«La situación de fronterizo es lo que mejor me define»

Javier Ruibal

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 5 Nov 2010

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Javier Ruibal (Estambul, 2010) |  © Ilya U. Topper
Javier Ruibal (Estambul, 2010) | © Ilya U. Topper

Hace 15 años que vio la luz Pensión Triana, el disco con el que Javier Ruibal se confirmó como uno de los músicos más personales y exquisitos del panorama español.

Su secreto: hacer música de raíz sin complejos, en un momento en el que géneros como el flamenco o los sonidos étnicos parecían caducos para muchos; buscar puntos de encuentro entre Europa, América Latina y el Mediterráneo Sur, así como entre la canción de autor y el jazz; y rodearse siempre de los mejores músicos, entre ellos cómplices de la talla de Jorge Pardo, Martirio o Chano Domínguez.

Elevado a la categoría de álbum de culto, pero descatalogado desde hace años, Pensión Triana acaba de reeditarse en un lujoso formato de disco-libro, con hermosas ilustraciones de Santos de Veracruz. La próxima primavera, Ruibal editará también un trabajo en directo con la Orquesta de Córdoba, y a finales de 2011 promete material nuevo.

¿Cómo ha pasado el tiempo por la Pensión Triana?
Pues creo que bien, mejor incluso de lo que pensábamos. Para nuestros seguidores ha sido un disco muy querido y atesorado, y por mi parte puedo decir que sigo cantando todas las canciones, no hay ninguna coyuntural. Ninguna se ha caído de nuestro repertorio.

¿A qué atribuye esta buena conservación?
Es un disco testimonial de una época en que se arrinconó un poco la música con identidad propia, de raíz —lo mismo la andaluza que la canaria o la gallega, y la canción de autor en general— por mor de aquella reconversión industrial musical destinada a demostrar a toda costa que España era muy glamourosa y muy moderna. Nosotros sentimos la necesidad de crear desde lo fronterizo, hicimos nuestra propuesta y ha dejado su estela en un montón de grupos y artistas. De lo otro ha quedado un cineasta y un par de nombres, poco más.

¿Y cómo ha cambiado Javier Ruibal en estos 15 años?
Me he quitado de encima la incertidumbre, no saber si te van a entender y a atender. Y cualquier rastro de sentido estratégico en lo que hago, aunque tampoco lo tuviera entonces. No hay más estrategia que llegar al escenario y pasar dos horas intercambiando con la gente cosas que van más allá de la música. También he ganado más seguridad a la hora de escribir y componer. Pero las dudas vitales las sigo arrastrando intactas. Mientras tanto, sigo agradeciendo a la vida lo que me da, sobre todo la complicidad y la amistad con mucha gente. Quince años después, eso es lo que tengo.

Personalmente, con Pensión Triana sentí que una búsqueda que abarcaba sus tres discos anteriores se concretaba al fin. ¿Lo recuerda así?
En aquel momento andaba tanteando, pero es el tiempo el que concreta las cosas; no lo hago yo, lo hacen ellas solas. Más que encontrar algo determinado, lo que creo que hay en ese disco es ya una coherencia, porque tomé el material de los tres trabajos anteriores. Si ahora tuviera que seleccionar entre las canciones de toda mi trayectoria, seguramente habría algunas de Pensión Triana que tal vez no estarían. Esto es algo parecido a una escultura de barro que no termina de acabarse nunca. Todo es una misma canción, es decir, un mismo discurso. Por eso trato de ser coherente en el sentido de que cada canción sea única en sí misma. Ése es el camino que he trazado. El resultado final dependerá del criterio del que oye.

Tras Pensión Triana quisieron asimilarle con el nuevo flamenco, lo comparaban hoy con Ketama, mañana con Paco Ortega e Isabel Montero, o con El Último de la Fila, pero era en vano. ¿Siempre logró rehuir las etiquetas? ¿Estaría a gusto con esa, tan imprecisa, de música sureña?
La verdad es que nunca me han cazado con ninguna etiqueta, pero más que sureño, lo más orientativo para definirme es la situación de fronterizo. Uno parte del flamenco y de la tradición andaluza, y a partir de ahí de todas las músicas que están a tu alrededor. Hay una necesidad de ser quien eres, sin duda, pero también de no ser sólo lo que han sido tus ancestros. A eso le debo el hecho de ser difícilmente imitable por mis armonías y mi forma de cantar. No lo digo por añadirme méritos, pero lo cierto es que no me han salido clones, como a la mayoría de los cantautores.

