«El pueblo siciliano es violento incluso en el lenguaje del amor»

Simonetta Agnello Hornby

Publicado por

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.

Publicado el 13 Jun 2012

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Simonetta Agnello Hornby (Barcelona, 2012) | © Alejandro Luque / M’Sur

Desde que se diera a conocer hace ya diez años con su debut como novelista, La Mennulara, Simonetta Agnello Hornby (Palermo, 1945), hasta entonces una abogada de familia afincada en Londres, se reveló como uno de los grandes exponentes de las letras sicilianas actuales. Desde entonces han ido sucediéndose títulos como La tía marquesa o Boca sellada, donde ha recreado magistralmente el alma de los isleños, con sus famosos claroscuros. Su última obra, La monja y el capitán (Tusquets), se ambienta en el siglo XIX para contar una fuerte historia de amor y emancipación femenina.

En su último libro, la lectura libera a la protagonista. ¿De qué cosas le han liberado a usted leer y escribir?

Yo fui a la escuela con 11 años, por lo cual la lectura y la escritura fueron un modo de hacerme compañía y de crecer. Hasta entonces, yo había tenido una maestra una hora al día. La lectura siempre ha sido la forma más bella de entrar en un mundo distinto, y tal vez sigue siéndolo, como el arte. Hoy he visitado la Sagrada Familia, y para mí era como leer un libro enorme, velozmente. Pero la lectura tiene una ventaja sobre el arte: que puedo controlar cuándo, cuánto y dónde. Me llevo un libro encima y lo abro y lo cierro cuando quiero. Con el arte es más difícil.

¿Había libros en casa, eran lectores sus padres?

Mi padre no era un gran lector, mamá sí. Y nos daba libros para leer. Le debo a ella mi orientación a la lectura, sobre todo, a la extranjera. Mi madre era bilingüe, francés e italiano, y hablaba el alemán. Nosotros solíamos tener siempre un libro en francés, y por lo general lo leíamos en el baño. El baño era importante, porque se trataba de la única habitación cerrada con llave. Por eso estábamos en el baño, aunque no debiéramos, porque era el lugar donde podíamos recluirnos. La lectura siempre ha tenido para mí algo de privado, nunca he leído en voz alta, o no he visto un libro con nadie más. Es una relación entre uno y uno.

Hablemos de su primera novela, La Mennulara. ¿Cómo cree que se había modificado su visión de Sicilia después de muchos años viviendo en Londres?

«Sobre la mafia tengo las ideas claras, sobre los sicilianos todavía no; no los comprendo»

La Mennulara llegó en un aeropuerto. Por eso la siento poco mía, aunque lo sea por entero, porque aún no tenía editor. Es como si me la hubiera regalado una Mennulara que girara en el aeropuerto. He hecho pocas indagaciones para esta novela. Lo poco que he escrito después de aquel periodo de la mafia, La Tía Marquesa, y Boca sellada, han tenido más que ver con la realidad de la Sicilia. He tenido que leer y estudiar mucho, también para comprender el origen de la mafia, y el ánimo siciliano. Sobre la mafia tengo las ideas claras, sobre los sicilianos todavía no; no los comprendo, no nos comprendemos, estamos llenos de inseguridades, de arrogancia, como quizá tantos pueblos colonizados desde siempre.

¿En qué piensa, por ejemplo?

Tenemos mucho en común con la gente del Caribe, de Trinidad, con el Líbano, con todo eso que parece tan distinto, con los irlandeses…Pero lo que no comprendo a estas alturas es nuestra relación con el mar. El siciliano no es un marinero, nunca hemos tenido una flota, aunque siempre hayamos sido conquistados por el mar, porque no hay otro modo. El caso es que el siciliano no nada, la natación llegó en la posguerra.No sé qué miedo tenemos, por qué no somos marineros.

Un miedo muy profundo, heredado de generaciones quizás…

No lo sé, papá decía que si el hombre hubiera estado destinado a vivir en el mar, tendría branquias. Es una explicación demasiado simple. Mi padre no nadaba, pero salía a navegar con la lancha. Y era un inconsciente, porque no sabía nadar. No sé si la tierra atrae tanto como para sustraerse al placer del mar. Puede que por haber sido siempre agredidos por el mar, por haber tenido que defendernos… No sé, no lo comprendo…

Pensando en sus novelas Boca sellada, en La Tía Marquesa, parece difícil referirse a Sicilia sin hablar de violencia. ¿Cree que hay una violencia en el aire, en la Naturaleza?

