Perros de guerra

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 3 Sep 2011

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No se han visto perros tan terroríficos desde el Perro de los Baskerville.

Los ha criado un admirador ardiente del ‘rabino’ Meir Kahane, que fue identificado como fascista por el Tribunal Supremo israelí. Su trabajo es proteger los asentamientos y atacar a los palestinos. Son perros de colonos o, mejor dicho, colonos perros.

Todas nuestras emisoras de televisión les han dedicado reportajes extensos y han alabado su eficacia y ardor.

Todo para preparar “septiembre”.

Septiembre no es únicamente el nombre de un mes, el séptimo en el antiguo calendario romano. Es el símbolo de un peligro terrible, una amenaza existencial inenarrable.

Todas las televisiones han hecho reportajes sobre la eficacia de los perros de los colonos

En las próximas semanas, los palestinos pedirán a Naciones Unidas que reconozca el Estado de Palestina. Ya han conseguido una amplia mayoría en la Asamblea General. Después, según la evaluación oficial de nuestro Ejército, se desatará el infierno. Se alzarán muchedumbres de palestinos, atacarán el Muro de “Separación”, tomarán al asalto los asentamientos, se enfrentarán al Ejército, crearán el caos.

“La Autoridad Palestina está planificando un baño de sangre”, advirtió con alegría Avigdor Lieberman. Y cuando Lieberman predice que habrá violencia, sería poco prudente no hacerle caso.

Desde hace meses, nuestro Ejército se ha preparado precisamente para esta eventualidad. Esta semana ha anunciado que también entrena a los colonos y les dice cuándo exactamente tienen permiso para disparar a matar. Confirma así lo que todos sabemos: que no hay una distinción clara entre el Ejército y los colonos. Muchos colonos son oficiales del Ejército y muchos oficiales viven en asentamientos. “El Ejército defiende a todos los israelíes, dondequiera que estén”, dice el discurso oficial.

Jamás he visto a nadie disparando “desde dentro” en una manifestación

Una de las opciones para las que se prepara el Ejército, según se declaró, es la de palestinos disparando a soldados y colonos “desde dentro de manifestaciones masivas”. Es una declaración siniestra. Yo he estado en cientos de manifestaciones y jamás he visto a nadie disparando “desde dentro de una manifestación”. Alguien que lo hiciera tendría que estar loco de irresponsabilidad, porque expondría a todas las personas alrededor a unas represalias mortales. Pero es un pretexto fácil de invocar para disparar a manifestantes pacíficos.

Suena tan siniestro porque ya ocurrió en el pasado. Tras la primera intifada, que se consideró un éxito palestino (y que desembocó en los Acuerdos de Oslo), nuestro Ejército se preparó diligentemente para una segunda. Como instrumento, eligió a los francotiradores.

La segunda intifada (la de ‘Al Aqsa’) arrancó tras el fracaso de la conferencia de Camp David de 2000 y la ‘visita’ deliberadamente provocadora de Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas. Los palestinos llevaron a cabo manifestaciones masivas no violentas. El Ejército respondió con asesinatos selectivos. Un francotirador acompañado de un oficial se posicionaba en el camino de la protesta y el oficial señalaba los objetivos: los manifestantes que parecían ser los ‘cabecillas’. A estos se les mataba.

Eso era muy eficaz. Pronto, las manifestaciones no violentas terminaron y fueron reemplazadas por acciones muy violentas (“terroristas”). Con éstas, el Ejército se sentía de nuevo como en casa.

Puedo imaginar pancartas que condenen a Binyamin Asad y Bashar Netanyahu

En total, durante la segunda intifada murieron 4.546 palestinos, de los que 882 eran niños, frente a 1.044 israelíes, de los que 716 eran civiles, entre ellos 124 niños.

Me temo que las preparaciones para la tercera intifada, que se supone que arrancará el mes que viene, proceden en la misma línea. Pero las circunstancias serán bastante diferentes. Tras lo ocurrido en Egipto y Siria, los manifestantes palestinos pueden reaccionar ahora de forma diferente, y el “baño de sangre” puede ser mucho más severo. Como también lo serán las reacciones internacionales y las de los países árabes. Puedo imaginar pancartas que condenen a Binyamin Asad y Bashar Netanyahu.

Pero la mayoría de los israelíes no están preocupados. Creen que todo el escenario se lo ha inventado Netanyahu como truco para acabar con las inmensas protestas sociales que sacuden Israel. “Los jóvenes manifestantes exigen justicia social y un Estado de Bienestar, como niños que piden un helado mientras la desgracia acecha en la esquina”… así lo expresó uno de los coroneles (retirados).

Los colonos y sus perros dominan el escenario de futuro previsto.

Los colonos juegan ahora un rol central en el conflicto; son ellos los que impiden la paz

Eso es bastante lógico, porque los colonos juegan ahora un rol central en el conflicto. Son ellos los que impiden todo acuerdo de paz, o incluso negociaciones de paz dignas de este nombre.

Es bastante sencillo: cualquier paz entre Israel y el pueblo palestino se basará necesariamente en que se ceda Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza a un futuro Estado de Palestina. Hay ahora un consenso mundial en este punto. La única cuestión es dónde exactamente transcurrirá la frontera, dado que hay también consenso sobre pequeños intercambios territoriales de mutuo acuerdo.

Esto significa que la paz conllevaría necesariamente la eliminación de un gran número de asentamientos y la evacuación de los colonos en toda Cisjordania.

