El noble y el caballo

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 6 Nov 2010

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“Mitad y mitad”, se dice que respondió el último ex primer ministro, Levi Eshkol, cuando se le preguntó si quería té o café.

Este chiste tenía la intención de parodiar sus dudas en la víspera de la Guerra de los Seis Días. (Aunque los documentos secretos publicados esta semana hacen mirar a Eshkol con otros ojos.)

La opinión pública estadounidense se parece ahora al hombre del chiste. Se envió a Washington un grupo enorme del Tea Party, pero los cafeteros de la Casa Blanca tienen aún el control.

Los dirigentes israelíes no sabían cómo mirar los resultados de estas elecciones. ¿Son buenos o malos para los judíos?

El gran ganador de las elecciones estadounidenses no es otro que Binyamin Netanyahu.

Su política es similar a la de su mentor político, Yitzhak Shamir. Se basa en el judío que tenía que enseñar al caballo del noble polaco a leer y escribir en un año o, de lo contrario, el shtetel entero sería  masacrado. “Un año es mucho tiempo”, trató de calmar a su mujer desconsolada, “de aquí a un año, o el caballo o el noble estarán muertos.”

Los dirigentes israelíes no sabían si los resultados electorales son buenos o malos

El juego de Shamir consistía en posponerlo todo, perder todas las oportunidades para acercarse a la paz, ganar tiempo.

Cuando la presión sobre Israel se hace más fuerte, hay que eludir, obstaculizar, engañar. Tarde o temprano, el noble o el caballo van a morir; con un poco de suerte, los dos. La situación cambiará, la presión disminuirá, los que ejercen la presión desaparecerán. Una crisis en algún otro lugar del mundo distraerá la atención sobre nosotros. Vamos a ganar otro año o dos y luego ya veremos.

Ésta es también la estrategia de Netanyahu. Para evitar cualquier avance hacia la paz ya que la paz significa la evacuación de los asentamientos y la creación de un Estado palestino.

Desde hace dos años ha logrado frustrar todos los esfuerzos de Barack Obama para obligarlo a iniciar un verdadero proceso de paz. Le ha derrotado en cada vuelta, una y otra vez. Ahora, Obama ha sufrido el escozor del revés en casa, y ha comenzado un nuevo capítulo.

Pero el noble no ha muerto, ni el caballo. ¿Cómo tratará Obama a Netanyahu ahora?

En Jerusalén, hay dos respuestas contradictorias a esta pregunta.

La primera evaluación es que no hay nada que temer de Obama. Es cierto que el caballo no ha muerto, pero está cojeando mucho.

Un gran signo de interrogación se cierne ahora sobre el futuro de Obama. Corre el peligro de convertirse en un presidente de un solo mandato. A partir de ahora, se verá obligado a dedicar todo su tiempo y energía a esforzarse por su reelección. En tal situación, no puede permitirse el lujo de provocar al AIPAC y corre el riesgo de perder los votos (y el dinero) de los judíos.

De acuerdo con esta evaluación, cuando la Cámara de Representantes esté en manos de sus adversarios, Obama debe tener mucho cuidado. En cuanto a asuntos internos, que son los que deciden las elecciones, no será capaz de lograr nada sin un compromiso con los revitalizados republicanos. Éstos están dirigidos por políticos que son lacayos abyectos de Israel. En resumen: no hay nada que temer. Obama puede hacerles gestos a los palestinos e incluso flexionar los músculos, pero en cualquier prueba real con Netanyahu y el AIPAC, él será el primero en pestañear.

Netanyahu no quiere la paz porque ésta significaría la creación de un Estado palestino

Eso le asegura a Netanyahu dos años de calma. Todo se quedará congelado, excepto los asentamientos. Crecerán. Y en dos años, con un nuevo presidente en la Casa Blanca, va a pasar lo que va a pasar: Un noble nuevo, un caballo nuevo.

La evaluación contraria es mucho menos optimista para Netanyahu.

Sin duda, Obama rebosa furia contra Netanyahu, y esa furia puede haberse convertido ya en verdadero odio. En los últimos días antes de estas elecciones, Netanyahu le negó a Obama la pequeña victoria que podía haber mejorado su imagen en el último momento. Obama le pidió ─no, le rogó─ solamente que congelara los asentamientos dos meses más, sólo para poder llevar a cabo el gran espectáculo de la reanudación de la ceremonia del proceso de paz. Netanyahu rechazó la solicitud con desdén, a pesar de ir acompañada de una oferta de soborno político enorme.

Obama es un hombre que no muestra emociones negativas. Seguirá sonriendo a Netanyahu, tal vez incluso llegue a darle una palmada en la espalda. Pero un enemigo en la Casa Blanca es un enemigo peligroso y un enemigo herido es aún más peligroso. Herido o no, un presidente estadounidense sigue siendo la persona más poderosa del mundo.

