El solitario terrorista de Taksim

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 12 Nov 2010

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La policía acordona Taksim, tras el atentado de Nov 2011  |   © I. U. T.
La policía acordona Taksim, tras el atentado de Nov. 2010 | © I. U. T.

Nadie ha sido. Ésta era la impresión general después de que Vedat Acar, de 24 años, se hiciera estallar el domingo pasado con una bomba de fabricación casera en la céntrica plaza de Taksim en Estambul. Sólo el jueves, después de cinco días de especulaciones, un comunicado de los ‘Halcones de la Libertad de Kurdistán’ reivindicó el ataque.

Las autoridades turcas habían indicado que consideraban a la organización armada kurda PKK como “el responsable más probable” del atentado, incluso “con una probabilidad del 90%”. Sin embargo, el grupo ha negado tajantemente cualquier participación en los hechos, según publicó la agencia de noticias Firat, cercana a la organización.

Al conocerse el comunicado de los ‘Halcones’, el PKK expresó su condena del “ataque y sus ideólogos” y aseguró que “cualquiera que sea su meta, este acto es un intento de anular los esfuerzos de paz de nuestros líderes. Lamentamos profundamente las consecuencias del acto y los daños a los civiles”, añadió.

Las consecuencias no eran devastadores: hubo 32 heridos, la mitad policías. Aunque 14 personas siguen en los hospitales, ninguna parece haber sufrido lesiones muy graves. Contribuyó la hora elegida: a las 10:30 de la mañana de un domingo, momento en que aparte de policías antidisturbios, pocos viandantes cruzaban la plaza. La onda expansiva habría sido mortal entre la muchedumbre que puebla el lugar al atardecer.

A las 10:30 de la mañana de un domingo, aparte de policías antidisturbios, pocos cruzaban la plaza

De todas formas, es obvio que el ataque no iba dirigido contra civiles sino contra la policía, que se hallaba en la plaza, como de costumbre, en previsión de posibles manifestaciones con motivo del Día de la República, celebrado el viernes anterior, y cuyas ceremonias se habían aplazado al domingo por la lluvia. Según la prensa, el terrorista intentó entrar en un minibús policial y cuando se lo impidieron, se hizo estallar.

Los informes policiales aseguran que Acar, oriundo de Van en el este de Turquía, había sido entrenado en el manejo de armas y explosivos en Hakurk, un campo del PKK en el norte de Iraq, tras unirse a esta organización en 2004. Según el diario turco Zaman, Acar estaba activo en el PKK aún en 2008, cuando la revista digital kurda Gündem publicó una entrevista con él, bajo su nombre de guerra Derviş Şino. Sufriría una rara enfermedad inmunológica, el síndrome de Behçet, y vivía desde hace tres meses en Estambul. Según el comunicado de los ‘Halcones’ era un dirigente del grupo.

Banda oscura

De todas formas, muy poco se sabe de los ‘Halcones’, también conocidos por sus siglas TAK (Teyrêbazên Azadiya Kurdistan, en kurdo). A veces es considerado una especie de pantalla del PKK para cometer actos que esta guerrilla no quiere firmar, aunque es más probable que se trate, tal y como aseguran ambas partes, de un grupúsculo escindido del PKK y que actúa por libre.

La historia del TAK arranca en 2004. Al año siguiente, una serie de explosiones en zonas turísticas de Turquía le dio protagonismo. El penúltimo ataque tuvo lugar en junio pasado en Estambul y mató a tres soldados y una adolescente. En total, una decena de atentados en seis años ha costado la vida a 12 personas y ha producido un centenar largo de heridos.

El comunicado de los ‘Halcones’ asegura que no piensa respetar la tregua anunciada por el PKK, que teóricamente expiraba el día del atentado. El PKK, por su parte, ha reiterado que el alto el fuego no sólo estaba en vigor sino que se ha prorrogado hasta las próximas elecciones parlamentarias, previstas para junio de 2011. Añadió que tomaría medidas contra el los ‘Halcones’, si éstos continúan realizando atentados.

Pese a estos enfrentamientos públicos, parte de la prensa turca sigue metiendo el TAK y el PKK en el mismo saco. “Ha sido el PKK pero ¿cual?” se preguntaba en el diario Zaman el analista Sedat Laçiner, coordinador del International Strategic Research Organization (USAK). Laçiner distingue tres bloques: por una parte Abdullah Öcalan, encarcelado en Imrali, una isla del Mar de Mármara, por otra los grupos armados alrededor de Murat Karayilan, atrincherados en el norte de Iraq, y finalmente “los radicales, compuestos sobre todo por sirios e iraníes”.

Aunque Karayilan se ha perfilado como dirigente real del PKK, la autoridad de Öcalan nunca se ha puesto en duda y, según el diario turco Milliyet, incluso la prórroga de la tregua tuvo que recibir el visto bueno de Öcalan, quien lo habría hecho llegar mediante una carta enviada ―bajo supervisión de las autoridades turcas― a un enlace del PKK en Europa, desde donde fue reexpedida a las montañas Qandil en Iraq.

También los máximos cargos del partido prokurdo BDP visitan a veces a Öcalan en la cárcel, a todas luces para coordinar la estrategia política. Y ésta se centra, por ahora, en explorar vías pacíficas. El Gobierno sigue negando que “negocie” con terroristas, pero sí admite “contactos” y “diálogos” para avanzar en la pacificación.

Sabotaje

En las páginas de Zaman, el escritor y editor kurdo Kemal Burkay, exiliado en Suecia, asegura que “independientemente de quién diera la orden, no hay duda de que la meta del ataque era crear agitación”. A Acar “se le había enviado a Taksim para sabotear el diálogo actual” y para poner en aprietos al PKK.