Los colonos y sus aliados dominan la actual coalición de gobierno israelí. Se oponen a ceder ni un centímetro cuadrado del territorio ocupado en el país que Dios nos prometió (incluso los colonos que no creen en Dios sí creen que Dios nos prometió esta tierra). Por este motivo no hay negociaciones de paz, ni una congelación de las actividades de construcción en los asentamientos ni pasos de ningún tipo hacia la paz.

Los colonos fueron a los lugares de Cisjordania donde viven precisamente con este objetivo: crear “hechos sobre el terreno” que reventarían cualquier posibilidad de establecer un Estado palestino viable. Por eso es bastante indiferente si son los colonos los que impiden la devolución de los territorios ocupados a cambio de paz o si el gobierno usa a los colonos para este fin. El resultado es el mismo: los colonos bloquean todo esfuerzo a favor de la paz.

Está de moda “incluir” a los colonos en nombre de la unidad nacional

Como dirían los americanos: ¡Son los colonos, estúpido!

Algunos israelíes simpáticos efectivamente juegan a ser estúpidos, o lo son de verdad.

Está ahora de moda en algunos círculos “incluir” a los colonos en nombre de la unidad nacional. Los judíos no deberían pelearse entre ellos, dicen, reproduciendo una vieja sabiduría del gueto. Los colonos son gente como tú y yo.

Una de las personas más destacadas en decirlo es Shelly Yachimovith, diputada en la Knesset y una de los seis candidatos a presidir el moribundo Partido Laborista. Durante años hizo un buen trabajo como defensora de la justicia social, sin malgastar jamás una palabra en la paz, la ocupación, los asentamientos, Palestina y esas nimiedades. Ahora, como parte de su campaña, se ha declarado abiertamente amante de los colonos. En sus palabras: “Desde luego no veo toda la empresa de los colonos como un pecado y un crimen. En su momento había un consenso general. Era el Partido Laborista el que promovió los asentamientos en los territorios. Esto es un hecho, un hecho histórico.”

Algunos creen que Yachimovitch sólo finge sentir eso, con el objetivo de cosechar votos del gran público para poder hacerse con el poder en el partido, y que luego fusionará lo que queda del partido con Kadima, donde intentaría desplazar a Tzipi Livni y tal vez incluso convertirse en primera ministra.

En los asentamientos se invierten ingentes sumas de dinero

Tal vez. Pero yo tengo la oscura sospecha de que ella realmente cree lo que dice… y desde luego, es terrible tener que decir esto de cualquier político, sea hombre o mujer.

Ahora en serio, no hay forma de incluir a los colonos y luchar por la justicia social a la vez. Simplemente no se puede hacer, aun cuando algunos de los líderes del movimiento de protestas sociales defienden esto con razonamientos tácticos.

No puede haber un Estado de Bienestar israelí mientras la guerra siga. Los incidentes en la frontera en las últimas dos semanas muestran lo fácil que es desviar la opinión pública y silenciar las protestas cuando se despliega la bandera de la seguridad. Y lo fácil que es para el gobierno prolongar cualquier incidente.

Sembrar el pánico ante “septiembre” es otro ejemplo más.

Pero las razones por lo que es imposible separar la justicia social de la seguridad son más profundas. Una reformas sociales serias necesitan dinero, mucho dinero. Incluso después de reformar el sistema de impuestos ―con más impuestos directos, progresivos, y menos impuestos indirectos, regresivos― y de romper los cárteles de los ‘tiburones’, se necesitarán decenas de miles de millones de dólares para rescatar nuestros colegios, nuestros hospitales y nuestros servicios sociales.

Israel mantiene el cuarto o quinto conjunto militar más grande del mundo

Estos miles de millones sólo pueden venir del presupuesto militar y los asentamientos. En los asentamientos se invierten ingentes sumas de dinero, no sólo en las viviendas muy subvencionadas para los colonos, los salarios públicos para muchos colonos (en un porcentaje mucho mayor que el de la población en su conjunto), sino también para las infraestructuras (carreteras, electricidad, agua etcétera) y el gran número de tropas necesarias para defenderlas. Las preparaciones para “septiembre” muestran de nuevo cuánto cuestan.

Pero ni siquiera esto es toda la historia. Tras todos estos hechos está la razón principal de la deformación de Israel: el propio conflicto.

Debido al conflicto estamos obligados a mantener un estamento militar gigantesco. Pagamos por las fuerzas armadas, per cápita, mucho más que los ciudadanos de cualquier país occidental. Israel, un país de apenas 7,5 millones de personas, mantiene el cuarto o quinto conjunto militar más grande del mundo. La ayuda militar estadounidense sólo cubre una pequeña parte de este gasto.

Por esto, poner fin a la guerra es una condición previa necesaria para cualquier esfuerzo de convertir Israel en un Estado de Bienestar ‘escandinavo’, con un máximo de justicia social. El conflicto no es sólo un elemento entre muchos otros que hay que tener en cuenta. Es el elemento principal.

Uno puede amar a los colonos u odiarlos, oponerse a ellos o incluirlos tanto como uno quiere… sigue ahí el hecho de que los asentamientos son de lejos el mayor obstáculo para la paz y el Estado de Bienestar. No sólo por su coste, no sólo porque sus habitantes lleven a cabo de vez en cuando pogromos, no sólo por la manera en la que dominan el sistema político. Sino porque existen.

A diferencia del perro de los Baskerville, los perros de los asentamientos están ladrando en voz alta. Es el sonido de la guerra.

 

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