El Mavi Marmara se queda en tierra

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Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la sección internacional del diario El Confidencial , después de una década como corresponsal en Asia y el Mediterráneo, los últimos cinco años en Turquía.

Publicado el 20 Jun 2011

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El buque Mavi Marmara en Estambul (May 2011) | © Ilya U. Topper
El buque Mavi Marmara en Estambul (May 2011) | © Ilya U. Topper

Turquía no participará en la próxima flotilla hacia Gaza. Así lo ha anunciado hoy Bülent Yildirim, el director de la Fundación para los Derechos Humanos y la Ayuda Humanitaria (más conocida como IHH, por sus siglas en turco), que el año pasado fletó el Mavi Marmara, el barco cuyo asalto a manos de comandos israelíes se saldó con nueve muertos.

Tras meses de retraso ―que muchos creen debidos a la presión del gobierno turco para evitar que los barcos saliesen antes de las elecciones, dado lo delicado del asunto―, la IHH ha hecho público que el Mavi Marmara no tomará parte en el convoy naval de ayuda humanitaria con destino a Gaza.

La decisión llega apenas dos semanas después de que la misma organización anunciara a bombo y platillo la próxima salida de la flotilla. La rueda de prensa, celebrada a bordo del mismo Mavi Marmara, reunía entonces a numerosos activistas de otros países, como el coordinador griego Vangelis Pisías o la activisa brasileño-coreana Iara Lee, amén del español Manuel Tapial.

La IHH recibió 200.000 solicitudes de pasajeros para un barco de 1.500 plazas

IHH ha lanzado en los últimos meses una fuerte campaña, empapelando Estambul con enormes carteles que muestran el emblemático barco. La respuesta fue acorde: recibió 200.000 solicitudes de pasajeros para un barco que cuenta con 1.500 plazas, según asegura. El día del aniversario del ataque al Mavi Marmara, el 31 de mayo, la organización atrajo a decenas de miles de manifestantes a la céntrica plaza de Taksim en Estambul.

La marcha desentonó en el corazón de la metrópoli cosmopolita: quienes caminaban con antorchas y banderas palestinas reflejaban el sector más fanáticamente religioso de la sociedad turca. Ellos, barbudos. Ellas ―había muchas mujeres― ataviadas o bien con el pañuelo islamista convertido en uniforme de las seguidoras del AKP o bien con el traje negro ―casi burka― de quienes se sitúan aún mucho más a la derecha islamista. Hubo alguna minifalda en la marcha, sí, pero era testimonial. Los izquierdistas turcos no se habían sumado en masa. Los activistas internacionales ponían cara de circunstancias.

Desconfianza hacia los islamistas

No era para menos, a tenor de los esloganes que reivindicaban, aparte de la libertad de Gaza, Dios, Dios y nuevamente Dios. La alegre y nocturna calle Istiklal, donde se agrupan más bares y discotecas por metros cuadrado que en las mejores zonas de marcha de Madrid ―alternándose sólo con tiendas de ropa de modelitos veraniegos que quitan el hipo― ojeaba con desconfianza esa marea humana, que el resto del año sigue recluida en los barrios de Fatih, Üsküdar y Eyüp, no lejos pero apartados, distintos.

Doce días antes de las elecciones, la manifestación tenía, además, el efecto de exhibir la fuerza de los sectores más religiosos, caladero electoral del conservador AKP: los partidos islamistas sin opciones de llegar al Parlamento, como el Saadet, ya apenas reciben votos, aunque su ideario sea más cercano a este sector.

Los rumores sobre una posible deserción del IHH de la flotilla llegaron muy poco después de la rueda de prensa. El diario turco Hürriyet publicó una noticia, retomada por el Haaretz israelí, asegurando que altos cargos estadounidenses habían sugerido al Gobierno de Ankara que frenara la salida de la segunda “Flotilla de la Libertad”. A cambio, Washington se comprometería a poner en marcha una negociación a gran escala entre Israel y las autoridades palestinas, al estilo de la de Madrid 1991 u Oslo 1993.

Esta vez sería en Turquía, desde luego, apelando a la mal disimulada ansiedad de este país por convertir la vieja metrópoli otomana en la ciudad de todas las negociaciones, todos los congresos internacionales, todos los apretones de manos. No era difícil imaginar la tentación que debería suponer para Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro, pasar a la Historia como el artífice de la “Paz de Estambul”. Ahmet Davutoglu, ministro de Exteriores de Turquía, desmintió la noticia: “No nos ha llegado tal oferta”.

Davutoglu siempre ha mantenido que Ankara no puede influir en las decisiones de la IHH. En mayo admitió que había recibido peticiones de Tel Aviv de frenar la flotilla. “Advertimos a nuestros ciudadanos de los peligros. Pero la idea de que las ONGs están bajo el control del Gobierno es un enfoque orientalista. Esperar que Turquía haga algo que los países occidentales no pueden hacer refleja la opinión de que Turquía no tiene libertades democráticas”, declaró.

