Protestas en Ramalá

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 15 Sep 2012

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opinion

Palestina | Septiembre 2012

Al visitar Ramalá tras varios meses de ausencia, me volvió a sorprender que las obras de construcción continuaban. En todas partes se elevaban nuevos edificios de gran altura, muchos de ellos bonitos. (Los árabes parecen tener un talento innato para la arquitectura, como confirma cualquier antología mundial de edificios).

El ‘boom’ de la construcción parece ser una buena señal, que confirma lo que asegura Israel: que la economía en la Cisjordania ocupada está floreciendo. Pero al pensarlo un poco más, mi entusiasmo se desvaneció. Al fin y al cabo, el dinero invertido en edificios residenciales no llega a fábricas u otras empresas que ofrezcan empleo y promuevan un crecimiento de verdad. Sólo muestra que alguna gente se hace rica incluso bajo la ocupación.

El ‘boom’ de la construcción muestra que hay gente que se hace rica hasta bajo la ocupación

Me estaba dirigiendo a una recepción diplomática. Entre los invitados había algunos altos funcionarios de la Autoridad Palestina y otros palestinos de clase alta.

Mantuve una charla de cortesía con el primer ministro palestino, Salam Fayyad, y algunos de los invitados, elegantemente vestidos, y me dediqué a los manjares. No pude descubrir ninguna emoción.

Nadie habría pensado que en el mismo momento se desarrollaba una agitada manifestación en el centro de la ciudad. Era el inicio de una protesta masiva que todavía continúa.

Los manifestantes de Ramalá y otras ciudades y pueblos de Cisjordania protestan contra el alto coste de vida y contra las penurias económicas en general.

Los periodistas palestinos me contaron que el precio de la gasolina en Cisjordania es casi igual al de Israel: unos ocho shekel por litro. Eso equivale a unos ocho dólares el galón en Estados Unidos o 1.7 euros por litro en Europa. Dado que el salario mínimo en Cisjordania, unos 250 dólares al mes, sólo es la cuarta parte del salario mínimo israelí, se trata de algo atroz. (Esta semana, la Autoridad Palestina se apresuró a bajar el precio).

Recientemente, las autoridades de la ocupación permitieron, por sorpresa, a 150.000 palestinos entrar en Israel durante los festivos musulmanes del Aid al Fitr, que pone fin al mes de ayuno de ramadán.

Algunos se fueron del tirón a la costa del mar, que muchos no habían visto nunca antes, aunque vivan a menos de una hora en coche. Algunos fueron a visitar las casas de sus antepasados. Pero otros muchos se fueron de compras. Según parece, muchas cosas están efectivamente más baratas en Israel que en los empobrecidos territorios ocupados.

(Por cierto, este día no se registró ni un sólo incidente).

Las protestas se dirigian contra la Autoridad Palestina. Es un poco como el perro que muerde el palo en lugar de morder al hombre que lo blande.

En realidad, la Autoridad Palestina es bastante impotente. Está atada por el Protocolo de París, el anexo económico a los Acuerdos de Oslo. Según este protocolo, los territorios ocupados son parte del “conjunto de aduanas” israelí y los palestinos no pueden fijar sus propias tarifas de aduana.

Amira Hass, reportera del diario Haaretz, enumera las siguientes condiciones: los habitantes de Gaza no tienen permiso de exportar sus productos agrícolas, Israel explota el agua, los minerales y otros bienes de Cisjordania, los campesinos palestinos pagan un precio mucho mayor para el agua que los colonos israelíes, los pescadores de Gaza no pueden faenar a más de tres millas de la costa, a los palestinos se les prohibe viajar en las carreteras principales,lo que les obliga a tomar largos desvíos y gastar tiempo y dinero.

Pero más que una restricción u otra, es la ocupación en sí la que imposibilita cualquier mejora real. ¿Qué inversor extranjero en sus cabales se metería en un territorio donde todo está sujeto a los humores de un gobierno militar que tiene todos los motivos del mundo para impedir que sus sujetos levanten cabeza? ¿En un territorio donde todo acto de resistencia puede provocar venganzas brutales, como la destrucción física de las oficinas palestinas en la “Operación Escudo Defensivo” de 2002? ¿En un territorio donde los bienes destinados a la exportación pueden pudrirse durante meses, si la competencia israelí soborna a un funcionario?

Las naciones ricas pueden entregar algo de dinero a la Autoridad Palestina para mantenerla con vida, pero no pueden cambiar la situación. Tampoco la abolición del Protocolo de París, como exigen los manifestantes, cambiaría gran cosa. Mientras la ocupación continúe, cualquier progreso, si es que hay alguno, será condicional y temporal.

Aún así, la situación en Cisjordania sigue siendo mucho mejor que la de la Franja de Gaza.

Es verdad, como consecuencia de la “flotilla turca”, el bloqueo de la Franja se ha aliviado en gran medida. Ahora, casi todo se puede llevar de Israel a Gaza, aunque practicamente nada se puede sacar de la Franja. Y el bloqueo naval sigue estando en pleno vigor.

