La isla colonizada

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Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 28 Abr 2012

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Tanque turco en Chipre Norte (Abril 2012) |  © Ilya U. Topper
Tanque turco en Chipre Norte (Abril 2012) | © Ilya U. Topper

A cada lado, las banderas. Como corresponde al escenario de una guerra. En medio casas en ruinas, muros derruidos, alambradas sobre bidones pintados que sirven de trinchera. La línea verde serpentea a través de Nicosia como un recuerdo de otro siglo. Pero las banderas que se enfrentan aquí no son dos sino cuatro. La blanquirroja de la República Turca del Norte de Chipre siempre está secundada por la rojiblanca de Turquía. Al otro lado, el mapa amarillo de la isla sobre fondo blanco recibe el respaldo de las cruces blanquiazules de Grecia.

La guerra de trincheras enfrenta a dos potencias de la OTAN, a Ankara y Atenas, en una isla perdida en el Mediterráneo, en la que los chipriotas no hacen más que desempeñar el papel de figurantes. Esto, al menos, parecen atestiguar las banderas. Si bien la República de Chipre ha abandonado ya el discurso del ‘enosis’, la anexión a Grecia, en el lado turco, esta asimilación avanza por la vía de los hechos.

“Turquía nos está colonizando”, asegura Sener Elcil, secretario general del sindicato de profesores KTÖS, uno de los más fuertes de la isla. La sala de la sede central en Nicosia guarda como reliquias un viejo ordenador y un aparato de fax que fueron requisados en redadas policiales hace unos años. Elcil está consciente de estar en la oposición, pero su adversario no son los sucesivos gobiernos turcochipriotas sino, directamente, los políticos de Ankara. Son ellos quienes mandan aquí, opina.

“Turquía ha llevado a los turcochipriotas al borde de la extinción”

“Los turcochipriotas estamos atrapados entre el Gobierno grecochipriota, que no quiere compartir la República con nosotros, y Turquía, que está trabajando para colonizar el norte de la isla”, denuncia una hoja informativa difundida por su sindicato. “Turquía ha llevado a los turcochipriotas al borde de la extinción”, prosigue. El desembarco de las tropas turcas en la isla en 1974 tenía su justificación en el papel de Turquía como potencia garante del equilibrio constitucional de Chipre, vulnerado por el lado grecochipriota, pero su permanencia en este territorio, y sus “políticas de asimilación”, son inaceptables, concluye.

“Somos una minoría en nuestra propia tierra”, se queja Elcil. En realidad, nadie sabe cuántos turcochipriotas hay. El censo de 2006 recoge un total de 260.000 personas residentes en el territorio, de los que casi 150.000 habrían nacido en Chipre; los demás habrian inmigrado desde Turquía, aunque unos 30.000 ya están nacionalizados.

Hoy, la cifra oficial se sitúa en 294.000 personas, unos 100.000 de ellas inmigrantes turcos. Pero estas cifras no tienen nada que ver con la realidad, denuncia el secretario del sindicato de profesores. Cree que la población real es tres veces mayor: habría unos 800.000 residentes.

“Hicimos una encuesta en los colegios. Un 37% de los niños asegura que sus padres son turcos. Un 34%, que son turcochipriotas. Un 19%, turcos que han adquirido la nacionalidad turcochipriota. Un 9% es de parejas mixtas y un 1%, extranjeros”, desgrana Elcil. Estima el número de turcochipriotas originales en unas 130.000 personas; el número de inmigrantes de Anatolia sería muy superior a lo que admite el gobierno, asegura. Hay indicios, añade: “Se venden cada día 810.000 piezas de pan; hay 400.000 vehículos circulando y 450.000 líneas de telefonía móvil”.

Y con la población vienen nuevas costumbres, maneras de vivir, una nueva identidad. “Se han cambiado nombres de lugares y pueblos, se ha obligado a mucha gente a cambiar su nombre por uno más turco, el sistema de educación se ha adaptado al turco”, constata la hoja del sindicato. Y no son sólo los nombres. La mayor amenaza para la cultura turcochipriota es la religión, subraya Elcil. “Ya hay más mezquitas que colegios: tenemos 162 escuelas, pero ya 186 templos. Turquía financia la construcción de mezquitas por todas partes, y con los minaretes vienen los imames, viene dinero al servicio de la difusión de un islam político, como lo predica el AKP, el partido gubernamental turco”, denuncia.

La religión se ha convertido en la herramienta preferida para ejercer el poder central sobre la isla. “En 2012 se han abierto secciones de teología en las instituciones de enseñanza superior, una iniciativa financiada con 8.000 millones de euros”, afirma el sindicato.

Lo mismo lamenta Mehmet Çakici, presidente del Partido Socialdemócrata, en una entrevista con la prensa extranjera, organizada por la Asociación de Periodistas Europeos (AJE): “Existe una islamización. Turquía se está volviendo más religiosa y quiere más mezquitas, más lecciones de religión en el colegio, más fondos para la fe. Y a nosotros no nos gusta. No queremos cambiar nuestro modo de vida: somos europeos”.

