Claveles rojos para los armenios

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Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 26 Abr 2011

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Conmemoración del genocidio en Taksim, Estambul (24 Abr 2011) | ©  Ilya U. Topper / M'Sur
Conmemoración del genocidio en Taksim, Estambul (24 Abr 2011) | © Ilya U. Topper / M’Sur

Estambul | Abril 2011

Claveles rojos sobre el pavimento. Velitas rojas y una bolsita con huevos pintados: hoy, 24 de abril, es la Pascua cristiana, aparte del Día del Genocidio Armenio. Desde luego, no se llama así en Turquía: aquí, la palabra genocidio es tabú.

Pero por segunda vez —la primera fue el año pasado— una muchedumbre de ciudadanos turcos se ha congregado en la céntrica plaza Taksim de Estambul para conmemorar la tragedia de 1915.

Al otro lado de un nutrido cordón policial, un grupúsculo con banderas rojas, fotos de Lenín y Atatürk y megáfonos potentes corea consignas contra el “imperialismo occidental” que utilizaría “la mentira armenia” para destruir la nación turca.

No se usa el término ‘genocidio’, porque “es una palabra tabú y, además, un término jurídico concreto”

Los gritos tapan a veces la tenue música de quienes se han sentado alrededor de los claveles no hay megáfono ni consignas, sólo una frase común: “Este dolor es nuestro, es de todos”. Un breve discurso denuncia “la deportación mortal, que claramente constituye un crimen contra la humanidad” de los armenios, realizada por el Imperio Otomano.

No usa el término ‘genocidio’, porque “es una palabra tabú y, además, un término jurídico concreto”, aclara Fatmagül Matur, miembro de la centrista organización Jóvenes Civiles, promotora del acto junto a un partido trotskista y la organización islámica Mazlumder.Al mediodía, otro acto, convocado por la organización IHD, congregó a centenares de personas frente al hoy Museo de la Cultura Islámica cerca de la mezquita de Sültanahmet: en 1915, aquel edificio sirvió para reunir a muchos intelectuales armenios que luego fueron expulsados.

“Nosotros no nos centramos en la definición estatal de la tragedia; queremos saber qué sienten los nietos de quienes fueron expulsados de sus tierras”, explica Matur.Personalmente —añade— cree que el Estado debería disculparse con los descendientes armenios e incluso intentar restituirles sus casas, donde sea factible “pero no sé si todos mis compañeros piensan lo mismo”.

De momento, no parece que vaya a ocurrir: el embajador turco en Washington, Namik Tan, le ha afeado al presidente estadounidense, Barack Obama, que conmemorara la ‘gran tragedia’, utilizando la expresión armenia ‘metz yeghern’, como ya hizo el año pasado.“La alocución del presidente Obama es equivocada, distorsionada y una descripción política unilateral de la Historia. La lamentamos profundamente”, dijo a la prensa.

“Asistimos a un partido de fútbol turco-armenio en Erevan y un anciano nos hablaba en turco en la calle”

Casi lo mismo cree la influyente diáspora armenia norteamericana… pero desde el otro extremo. Dos días antes convocó una protesta en LosÁngeles —acudieron unas 1.500 personas— para denuncia que Obama está incumpliendo su promesa electoral de emplear la palabra genocidio con todas sus letras y en inglés.

No es algo simbólico: el siguiente paso será pedir reparaciones a Turquía, aclaró el diputado demócrata David Cillican. Una exigencia apoyada también por grupos nacionalistas de la propia Armenia, como el partido Dashnaksutyun, que evoca incluso el rediseño de las fronteras válidas desde 1923.

Frente al extremismo de ambos bandos, organizaciones como Jóvenes Civiles intentan crear puentes. En 2008 “asistimos a un partido de fútbol turco-armenio en Erevan y recuerdo que un anciano nos hablaba en turco en la calle, nos dio la bienvenida”, recuerda Matur emocionada. “Cuando vino el equipo armenio a Bursa pusimos una pancarta que rezaba “Bienvenidos al país de Hrant”.

Hrant Dink es una figura clave en el proceso de reconciliación entre Turquía y Armenia.Este periodista, director de Agos, la única revista parcialmente en lengua armenia en Turquía, fue asesinado en 2007 en la puerta de su periódico. Su muerte galvanizó la sociedad turca que acuño espontáneamente la frase “Todos somos Hrant Dink”.

Aunque el asesino de Hrant Dink está entre rejas, no se sabe aún quiénes movieron los hilos

Cada 19 de enero, fecha de su muerte, millares de personas se congregan en la calle del Agos.“Por Hrant, por la justicia”, canta la muchedumbre para reivindicar que se aclare quién estuvo detrás del asesinato: aunque el joven asesino Ogün Samast está entre rejas, no se ha establecido aún quiénes movieron los hilos. La Justicia se mueve con una lentitud exasperante y su último paso ha sido transferir a Samast a un Tribunal de Menores: tenía 17 años cuando cometió este asesinato por encargo.

Turquía es culpable. Ésta fue la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en septiembre. No respetó su libertad de expresión ni su derecho a la vida, asegura. El Tribunal fusionó dos denuncias: por una parte, Dink había apelado a Estrasburgo tras ser condenado en Turquía por publicar un artículo sobre las relaciones armenio-turcas que fue calificado como “racista”. Tras su asesinato, la familia de Dink acusó al Estado turco de no haber hecho nada por proteger al periodista, aunque sabía que éste recibía amenazas de muerte.

