Las diferencias del rescate español

Publicado por

Javier Pérez de la Cruz

@japedela

Periodista (Valencia, 1988). Corresponsal del diario ABC en Estambul.

Publicado el 19 Jun 2012

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Valencia | Junio 2012

El pasado 9 de junio el ministro de Economía, Luis de Guindos, anunciaba que España aceptará hasta 100.000 millones de euros de los fondos europeos para las maltrechas cuentas de los bancos españoles. A pesar de que será el Estado, a través del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria), el que reciba la ayuda y, por tanto, el que tendrá que devolverla, tanto el titular de Economía como el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, todavía no han pronunciado la palabra rescate.

“Lo que hay es una línea de crédito”, afirmaba Rajoy. “Será un préstamo en condiciones muy favorables”, añadía de Guindos. Esta ha sido la estrategia utilizada por el ejecutivo para convencer a los mercados internacionales de que lo que sucede ahora en España no es comparable con la situación de Grecia, Irlanda y Portugal. En cambio, tras una semana crítica para la economía española, Rajoy ya reconoce que “el vínculo entre el riesgo bancario y riesgo soberano ha resultado ser tremendamente dañino”. Entonces ¿hasta qué punto alcanzan las diferencias del rescate español?

La ayuda a España llega por la urgente necesidad que tienen sus bancos, no las cuentas públicas. Esto es totalmente diferente a los contextos de Grecia y Portugal, donde eran los Estados los que no tenían la solvencia necesaria para afrontar sus deudas. En cambio, las diferencias con Irlanda son más confusas. Allí también fue el colapso del sistema financiero el que obligó al gobierno a pedir dinero.

Santiago Carbó, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada matiza las divergencias: “En el caso irlandés no había sólo problemas de solvencia sino que el sector financiero había alcanzado una dimensión muy elevada en relación al PIB (mucho más que en España) y, además, cuando se creó el NAMA, el gran banco malo, las estimaciones sobre las pérdidas bancarias no fueron buenas”. El economista sostiene que España es un país “con mucho más soporte industrial y empresarial y con una tradición bancaria más arraigada”, por lo que los desajustes, “aún siendo importantes”, no pueden compararse con los irlandeses.

La principal semejanza es que será el Estado quien tendrá que devolver el importe de la ayuda más los intereses. El préstamo va destinado a los bancos, pero en caso de que estos no salgan a flote, será con dinero público con el que se pague de vuelta a Bruselas. Si se puede, porque España ya no podía por sí sola rescatar a sus bancos. Además, al igual que Grecia, Irlanda y Portugal, Madrid tendrá que firmar con las autoridades europeas un “memorandum of understanding”, un tratado en el que se detallen los pasos a seguir.

También será el Estado quien tendrá que devolver el importe de la ayuda más los intereses

Sin embargo, las condiciones explícitas que conlleva este rescate solo afectarán al sistema bancario, al contrario de lo sucedido hasta ahora. El gobierno se ha aferrado a este clavo no solo para evitar comparaciones sino también para lanzar un mensaje optimista y triunfalista sobre la medida negociada con Bruselas, algo que sorprendía tanto a la prensa nacional como a la internacional.

“El que ha presionado he sido yo. A mí nadie me ha presionado”, llegó a proclamar Mariano Rajoy. Ante tanto júbilo, la Comisión Europea, a través de su vicepresidente Joaquín Almunia, se vio obligada a recordarle que “quien da dinero no lo da gratis”.

Cuatro rescates en dos años

2009

4 Oct:  El partido socialista de Grecia (Pasok) gana las elecciones y corrige al alza el déficit y la deuda del país heleno.

2010

2 May: El gobierno griego aprueba en Consejo de Ministros el plan de austeridad que la Unión Europea y el FMI exigen para prestarle 110.000 millones.

2011

15 Dic: Tras negar la necesidad del rescate repetidas veces, el ejecutivo irlandés aprueba la ayuda financiera de la UE y del FMI.
7 Abr: El gobierno portugués anuncia que empiezan las negociaciones para solicitar un rescate europeo.

2012

 9 Jun: España acepta un plan de rescate para sanear las cuentas de sus entidades bancarias.
17 Jun: Nueva Democracia, a favor de la austeridad de la UE y del FMI, gana las elecciones en Grecia y puede formar un gobierno de coalición.
18 Jun: La prima de riesgo española alcanza máximo histórico: 589 puntos básicos. Al día siguiente vuelve a caer a los 514 puntos.