Antes de hacerse público el comunicado de los ‘Halcones’, el diario turco Sabah difundió otra sospecha: los detonadores de la bomba de Taksim, de origen austríaco, corresponderían a otras bombas utilizadas por los ‘Cuarteles Revolucionarios’, un oscuro grupúsculo de ultraizquierda. Esta banda se se hizo famosa recientemente… por su supuesta relación con un alto cargo de la Policía turca.

Hanefi Avcı, jefe de la policía de la provincia de Eskişehir, fue encarcelado el 29 de septiembre pasado tras la detención de 17 supuestos miembros de los ‘Cuarteles’ y al evidenciarse que uno era el dueño de una tarjeta sim de móvil utilizada por Avcı y ‘pinchada’ por los servicios secretos. Poco antes, el jefe de policía había lanzado al mercado un libro titulado Los piadosos residentes del Cuerno de Oro (Haliç’te Yaşayan Simonlar) ―convertido de inmediato en un superventas― en el que asegura que todas las instituciones del Estado están infiltradas por seguidores del predicador islamista Fethullah Gülen.

Todas las instituciones del Estado están infiltradas por islamistas, asegura un policía

No es ningún secreto que parte de la prensa turca progubernamental ―como el propio diario Zaman― es propiedad de ‘fethulacis’, como se conocen los seguidores del predicador residente en Estados Unidos y enormemente influyente a través de su modelo de un islam conservador pero no violento. Aún así, el libro desató una enorme polémica y todo tipo de rumores sobre Avcı: también habría sido miembro del JITEM, la unidad secreta del Ejército turco encargada de hacer la guerra sucia al independentismo kurdo. Entre los métodos de este cuerpo se cuenta la de cometer atentados bajo ‘bandera falsa’, es decir atribuido a otros grupos.

La supuesta conexión de Vedat Acar con los ‘Cuarteles’ y la de éstos con Avcı y el JITEM hizo sospechar que la cadena del comando del atentado de Taksim no se habría originado en las montañas iraquíes sino en alguna comandancia de altos cargos militares opuestos al proceso de paz entre el Gobierno y el PKK.

El comunicado de los ‘Halcones’ no necesariamente echa por tierra esta hipótesis: por una parte, según Zaman, se sabe que el TAK ha reivindicado en el pasado atentados en los que a todas luces no tenía parte, por otra no está nada claro de dónde reciben sus órdenes los ―escasos― miembros del TAK, que prácticamente nunca actúan en las propias áreas del Kurdistán turco sino siempre en la parte occidental y meridional del país.

Redes profundas

La teoría de que determinadas redes dentro del Ejército turco intentan sabotear la negociación con el PKK no es nueva. Cuando el 16 de septiembre, una bomba explotó en una carretera de la provincia kurda de Hakkari y mató a nueve civiles que viajaban en un minibús, varias voces denunciaban un “sabotaje”.

Fue el término empleado por el propio Öcalan: el PKK negó tajantemente cualquier implicación y acusó abiertamente al Ejército de estar detrás de la bomba, ocurrida en plena tregua y, además, en una zona en la que prácticamente toda la población simpatiza con el PKK. Geçitli, el pueblo de donde eran oriundas las víctimas, no cuenta con ‘korucular’, las milicias kurdas anti-PKK.

También el partido BDP, prokurdo y el cuarto del Parlamento, acusó al Ejército. Su presidente, Selattin Demirtaş, achacó la autoría de inmediato a “los mismos que pusieron la bomba en la librería”, en alusión al atentado de 2005 en Şemdinli, en el que se detuvieron in fraganti tres agentes del Ejército turco, uno de ellos un ex miembro del PKK. Dos mochilas militares hallados por los supervivientes en el lugar del atentado reforzaron esta teoría, aunque otros los tildaron de “pistas falsas”.

Días después del ataque se generalizó la hipótesis de que fuera obra de un grupo escindido del PKK y capitaneado por Bedirhan Abo (también concido como ‘Masiro’), uno de los fieles de Fehman Hüseyin (‘Bahoz Erdal’). Hüseyin fue dirigente militar de la guerrilla hasta 2009, cuando fue apartado del poder por Murat Karayilan, hombre de confianza de Öcalan. La lucha interna por el poder habría sido bastante violenta y ha causado deserciones.

Se cree que el bando de Hüseyin es responsable de varios atentados contra civiles (incluyendo miembros del BDP, el partido pro-kurdo) en los últimos meses, cuya autoría fue negada por el PKK.

Curiosamente, el supuesto nombre del grupo escindido, ‘PKK profundo’, recuerda el término con el que se conocen en Turquía todas las redes en la sombra, dominados por una alianza de militares, policías, mafiosos y funcionarios, y supuestamente responsables de muchos masacres y asesinatos nunca aclarados: ‘Estado profundo’.

Las oscuras relaciones entre altos cargos del Éjercito y bandas armadas ―ya compuestas por ex guerrilleros del PKK, ya por personas que figuran como islamistas radicales― está siendo investigada en los tribunales desde 2008 y centenares de oficiales han sido detenidos bajo la acusación de pertenecer a algunas de las varias tramas golpistas que se suelen conocer bajo el nombre genérico de ‘Ergenekon’ y que en algunos casos incluyen hasta vínculos a Al Qaeda.

Queda por ver si también el solitario terrorista de Taksim era parte de este entramado ‘profundo’. Probablemente se tarde en saberlo.

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