Amedrentadores

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 17 Dic 2011

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opinion

Israel| Diciembre 2011

En el aniversario de la muerte de David Ben Gurion, la ceremonia habitual en su memoria tuvo lugar en su tumba en Sdeh Boker, el pueblo en el desierto del Néguev donde vivió hasta su jubilación. No hay cementerio, sólo está su tumba y la de su esposa Paula.

Los periódicos publicaron una foto de Binyamin Netanyahu dando un discurso bajo la imagen del fallecido líder mirando pensativo al infinito.

Un pequeño detalle de la foto llamó mi atención: Netanyahu llevaba una kipá.

Por el amor de Dios (con perdón), ¿por qué se puso Netanyahu esa kipá negra en la cabeza?

¿Por qué? Ben Gurion era un ateo convencido. Se negó a llevar kipá incluso en los funerales. (Aunque yo también soy un completo ateo, a veces llevo kipá en los funerales, en consideración a los sentimientos de los demás.)

El lugar no era una sinagoga, ni siquiera un cementerio. Entonces, por el amor de Dios (con perdón), ¿por qué se puso el hombre esa kipá negra en la cabeza?

Para mí eso es señal de lo que yo llamo la rejudaización de Israel.

El sionismo era, entre otras cosas, una revuelta contra la religión judía ortodoxa, que estaba relacionada con la diáspora que los sionistas despectivamente llaman galut(“exilio”). Todos los padres fundadores del sionismo ―Theodor Herzl, Max Nordau, Chaim Weizmann, Ze’ev Jabotinsky y el resto― eran ateos convencidos.

Entonces, ¿por qué dio Ben Gurion a los partidos religiosos dos sistemas educativos autónomos, financiados por el Estado?

¿Por qué liberó a los estudiantes de seminarios religiosos (‘yeshivot’) del servicio militar?

Alguna gente mayor aún rezaba, pero los nuevos israelíes éramos laicos

La gente de mi edad recuerda la situación. Ben Gurion, como todos nosotros, creía que la religión judía estaba a punto de desaparecer. Alguna gente mayor, que hablaba yídish, todavía rezaba en las sinagogas, pero con el tiempo desaparecerían. Nosotros, los nuevos israelíes jóvenes, éramos laicos, modernos, libres de estas viejas supersticiones.

Ni en sus peores pesadillas nocturnas (ni diurnas) podría haberse imaginado Ben Gurion un tiempo en el que los alumnos religiosos, a algunos de los cuales no les enseñan en la escuela las técnicas modernas más básicas, ascendieran hasta casi la mitad de la población judía israelí escolarizada. O que el número de holgazanes religiosos privara al ejército de varias divisiones.

Poco a poco, la comunidad religiosa se está haciendo cargo del Estado. Los colonos religiosos, los pogromos religiosos anti-árabes, sus aliados y colaboradores ultraderechistas están conquistando nuevos posiciones cada día. Ahora es cuando el ejército ha anunciado que el 40% de los candidatos para los cursos de oficiales junior llevan kipá. En 1948, cuando se formó nuestro ejército, no vi a ni un solo soldado que llevara kipá, (y menos a un oficial.)

Pero el peligro de la rejudaización va mucho más allá de la esfera política.

Utilizaré una metáfora de la naturaleza.

La principal necesidad que existe en la naturaleza es la supervivencia. Existen muchas formas diferentes de sobrevivir, y la naturaleza las acepta todas, siempre y cuando funcionen.

La gacela sobrevive corriendo. Cuando está en peligro, escapa. Es muy buena en eso. El hecho: las gacelas han sobrevivido.

El león sobrevive luchando. Cuando está en peligro, ataca. Cuenta con sus dientes y garras. Es muy bueno en eso. El hecho: los leones han sobrevivido.

Los judíos han sobrevivido huyendo. Han sido increíblemente buenos en eso. Tras miles de años de las más atroces persecuciones, pogromos y holocaustos, ellos siguen ahí. Su dispersión por todo el mundo les favorece en esta técnica. Al más mínimo peligro, pueden escapar de un país a otro.

Los judíos no han construido Taj Mahals ni majestuosas catedrales. Sus tesoros son textos sagrados, literatura y música; cosas que pueden llevar en la mente mientras corren.

Como algunos animales en la naturaleza, los judíos perciben el más mínimo peligro desde lejos. Es como un radar que tienen en la cabeza: se enciende cuando nadie más percibe la amenaza. (De hecho yo no estaría vivo si mi padre no hubiera percibido el peligro del régimen nazi desde el primer día y organizado nuestra huida, mientras que casi todo el mundo se mofaba de él.)

El sionismo quería convertir a la gacela en un león. Dice: se acabó el correr. Cuando estemos en peligro, nos levantamos y luchamos.

Se acabó la antisemita caricatura del judío cobarde. A partir de ahora, la imagen será la del israelí heroico, erguido y orgulloso.

Y, como parece ser la naturaleza humana, compensamos en exceso el pasado. Nos hemos vuelto agresivos, militaristas, incluso brutales. Los oprimidos se han vuelto opresores. Los judíos solían decir: “Si la fuerza no funciona, prueba a usar tu cerebro.” Los israelíes dicen “si la fuerza no funciona, prueba a usar más fuerza.” (Confieso que acuñé esta frase hace mucho años a modo de chiste. Desgraciadamente, ya no lo es.)