“Se ha dicho que la condicionalidad va a ser bancaria y eso es importante pero también es cierto que a España se le estaba siguiendo muy de cerca en sus compromisos de reforma y fiscales y este tipo de ayuda supone aún más presión y vigilancia”, apunta Carbó. No hay que olvidar que España todavía tiene que reducir su déficit, obligado por Bruselas, al 3%, y que en la actualidad este se eleva al 8,9. Además, todo apunta a que los intereses del rescate engrosarán el déficit del Estado, por lo que los ajustes en el gasto público tendrán que ser más severos para cumplir lo pactado con Europa.

Las características del préstamo todavía son un misterio. La cifra final no se conocerá hasta que las dos auditoras no españolas, Oliver Wyman y Roland Berger, concreten cómo de grande es el agujero de la banca española, aunque ya se ha filtrado que puede necesitar entre 60.000 y 70.000 millones. Grecia requirió dos rescates que sumaron 240.000 millones, el de Irlanda se alzó hasta los 85.000 y Portugal solicitó 78.000.

No obstante, los primeros detalles sobre la naturaleza del plan español han comenzado a surgir: un plazo de devolución de 15 años, un interés del 3% y cinco años de carencia, por lo que, al menos, durante los primeros años el gobierno se ahorraría los 3.000 millones de euros anuales de intereses que tendría que pagar en caso de que el dinero prestado fuera el máximo: 100.000 millones.

El gobierno, en cambio, niega que las cosas tengan que ser así. Su idea es darle el dinero europeo a los bancos con un interés del 8% para obtener una ganancia del 5%. Un negocio redondo. Sin embargo, esto no se cumplirá cuando las entidades que solicitan la ayuda sean las ya intervenidas por el Estado (Novagalicia Banco, Caixa Catalunya, Banco de Valencia y, próximamente, Bankia) ya que el dinero del FROB entonces no será prestado a los bancos, sino que entrará como capital.

Así pues, a pesar de que el rescate no es para las cuentas públicas, estas pueden verse resentidas, lo que obligaría a más tijeretazos del gasto social. España se ha librado de que el Fondo Monetario Internacional ponga dinero en su rescate, pero no ha podido evitar sus futuras visitas al país como supervisor del proceso. La temida y estricta “troika” (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) es la encargada de velar por que se cumplan los pactos fiscales pactados con Grecia, Irlanda y Portugal, es decir, por que se aplique la austeridad a rajatabla. Reducción del número de funcionarios y de sus sueldos, menores prestaciones por desempleo, retraso de la edad de jubilación, privatización de servicios públicos y un aumento de impuestos son algunas de las imposiciones de la troika.

De hecho, el FMI ya ha hecho su primera recomendación a España: subida del IVA, menos sueldo para los trabajadores públicos y la eliminación de la deducción por vivienda.El ejecutivo español, por el momento, no tiene la obligación por escrito de acometer estos recortes, pero los analistas dudan de su libertad de maniobra. Aun así, desde Grecia y Portugal ven con envidia el plan español, y ya piden renegociar sus rescates para obtener unas condiciones como las de España.

España se ha librado de que el Fondo Monetario Internacional ponga dinero en su rescate

La situación helena, tras cuatro años de desplome económico ya se ha traducido en violentos disturbios por las calles de Atenas.Pero la realidad de la pequeña república lusa es también delicada. Tras el rescate, las urnas dieron el poder al conservador Pedro Passos Coelho, quien, entre otras medidas, aumentó las jornadas laborales en el sector privado, redujo el número de días festivos, congeló salarios y recortó el gasto en el ámbito sanitario.

Así ha conseguido reducir el déficit del Estado del 9,1% de 2011 al 4,2 actual. Un logro que ha llegado acompañado de un acusado desgaste de su respaldo popular y de un fuerte incremento de la deuda pública (en 2009 esta era el 83% de su PIB y dos años después se disparó al 107,8% con el que cerró el ejercicio de 2011).

Lo más temido por políticos y economistas es que el rescate a España traiga las mismas consecuencias que los otros tres anteriores: el efecto contagio. Tras Grecia cayó Irlanda, y después poco aguantó Portugal. Entonces todas las miradas apuntaron a España, una economía mayor que las otras tres juntas, que durante un tiempo soportó los ataques de los mercados.

Una vez rescatada la banca española, la siguiente es Italia. ¿Podría la Unión Europea gestionar el rescate de la tercera economía de la eurozona?. “Sí, pero las herramientas que tiene no están sobre la mesa: El Banco Central Europeo y mecanismos de préstamo permanentes”. Quien responde es Javier Andrés, catedrático de Fundamentos de Análisis Económico de la Universidad de Valencia.

