El deber de dudar

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 14 Nov 2010

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Nadie lo duda. El ataque de las fuerzas del orden marroquíes contra un campamento ‘saharaui’ en las afueras de Aaiún es una ‘masacre’ o incluso un ‘genocidio’ y la reacción lógica es pedir, una vez más, la independencia del territorio y el reconocimiento de la ‘República Saharaui Libre Democrática’.

No hay ninguna voz en la prensa española ni en las redes sociales digitales que no apoye esta versión, convertida ya en dogma político español. La izquierda ha abanderado desde siempre la causa independentista saharaui, la derecha nunca le ha perdonado a Marruecos haberle arrebatado a España su colonia.

Dudar, sin embargo, es la primera obligación profesional de un periodista. No se trata de justificar la violencia ni disculpar los muertos de uno u otro bando sino, simplemente, de conocer y sopesar varias versiones de los hechos.

Por supuesto, la mayor parte de la culpa la tiene el gobierno marroquí: al no permitir que los periodistas españoles viajen a El Aaiún, al impedirles comprobar personalmente qué ocurre, abre la puerta a la especulación y las noticias tergiversadas. Es grave. Pero esto no disculpa a quienes informan sin comprobar, sin dudar.

La difusión de fotos de niños de Gaza como ‘víctimas de la represión marroquí’ ilustra este punto: los medios españoles las copiaron de la web Sahara Thawra (Sáhara Revolución), creada por dos activistas españoles en El Aaiún. Éstos recibieron la foto ―como aseguran en una charla en el diario El Mundo― de alguien a quien tomaban por saharaui. Ellos no comprobaron la fuente (“cualquier material era útil para informar” dicen). Y fueron tratados como fuente fiable por los medios españoles. Es así como el periodismo se convierte en propaganda.

La difusión de fotos de niños de Gaza como ‘víctimas de la represión marroquí’ evidencia la falta de dudas

¿Cuántos muertos hubo? El Frente Polisario da cifras de entre cuatro y 13. Silvia García, una de las activistas presentes en el ataque, reproduce rumores que suman 50. La Liga Española Pro Derechos Humanos dice que podrían alcanzar 100. Tan convencida está de sus cifras que incluso ha presentado una querella por ‘genocidio’.

Confirmados hay dos: Baby Hamday Buyema (también llamado Mahmud Gargar), supuestamente asesinado en El Aaiún por la policía marroquí (que habla de un accidente), así como otro, que murió aparentemente en el asalto al campamento Gdeim Izik. La web pro-independentista Arso.org ofrece una lista detallada de detenidos, heridos y casas saqueadas, pero sólo menciona  a dos muertos:  Babi Mahmoud El Guerguar y el adolescente Nayem Elgarhi, muerto varios días antes del asalto.

Codesa, una organización presidida por Aminatou Haidar, denuncia la muerte de Ibrahim Daoudi, tras haber sido detenido en el asalto, y da los nombres de 9 jóvenes detenidos de los que no se ha vuelto a saber (decenas de detenidos fueron liberados al cabo de horas o días).

Flashback: En junio de 2008, una revuelta de desempleados en Sidi Ifni fue aplastada por una intervención policial brutal. Se hablaba de ocho muertos; hubo quien aseguraba haber visto cadáveres tirados al mar. Lo dio Al Jazeera. Rumores falsos. Hoy sabemos que nadie murió en Sidi Ifni.

En las próximas semanas sabremos si la cifra de muertos en Aaiún se aproxima más a 2 o a 100.  Lo que ya sabemos es lo siguiente:

En las próximas semanas sabremos si la cifra de muertos en Aaiún se aproxima más a dos o a 100

En el asalto al campamento Gdeim Izik murieron varios miembros de las fuerzas del orden. Cuatro gendarmes, tres policías y un bombero, según fuentes oficiales marroquíes. Varios días más tarde, la cifra oficial es de diez muertos entre los agentes. Es decir, hasta que se confirme lo contrario, más que de una masacre de civiles se trataba de un enfrentamiento en el que murieron más policías que amotinados.

Sabemos que la ciudad de Aaiún fue brutalmente saqueada y que numerosos hogares, pero también edificios públicos, fueron asaltados. Entre ellos un orfanato dirigido por la Liga Marroquí de los Derechos de la Infancia.

Lo que no sabemos es quién está detrás de la violencia. Según la prensa española (basada en los relatos de los activistas pro independentistas), hordas de colonos marroquíes, aliados con la policía, recorren El Aaiún para apalear, cazar, matar o entregar a las autoridades a los saharauis. Según la prensa marroquí independiente ―la que queda, que no es ni menos profesional ni menos honesta ni menos independiente que la española, en ese caso el semanario Tel Quel― los saqueadores son elementos criminales de la misma calaña que los que degollaron y lapidaron a los diez policías.

