De tal palo, tal astilla

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 9 Oct 2010

Publicidad

opinion

¿Cuál es el verdadero Netanyahu?

– ¿Bibi el débil, el invertebrado, el que siempre cede a la presión, el que serpentea a la izquierda y a la derecha dependiendo de si la presión viene de Estados Unidos o de los socios de su coalición?

– ¿El astuto jefe del Likud, el que tiene miedo de que Avigdor Ivett Lieberman pueda conseguir empujarlo hacia el centro, desplazándolo como líder de toda la derecha?

– ¿Netanyahu, el hombre de principios, el que está decidido a impedir a toda costa la creación del Estado de Palestina y que por tanto está utilizando cada truco posible para sabotear las auténticas negociaciones?

El auténtico Netanyahu, ¡en pie!

Eh, espera un momento, ¿qué pasa aquí? ¿Los estoy viendo levantarse a los tres?

El primer Netanyahu es el que se ve a simple vista. Una hoja en el viento. El estafador sin principios y con un montón de trucos cuyo único objetivo es sobrevivir en el poder.

Este Netanyah prácticamente invita a que lo presionen.

El primer Netanyahu es un estafador cuyo único objetivo es sobrevivir en el poder

Barack Obama lo presionó, así que accedió a la congelación de los asentamientos, o lo que parecía una congelación de los asentamientos. Con el fin de evitar una crisis con los colonos les prometió que, tras los diez meses acordados, el auge de la construcción se reanudaría con pleno vigor.

Los colonos lo presionaron y, efectivamente, reanudó la construcción en el plazo señalado, a pesar de la intensa presión de Obama, que abogaba por una ampliación de la moratoria de dos meses. ¿Por qué dos meses? Porque las elecciones del Congreso tienen lugar el 2 de noviembre y Obama necesita desesperadamente evitar una crisis con los judíos antes de eso. Para ello, está dispuesto a venderle a Netanyahu todo el inventario; armas, dinero, apoyo político, una serie de garantías sobre el resultado de las negociaciones que aún no han comenzado. ¡Sesenta días! ¡Sesenta días! ¡Mi reino por sesenta días!

Netanyahu serpentea entre estas presiones, tratando de averiguar cuál es la más fuerte, a cuál ceder, cuánto y cuándo. En sus sueños, probablemente se siente como el Barón von Munchhausen, que se encontró en un camino estrecho con un león detrás de él preparándose para saltar sobre él y un cocodrilo frente a él abriendo sus impresionantes fauces. (Si no recuerdo mal, el barón se agachó y el león saltó directamente a las fauces del reptil.)

Esta es la gran esperanza de Netanyahu. El AIPAC ayudará a buscarle a Obama una aplastante derrota en las elecciones, Obama asestará un golpe demoledor a los colonos, y el Barón von Netanyahu se frotará las manos y sobrevivirá para luchar un día más.

¿Es este el verdadero Netanyahu? Por supuesto.

Pero el segundo Netanyahu no es menos real. Es que el astuto Bibi está tratando de confundir al astuto Ivett.

Lieberman dejó atónita a la Asamblea General cuando, como ministro de Asuntos Exteriores de Israel, se dirigió a este órgano augusto desde la tribuna.

Porque nuestro ministro de Asuntos Exteriores no se levantó para defender las políticas de su país, como hicieron sus anodinos colegas. Todo lo contrario: desde la tribuna de la ONU atacó enérgicamente la política de su propio gobierno, negándole toda validez.

Lieberman podría dividir el Likud y tomar posesión de la derecha israelí

La política oficial del Gobierno de Israel es llevar a cabo negociaciones directas con los dirigentes palestinos para lograr un acuerdo de paz definitivo en el plazo de un año.

Tonterías, dijo el ministro de Asuntos Exteriores de ese mismo gobierno. Basura. No hay ninguna posibilidad de acuerdo de paz, ni en el plazo de un año ni dentro de cien. Lo que hace falta es un acuerdo provisional a largo plazo. En otras palabras, la continuación de la ocupación sin límites de tiempo.