Sin embargo, últimamente me parece que el antiguo judío no ha desaparecido. Simplemente ha estado escondido. Escondido dentro del israelí. Él y su pequeña alerta continúan estando ahí.

¿Cómo lo descubrí? Simplemente escuchando a Binyamin Netanyahu con o sin kipá.

Desde que Netanyahu volvió al poder, nos ha estado entreteniendo con un sinfín de miedos

Netanyahu ha inventado (o adoptado) un estilo peculiar de gobierno: jugar con el miedo de la gente.

Desde que volvió al poder, nos ha estado entreteniendo con un sinfín de miedos. Propagar el miedo está a la orden del día, de cada día.

Al principio fue Barack Hussein Obama, que amenazó con castigarnos si no abandonábamos nuestro derecho sagrado de construir asentamientos por todo el país que Dios en persona nos había prometido. Desgraciadamente, Obama capituló en seguida. Así que se necesitaba otra amenaza.

Sin problemas. Mahmud Abbas, el que ayer era un “pollo desplumado”, se convirtió en un tigre y solicitó a Naciones Unidas que aceptaran al Estado de Palestina como miembro. Como todo el mundo sabe, ésa era una amenaza mortal para Israel. Sólo pudo evitarse con la promesa de Obama (sí, el mismo Hussein Obama) de usar su veto en nombre de Israel. Pero los palestinos sin embargo han sido aceptados por la UNESCO, así que no se ha desterrado el terrible peligro.

Después vino la primavera árabe. Como Netanyahu se había dado cuenta desde el primer momento, aún antes de que a nuestro grande y glorioso amigo Mubarak lo enviaran a la jaula de cristal, eso presentaba una amenaza letal. Ahora se ha confirmado: el islam, el islam mortal, se está haciendo con Egipto.

El islam, como Netanyahu nos cuenta en cada oportunidad, es un credo homicida antijudío. No hay islamistas moderados, están todos ahí para arrojarnos al mar. Incluso en nuestra antigua aliada Turquía.

Nuestro ‘chalé’ estará rodeado por una selva llena de predadores islamistas

Y están ganando no sólo en Egipto. Estos terribles islamistas ya han ganado en Marruecos y Túnez, y van a ganar en Libia, Jordania, Yemen y Siria. Nuestro “chalé” estará rodeado no sólo por una selva, sino por una selva llena de predadores islamistas mortales. Absolutamente aterrador.

Entonces otro horrible peligro se reveló justo a tiempo: las asociaciones de los derechos humanos están amenazando la propia existencia de Israel. Son una parte de la conspiración antisemítica mundial. El hecho: están financiadas por gobiernos extranjeros. Hay que promulgar una nueva ley contra ellas cuanto antes. Afortunadamente, esas leyes fueron promulgadas recientemente en algunos gobiernos soviéticos anteriores. Así que nuestro ministro de Asuntos Exteriores moldavo (o mejor dicho, nuestro ministro de Asuntos Exteriores de Moldavia), Avigdor Lieberman, obtuvo el texto de su gran amigo Alexander Lukashenko, demócrata ejemplar de Bielorrusia y de otro famoso demócrata, Vladimir Putin.

Todos estos peligros mortales fueron suficientes para eliminar las repentinas oleadas de protestas sociales, pero no eran nada comparados con ese horrible y sobrecogedor peligro: la bomba iraní.

La bomba nuclear iraní significa un segundo holocausto, nada menos. Sólo el fuerte liderazgo de Binyamin Netanyahu puede salvarnos en el último momento.

Enfrentados a ese aterrador peligro, nadie hace la pregunta clave: ¿Por qué atacaría cualquier líder iraní a un país que tiene en su poder tantas bombas nucleares y la capacidad de devastar todo Irán lanzando un contraataque? El gobierno alemán nos proporciona el sexto de los submarinos que tenemos precisamente para esto.

Un rabino dijo que un soldado religioso preferiría el peor puesto antes que oír cantar a una mujer

Sí, los líderes iraníes pueden ser fanáticos religiosos. Pero nosotros tenemos muchos también, y algunos son miembros de nuestra coalición del gobierno. Por el momento el país está en una revuelta porque los rabinos exigen que los soldados religiosos puedan abandonar cualquier ceremonia militar donde a las mujeres soldado se les permita cantar. “La voz de una mujer es su parte sexual,” afirma un texto sagrado. Y un rabino importante acaba de anunciar que un soldado religioso preferiría enfrentarse a un pelotón de fusilamiento antes que oír cantar a una mujer. (No me lo estoy inventando.)

Pero Irán está dominando nuestro discurso público. Todas las alertas están parpadeando. Los judíos que llevamos dentro están muertos de miedo. La gacela dice: Corre. El león dice: Ataca.

La Biblia nos dice: “¡Bienaventurado es el hombre que siempre teme!” (Proverbios 28:14). Pero el miedo constante es mal consejero cuando dirige tus asuntos, cuanto más si dirige las políticas de un Estado. Pero puede ser buena política cuando quieres tener a tu propio pueblo controlado mientras se mina la democracia, la igualdad y los derechos humanos.

Así que soltemos el gueto judío que llevamos dentro y mandémoslo a tomar viento. Superemos el miedo al propio miedo. Y mientras tanto, echemos a los amedrentadores.

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