sexos?
La clave está en separar las cuestiones que pertenecen al ámbito personal: la fe, las creencias íntimas; de todo aquello que forma parte del ámbito social y de la convivencia. En ningún caso la fe, las costumbres o creencias son argumentos lícitos y razonables para romper las reglas de una convivencia pacífica y democrática. Los derechos humanos deben estar siempre por encima de tradiciones.

Para resolver la cuestión del sexismo en el lenguaje, ¿habría que aplicar una ley de cuotas en la Real Academia?
El lenguaje crea y construye pensamiento, y es un aspecto más a tener en cuenta a la hora de avanzar hacia una sociedad más igualitaria. Una Real Academia con un mayor número de mujeres sería más representativa de la sociedad.

Suponemos que el objetivo de las cuotas en política es que desaparezcan algún día, por haber logrado la igualdad efectiva. ¿En qué plazo cree que podríamos prescindir de ellas?
Uno de los mayores errores consiste en creer que la igualdad real es un hecho y podemos dejar de realizar políticas activas en este sentido. De hecho, hay experiencias en países cuyos porcentajes de mujeres en política descendieron estrepitosamente cuando prescindieron de las listas paritarias.

En España, gracias a la ley de igualdad entre mujeres y hombres, el porcentaje de concejalas electas fue del 39,5%, más de siete puntos por encima de la representación alcanzada en 2003.  Y desde 2004, con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al Gobierno, contamos con un Gobierno paritario.

Y esto no es sólo importante desde el punto de vista cuantitativo, sino también porque determinadas cuestiones que formaban parte de lo privado pasan a formar parte de la agenda política. Como dice Michelle Bachelet, cuando una mujer entra en política cambia la mujer, pero cuando muchas mujeres entran en política cambia la política.

Un medio de comunicación afirmó que usted quería implantar el feminismo como asignatura en las escuelas. ¿Puede aclararnos su posición?
Jamás dije que el feminismo tuviera que ser una asignatura como jamás he dicho tantas otras cosas que se me adjudican. Hablé del cumplimiento de la Ley de Igualdad, que en su artículo 25 habla de fomentar la igualdad entre mujeres y hombres en la educación superior.

Defiendo la necesidad de visibilizar el papel de las mujeres en todas las disciplinas, sus aportaciones y su contribución, ocultada a lo largo de la historia. Y estoy convencida de que sólo a través de la educación cambiaremos mentalidades.

Después de 30 años de democracia, la mujer española ha dejado de ser invisible, se comparten las tareas del hogar, etc. Y sin embargo, seguimos viendo actitudes machistas en la gente joven. ¿Qué ha fallado?
Seguimos reproduciendo modelos antiguos y caducos. Es muy difícil despojarse de siglos y siglos de desigualdad tan arraigados en nuestra sociedad, que además todavía se alimentan desde muchos sectores sociales.

Por eso hacemos tanto hincapié en la educación, porque ese es el mejor antídoto para luchar contra el machismo. Sin duda, el indicador más doloroso de esta situación es el de las víctimas de violencia de género, y por eso, el pasado 25 de noviembre, organizamos el primer Foro Internacional Juventud y Violencia de género, y orientamos las campañas de sensibilización hacia la gente joven. Esto no es algo que suceda sólo a mujeres casadas o de cierta edad, pasa también entre la gente más joven y hay que saber detectarlo.

Por otro lado, desde los años 80 no se vivía una reacción tan visceral por parte de algunos sectores contra el feminismo. ¿Es la prueba de que se están produciendo avances importantes?
Avanzamos con paso firme y eso provoca grandes resistencias. Seguimos teniendo déficits en terrenos como el laboral, donde la brecha salarial es todavía una realidad, y nos queda mucho por hacer en materia de corresponsabilidad, y por supuesto, en la lucha contra la violencia de género. Pero ya que estamos aquí, le aseguro que no nos vamos a parar.

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