«Los musulmanes son los nuevos judíos»

Shalom Auslander

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 21 May 2011

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Shalom Auslander (Sevilla, 2011) |  © Antonio Acedo/FLS
Shalom Auslander (Sevilla, 2011) | © Antonio Acedo/FLS

Shalom Auslander (Monsey, EE.UU, 1970) se crió en el seno de una comunidad judíaortodoxa, y fue educado en el temor a Dios y la más estricta disciplina. Años después, cuando nació su primer hijo, surgieron las preguntas que le llevaron a tomar el camino del laicismo. Un difícil proceso que quedó plasmado en el libro que le ha dado celebridad internacional, Lamentaciones de un prepucio (Blackie Books), donde mantiene un hilarante, irreverentísimo diálogo con esa divinidad despótica y cruel.

El autor visitó recientemente la Feria del Libro de Sevilla invitado por la Fundación Tres Culturas, y conversó largamente con M’Sur.

Mucha gente dice que es imposible vivir sin Dios. ¿Es usted la prueba de lo contrario?
Estoy mucho más feliz sin él. No sé a qué se refieren cuando dicen que es imposible prescindir de Dios, imagino que depende de qué tipo de Dios hablamos. Alguna gente ha sido criada para creer en un Dios que te ama y le da sentido a todo, y que cuando estiras la pata te da mogollón de cosas bonitas. Pero ése no es el Dios que me enseñaron a mí. Y obviamente no es el Dios que tienen muchos cristianos, porque con un Dios así no se monta una Inquisición ¿verdad?

Para muchos, desprenderse de dios es como perder a un padre…
No voy a empezar a echar de menos a mis padres ahora. Sin ellos también me va mucho mejor.

Un pensador judío, Sigmun Freud, propugnaba la necesidad de “matar” a los padres…
Sí, y creo que se debe hacer. Y como escritor, como artista, mucho más aún. No sólo a tus padres de verdad, sino a tus héroes, a la gente que admiras. Es importante. Hubo un tiempo en el que estaba convencido —y todavía no estoy del todo fuera de eso— que si existe un Dios, y es un padre, es que parte de ser padre —y lo sé porque ahora tengo hijos— consiste en que efectivamente quieres que lleguen al punto de decirte ¡vete a tomar por culo!, porque ése es el momento en que se hacen adultos. Pero la humanidad nunca ha llegado a este punto, nunca ha habido un gran movimiento en ese sentido. Si Dios existe, probablemente esté ahí arriba preguntándose, cuándo va a ser que éstos se hagan mayores y me dejen, a ver cuándo salen de una puta vez de casa [risas].

¿Son mejores la religiones politeístas? ¿Nos iría mejor con ellas?
Creo que lo interesante de esos dioses era que la cagaban cantidad. Eran un puto desastre. Se odiaban, se emborrachaban, ligaban… Podías mirarlos y decir: mira, yo no soy tan mala gente. Cuando se hicieron un solo Dios, éste era perfecto. Jamás la liaba parda. Si el mundo está fatal, tiene que haber una razón. Es nuestra culpa. Todo es nuestra culpa. Pero sí, yo con eso del politeísmo podría vivir. Al menos no me sentiría tan mierda.

El monoteísmo es más pernicioso…
Parecería que sí…. Mira, yo no tengo un problema con las creencias, no soy del tipo de Richard Dawkins y su ¡Dios! y todo eso. Creo que la vida es muy dura. Y si necesitas a Dios para aguantarla y eso te ayuda, pues perfecto. Para mí es alcohol y marihuana, eso me ayuda a mí. Pero cuando se trata de hacer que la gente haga lo mismo que tú… Yo no voy por ahí diciéndole a la gente que se coloquen, y si no quieren fumarse un porro les mato. Pero la gente que cree en ese Dios sí lo hace. Creo que la vida es dura con cojones. Y lo que te ayude a aguantarla, pues me parece bien para la gente. Si a ti te ayuda Dios, pues vale, a por él. Pero no conviertas en algo malo no hacerlo.

