Günter el terrible

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 14 Abr 2012

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opinion

Detenedme si alguna vez os he contado este chiste:

En algún lugar de Estados Unidos, se celebra una manifestación. Llega la policía y golpea a los manifestantes sin piedad.

“No me pegues”, grita alguien, “¡soy anticomunista!”

“¡Me importa un bledo el tipo de comunista que seas!”, le responde un policía a la vez que levanta su porra.

El prosemitismo es un antisemitismo maquillado: tienen en común que los judíos van aparte

La primera vez que conté este chiste fue cuando un grupo alemán visitó la Knesset y se reunió con los miembros que habían nacido en Alemania, incluido yo.

Hicieron un esfuerzo por elogiar a Israel, alabando todo lo que habíamos estado haciendo, condenando todo tipo de críticas, aunque fueran inofensivas. Se convirtió en algo vergonzoso, ya que, en la Knesset, algunos de nosotros éramos muy críticos con la política de nuestro gobierno en los territorios ocupados.

En mi opinión, esta rama extrema de prosemitismo es simplemente un antisemitismo maquillado. Ambos tienen una creencia básica en común: que los judíos, y por lo tanto Israel, van aparte, no pueden medirse siguiendo los estándares que se aplican al resto del mundo.

¿Qué es un antisemita? Alguien que odia a los judíos simplemente porque son judíos. No se les odia por lo que son como seres humanos, sino por su origen. Un hebreo puede ser bueno o malo, amable o desagradable, rico a pobre; pero por el hecho de ser judío, ya hay que odiarlo.

Esto, por supuesto, se cumple para cualquier tipo de prejuicio, incluidos el sexismo, la islamofobia, el chovinismo o lo que sea.

El antisemitismo fue la ideología oficial de la Alemania nazi; ahora, lo es el prosemitismo

Los alemanes, como de costumbre, son más aplicados que los demás. El término Antisemitismus lo inventó un alemán (unos pocos años antes que los términos sionismo y feminismo) y el antisemitismo fue la ideología oficial de Alemania durante la época de los nazis. Ahora, la ideología oficial de los alemanes es el prosemitismo: de nuevo nos vamos a los extremos.

Otra palabra nazi fue Sonderbehandlung, que significa “trato especial”. Se trataba de un eufemismo para algo detestable: el asesinato de prisioneros. Pero “trato especial” también puede significar lo contrario: tratar a algunas personas o países de manera especialmente amable, no por lo que hagan sino por lo que son; judíos, pongo por caso.

En fin, no me gusta, ni siquiera cuando me beneficia. Me gusta que me elogien cuando hago las cosas bien y siempre acepto que me culpen cuando hago algo mal. No me gusta que me elogien (ni que me culpen) por el hecho de haber nacido judío.

Esto nos lleva, por supuesto, a Günter Grass.

Voy a aclarar algo: solo le vi una vez, cuando a los dos nos invitaron a una conferencia del Club Pen alemán en Berlín. Lo conocí durante un descanso en un restaurante muy bueno. Le dije, de manera muy sincera, que me gustaban muchísimo sus libros, especialmente la novela antinazi “El tambor de hojalata” y que también me gustaba la actividad política que llevó a cabo posteriormente. Eso fue todo.

No tuve la oportunidad de conocerlo durante sus numerosas visitas a Israel. Durante al menos una de ellas, se echó una novia: una escritora reconocida.

Ahora Grass ha hecho lo impensable: ¡Un alemán criticando al Estado de Israel!

Ahora Grass ha hecho lo impensable: ¡ha criticado abiertamente al Estado de Israel! ¡Él! ¡Un alemán!

Las reacciones fueron automáticas. Inmediatamente se le tachó de antisemita. Pero no de un antisemita cualquiera sino ¡de un criptonazi que podría haber trabajado de matón para Adolf Eichmann! Esta idea se sustentó con el hecho de que cuando tenía 17 años, cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, fue reclutado por las Waffen SS, como lo fueron decenas de miles de jóvenes más. Aunque parezca mentira, ocultó esta información durante muchos años. Así que ya veis.

Los políticos y comentaristas israelíes y alemanes competían unos con otros criticando y maldiciendo al escritor; superando los alemanes fácilmente a los israelíes. Aún así, puede que nuestro ministro del Interior, Eli Yishai, haya conseguido hacerse con el trofeo individual al declarar a Grass persona non grata y al prohibirle la entrada en Israel para toda la eternidad (como mínimo).

Yishai es un político de poca monta que jamás ha escrito una sola línea que merezca la pena recordar. Es el líder del partido ortodoxo Shas, no porque lo hayan elegido sino porque es uno de los secuaces del hombre poderoso del partido, Rabbi Ovadia Yosef. El influyente interventor del estado le acusa de incompetencia absoluta en relación a un gran incendio que tuvo lugar en el Monte Carmelo, por lo que su carrera está en peligro. Grass intervino en el momento justo para salvarle el pellejo.

¿Qué dijo Grass exactamente? En un poema de 69 versos (en realidad, polémica con forma de poema) bajo el título “Lo que hay que decir” (en alemán, Was gesagt werden muss), Grass ataca a la política israelí concerniente a la bomba atómica.