Sin embargo, últimamente, la situación ha mejorado mucho. A través de los túneles bajo la frontera gazatí-egipcia se lleva en la práctica de todo, desde coches a gasolina o materiales de construcción. Y ahora, con los Hermanos Musulmanes en el poder en Egipto, puede que esta frontera se abra del todo, un paso que cambiaría por completo la situación económica de la Franja.

Con el nuevo gobierno egipcio puede que la frontera de Gaza se abra del todo

Nabil Shaath, el número uno de la diplomacia palestina, me contó en la recepción que esto podría ser incluso un gran obstáculo para una reconciliación de la OLP con Hamás. Porque a Hamás le podría interesar esperar hsta que la situación económica en la Franja supere la de Cisjordania, lo que aumentaría la probabilidad de que vuelva a ganar las elecciones en toda Palestina. Mahmud Abbas, por su parte, espera que el nuevo presidente egipcio consiga convencer a Estados Unidos para que apoye Cisjordania y refuerce la Autoridad Palestina.

(Cuando le recordé a Shaath que asistí, hace años, a su boda en el ahora desierto Orient House en Jerusalén, exclamó: “Entonces pensábamos que la paz estaba al alcance de la mano. Desde entonces hemos retrocedido enormemente”.

Pese a los problemas económicos, la imagen de los palestinos como víctimas indefensas y miserables dista mucho de la realidad. A los israelíes puede que les encanta pensarlo, al igual que a los simpatizantes propalestinos en todo el mundo. Pero el espíritu palestino no está roto. La sociedad palestina es vibrante y confía en sí misma. La mayoria de los palestinos están decididos a conseguir un Estado propio.

Abbas puede solicitar a la Asamblea General de Naciones Unidas que reconozca Palestina como “miembro que no es Estado”. Podría hacerlo una vez acabadas las elecciones estadounidenses. Me preguntaba en voz alta si esto realmente cambiaría la situación. “Sí, desde luego que la cambiaría”, me aseguró un alto cargo palestino en la recepción. “Mostraría a las claras que la Solución de los Dos Estados está viva y pondría fin a esa tontería de un Estado binacional”.

Camino de la recepción, no vi ni a una sola mujer en la calle con el pelo sin cubrir. El hiyab estaba en todas partes. Se lo comenté a un amigo palestino, bastante poco religioso. “El islam está avanzando”, respondió. “Pero puede que esté bien que ocurra, porque es una forma moderada de islam, que podrá bloquear a las formas radicales. Es lo mismo que lo que ocurre en otros muchos países árabes”.

No percibí ninguna simpatía por los ayatolás de Irán. Pero tampoco nadie deseaba un ataque israelí. “Si Irán bombardea Israel en respuesta,sus misiles no distinguirán entre judíos y árabes”, observó Nabil Shaath. “Vivimos tan cerca unos de otros que los palestinos serán víctimas al igual que los israelíes”.

Desde mi visita, las manifestaciones en Ramalá se han intensificado. Parece ser que Fayyad sirve de algo así como un pararrayos para Abbas.

No creo que esto sea justo. Fayyad parece una persona honrada. Es un economista profesional, un antiguo funcionario del Fondo Monetario Internacional. No es político, ni siquiera es miembro de Fatah. Su ideario económico puede ser conservador, pero no creo que esto tenga mucha importancia, visto como está la situación en Palestina.

No vi ni a ninguna mujer en Ramalá sin velo: el hiyab estaba en todas partes

Antes o después, y probablemente más bien antes que después, la ira de los palestinos empobrecidos cambiará de objetivo. En lugar de acusar a la Autoridad Palestina, se dirigirán contra su verdadero opresor: la ocupación.

El gobierno israelí sabe que esto puede ocurrir y por eso se ha apresurado a pagar a la Autoridad Palestina un avance de los ingresos por los impuestos que le debe. Si no, la Autoridad, con diferencia el mayor empleador de Cisjordania, no podría pagar los salarios a fin de este mes. Pero esto medida no es más que un parche.

Binyamin Netanyahu puede seguir entregado a la ilusión de que no hay novedad en el frente palestino, de manera que puede concentrar sus esfuerzos en que Mitt Romney gane las elecciones y asuste a Irán. Al fin y al cabo, cuando los palestinos protestan contra palestinos, todo está bien. El conflicto israelí-palestino está congelado. No hay problema.

Pero esa ilusión es lo que es: una ilusión. En nuestro conflicto, nunca nada está congelado.

No sólo los asentamientos se siguen expandiendo de forma continua, aunque silenciosa. También se mueven las cosas en el lado palestino. La presión se incrementa. En algún momento explotará.

Cuando la Primavera Árabe llegue finalmente a Palestina, su principal objetivo no será Abbas o Fayyad. Abbas no es Mubarak. Fayyad es todo lo contrario a Gadafi. El objetivo será la ocupación.

Algunos palestinos sueñan con una nueva intifada, con grandes masas marchando de forma no violenta y protestando contra los símbolos de la ocupación. Puede que sea una esperanza algo demasiado elevada… Martin Luther King no era árabe. Pero las manifestaciones en Ramalá y Hebrón pueden ser una señal de las cosas que están por llegar.

Todavía hay mucho cierto en el viejo dicho que compara el conflicto con un choque entre una fuerza irresistible y un objeto inamovible.

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