“Sería falso decir que el Polisario ha teledirigido la terrible violencia”, asegura Ahmed R. Benchemsi, director de Tel Quel, en su editorial del 12 de noviembre. Lo más plausible, dice, es “una colusión más o menos voluntaria u organizada entre un puñado de agitadores extremistas ligados a Tinduf y bandas de malhechores galvanizados por el ambiente de insurrección”.

Sabemos que el campamento de Gdeim Izik no se proponía reivindicar la independencia y que sus responsables prohibían enarbolar tanto la bandera marroquí como la del Polisario, según el reportero Driss Bennani (Tel Quel Nº 446, 5 Nov 2010). Las reinvindicaciones eran sociales y pedían el reparto de terrenos y una mejora del nivel de vida. Se habría montado poco después de que las autoridades de la región entregasen terrenos a un grupo de jóvenes saharauis recién llegados de los campamentos de Tinduf.

Sabemos que en el Sáhara bajo control marroquí hay una minoría de etnia saharaui y una mayoría de marroquíes llegados en las últimas décadas de otras regiones del país. Sabemos que las políticas locales favorecen a los saharauis ―aunque ese dato casi nunca se publica en la prensa española― que cobran el subsidio de desempleo, a diferencia de los marroquíes de etnia no saharaui.

Los saharauis forman la clase media en el Sáhara y los marroquíes recién llegados, la clase baja

Sabemos que, a grandes rasgos, los saharauis forman la clase media en el Sáhara y los marroquíes recién llegados, la clase baja. Podemos deducir que entre los 12.000 ocupantes del campamento no sólo se hallaban saharauis. ¿Qué fue de los marroquíes —y de los saharauis de territorio marroquí no disputado— que Rabat mandó en los noventa a El Aaiún y Smara para que se identificasen como votantes saharauis? Ya entonces no eran afines al régimen sino a la paga. ¿A quién sorprende que se rebelen ahora?

Intuimos que ha ocurrido lo que el gobierno marroquí temió ya años atrás, cuando decidió dar carpetazo al referéndum sobre la independencia, pese a haber conseguido incluir a decenas de miles de votantes marroquíes en el censo: un frente común de independentistas saharauis y desposeídos marroquíes, unidos en su rechazo al ‘majzén’, al gobierno central, a la monarquía.

También sabemos que ha habido una persecución y saqueo de hogares saharauis por parte de civiles marroquíes, como denuncia una diputada saharaui del Parlamento marroquí, Ebbi Gajmoula, en una entrevista con TV3. Es fácil interpretarlo como fruto de una ideología anti-saharaui de la población marroquí local, pero esta ideología se basa en la división económica, favorecida por el gobierno marroquí desde hace años, que convierte a los saharauis en ricos y a los marroquíes en desposeídos.

Nadie se avergonzará de haber usado la palabra ‘genocidio’ si al final resulta que murieron tres civiles

La realidad en el Sáhara es enrevesada ―Rabat ha hecho lo suyo para enrevesarla todo lo posible― y los activistas españoles proindependentistas nunca han tenido interés en detallarla. El gobierno marroquí siempre ha complicado la labor de los reporteros españoles, algo especialmente grave ahora.

Rabat acaba de declarar persona non grata al corresponsal del ABC, Luis de Vega, y dificulta el trabajo de Erena Calvo, corresponsal de El Mundo, ambos periodistas con comprobada objetividad y honestidad (fue Erena quien confirmó en El Aaiún, antes del asalto, que Nayem Elgarhi, quien murió por disparos de la policía el 24 de octubre, efectivamente acompañaba en el coche a Ahmed Daudi, con historial delictivo y no relacionado con la causa saharaui).

A la sociedad española, poco le importa la realidad. Nayem Elgarhi ya se ha convertido en mártir e icono de los defensores de la causa saharaui en España, mucho más enemigos de Marruecos que el propio Frente Polisario, y mucho más desenfrenados a la hora de especular con los muertos. Imagino que nadie se avergonzará de haber usado la palabra ‘genocidio’ si al final resulta que murieron tres civiles y diez policías. Al fin y al cabo, el Sáhara es una causa plenamente española: sirve de arma arrojadiza entre los partidos políticos en Madrid. Y para poco más.

Con la realidad secuestrada a partes iguales por el bloqueo impuesto por Rabat y los activistas españoles, permítanme que dude. Es mi deber.

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