También incorporó en su sonido aires latinos y mediterráneos, ese tipo de trasvases que se han prodigado tanto después. ¿Cree que en materia de fusiones está todo hecho? ¿Es hoy un callejón sin salida?
Esa es una cuestión de los artistas, no de sus posibilidades. Tiene que haber individuos con ganas o con interés por hacerlo. Lo que pasa es que ya no se hace una reinvención de lo que existe, sino una música nueva: ahora puedes tomar elementos ancestrales para hacer vanguardia, o echar mano de instrumentos exóticos, eso es algo que se expande constantemente. Que siga teniendo utilidad, dependerá de que los artistas lo hagan con solvencia. Pero, personalmente, sigo creyendo en la música de encuentro.

En lo que respecta a los sonidos mediterráneos y andalusíes, ¿trabajó con ellos como algo propio, o como un material de resonancias exóticas?
Lo mediterráneo es para mí una herencia absolutamente vigente y reivindicable, y aún hoy forma parte de mi música. El Mediterráneo es el eco de una de las culturas más antiguas del planeta. Como por ahí ha pasado todo, como por Cádiz, es importantísimo que no se deje de recuperar todo aquello que esté amenazado por el olvido; no para quitarle el polvo y meterlo en una vitrina, sino para retomar su espíritu y sus valores. En este sentido, alguna vez ha parecido que éramos investigadores o algo parecido, pero el tipo de músicos que somos sólo trabaja por la vía de la felicidad y el disfrute. Lo seguro es que ese incesante ir y venir de culturas por el Mediterráneo tiene forzosamente que servirnos hoy de puente, dirigido a mejorar las relaciones entre los pueblos.

Recuerdo que hace mucho le pregunté con qué músico querría compartir escenario o estudio de grabación, y me dijo que con Glen Velez. ¿A quién invitaría hoy?
Pues seguiría diciendo que a Glen Velez, y en general me gustaría compartir momentos con músicos que son muy grandes: me sigue emocionando Paco de Lucía, y John Scofield, y Pat Metheny, y me gustaría mucho cantar con Richard Bona… Pero todo sería, ya digo, por el placer de compartir un momento con ellos, no porque su presencia fuera a provocar una convulsión cósmica.

¿Y a qué grandes ha encontrado ya en su andadura?
En Pensión Triana, sin ir más lejos, hay músicos estupendos y notables. En general he gozado de una buena consideración por parte de los artistas, y la suerte me ha deparado encuentros muy felices. Se me ocurre, por ejemplo, el nombre de Carmen Paris, que es como una homóloga de lo que yo hago, pero desde Aragón. Es lo que te decía antes: lo que queda de todo esto es el encuentro de dos personas entre las que se fragua una amistad fuerte. Y eso ha pasado con muchos otros.

Para muchos, el mayor expediente X de la música española de los últimos años era: ¿cómo es posible que Javier Ruibal no tenga éxito entre el gran público? ¿Por qué no sale en la tele, en la radio? Me pregunto si tiene usted respuesta.
Bueno, eso sigue pasando, y quien me descubre ahora se lo pregunta todavía con más énfasis: ¿cómo no he sabido antes de este tío? Creo que es una cuestión tan sencilla como esto: cuando suenas en  televisión y radio, por lo general, es porque hay una fortísima inversión detrás. Las compañías que sacaron mis discos nunca lo hicieron: las que podían, porque no querían, y las que querían porque no podían. En todo caso, vaya mi agradecimiento a todo aquel que me desee que yo esté encumbrado, pero sí me gustaría que después no diga aquello de ‘qué lástima’. Soy un músico lo suficientemente feliz con lo que mi creatividad me va dando, sigo teniendo a mi público, estoy vivo y me siento bien, ¿qué más puedo pedir?

Tras Pensión Triana, ha repetido la experiencia de grabar en vivo en dos ocasiones, con Lo que me dice tu boca y ahora con un recital con la Orquesta de Córdoba. ¿Qué tiene el directo?  ¿Y cómo valora que cada vez sea más difícil encontrar en España locales donde actuar, sobre todo para los grupos jóvenes?
Siempre he reivindicado el directo como lo esencial de la música. Es la verdad de la música. La situación actual hace que el exceso de legislación impida que haya lugares donde los músicos puedan crecer y expresarse. Es una injusticia absoluta y estoy muy comprometido con esa causa, firmo todos los manifiestos que haya que firmar y voy allí donde haya que protestar, pero de momento no conseguimos convencer a los políticos de la seriedad del asunto. Me parece cínico que no reconozcan que no saben cómo solucionarlo. En otros países sí saben, y no sería extraño encontrarse a esos mismos políticos disfrutando allí de música en directo durante sus vacaciones…

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