Qué paso se le hizo más difícil ¿cambiar de mentalidad, o cambiar los ritos, los hábitos, que son tan importantes en la cultura judía, y que usted cumplía desde niño?
Para mí, ambas cosas estaban entremezcladas. Yo nunca disfruté… No me gustaba ninguno de los rituales, odiaba el shabbat, los festivos, los odiaba a todos por igual. Una vez que me di cuenta cómo me sentí, supe que tenía que alejarme de todo eso. Al final me casé con una mujer que es judía pero no religiosa y a ella le educaron en el amor a las tradiciones, de manera que éstas vuelven a colarse [en mi vida], observamos ciertos festivos, pero tenemos un acuerdo: encendemos las velas en janucá, pero no decimos la puta bendición. [Risas]. A Dios no se le menciona ¿vale? pero si te gustan las velas vale, puedo encender velas. Y para los críos… es bonito ver la expectación con la que miran cada año esas cosas. Pero sólo porque se divierten. No porque Dios los matará si no lo hacen.

¿Cuándo habla de Dios lo distingue de las iglesias?
Bueno, yo hablo sólo del judaísmo…

Me refiero a los sacerdotes de cualquier fe. ¿Es lo mismo que hablar de Dios o hay un abismo entre ambos conceptos?
Bueno, toda la noción de quién es Él viene de ellos. Cuando me siento muy optimista pienso que Dios existe y la gente que recibe el mayor castigo cuando muere son los sacerdotes. Porque cuando llegan ahí arriba Dios les dice: ¿Qué coño le habéis contado a la gente que yo haya dicho? Yo no he dicho que se puedan comer bocadillos de queso. Ni dije que matarais a vuestros enemigos. ¡Dije que no matarais! Y muy claramente: está en los diez mandamientos: No matarás. ¿Qué es esa mierda de Inquisición? ¿qué pasa con que estáis matando a todo el mundo? ¡A joderse! Me encanta la idea de que nadie va al infierno excepto los curas, los rabinos y los imanes. Deberían. Porque si yo fuera Dios estaría diciendo: ¿Quién ha decidido que puedan hablar en mi nombre? Es como si tú andaras por ahí diciendo “Shalom me ha dicho que le encanta follarse a críos”. ¿Quién te ha dicho eso? ¡Yo nunca dije eso! A Dios se le cita mal todo el rato. No sé si es verdad o no, pero yo no me inventé que en el cielo hay un hijoputa cabreado: es lo que me contó el rabino. Por eso, para mí no hay diferencia entre Dios y los sacerdotes.

¿Cuál es el papel de la culpa en su religión?
La gente utiliza la culpa para todo, la culpa y la vergüenza. Mis padres usaban la culpa y la vergüenza para empujarme a hacer lo que fuera, para no hablar de Dios todo el tiempo. Son dos conceptos que realmente me cuesta mucho atribuir a Dios. No me puedo imaginar que un ser todopoderoso, misericordioso, quisiera que te sientas mal todo el rato. Que quisiera que pensaras que el cuerpo que él —o ella— te ha dado sea sucio. Simplemente no tiene sentido. Excepto si él —o ella— es un cabronazo. Excepto si le pareciera gracioso: les doy el cuerpo y les digo que lo odien. Pero ¿para qué alguien haría algo así?  La única manera de conciliar estos dos conceptos es admitir que Dios es gilipollas. No hay otra manera de justificar que un dios quiera hacerte sentirte mal. Puedes tener remordimientos, eso es distinto. La culpa y el remordimiento son diferentes. El remordimiento es cuando realmente has hecho algo. Y sientes que has herido los sentimientos de alguien, y no deberías haberlo hecho. La culpa es una sensación general, incluso cuando eres del todo inocente, de que has hecho algo malo. Eso es cruel.

¿Nunca temió ofender a los judíos de buena fe con su libro?
Ése es el trabajo de un escritor, o de cualquier artista: es lo que hacemos. Y no hay nada en el libro donde diga: el judaísmo es malo. Digo: la gente que me ha enseñado que eso es el judaísmo es mala.  He estado en lecturas donde la gente se ha enfadado conmigo y me ha dicho: estás reflejando mal nuestra religión, dices malas cosas de ella. Y yo respondo siempre: yo no digo nada, simplemente cuento lo que me ha dicho el rabino. Si te cabreas, ve a casa del rabino Goburg, llama a la puerta y dile que se vaya callando. Porque yo sólo digo lo que me ha contado a mí, y a todos mis amigos. Y lo que se les cuenta a toda la gente que yo conozco. No me lo estoy inventando. Si tú tienes un problema con eso, si crees que el judaísmo es algo mejor, pues hay mogollón de gente para que les hagas una campaña. Yo sólo soy el testigo.