El feroz contraataque se centró casi completamente en el axioma de que un alemán no tiene derecho a criticar a Israel bajo ninguna circunstancia.

El contraataque se centró en el axioma de que un alemán no tiene derecho a criticar a Israel

Ignoremos este “argumento” y observemos el poema, no necesariamente como una obra maestra literaria.

El tema básico del poema es que Israel ya tiene “potencial nuclear” y que, por lo tanto, es hipócrita culpar a Irán por querer tenerlo también. Particularmente, Grass critica al gobierno alemán por proporcionar otro submarino a Israel.

Racionalmente, ¿estos argumentos tienen sentido?

Grass supone que Israel está planeando el “primer ataque” de una guerra preventiva contra Irán, en la que los iraníes podrían ser “aniquilados”. Esta posibilidad solo tendría sentido si Grass supusiera que el “primer ataque” israelí sería con bombas nucleares. De hecho, el término “primer ataque” pertenece exclusivamente al léxico propio de las guerras nucleares.

Este es el motivo por el que Grass condena al gobierno alemán por proporcionar a Israel otro (el sexto) submarino con capacidad de lanzar bombas nucleares. Este tipo de submarinos están diseñados para que una nación perpetre un “segundo ataque” después de haberse visto afectada en el “primer ataque”. Se trata básicamente de un arma de disuasión.

Grass deplora el hecho de que nadie en Alemania (ni en el mundo occidental) ni siquiera se atreva a mencionar la posesión de armas nucleares de Israel. Está prácticamente prohibido “nombrar a ese particular país” en este contexto.

El premio nobel afirma que “el poder atómico de Israel pone en peligro la frágil paz mundial”.

Para prevenir este peligro, propone que las instalaciones atómicas de Irán y las potenciales de Israel sean inspeccionadas de manera minuciosa y permanente con el acuerdo de ambos gobiernos.

Grass condena a Alemania por proveer a Israel de otro submarino capaz de lanzar bombas nucleares

Finalmente, también menciona a los palestinos. Según comenta, esta es la única manera de que los israelíes y los palestinos y los demás habitantes de esta “región ocupada por la locura” reciban ayuda.

En fin, este texto no hizo que me cayera de la silla. El texto puede y debe ser criticado, pero no hay nada en él que merezca una dura condena.

Como ya he dicho antes, no veo razón alguna para que los alemanes se abstengan de criticar a Israel. No hay nada en este texto que deslegitimice al Estado de Israel; al contrario, el autor declara su solidaridad con Israel. Grass menciona de manera explícita el Holocausto y lo califica de crimen imborrable. También define a los iraníes como “un pueblo esclavizado por un ‘bocazas’”.

Una vez dicho esto, la idea de Grass de que Israel podría “aniquilar” a los iraníes en un “primer ataque” preventivo es bastante exagerada.

Yo ya he comentado varias veces que todas las charlatanerías de Israel y Norteamérica acerca del ataque israelí a Irán forman parte de las artes militares psicológicas de Estados Unidos, que pretenden presionar a los líderes iraníes para que dejen a un lado sus (presuntas) ambiciones nucleares. Es completamente imposible que Israel ataque a Irán sin previo consentimiento expreso de los norteamericanos, al igual que es completamente imposible que Norteamérica ataque (o permita que Israel ataque), debido a las consecuencias catastróficas que ello podría acarrear: un desplome de la economía mundial y una guerra larga y costosa.

Supongamos, aunque yo no me lo crea, que encima el gobierno israelí decide atacar las instalaciones nucleares iraníes. Esto no “aniquilaría” a los iraníes, y ni siquiera a parte de ellos. Solo un loco utilizaría bombas nucleares con este propósito. Los líderes israelíes, se piense lo que se piense de ellos, no están locos.

Incluso si Israel tuviera (u obtuviera de Estados Unidos) bombas nucleares tácticas con energía y radio de acción limitados, la reacción mundial, si las utilizaran, sería catastrófica.

Es completamente imposible que Israel ataque a Irán sin consentimiento de EEUU

Por cierto, los gobiernos israelíes no son los que han elegido tener una política de “no transparencia” nuclear. Si ellos pudieran elegir, nuestros líderes proclamarían a los cuatro vientos nuestro poder nuclear. Es Estados Unidos quien insiste en la opacidad, para no verse obligados a hacer algo al respecto.

La opinión de Grass de que Israel pone en peligro “la paz mundial” es, por lo tanto, un poco exagerada.

En cuanto a la propuesta práctica de Grass de someter a inspección tanto a las instalaciones nucleares israelíes como a las iraníes, creo que merece una gran consideración. Puede que no sea tan mala idea que nuestros países congelen el status quo nuclear.

Aún así, al final, necesitamos una región desnuclearizada que forme parte de una paz regional general que incluiría a Israel, Palestina, la Liga Árabe, Turquía e Irán.

En cuanto a Günter Grass, no me importaría verlo de nuevo; esta vez, durante una buena comida en Tel Aviv.

 

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