El juicio ha exigido cierto equilibrismo al gobierno turco. Por una parte criticó duramente el asesinato de Dink y el presidente turco Abdullah Gül incluso declaró que “Dink murió porque no se habían tomado las precauciones necesarias”, admitiendo así la responsabilidad del Estado.Por otra parte, los juristas turcos enviados a Estrasburgo llegaron a comparar los escritos de Dink, pacifista declarado, con los de un neonazi alemán, condenado también por sus escritos.

La comparación suscitó una oleada de protestas en Turquía y las disculpas oficiales del ministro de Exteriores, Ahmet Davutoglu. En agosto, Gül se reunió con Hosrof Dink, el hermano del periodista. Aunque no trascendieron detalles de la conversación, la prensa sugirió que el Estado podía estar buscando un acuerdo amistoso con la familia.

” Aquí no es útil usar el término ‘genocidio’ porque provoca reacciones nacionalistas e impide un diálogo”

Dink quiso superar la fijación de la diáspora armenia con el genocidio y pidió mirar hacia delante. Lo mismo que dice su sucesor al frente de Agos, Rober Koptaş. “Si insisten en usar el término en Estados Unidos o Francia lo entiendo, pero aquí no es útil porque provoca reacciones nacionalistas e impide un diálogo. Impide reconocer los hechos porque se vería como un proyecto imperialista. Lo que hace falta aquí es entender el sufrimiento del pueblo armenio. Y si la sociedad acepta afrontar su historia y debatirla, acabará usando el término”, cree.

“El Estado no ha cambiado su visión oficial de la historia turca, ignora el genocidio armenio; únicamente nos ha proporciando protección policial para la manifestación”, resume Koptaş, al tiempo que pide realizar la entrevista en un rincón tranquilo de la calle: “No vaya a ser que nos agreda algún nacionalista. Sí, siempre hay exaltados”.

Aunque el cambio es visible, añade: “Hay un movimiento muy positivo que ya empezó y que crecerá: en esta manifestación, el noventa por ciento de los participantes no eran armenios. Los turcos sienten el dolor armenio, quieren compartirlo, quieren redifinir la identidad turca y vivir sin este crimen a sus espaldas. Es algo noble, son mis amigos y confío en que construiremos juntos una Historia pacífica”.

“Insistir en el término ‘genocidio’ bloquea el diálogo”, cree también Matur. “Reconocerlo será tal vez el último paso del proceso, pero nosotros aún estamos en el primero”.

O tal vez en el segundo. A juzgar por las decenas de cámaras de televisión agolpadas alrededor de Koptaş y sus amigos, Turquía está tomando nota. Hay algo como un halo de paz sobre las velas, sobre los puñados de claveles rojos, sobre la tenue música. Al otro lado de la policía, los de las banderas y los megáfonos se han quedado solos.

La cruz de los armenios

Iglesia de Akdamar (Van), 2001 | Christian Koehn / Licencia GNU
Iglesia de Akdamar (Van), 2001 | Christian Koehn / Licencia GNU

Un arzobispo, cánticos en armenio y 3.500 fieles. Y una cruz que no está en su sitio. La misa de este domingo en la pequeña iglesia de Akdamar, situada en una idílica isla del lago de Van, en el sureste de Turquía, habría podido marcar un hito enorme en la difícil reconciliación entre Turquía y Armenia, pero se ha quedado en un paso menor. Y todo por una cruz colocada ante la puerta de la iglesia, en lugar de coronar su cúpula.

La iglesia, conocida como Catedral de la Santa Cruz, fue construida en el siglo X y es uno de los templos considerados más sagrados por la rama armenia del cristianismo. Cayó en desuso en 1915, tras el genocidio armenio y fue restaurada en 2007 por el estado turco, pero como museo. “Un gesto bueno”, admite Rober Koptas, director de la revista armenia Agos. “Pero se usa para lavar la imagen de Turquía, como una herramienta propagandística, lo que es inaceptable. Es una iglesia armenia y el dueño debería ser el Patriarcado armenio, no el Ministerio de Cultura turco”.

Reconocer el edificio como iglesia sería un gesto crucial para la pequeña comunidad armenio en Turquía ―unas 60.000 almas― y un gran paso para la reconciliación diplomática con Armenia. A punto estuvo de suceder: Karekin II, patriarca de todos los armenios, cuya sede se halla en Echmiadzin, cerca de la capital armenia de Erevan, iba a enviar a dos altos cargos clericales para representarle en la misa. Casi el equivalente a una delegación diplomática. Pero la Santa Sede armenia canceló el viaje cuando supo que la colocación de la gran cruz de 200 kilogramos fue “pospuesta por el gobierno turco sin causa”, según asegura en un comunicado.

“Dificultades técnicas” respondieron las autoridades turcas: la cruz se pondrá, pero después. ¿Por qué no a tiempo? “Por el referéndum constitucional” del 12 de septiembre, cree Koptas. Los sectores islamistas, una de las bases del AKP, el partido en el poder, podrían haberse distanciado en la crucial votación, si el Gobierno hubiera aparecido como impulsor de la ‘construcción’ de iglesias. Un difícil intento de navegar entre dos aguas. “Cuando siente presión de fuera, Turquía hace pequeños gestos para ganar tiempo” resume Koptas.

Finalmente, el arzobispo Aram Atesyan, en representación del patriarca de Estambul, enfermo desde hace años, ofició la misa en compañía del gobernador provincial de Van y otras autoridades. Tal vez, la oportunidad perdida de ganarse las simpatías de Echmiadzin se podrá recuperar el año que viene: habrá una misa anual y dentro de doce meses, probablemente ya esté la cruz en su sitio. Por primera vez en siglos: según explica el historiador armenio Ara Sarafian, las fotografías de inicios del siglo XX muestran que sobre la cúpula de la  Iglesia de la Santa Cruz de Akdamar no había ninguna cruz…

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