¿Le han censurado el libro en Israel?
¡No! En Israel tienen un problema mucho más grande con los ultraortodoxos. La mayoría de la gente en Israel son laicos. Jerusalén es el único sitio donde hay grandes comunidades de ultraortodoxos. Y lo están jodiendo todo. Tienen demasiado poder en el gobierno, no quieren ir al Ejército, no quieren ayudar, no quieren pagar impuestos, no quieren trabajos de jornada completa. La mayoría de los israelíes piensan ¡al diablo con ellos! Y la mitad de esos viene de Nueva York… Así que están cabreados de verdad.  En México, todas las pistolas vienen de Estados Unidos; en Israel, los ultraortodoxos vienen de Brooklyn.

¿Hay algún lugar donde el libro está prohibido o no se pueda publicar?
Creo que mi próximo libro no se publicará en Alemania.

Así que no es usted del Salman Rushdie judío…
¿Sabes? Hace cincuenta años tal vez me habrían prohibido. Pero los judíos se han vuelto listos y se han dado cuenta de que si amenazas con matar a alguien o prohibes el libro, ese libro se convierte en el más vendido del mundo. Ahora son suficientemente listos como para no decir que me van a matar. Pero a nivel personal, mucha gente me ha dicho en confianza que tienen que esconder el libro bajo el colchón. Y una de las cosas que más me gustan es que mucha gente en América y en Europa viene para pedirme que firme el libro “para el Rabino Tal”, como regalos cabreados [carcajadas]. Como si un católico dijera: “¿Puedes dedicar este libro al Padre O’Reilly? Es el tipo que me violó cuando tenía seis años”.

¿Qué piensa ahora cuando ve crecer a los chavales que se convierten en ortodoxos?
Me supone un gran conflicto. Si esto es realmente lo que les hace sentirse bien —me cuesta muchísimo créemelo— si es así, pues adelante, lo que digas, no me digas tú lo que tengo que vestir y yo no te lo digo a ti. Pero hay una voz mucho más fuerte en la cabeza que me dice que simplemente viven amedrentados. En Israel —no me gusta recordarlo, pero la palabra hebrea con la que ellos se definen a sí mismos es Haredim (jaredíes), que significa: temblando. Están orgullosos del hecho de sentir miedo. Es como se definen. “Nosotros somos los amedrentados”. Y eso es una putada. Creo que nadie debería jamás educar a sus hijos para que tengan miedo.

Alguien dijo: “Si Dios no existe, no se lo perdono”. ¿Estaría de acuerdo?
En mi primer libro de relatos escribí una historia sobre un judío muy devoto que se muere y va al cielo y cuando llega ve que Dios es en realidad un pollo de diez metros. Eso es Dios. Y se derrumba totalmente, porque ha comido pollo toda su vida, ha comido huevos y tortillas y como Dios es un pollo, ahora será castigado. Así que pide que le dejen volver abajo para contar a su familia que dejen de comer huevos y dejar de hacer todo eso. Y cuando llega a la Tierra, ve a la gente alrededor de la mesa, todos felices, encendiendo velas y cantando y no consigue forzarse a contarles que nada de eso es verdad, porque a ellos les gusta tanto… ¿Es algo positivo? Sí, creo que yo me enfadaría bastante. De hecho, me he imaginado a mucha gente muriéndose y llegando a esa existencia siguiente, la que sea, y me encanta la idea de que la cosa que todo el mundo dice cuando mueren y se dan cuenta de que Dios no existe es: ¡gracias a Dios! [se ríe]. ¡Gracias a Dios, Dios no existe!