En Girne, alcohol se exhibe no sólo en los escaparates sino directamente en cajas sobre la acera

En las calles de Nicosia o de Girne se ven aún pocos pañuelos islamistas, y es probable que los que se vean pertenezcan a mujeres llegadas de Anatolia o incluso a turistas. Desde luego el alcohol se exhibe no sólo en los escaparates sino directamente en cajas sobre la acera: es uno de los productos más atractivos para los visitantes de la isla, que lo pueden adquirir aquí a la mitad del precio, ausentes las exorbitantes tasas del Gobierno turco. Pero las costumbres de las familias anatolias son más cerradas, opina una joven profesora turcochipriota, sobre todo teniendo en cuenta que la inmigración procede del sureste de Turquía: muchas familias son kurdas.

En Izmir, donde estudió, la vida no era tan distinta a la de Chipre, admite la joven, e incluso más libre porque “la isla es pequeña y en cualquier parte te puedes cruzar con tus familiares, de manera que hay que respetar un poco las convenciones, al menos hacia fuera”. ¿Hay una regresión en libertades? “Mi familia no se va a poner más puritana a estas alturas, por mucho que construyan mezquitas. A las turcochipriotas no nos cambia la vida. Pero a la generación que crece ahora en los colegios, a las familias mixtas e inmigrantes, probablemente sí”, vaticina.

No hay ninguna oficina de partido en la que no ondee la bandera turca

Muy pocas redes se hacen eco de estas denuncias. “Tampoco los partidos de la oposición llevan a cabo una verdadera oposición”, cree Ahmet Kaptan, presidente del sindicato de funcionarios KTAMS, que junto a varias otras uniones de trabajadores suscribe la hoja de información del KTÖS. “Sólo los sindicatos hacemos este trabajo político: los partidos se han sometido todos al AKP”. De hecho, no hay ninguna oficina de partido en la que no ondee la bandera turca al lado de la turcochipriota: parece una norma obligatoria.

Pero ni siquiera Kaptan, pese a denunciar también el cambio demográfico provocado por la llegada de colonos turcos, pide la retirada inmediata de las tropas de Ankara. “Queremos que se vayan. Pero no es lógico pedirlo antes de que se alcance una solución”. Y eso que el estatus de los militares equivale al de un ejército de ocupación.

Mehmet Çakici sólo se ríe cuando se le pregunta si un ciudadano turcochipriota puede denunciar a un soldado, policía o bombero por un hipotético crimen: los tres cuerpos dependen directamente de Ankara. “Hace falta una autorización militar”, explica. Aporta un ejemplo: “Averiguamos que había casos de tortura en las comisarías y enseñamos fotos en el Parlamento. Como resultado, un informe de la Cámara pidió una investigación disciplinar y recomendó apartar a los sospechosos del servicio hasta que se complete. La policía no hizo caso. A la policía, el Parlamento no le importa. Sólo aceptan órdenes de los militares”. Y los militares son parte del Ejército turco.

En el otro lado, la situación no es tan distinta, aunque menos obvia. Las fuerzas armadas griegas sólo se cifran en 950 hombres. Pero tanto más presente es la religión: todas las iglesias ortodoxas ondean la bandera griega, aunque la Iglesia Ortodoxa Chipriota es autocéfala y no depende de Atenas.

Todas las iglesias ortodoxas ondean la bandera griega, aunque la Iglesia Chipriota no depende de Atenas

“Lo hacen para mostrar que son greco-ortodoxas, y no pertenecen a otras ramas cristianas”, explica Christina, una joven de la parte sur de Nicosia. En la propia explicación trasluce la enorme asociación entre la identidad greco-ortodoxa religiosa y el Estado de Grecia, base para la ‘enosis’, la ideología que busca la “reunificación” de la isla con la “madre patria”. Y no son sólo las iglesias: también hay algunos negocios privados que exhiben una bandera griega blanquiazul sin la correspondiente tela blanquiamarilla, única oficial, pero nunca exhibida sola.

Cruzar de un lado a otro es fácil para los ciudadanos: apenas unos minutos a lo largo de la calle Ledros, con un control muy superficial del documento de identidad. Pero la barrera psicológica sigue ahí. En ambos lados son los sindicatos quienes más contactos mantienen a través de banderas y alambradas. Para el 1 de Mayo se preveía incluso una marcha mixta en la Línea Verde, pero Naciones Unidas no ha dado permiso, lamenta Kaptan.

Finalmente serán dos manifestaciones consecutivas para que a ambas puedan acudir ciudadanos de norte y sur. Como recoge el diario HaberKKTC, algunas pancartas en el lado turco pidieron “una Chipre socialista sin fronteras, sin armas, sin soldados y sin garantes”, un nítido rechazo al papel que Ankara ejerce en la isla.

Pero la ‘Madre Patria’ no parece tan dispuesta a soltar el pequeño territorio isleño. el 26 de abril pasado, el ministro turco de Energía, Taner Yildiz, inauguró la primera perforación en busca de petróleo en la isla, cerca de la histórica ciudad de Famagusta. La compañía petrolera nacional turca TPAO, que realiza esta prospección, a asegura que podrá perforar hasta una profundidad de 3.000 metros, y si los sondeos en tierra firme dan resultado, podría pensarse en establecer también plataformas petrolíferas en las zonas marítimas adyacentes, añade la emisora turca NTV.

El proyecto, recordó Yildiz en la ceremonia, constituye una reacción a la iniciativa de la exploración de yacimientos de gas, lanzada el año pasado por la República de Chipre. Si se hallan los preciados hidrocarburos, Ankara y Atenas tendrán aún mucho menos motivo de aflojar su dominio sobre la isla.

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