El siciliano es un pueblo violento. Violento en el lenguaje, incluso en el lenguaje del amor. Una madre le dice al hijo “te comería entero”…

También en Andalucía se dice así…

Bonita frase [risas]. O como “¡Ven acá, que te mato!”. Es una vida violenta, el sol lo quema todo, mueren las plantas, los animales están sedientos… La humedad es violenta, terrible, oprime… No nos fiamos los unos a los otros, no somoscooperativos. Estamos muy divididos como pueblo, somos muy distintos de una Sicilia a otra. Alguien ha hablado de cien sicilias… No sé si cien, pero muchas sí.

Es un título de Gesualdo Bufalino.

Sí, creo que sí, es cierto…

Entre la bruma fue escrito originalmente en inglés. ¿Quería que el lector sintiera el texto como una traducción?

No, porque lo he reescrito, no lo he traducido. A veces, reescribiéndome, escribo cosas distintas, cambiaba todo. Ha sido una experiencia interesante, sobre todo en las descripciones del cielo, que yo amo. En inglés, el cielo era un color; en italiano, eran nubes. No sé por qué, pero así era.

En otro libro suyo, Un filo d’olio, habla de comida y de memoria. ¿Cómo explicaría la importancia de la cocina a un pueblo sin cocina, como el inglés?

«Los árabes cambiaron nuestra forma de comer, o sea, de vivir, en tanto trajeron los cítricos, la caña de azúcar…»

Se equivoca: el pueblo inglés tiene cocina. Y en algunos casos, muy fiera. El Sunday lunch es muy importante para los ingleses. Tienen una cocina que se ha empobrecido mucho durante la guerra, porque han tenido que racionarla hasta finales de los años 50. Por eso han tenido 15 años de no poder cocinar bien. La suya es una cocina, comparada con la nuestra, con pocos ingredientes, por ser un pueblo del Norte, pero riquísima en dulces y con óptimos asados. Era pésima, y sigue siendo bastante mala, en la cocción de verduras. Creo que la cocina es la expresión de un pueblo, cómo come, qué come, qué importancia da a la comida. La cocina es cultura, placer y creación. Brillat-Savarin, un gastrónomo francés, escribió en 1825 una obra maestra, la fisiología del gusto, que yo descubrí apenas el año pasado. Me hizo comprender tanto… Sobre todo, que la comida es vida. Los cinco sentidos crean un sexto, que él llama “le génésique”, que es el apetito por el sexo. Por eso reúne en sí mismo toda la esencia del ser humano. Yo no lo sabía cuando escribí Un filo d’olio, pero estaba ahí, instintivamente.

Me gustaría que hablara un poco de una idea que le leí, que la Sicilia es para usted más árabe que cualquier otra cosa, y que el mundo árabe es como su casa.

Así es. No sé por qué, la dominación árabe tuvo tal influencia sobre nosotros. Porque hemos tenido tantas… Pero pensándolo bien, los árabes cambiaron nuestra forma de comer, o sea, de vivir, en tanto trajeron los cítricos, la caña de azúcar, las especies, los pistachos. Creo que también han dejado sin duda una tradición de comida oriental, mientras que los franceses no han transmitido tantas cosas de su larga tradición, tampoco los españoles, los italianos menos… La cocina es el ánimo. Tenemos frases que son coránicas. Se dice “está escrito” para expresar que debe suceder una cosa. El concepto de familia; la tolerancia, aceptada en todas las mujeres de la isla, hacia las infidelidades del marido, que puede tener su origen en el concepto de la poligamia; el concepto de la hospitalidad, la idea de que si comes en mi casa no puedo traicionarte, en una cultura en la que se traicionan tantas cosas. La hospitalidad siciliana es pesada, como la árabe: obligan al huésped a comer, lo retienen en casa… Todo esto me hace sentir en casa en el mundo islámico.

¿Y cómo es su relación, como abogada, con los emigrantes árabes en Londres? ¿Cuáles son los problemas más frecuentes?

Yo soy abogada de menores, por lo que los problemas de mis clientes son los de la mujer maltratada por el marido u otro pariente, o las chicas alejadas de su sociedad, por ejemplo que han tenido un hijo de un extraño, o chicas forzadas a dejar de estudiar o a casarse. O familias islámicas que no alcanzan a entender la insistencia del mundo inglés sobre la adopción, que no existe en el concepto islámico. Sí existe el clan, la familia que cuida de un niño. Un concepto hermoso, a veces trágico, que los ingleses no comprenden: creen que no quieren a los niños, que están locos. Mi trabajo es tutelar al cliente, comprender lo que quieren y explicarlo al tribunal. A menudo son incomprendidos, tratados con poco respeto, y sobre todo con tanta ignorancia… Yo he debido estudiar el Corán, y he cometido todos los errores, porque no puedo defender a un cliente islámico si no comprendo su ley.