La sexualidad es una obsesión de todas las religiones. ¿De dónde esa necesidad de meterse en la cama de la gente?
No lo sé. Yo creo que es un truco. Si siente demasiado bien, es que hay truco. Tiene que haber algo malo… Si sabe demasiado bien, algo no cuadra. A la gente le cuesta que todo lo que sienta bien está bien. Pero creo que no eso de sentirse mal por el sexo, porque es nuestra parte más animal. Sí, andamos erguidos y conducimos coches, pero seguimos siendo bestias y nos sentimos mal por eso.

También es una manera de control, ¿no?
Sí, aunque a los fascistas no les haría falta, te pueden controlar de otras maneras. Creo que es natural, porque si vas al zoo te ríes cuando los monos se pelean, te ríes cuando se hurgan en la nariz, te ríes cuando se chillan, y luego todo el mundo mira hacia otro lado cuando empiezan a follar. Porque: eso somos nosotros.

Lars von Trier acaba de ser expulsado de Cannes por hablar de Hitler. ¿Es el último tabú en un mundo sin tabúes?
Sí, por eso dije que creo que mi próximo libro no se publicará en Alemania, porque es sobre el holocausto. Habla mucho del holocausto, pero en plan divertido. Y es muy crítico de esa noción de que nunca puedes hablar de él o cuestionarlo en absoluto. Es tan tabú que ni siquiera puedes pensarlo… No sabemos lo que quiso decir [Lars von Trier]. No sabemos lo que dijo. Simplemente no puede decirlo. Tal vez quiso decir: soy un director de cine, sé cómo era Hitler, porque soy Hitler en el escenario, porque si quieres hacer un filme sobre Hitler tienes que serlo, tal vez quiso decir eso. Si quiso decir: odio a los judío, pues ¡a tomar por culo! si quiso decir: odio a los negros, pues ¡a tomar por culo! Si quiso decir: no hubo tal holocausto, pues también: al carajo. Pero si dices: ¡basta ya de hablar del holocausto!, ésa es tu opinión. Si quieres decir: Nunca más tiene que significar no callarse nunca, pues es tu opinión y puedes argumentarla. No cualquiera que dice cualquier cosa sobre el holocausto es automáticamente un racista o lo que sea. En América pasa lo mismo con la esclavitud. No puedes hablar sobre ella. Obviamente, en ambos casos no hay nada más grave, y sucedió, y si lo minimizas y dices que no era para tanto… Ahora hay mucha gente de derechas que dicen que la Guerra Civil ni siquiera era por la esclavitud y que hablamos demasiado de eso… y eso es una gilipollez. Pero si dices vale: 400 años, ¿cuánto tiempo más tendremos que pagar por eso? ¿Cuándo dejará de ser una razón para las cosas que ocurren hoy? ¿Cómo puedes excusar todo lo que ocurre en Israel con el Holocausto? No se puede.

Tendríamos que pedirle a Lars Von Trier que se explicara, pero lo echaron de Cannes.
No sabemos qué dijo ese tipo. Dijo tres palabras. No sabemos qué quiso decir. Pero ahora está loco. Es ridículo. Y ni siquiera queremos saberlo. ¿Qué pasa si realmente quiso decirlo? ¿Si quiso decir: yo entiendo a Hitler porque trabajo en la industria del cine y está dominada por judíos y los odio? ¿Por qué no decirlo en voz alta, pues? Ahora es un héroe de la libertad de expresión y sus próximas películas van a tener aún más difusión y la gente lo conocerá más. ¿Cuál es la estrategia?

¿Lo de que está escribiendo sobre Ana Frank es una broma?
No, es en serio. [se ríe]

¿Y cuál es el punto de vista?
El libro es una novela y se llama Esperanza y Tragedia (Hope and Tragedy). Y es en gran parte sobre cómo se vive con el recuerdo de todo eso y de ella y cómo se puede saber lo que uno tiene que hacer. Esencialmente, el libro va de un tipo que quiere alejarse del mundo moderno y de su pasado y su familia, se muda con su mujer y su pequeño hijo al campo, más o menos como hice yo, para alejarse de todo. Y después de comprar esa casa vieja, se encuentra a Ana Frank en el ático. Ella tiene 83 años y trabaja en su segundo libro y es una cabrona. Y él no tiene corazón para echarla porque es Ana Frank. Trata de ¿qué hay que hacer? Sé todo lo que pasó pero ¿qué diría mi hijo?

