Una mirada desde el chalé

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 28 Oct 2011

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El asesinato de Muamar Gadafi y su hijo Muatasim no fue una imagen agradable. Después de verla por primera vez, tenía que mirar a otro lado cuando la ponían una y otra vez en televisión: literalmentead nauseam.

La televisión comercial existe, por supuesto, para hacer dinero para los magnates apelando a los instintos y gustos más básicos de las masas. Es como si hubiera un insaciable apetito por las imágenes horribles.

Pero en Israel había otra razón para mostrar estas escenas de linchamientos repetidamente, y esto los comentaristas lo dejaron bastante claro. Estas escenas fueron la prueba, a su entender, de la naturaleza primitiva, bárbara y homicida de los pueblos árabes, y por supuesto, del islam como tal.

Somos gente civilizada de Occidente, tristemente rodeada de estos primitivos salvajes

A Ehud Barak le gusta describir a Israel como un “chalé en mitad de la jungla”. Ahora esto está aceptado por la gran mayoría de la gente que trabaja en los medios. Nunca pierden una oportunidad de señalar que vivimos en un “vecindario peligroso”, dejando claro que Israel no pertenece realmente a este vecindario. Somos gente civilizada de occidente, tristemente rodeada de estos primitivos salvajes.

(Como he mencionado en muchas ocasiones, esto nos lleva directos al fundador del sionismo, Theodor Herzl, que escribió que el futuro Estado sionista sería una parte de “el muro de la civilización contra la barbarie asiático”).

Como esta actitud tiene unas implicaciones mentales y políticas de gran alcance, tendremos que mirarla más de cerca.

Estoy en contra de la pena de muerte, en todas sus formas. Las ejecuciones, ya sea en Texas o en China, me dan asco. Habría preferido que a Gadafi lo juzgara un tribunal adecuado.

Pero mi primera reacción ante la imagen fue: ¡Dios mío, cuánto debe de odiar un pueblo a su gobernante si le trata de esa manera! Obviamente, las décadas de abominable terror que este déspota medio pirado ha infligido al pueblo libio han destruido cualquier resquicio de compasión que pudiera quedarles. (Los miembros de su tribu que lo defendían fanáticamente hasta el final parecían ser una pequeña minoría.)

Las décadas de terror que el déspota ha infligido al pueblo libio le han dejado sin compasión

Su apariencia caricaturesca y sus aventuras en el extranjero desviaron la atención de la opinión pública de los aspectos homicidas de su mandato. De vez en cuando, a placer, descargaba oleadas de terror, torturando y matando a cualquiera que mostrara la menor insinuación de crítica, juzgándolos en estadios de fútbol, donde el rugir de las enloquecidas multitudes ahogaba la triste súplica por la compasión de los condenados. En una ocasión, sus matones ejecutaron a todos los 1.200 internos de la prisión Abu Salim de Tripoli.

Es verdad, gastó algún dinero en construir escuelas y hospitales, pero eso era una porción muy pequeña en comparación con las enormes cantidades por ingresos del petróleo que despilfarraba en sus estrafalarias aventuras o que robaba su familia. Este país inmensamente rico tiene una población pobre, una única y estrecha carretera de Egipto a Túnez y un nivel de vida que es un tercio del nuestro.

Cuando los partisanos mataron a Mussolini junto a su amante; tiraron los cuerpos a la calle

No hacía falta ser un bárbaro árabe o architerrorista musulmán para hacer lo que le hicieron. En realidad, los italianos más civilizados (los dueños de las primeras colonias de Libia) hicieron exactamente lo mismo en 1945. Cuando los partisanos cogieron a Benito Mussolini en su huida, éste suplicó por su vida, pero ellos le mataron en el acto junto a su amante. Los cuerpos los arrojaron a la calle, y la multitud los pateó y escupió, y a continuación los colgaron por los pies con unos ganchos para colgar carne desde el techo de una gasolinera, donde el público les estuvo lanzando piedras durante varios días. No recuerdo que nadie en la civilizada Europa protestara.

A diferencia de Mussolini y Gadafi, a Adolf Hitler no lo cogieron cuando trataba de escaparse vergonzosamente. Escogió una salida mucho más digna. Pero durante sus últimas semanas Gadafi se parecía bastante a Hitler, viviendo en un mundo loco de engaño, moviendo tropas inexistentes en el mapa, seguro hasta el final del infinito amor de su pueblo.

Nicolae Ceausescu, otro tirano sangriento, tuvo su día, o su hora, en los tribunales. Era una farsa, como son esos juicios. Un tribunal irregular y arbitrario le condenó a muerte y acto seguido le dispararon junto con su mujer.

El fallecimiento de Gadafi puso punto y final al debate que empezó hace meses.

Ya no puede haber ninguna duda de que la vasta mayoría del pueblo libio detestaba a Gadafi y agradecía la campaña de la OTAN que ayudó a eliminarlo. Fue una contribución importante, pero la verdadera lucha pesada la hizo el desharapado ejército del pueblo. Libia se liberó a sí misma. Incluso en Tripoli, fue el pueblo el que puso fin a la tiranía.

Los izquierdistas europeos bien intencionados me atacaron duramente por bendecir el horrible monstruo llamado OTAN. Ahora, mirando hacia atrás, es bastante obvio que la abrumadora opinión, si no unánime, de los propios libios agradeció la intervención.

