Lucha de titánides

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 28 Oct 2010

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Malika Mokeddem
Debo todo a tu olvido

Género: Novela
Editorial: Alianza Ed.
Páginas: 152
ISBN: 978-84-2065-162-0
Precio: 5,95 €
Año: 2008 (2010 en castellano)
Idioma original: francés
Título original: Je dois tout à ton oublie
Traducción: Pilar Jimeno  Barrera

Nouvelle: dícese de la novela corta que narra un único hecho, bien estructurado alrededor de una idea guía. Es tildada de ‘hermana del drama’. Sus protagonistas sufren a menudo aislamiento, marginación o falta de comunicación. El planteamiento es breve y lanza al lector de inmediato al conflicto central, tratado de forma exhaustiva y con gran densidad. Ciertos objetos pueden adquirir una importancia simbólica. La narración se desarrolla de forma lineal, tensa, con una narrativa algo más explayada en los puntos cumbre y un final habitualmente abierto, apenas insinuando el destino de los personajes. Se puede leer de un tirón.

Éste es un excerpto literal de una entrada enciclopédica del término ‘nouvelle’ en francés o argentino, novella en inglés, novelle en alemán (el castellano ‘novela corta’ no transmite tanto el valor y las leyes propias de esta categoría literaria). Y es un resumen perfecto del libro de Malika Mokeddem Debo todo a tu olvido.

Mokeddem (Kenadsa, Argelia, 1949), nacida en el desierto, médico en el sur de Francia ―al igual que su protagonista, Selma― dibuja una imagen realista, apasionada y violenta de la sociedad argelina. No con el pausado brochazo del óleo, ni con la ligereza de la acuarela: lo suyo es el trazo duro de la pluma, sacando aristas, sombras, planos cortados a cuchillo. Un sobresalto de madrugada en la vida de una mujer hecha a la soledad, dueña de su vida, ¿un sueño? ¿o un recuerdo olvidado durante cuarenta años? ¿Un crimen familiar?

El viaje de Selma a la Argelia profunda le permitirá reencontrarse con la vida de la aldea, pero no es una reconciliación. Nada más lejos. Los olores a tayín y comida de pueblo no evocan nostalgia, son narrados sin una sombra de costumbrismo: la infancia en el desierto no es un recuerdo feliz. Las familias pueblerinas patriarcales ―ese patriarcado en el que las madres son las dictadoras, son quienes asignan los privilegios al macho, al hijo varón― no son una sociedad idílica. La religión no es un refugio sino una tapadera. Aquí no hay cariño sino explotación.

El viaje le permite a Selma reencontrarse con la vida de la aldea, pero no es una reconciliación

El libro de Malika Mokeddem refleja el estado de ánimo de tantos argelinos que han dejado atrás un país ingrato, un país que nunca ha dejado de devorar a sus hijos: a través de la ley colonial, primero, la guerra de liberación, después, el fracasado socialismo burocrático, luego, la desidia, finalmente la guerra civil. Esa guerra civil que ganaron, con una década de retraso, los santurrones, los predicadores, los reclutadores de almas, los tamborileros del Corán y el rezo diario, los que no soportan a las mujeres libres.

Esos que han conseguido acabar con los sueños de toda una generación que tal vez pudiera haber sido libre, pero que ahora, entre la opción del exilio y la rendición, cree necesario volver al redil, ser parte de Argelia, anudarse un pañuelo a la frente. “Pero que el sentimiento de pertenencia sólo pueda dotarse de legitimidad a través de la religión es, sin lugar a dudas, la prueba del fracaso”, piensa Selma al ver regresar del peregrinaje a sus camaradas de correrías de antaño.

Matar al padre, como pidió Freud, es un juego de niños: lo duro es matar a la madre

Pero Argelia sólo es el pretexto de esta nouvelle: la pluma de Mokeddem penetra más profunda en la piel que la arena del país magrebí: Selma no está en guerra con su país sino con sus entrañas.

Matar al padre, como pidió Freud, es un juego de niños: lo duro es matar a la madre. Algo que los varones magrebíes no conseguirán nunca: siempre vivirán dependientes de ella, inermes ante sus chantajes. Ahí está Gumi, el alter ego de Selma, amigo del alma, gay inconfeso, libre porque es capaz de ocultarse: en esa sociedad, el único amigo verdadero, el único con el que una chica puede dormir abrazada, también es un fuera de la ley.

El pulso entre Selma y su madre, esa madre que sabrá resolverle la pesadilla, que podrá arrancarle la sábana ―o la mortaja― a sus fantasmas, devolverle la infancia olvidada y desterrada del recuerdo, la que le obliga a hacer frente a la deseada amnesia, es un combate de titanes: la de siglos de tradición patriarcal, matriarcal, qué más da, siglos de ley contra la férrea voluntad de ser libre.

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