¿Podemos hablar de una literatura judía? ¿Serían, por ejemplo, Frank Kafka y Bruno Schulz? ¿O es literatura universal?
Yo diría lo último. Nadie lee Kafka porque es judío. Yo leí Kafka antes de saber que era judío. Su obra me conmueve enormemente pero, francamente, sospecho que en otra vida tuve que ser irlandés porque Becket y Flann O’Brian y esa gente me llega mucho más que alguien etiquetado como judío. Decir que “son otros” no funciona porque hay una vida allí y duele. Así que a veces siento que simplemente soy un enorme insecto y el chiste es que mi familia me odia por eso en lugar de cuidarme. De hecho, en el libro de Anne Frank sale mucho nerviosismo. O sientes que estás esperando a Godot y que no aparece. Es todo lo mismo, es la vida. Lo que todos tienen en común es que me parecen divertidos. Becket me parece divertidísimo, Kafka me parece divertidísimo, Flannery O’Connor me parece divertidísimo. Son de lugares diferentes, religiones diferentes, contextos diferentes, pero de alguna manera están todos en este infierno e intentan vivir como pueden. Ella de hecho lo dice en la novela: tras morir llegaría a donde Dios y se arroja a sus pies y le dice: por favor, por favor, por favor, no me mandes al infierno. Y Dios dice: ¿al infierno? pero si de ahí vienes [se ríe].

Tengo varios amigos en el Norte de África que estaban cansados de cristianismo y se han convertido al islam. ¿Usted cambiaría su religión por otra?
Para mí, eso no tiene sentido. Si estoy en un restaurante y el pollo está intoxicado no voy a pedir otra cosa. Me voy del restaurante. Es divertido cuando hago lecturas porque luego la gente siempre se acerca y me sentía como en un restaurante teológico, y ellos se acercaban como camareros: “¿Ha probado usted el budismo? Tal vez le pueda ofrecer un poco del judaismo reformado. ¿Quisiera probar el islam?” No, sabe usted, simplemente este restaurante no es lo mío; me voy a ir. Me voy a buscar un bocadillo en otro sitio.

La gente le intentaba convencer de que ‘lo nuestro es mejor’…
Siempre eso, ‘lo nuestro es mejor’. Hice una lectura en Tejas, nunca volveré a Tejas, no vayas nunca. Así que leo de mi libro a estos tipos que nunca han visto a judíos y se los imaginan con cuernos y eso, y leo a estas mujeres tejanas sexagenarias demasiado bien vestidas y nadie dice nada. Y cuando llegamos con el ascensor abajo, una se atreve a hablar y dice: “Es usted tan valiente por hablar de esta manera de su religión”. Y yo digo: oh, gracias, mi próximo libro es sobre Jesucristo. Y me miran como diciendo: usted es valiente por cagarse en su propia religión, pero ¡ni se le ocurra cagarse en la nuestra!

Un amigo mío que se mudó a Estados Unidos me contó que el primer día en su barrio le preguntaron: ¿cuál es tu comunidad? Y se sintió huérfano, porque no tenía una ‘comunidad’ como grupo de gente que comparte una creencia.
Creo que quieren saber en qué cajón meterte. Oh, tú eres de esos, no eres uno de los nuestros. O eres de los nuestros. No les importa qué les digas. Pero es lo mismo en todas partes.

Es difícil que te acepten como simplemente como individuo…
Sí, pero es difícil en todas partes. Aquí también. Ésta es una ciudad fantástica, pero no me gustaría ser negro aquí [se ríe]. No veo la comunidad negra aquí. [Conversación sobre inmigración y guetos en España] Creo que no es peor que en Estados Unidos, pero tampoco es mucho mejor. Nos gustaría creer que en algún sitio sea mejor, pero no lo es.

No crea, hay una convivencia bastante armónica. Aunque los musulmanes aquí intentan construir una mezquita desde hace años, y los vecinos se oponen.
En Nueva York pasó lo mismo. Los musulmanes son los nuevos judíos. [Se ríe]. Y los judíos son los nuevos negros. Y los negros son los nuevos hispanos. ¡Y ahora me tengo que pirar!

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