Es cierto que las próximas elecciones presidenciales ya están proyectando una larga sombra sobre Washington. Pero para el comienzo de la campaña electoral en serio queda todavía un año y este año puede ser una oportunidad para una determinada iniciativa de paz estadounidense. El presidente podría desear mostrarle a sus votantes un logro impresionante en el escenario internacional y un acuerdo de paz histórico entre Israel y Palestina constituiría sin duda un logro.

Y, aunque esto no se produjera, un peligro aún más grave para Netanyahu podría estar al acecho después de noviembre de 2012. Obama puede ser reelegido. Algunos de sus predecesores (Ronald Reagan y Bill Clinton) sufrieron punzantes contratiempos en la primera mitad de sus campañas electorales y aún así no tuvieron problemas en ser reelegidos.

Si Obama es elegido para un segundo mandato, puede convertirse en un adversario muy peligroso. Como no se le permitirá volver a presentarse, será inmune a la presión del lobby de Israel. Estará pensando en su lugar en la historia. Y, sin duda, hacer la paz entre Israel y Palestina sería un logro histórico.

Por otra parte, el Tea Party puede desaparecer tan rápidamente como apareció. Esto sucede en Estados Unidos cada pocas décadas: una ola  de locura barre el país como un tsunami y desaparece como si nunca hubiera existido. Recuérdese a Joe McCarthy. Si la ola continúa hasta 2012 y luego Obama se enfrenta a alguien como Sarah Palin, no podría pedir más.

Si Obama es reelegido buscará pasar a la historia con la paz entre Israel y Palestina

En cuanto al Congreso: en lo que a Israel se refiere, no hay ningún cambio. Los senadores y congresistas bailan al ritmo del lobby de Israel y, en este sentido, no hay diferencia entre demócratas y republicanos. Eso “cruza las líneas del partido”, como se jactaba recientemente uno de los líderes del lobby.

En resumen, según esta evaluación, el enfrentamiento entre Obama y Netanyahu es inevitable. Llegará a un punto crítico en dos o tres años como máximo. El noble no va a morir, ni el caballo. La cuestión es si el judío sobrevivirá.

Tras este enfrentamiento personal se esconde un conflicto mucho más profundo, mucho más fundamental.

Hay un montón de parloteo sobre la asociación de los dos países. Acerca de los mitos comunes de los pioneros, la lucha contra los indígenas, la conquista de una nueva patria, una nación de inmigrantes. Acerca de los “valores comunes”.

Todo eso me recuerda al parloteo de Shimon Peres en la década de 1950 sobre los “valores comunes” que unían a Francia a Israel. Los valores comunes se evaporaron en el momento en que Francia hizo la paz con los rebeldes argelinos. La postura francesa cambió de la noche a la mañana. Como Charles de Gaulle dijo: “Francia no tiene amigos, Francia tiene solamente intereses.”

Los Estados Unidos de América también tienen intereses y sus amistades también son de carácter temporal. Tanto en el Departamento de Estado como en el Pentágono, los expertos saben que la política israelí actual es contraria al interés nacional de Estados Unidos. Este conocimiento está expresado en una cantidad creciente de libros escritos por ex altos funcionarios y académicos, así como en los discursos de los oficiales militares de alto rango. Últimamente, también ha aflorado en un editorial muy inusual en el New York Times, después de que los editores visitaran Israel. ¡Y esto en un periódico al que los antisemitas llaman el Jud York Times!

Estados Unidos está involucrado en dos costosas guerras en países musulmanes, Iraq y Afganistán, y en una grave crisis con un tercer país musulmán: Irán. En todo el “Oriente Próximo ampliado”, disminuyen sus aliados mientras que aumentan sus oponentes.

Los oponentes son un lote mixto: Irán  es un país chií religioso, Turquía es una república secular suní (con un partido moderadamente religioso en el poder), Siria es un país suní gobernado por la pequeña secta alawí, cuyas credenciales islámicas ponen en duda tanto los suníes como los chiíes. Hezbolá es fanáticamente chií, Hamás es fanáticamente suní. Todos éstos no tienen nada en común salvo su oposición al status quo en la región.

El gobierno de Netanyahu está retando al mundo entero

Casi todos los expertos creen que el apoyo irrestricto estadounidense a Israel es la causa principal de la ola anti-estadounidense islámica. La mayoría no habla de esto abiertamente porque el miedo al lobby israelí invade a toda la clase política estadounidense. Pero incluso el lobby más terrible a la larga no puede soportar la lógica inexorable de los intereses nacionales.

Hay algo loco en esta situación: nuestro gobierno se apresura alegremente hacia un enfrentamiento con el único aliado que tenemos en el resto del mundo. No hay alternativa realista a detectar en el horizonte.

Esto es, por sí mismo, un hecho ominoso, ya que el imperio estadounidense ha entrado en lento pero constante declive en todos los ámbitos: económico, político, militar y cultural. Se trata de un largo proceso que llevará muchos años, pero Israel debe posicionarse para adaptarse al aumento de nuevos centros de poder. El gobierno de Netanyahu está haciendo exactamente lo contrario: está retando al mundo entero y actuando con perseverancia para aislar a Israel.

A diferencia de la historia del judío, el noble y el caballo… esto no es un chiste.

 

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