Prima de riesgo máxima

Lo que es una realidad es que los mercados no han recibido con satisfacción el rescate. En la semana uno después del anuncio de rescate, la prima de riesgo, que mide los intereses que un país ha de pagar por financiar su deuda en comparación con Alemania (considerada la más segura), se disparó. Se dijo que era la incertidumbre provocada por las elecciones en Grecia, pero una vez celebradas, y con la victoria de los aliados de la UE y Alemania, en la semana dos la prima de riesgo ha continuado escalando y el lunes alcanzó su máximo histórico: 589 puntos básicos.

Andrés está convencido de que el rescate no será definitivo: “Es un alivio para España, pero no es la solución. Hay muchos factores que provocan inestabilidad: a corto plazo han sido las elecciones griegas y a otro más largo será la deuda española porque el préstamo hay que devolverlo”.

Ese miedo ya ha calado en el gobierno español, que tras el triunfalismo inicial ha reconocido que relacionar las cuentas públicas con el riesgo bancario es “tremendamente dañino”, en palabras del presidente del gobierno español.

Tanto Rajoy como el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, han asegurado que trabajan para cambiar esa naturaleza del rescate español que impusieron durante las negociaciones países como Alemania, Holanda y Finlandia. Si no lo consiguen, y el propio Eurogrupo ya ha anunciado que legalmente no es posible, y el préstamo se materializa en las condiciones presentes, la deuda pública española se podría disparar hasta el 90% de su PIB.

De hecho, una de las consecuencias que provocaron los rescates a Grecia, Irlanda y Portugal ha sido que sus deudas públicas se han desbocado. Además, los intereses de sus bonos siguen aún por las nubes y, sobre todo, ninguna de las tres economías crece. Solo Irlanda, a principios de 2011, salió momentáneamente de la recesión, y rompió durante un trimestre la espiral negativa de la austeridad. Los opositores a los ajustes de la troika aseguran que la clave es lanzar políticas de crecimiento.

“Nadie sabe cuáles son las políticas de crecimiento. No hay un botón mágico que garantice el crecimiento de una economía. Una reforma laboral es una política de crecimiento, pero no lo asegura. Otros las ven en el gasto público, pero si no hay dinero y los países han de financiarse al 7%, es imposible. ”, advierte Andrés. Según él, ahora lo importante es diseñar una respuesta a corto plazo porque, al igual que la directora general del FMI, Christine Lagarde, está convencido de que la supervivencia del euro se decidirá en los próximos tres meses.

¿Portugal, víctima inocente?

Cuadro de azulejos en Lisboa |  © Fifi Inglima
Cuadro de azulejos en Lisboa | © Fifi Inglima

“Al distorsionar las percepciones del mercado respecto a la estabilidad de Portugal, las agencias de calificación han minado tanto su recuperación económica como su libertad política”. Así de tajante es el sociólogo Robert M. Fishman en un artículo de opinión publicado el 12 de abril de 2011 en el diario The New York Times.

El título ya dice todo: “El rescate innecesario de Portugal”. El autor achaca a “una presión injusta y arbitraria de mercaderes de deuda, especuladores y analistas de las agencias de calificación” el hundimiento del país luso, el tercer en tener que acudir a la UE para un rescate, tras Irlanda y Grecia.

Pero esta vez no habría hecho falta, argumenta Fishman: los otros dos Estados sí que tenían problemas económicos serios; Portugal, en cambio, se había mantenido bien. Tenía una deuda por debajo de la de Italia, un déficit menor que otros países europeos y una tasa de paro baja en comparación con sus vecinos, que pese al estancamiento en la primera mitad de la década volvió a caer a partir de 2007, mientras que la economía empezó a crecer ya en 2009.

“Las instituciones económicas y políticas habían alcanzado notables éxitos, cuando fueron objeto de oleadas sucesivas de ataques por parte de los mercaderes de la deuda”. Las agencias de calificación tildaron el país de inseguro y elevaron el coste de los préstamos a niveles insostenibles. Y entonces, Lisboa no tuvo más remedio que pedir un rescate, aunque no tenía parte en la crisis. Y así, añade Fishman, se tuvo que poner a merced de los “rescatadores”, que exigieron medidas poco populares: el recorte de becas, jubilaciones, ayudas sociales y salarios de funcionarios.

Europa lo podría haber evitado, cree el sociólogo, profesor en la Universidad de Notre Dame en Indiana, Estados Unidos. El Banco Central Europeo podría haber comprado la deuda portuguesa de forma masiva. Y las autoridades comunitarias podrían haber emitido regulaciones respecto a cómo las agencias de calificación categorizan la estabilidad de un país y qué credibilidad tienen sus evaluaciones.

La revolución pacífica de 1974 inauguró una era de democratización global, concluye Fishman. Su “rescate” en 2011 puede ser el inicio de un asedio a la democracia cuyas próximas víctimas serán, vaticina, España, Italia o Bélgica.

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