¿A qué se refiere?

«El siciliano desconfía de quien se ha marchado y regresa. Es parte de la mentalidad del vencido»

Le doy un ejemplo. Tenía una chica islámica, india, que se había casado con un primo por amor. El primo puso el pie en el Corán y proclamó su intención de divorciarse con el talaq. Ella escapó, porque estaba siendo maltratada, con los niños. Yo escribí una carta a la familia del primo, sugiriendo la conveniencia de un acuerdo. “El marido está avergonzado, pide perdón”, me dijeron. Yo llamé a la cliente, diciéndole que tenía buenas noticias. Empezó a llorar. Decía: “No puedo regresar con mi marido, a menos que me case con otro, y luego me divorcie”. Pensé que aquella chica me había mentido, que tenía un amante y quería casarse con él, o que estaba loca. Pero me dije que algo no iba en todo el asunto. Acudí al Corán, donde se dice que cuando el marido se divorcia con el talaq, no puede volver con la mujer hasta que esta no se haya casado con otro y divorciada con el talaq. En el mundo islámico moderno, se busca un pariente que se case y divorcie al día siguiente. He descubierto también un archivo islámico de Mulá donde se podía decir que el marido estaba ebrio cuando manifestó su intención de divorciarse, de modo que el divorcio resulte inválido.

Pero finalmente, la ley que tiene que aplicar es la del país.

Un abogado de familia con tantos clientes islámicos no sólo debe conocer bien el Corán, claro. A veces puedes apoyarte sobre un razonamiento equivocado.

Alguna vez ha dicho: “Sicilia no me acepta”. ¿Por ser mujer, por ser mujer de éxito, por ser una siciliana que se marchó?

Lo he dicho en una entrevista, hablando de mi escuela, que luego me ha invitado a volver. Pero es verdad que el siciliano desconfía de quien se ha marchado y regresa. Es parte de la mentalidad del vencido, de la colonia.

¿Y perdura?

No se puede cambiar un pueblo que sigue teniendo la mafia, que sigue teniendo un sistema de corrupción capilar. No es posible…

Dicen que ahora, con la crisis, la mafia está fuerte: es la única que tiene liquidez.

La mano de la mafia es ligera. Si la gente tiene miedo, obedece. Y hay tantas actividades económicas que no parecen mafiosas, además de un poder político, que siempre ha tenido… Es necesario que uno tenga miedo cuando no se oye nada de la mafia: significa que es potentísima. Incluso aunque crea que ya no existe. La mafia históricamente no mata, pero lo hace cuando debe. Aunque sea costoso, aunque sea incómodo.

Lampedusa no le gusta. ¿Qué escritores italianos sí merecen su consideración?

Lampedusa escribe muy bien. Nunca me gustó como hombre. El escritor siciliano más grande, para mí, es De Roberto, sin duda. Pero son muchos los buenos, para qué dar nombres. Sí creo que tenemos una deuda con Camilleri. Ante todo, es un gran escritor, no un autor de novela negra, ha escrito libros grandes y profundos. Ha entenido el ánimo siciliano y lo ha explicado de una forma magistral. Y para la lengua siciliana, para nuestro crecimiento y nuestra emancipación como colonia, ha hecho más que nadie. Quizá no nos dábamos cuenta, pero los sicilianos se mueven por Italia y hablan imitando el acento del norte, cometiendo errores de gramática, diciendo “la Simonetta”, que es un error, para esconder el acento siciliano. Se avergüenzan.

¿Todavía hoy?

Y tanto. Los conozco, los veo, algunos ocupan cargos importantes, incluso. Camilleri ha dado dignidad a la lengua siciliana. Ha hecho más, ha llevado a los italianos del Norte a leer cosas que no pueden comprender, pero que gracias a su gran arte dan la impresión que quiere dar. Porque parte del siciliano de Camilleri no es siciliano, inventa palabras. Es un genio.

¿Cómo vaticina el futuro de Sicilia, de la Italia meridional, en la delicada coyuntura que vivimos?

Toda Europa tiene, de Norte a Sur, un futuro feísimo. En realidad, Sicilia es la que sufrirá menos, se volverá al campo, y allí habrá algo que comer. Quien en cambio vive en una ciudad de tres millones de habitantes, pasará hambre o robará. La emigración para nosotros es un elemento cultural, histórico. Emigraremos, y no será un shock, porque lo hemos hecho siempre. En esta crisis, los países menos desarrollados sufrirán menos.

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© Alejandro Luque |  Especial para M’Sur

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