¿Por qué organizó Lieberman esta representación? No se estaba dirigiendo a los pocos delegados que se habían quedado en el salón de actos de la ONU, sino a la opinión pública israelí. Desafió a Netanyahu: o me destituyes o finges que la saliva que tienes en la cara es lluvia.

Pero Netanyahu no destituyó a nadie ni reaccionó salvo con una débil declaración de que Lieberman no estaba expresando sus puntos de vista. ¿Y esto por qué? Es evidente que, si Netanyahu fuera a echar al partido de Lieberman del gobierno y poner en su lugar al Kadima de Tzipi Livni, Lieberman le haría a Netanyahu lo que Netanyahu le hizo a Isaac Rabin. Lo acusaría de traición, por vender la patria, por ser enemigo de los asentamientos. Sus devotos desfilarían con carteles de Netanyahu con el uniforme de las SS o con un keffiyeh, mientras otros realizarían misteriosos rituales cabalísticos para provocar su muerte.

Lieberman podría izar la bandera de la derecha, dividir el Likud y tomar posesión exclusiva de toda la derecha israelí. Cree que ésa es la manera de convertirse en primer ministro.

Netanyahu entiende eso perfectamente. Por eso se está conteniendo. Como hombre que se crió en Estados Unidos, probablemente recuerda lo que dijo Lyndon Johnson acerca de J. Edgar Hoover: Más vale tenerlo dentro de la tienda meando hacia fuera que fuera de la tienda meando hacia dentro.

Y tal vez este Netanyahu ─el segundo─ no se oponga en realidad al plan esbozado por Lieberman en la Asamblea de la ONU.

El ministro de Asuntos Exteriores no se contentó con rechazar la paz y sacar a relucir la idea del acuerdo provisional a largo plazo. Describió la solución que tiene en mente. Como era de esperar, es la plataforma electoral de su partido, Israel Beitenu (“Israel Nuestro Hogar”). En esencia: Israel, la “Nación-Estado-del-Pueblo-Judío “, estará libre de árabes o, traducido al alemán, ‘araberrein’.

Sin embargo, Lieberman es una persona humana y no defiende (al menos en público) la limpieza étnica. No propone una tercer ‘naqba’ (después de la catástrofe palestina de 1948 y la expulsión de 1967). No, su solución es mucho más creativa: separará de Israel las ciudades y aldeas árabes de toda la frontera oriental, el llamado “triángulo”, desde Umm Fahm al norte hasta Kufr Kassem al sur. Esta zona, junto con sus habitantes y tierras, se uniría al territorio de la Autoridad Palestina y a cambio Israel anexionaría los asentamientos israelíes en Cisjordania.

Los ciudadanos árabes de Israel son parte del pueblo palestino y de la población israelí

Esto plantea, por supuesto, varias preguntas. En primer lugar, ¿qué pasa con las concentraciones árabes de Galilea, que incluyen decenas de pueblos, ciudades como Nazaret y Amr Shefa, y la población árabe de las ciudades mixtas, Haifa y Acre? Lieberman no tiene intención de trasladarlos también. Tampoco pretende renunciar a Jerusalén Este, con su cuarto de millón de residentes árabes. Si se diera el caso, ¿está preparado para dejar en la “Nación-Estado-del-Pueblo-Judío” más de tres cuartos de millón de árabes? ¿O es que después de todo sueña por las noches, metido en la cama, con llevar a cabo una limpieza étnica?

Una segunda pregunta: ¿a quién le va a la transferir las ciudades y aldeas árabes del “triángulo”? Sin un tratado de paz, no habrá Estado palestino. En vez de eso, seguirá estando la Autoridad Palestina, con sus pequeños enclaves, todos sujetos a la ocupación israelí. El acuerdo provisional a largo plazo dejaría esta situación más o menos intacta. Lo que significa que esta zona, ahora parte de Israel, se convertiría en territorio bajo ocupación israelí. Sus habitantes perderían su condición de ciudadanos israelíes y se convertirían en una población ocupada, desprovista de derechos civiles y derechos humanos.