Los seguidores de Fethullah Gülen, muy influyentes, consideran la Flotilla una provocación

Los analistas más escépticos creen que el Gobierno se escuda tras la palabra democracia porque simplemente le conviene mantener la tensión con Israel. No todos están de acuerdo. Miembros de una organización de la red de Fethullah Gülen ―el predicador islamista residente en Estados Unidos, cabeza de una especie de Opus Dei islámico― consideran la Flotilla una “provocación” dañina para la imagen internacional de Turquía y la de Erdogan.

Desde luego, la IHH, la fundación islamista que coordina la Flotilla ―más islamista, más cercana al wahabismo que los seguidores del ‘maestro’ Fethullah― tiene buenas relaciones con el AKP, el partido religioso-conservador de Erdogan. La primera señal: inicialmente, los barcos deberían haber zarpado a finales de mayo, en el aniversario de la primera flotilla.

Judíos participantes en la Flotilla

Pero el previsible conflicto diplomático internacional habría venido mal a Erdogan en la semana anterior a las elecciones generales, que tendrán lugar el próximo 12 de junio. Por mucho que la IHH se esfuerza en achacar el aplazamiento a “cuestiones técnicas”, todo el mundo creyó que se trata de un gesto de buena voluntad para no interferir con las expectativas electorales del AKP.

Todos estos cálculos no atañen a la flotilla como iniciativa, que este año firman 22 organizaciones con q 15 barcos. Vendrán de Grecia, de España, de Italia, Irlanda, Suecia… Uno de los buques será el Audacity of Hope, la ‘Audacia de la esperanza’, frase tomada del best-seller de Barack Obama con la que será bautizado el barco en el que zarparán los activistas norteamericanos. Como explica Ann Wright, presente en Estambul, habrá unas 60 ciudadanos estadounidenses y la mitad de ellos serán de familias judías.

La fecha prevista de salida, según sus responsables, es el próximo 25 de junio. “Diez de los barcos ya están listos”, afirma Yildirim, aunque admite que “podría haber retrasos debido a problemas en los diferentes países”.

Yildirim se refiere a situaciones como la de Marsella, donde la comunidad judía francesa ha logrado, mediante una eficaz campaña de presión, que se niegue la autorización a uno de los barcos para anclar en el puerto, impidiendo de ese modo que los activistas franceses puedan embarcar. El navío lleva cuatro días anclado frente a la costa marsellesa, sin poder atracar, según el portal israelí de noticias Ynews.

La ausencia del Mavi Marmara, con su potencial simbólico ―es el único barco en el que se produjeron víctimas durante el asalto del año pasado― así como su enorme capacidad de carga, deja coja a la flotilla, aunque, paradójicamente, esto podría beneficiarla en términos de relaciones públicas. “El intento de vincular la flotilla únicamente al deseo de los turcos es un engaño intencionado destinado a influir en la opinión pública”, aseguran fuentes de la organización, citadas por el diario israelí “Haaretz”.

El vicealmirante de la Armada israelí ha calificado a las embarcaciones de «Flotillas del odio»

Ahora, el convoy, en el que viajarán varios europarlamentarios ―entre ellos el español Willy Meyer―, está compuesto básicamente de barcos europeos, estadounidenses y canadienses. Pese a todo, Eliezer Marom, vicealmirante de la Armada israelí declaró al Haaretz que impediría la llegada de las “flotillas del odio, que operan bajo la apariencia de ayuda humanitaria”, porque si llegasen a Gaza, Hamás podria “proveerse de cargas de armamento sin controlar y amenazar Israel mediante cohetes terroristas y misiles”.

Todos los participantes de la Flotilla han insistido que sus navíos no llevarán armamento alguno y que estarían abiertos a inspecciones previas.

El IHH insiste en que su de planes se debe a “razones técnicas”, entre otras cosas la necesidad de prestar atención a los sucesos en Siria, y no a la intervención gubernamental. El presidente turco, Abdullah Gül, aseguró el miércoles que Turquía votará a favor de la creación de un estado palestino, si dicha sesión llega a tener lugar en las Naciones Unidas el próximo septiembre.

A pesar de ello, existen algunas informaciones sobre un posible acercamiento entre el gobierno turco y el israelí, en un intento de suavizar una tensión que no deja de crecer desde el año pasado. Preguntado sobre una posible reconciliación con Israel, el presidente de la IHH se ha mostrado tajante: “Eso deberían decidirlo las familias de los mártires”.

No obstante, el IHH sigue considerándose parte de la llamada “Coalición para Romper el Bloqueo en Gaza”. “Si los israelíes tocan la flotilla, las puertas de los consulados de Israel en todo el mundo volverán a llenarse de nuestra gente protestando”, ha dicho esta mañana Yildirim. “Espero que un día podamos caminar por las calles de Palestina”, declaró.

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