¿Dónde difiero de estos izquierdistas? Creo que se han cosido a sí mismos en una especie de camisa de fuerza ideológica. Durante la guerra de Vietnam llegaron a una visión del mundo que era apropiada para una situación particular: había chicos buenos y chicos malos. Los chicos buenos eran los comunistas vietnamitas y sus aliados. Los malos eran los Estados Unidos y sus marionetas. Desde entonces, han aplicado este esquema a cada situación del mundo: Sudáfrica, Yugoslavia, Palestina.

Gadafi vendía su petróleo en el mercado mundial, y así lo harán sus sucesores

Pero cada situación es diferente. Vietnam no es Libia; el problema sudafricano era mucho más sencillo que el nuestro. Las políticas de las grandes potencias pueden permanecer constantes, y muy poco atractivas además, pero hay grandes diferencias entre las situaciones. Yo estaba muy en contra de las guerras de Estados Unidos en Vietnam, Afganistán e Iraq, y muy a favor de las campañas de la OTAN en Kosovo y Libia.

Para mí, el punto de partida de cada análisis es lo que los interesados quieren y necesitan, y sólo a partir de ahí me preguntaría cómo se aplica el esquema internacional en este caso. Trabajando de dentro afuera, por decirlo de alguna manera, no de fuera adentro.

Además, nunca he entendido demasiado bien el dogma que parece responder a todas las preguntas: “Todo es por el petróleo”. Gadafi vendía su petróleo en el mercado mundial, y así lo harán sus sucesores, de la misma manera. Las corporaciones petroleras internacionales son todas lo mismo para mí. ¿Hay mucha diferencia entre la rusa Gazprom y la americana Esso?

Algunos ex comunistas parecen tener una especie de apego heredado hacia Rusia, apoyando casi automáticamente sus posiciones internacionales, desde Afganistán a Serbia y Siria. ¿Por qué? ¿En qué se parece Vladimir Putin a los soviets? Putin no suscribe la dictadura del proletariado; está bastante satisfecho con su propia dictadura.

Los partidos islámicos han resistido las dictaduras árabes; por eso, son populares tras su caída

Si el salvaje final de Gadafi ha reforzado todas las obsesiones islamofóbicas en Occidente, las elecciones en Túnez han puesto las cosas peor.

¡Socorro! ¡Los islamistas han ganado las elecciones! ¡La hermandad musulmana ganará las elecciones en Egipto! ¡La primavera árabe hará que toda la región se vuelva un vasto caldo de cultivo de la yihad! ¡Israel y Occidente están en peligro de muerte!

Todo esto no tiene sentido. Y el sinsentido es peligroso aquí, porque puede hacer descarrilar cualquier política sensata americana y europea hacia el mundo árabe.

Claro, el islam está creciendo. Los partidos islámicos han resistido las dictaduras árabes y éstas les han perseguido, y por lo tanto son populares en el período subsiguiente a su caída, de la misma manera que los comunistas europeos fueron muy populares en Francia e Italia tras la derrota del fascismo. De ahí en adelante, el apoyo a estos partidos declinó.

El islam es una parte importante de la civilización árabe. Muchos árabes son creyentes sinceros. Los partidos islámicos realmente jugarán un importante papel en cualquier orden árabe democrático, como los partidos religiosos judíos, por desgracia, lo juegan en la política israelí. Muchos de estos partidos árabes son moderados, como el actual partido islámico de Turquía.

En realidad es deseable que estos partidos se conviertan en una parte del orden democrático, más que volverse su enemigo. Deben estar dentro de la tienda, de lo contrario la tienda puede desplomarse. Creo que esto es lo mejor para Israel también. Ésa es la razón por la cual mis amigos y yo somos partidarios de la reconciliación Fatah-Hamas y abogamos por negociaciones directas entre Israel y Hamas, y no sólo para intercambios de prisioneros.

Nuestros medios están escandalizados: el primer ministro provisional de Libia ha anunciado que la ley islámica, la charía, guiará la promulgación de leyes nuevas en su país. Parece que nuestros periodistas ignoran la existencia de una ley israelí que dice que si hay cuestiones legales para las que no hay respuestas inmediatas, la ley religiosa judía, la halajá, llenará el vacío.

Además, hay un nuevo proyecto de ley ante la Knesset que dice inequívocamente que la halajá decidirá las disputas legales.

El resultado de las elecciones tunecinas fue, a mi parecer, muy positivo. Como se esperaba, el partido moderado islámico ganó una mayoría relativa pero no una absoluta. Debe formar coalición con partidos laicos y quiere hacerlo. Estos partidos, totalmente nuevos y prácticamente desconocidos, necesitan tiempo para establecer su identidad y estructura.

Para añadir una nota personal, Rachel y yo fuimos a Túnez muchas veces a ver a Yasser Arafat, y nos gustó bastante la gente. Nos llamó la atención especialmente la cantidad de hombres que vimos en las calles con una flor de jazmín detrás de la oreja. No es de extrañar que esa gente pudiera hacer una casi limpia “revolución de los jazmines”.

Si las elecciones en otros países árabes siguen este patrón, como parece probable, será todo para mejor.

El Gobierno de Obama fue lo suficientemente inteligente para subirse al mismo carro de las revoluciones árabes, aunque en el último momento. Los israelíes no tenemos ese olfato. Nuestra islamofobia ha hecho que perdamos una oportunidad de oro para una nueva imagen entre los jóvenes revolucionarios árabes.

En lugar de eso, diferenciamos nuestra bondad de la barbarie de los libios, quienes de nuevo han mostrado la verdadera naturaleza de la jungla que rodea el chalé.

 

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