Por lo que se sabe, ni un solo líder árabe de Israel está de acuerdo con eso. Incluso en el pasado, cuando parecía que Lieberman accedía al establecimiento de un Estado palestino y quería trasferirle las zonas árabes de Israel, ni un solo líder árabe de Israel estuvo de acuerdo. Los ciudadanos árabes de Israel, una población de cerca de un millón y medio, son de hecho parte del pueblo palestino pero también son parte de la población israelí.

Sin duda a Netanyahu le da miedo Lieberman pero ¿puede ser que no condene el discurso de Lieberman en la ONU porque comparte en secreto sus puntos de vista?

En cualquier caso, esta semana Netanyahu anunció que va a adoptar al bebé de Lieberman, la exigencia de que los no judíos (es decir, los árabes) que deseen obtener la ciudadanía israelí, juren lealtad no sólo al Estado de Israel y a sus leyes, como es habitual, sino a “Israel como Estado judío y democrático”. Ésta es una adición sin pies ni cabeza, únicamente concebida para provocar al 20% de los israelíes que son árabes. Se podría pedir también que los candidatos a la ciudadanía de Estados Unidos juraran lealtad a los “Estados Unidos como Nación caucásica, anglosajona, cristiana y democrática”.

Pero es muy posible que haya un tercer Netanyahu, con más peso que los demás.

Es el Netanyahu que siempre creyó en un Gran Israel y que nunca ha renunciado a la ideología que mamó con la leche de su madre.

El veterano periodista israelí Gideon Samet va más allá: cree que la motivación principal de Binyamin Netanyahu es la obediencia total a su anciano padre.

Netanyahu nunca consentirá la creación del Estado de Palestina sino bajo presión extrema

Ben-Zion Netanyahu tiene ahora 100 años y está en plena posesión de sus facultades mentales. Es un profesor de historia nacido en Varsovia que llegó a Palestina en 1920 y cambió su nombre de Mileikowsky a Netanyahu (“Dios ha proveído”). Siempre ha pertenecido a la franja de extrema derecha. Ben-Zion Netanyahu pasó varios períodos de su vida en Estados Unidos, donde se criaron sus tres hijos. Cuando en 1947 la Asamblea General de la ONU aprobó el plan de la partición de Palestina entre un Estado judío y un Estado árabe, Netanyahu padre firmó una petición, publicada en el New York Times, condenando la resolución en los más enérgicos términos. De vuelta en Israel, no fue aceptado en el nuevo Partido de la Libertad (precursor del Likud), ya que sus opiniones eran demasiado extremas incluso para Menachem Begin. Afirma que fue excluido de una cátedra en la universidad hebrea de Jerusalén por sus opiniones y la amargura que esto le provocó envenenó la atmósfera en su hogar.

La especialidad del profesor es el judaísmo español, poniendo énfasis en la Inquisición española. Condena a los judíos que fueron bautizados (los Marranos) y dice que la gran mayoría estaban ansiosos por integrarse en la sociedad española cristiana, contrariamente a lo que dice el heroico mito oficial de que continuaron practicando la religión de sus antepasados en secreto.

Cuando Netanyahu hijo transfirió una parte de Hebrón a la Autoridad Palestina, su padre le reprendió y declaró públicamente que no era apto para el puesto de primer ministro sino lo justo para servir de secretario de Asuntos Exteriores. Pero el hijo hizo un gran esfuerzo para seguir siendo fiel a las opiniones de su padre y ésta es la motivación principal de su política. Según Samet, no osaría enfrentarse a su padre y decirle que había regalado partes de Eretz Israel.

Me inclino a aceptar esta versión. Netanyahu nunca accederá a ser responsable de la creación del Estado de Palestina, nunca llevará a cabo unas negociaciones de paz serias, salvo bajo presión extrema. Eso es lo que hay, todo lo demás es palabrería.

Si se pidiera al auténtico Netanyahu que se levantara, se levantarían los tres y a lo mejor algunos más. Pero el tercero es el más real.

Publicado en Gush Shalom • 9 Oct 2010 • Traducción del inglés: Gloria Martínez Alcalá

Post relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *