Entrevista

Mircea Cartarescu

«No nos faltan buenos autores, sino buenos traductores»

Alejandro Luque
Alejandro Luque
· 10 minutos
Mircea Cartarescu | © Heribert Corn / Zsolnay Verlag (cedida)
Mircea Cartarescu | © Heribert Corn / Zsolnay Verlag (cedida)

Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956), es probablemente el más importante escritor rumano actual. Ya en 1980 obtuvo su primer premio nacional por el poemario Faros, escaparates, fotos), galardón al que seguirían otros varios, e incluso el orden del mérito cultural en 2006. La crítica ha destacado su capacidad de moverse con soltura en diferentes estilos, comparándolo tan pronto con Dostoievski como con un «Proust sicodélico», evocando reminiscencias de Kurt Cobain, Kafka o Swift. Incluso hubo quien dijo que su dominio de tantos palos literarios «irrita».

Tras lanzar el año pasado la novela Lulu  —un drama adolescente, llamado Travesti en original, en el que el poeta se sitúa frente a la sexualidad adolescente, del que M’Sur ofrece un fragmento— , la editorial Impedimenta publica ahora la colección de relatos Nostalgia, en traducción de Marian Ochoa de Eribe. Con motivo de la edición del libro en España, Cărtărescu ha respondido por escrito una entrevista de M’Sur.

Para muchos lectores españoles, no hay literatura rumana más allá de autores como Norman Manea, una “literatura del recuerdo” de su país. ¿Qué se están perdiendo quienes piensan eso, aparte de, por ejemplo, los libros de Cartarescu?

Bueno, se están perdiendo todo un mundo. La prosa rumana es la más cercana a la prosa sudamericana de toda Europa, exceptuando quizás la española. Tenemos escritores imaginativos, y nuestra tradición más importante es la literatura fantástica. Contamos con multitud de novelas muy parecidas al llamado “realismo mágico”, pero también con novelas experimentales en la línea del nouveau roman francés o la literatura americana postmoderna. Lo que siempre nos ha faltado no ha sido ni buena literatura ni grandes autores, sino una buena gestión cultural y buenos traductores para las principales lenguas. El prejuicio de que Rumanía es una tierra de nadie donde nunca pasa nada, donde los escritores cuentan historias de un pasado oscuro y unas oscuras tradiciones populares es también una pesada losa para nosotros. Pero todos los escritores rumanos son muy conscientes de tienen que cargar con esa cruz.

¿Ha tenido usted la impresión de que, durante mucho tiempo, los rumanos que no eran disidentes estaban abocados a que los considerasen colaboracionista? ¿Cómo experimentó usted la vida en medio de ese fuego cruzado?

He vivido los primeros 33 años de mi vida en una dictadura. Durante esos años, conocí a innumerables personas que no eran disidentes, ya que eso implicaba ser objeto de un terrible acoso, pero que al mismo tiempo quedaban lejos de ser colaboradores del régimen totalitario. Si usted aún recuerda a Franco, ya supondrá como era. Pero, mientras que después de la guerra, Franco era un caso aislado y el fascismo internacional estaba ya muerto, Ceausescu formaba parte de un sistema comunista que, en aquella época, parecía inmortal. En Rumanía nadie tenía esperanzas de librarse de la dictadura en aquellos tiempos, porque teníamos al gigantesco imperio soviético al lado. Por eso la gente no luchaba por derrocar al régimen, sino por sobrevivir y defender su trabajo. En los diez años de actividad literaria que mantuve durante el régimen comunista, escribí cuatro libros, algunos de los mejores que nunca he escrito. Nostalgia fue uno de ellos. Ahora estoy contento de haber podido escribir ese libro en aquellos terribles momentos.

¿Qué significó ser un escritor rumano laureado en una época tan temprana como los años 80?

En los ochenta no había “escritores laureados”. A partir de los setenta, el poder sentía miedo y repulsión hacia los escritores. Fue sólo durante los años cincuenta cuando el régimen adoptó como costumbre recompensar a los escritores afines y tratarlos como valores nacionales. En los ochenta a los escritores nos trataban como fuentes insignificantes y molestas de desasosiego social, y por eso nos vimos marginados en un gueto cultural. Pero en aquellos momentos yo era demasiado joven como para que me considerasen escritor. Durante los últimos diez años del régimen de Ceausescu trabajé como profesor de instituto en un barrio bajo de Bucarest.

¿Cree usted que su versatilidad como escritor, con tantos registros literarios, podría volverse algo molesto? ¿Qué es lo que Cartarescu no se atreve a escribir?

En realidad no me preocupo de las molestias que mis libros puedan provocar. Escribo lo que pienso y lo que debo. Me encanta probar todas las maneras de expresarme que puedo. Me encanta escribir poesía, prosa, ensayo, artículos periodísticos… Soy escritor, y lo que importa no es mi estilo al escribir, sino la calidad de mis libros. De todas maneras, nunca me he atrevido a escribir obras de teatro, ni guiones cinematográficos. Así que aún queda esperanza de futuro para mí.

¿Quién ha sido mayor influencia para su generación, Kurt Cobain o Franz Kafka? ¿Con quién más se considera usted en deuda?

Oh, durante los ochenta era, como cantaba Jethro Tull, “demasiado viejo para el rock and roll y demasiado joven para morir”. Así que ni Cobain ni Kafka entraban en la ecuación… Las influencias de mis libros son demasiadas para enumerarlas ahora mismo, pero creo que crecí dentro del espíritu de los llamados “clásicos de la Modernidad”; Joyce, Musil, Broch, Proust, Virginia Woolf, Canetti, y, bromas aparte, Kafka por supuesto. Entonces descubrí la ficción sudamericana; Cortázar, Sábato, Borges, Márquez, Llosa… Y finalmente, me deleité leyendo a autores norteamericanos postmodernos; Pynchon, Gass, Coover, John Hawkes, Barthelme… No le voy a decir mis influencias rumanas, ya que de todos modos no las recordaría.

¿Cómo cree que leerá el público español las historias incluidas en Nostalgia, en comparación con el público rumano?

Yo no escribo para un público concreto, nacional o no, sino para un tipo concreto de persona. Si eres lector mío, te gustarán mis libros. Si no, da lo mismo. Después de todo, nadie es perfecto. Le voy a decir una cosa; en mi casa, los libros que hay en las estanterías no están ordenados por nacionalidad, ni por período ni nada. Te puedes encontrar a Hemingway al lado de Chekov y Homero sin ningún problema. La única norma que cumplo es no poner a malos escritores en mis estanterías. Todos los escritores que respeto no tienen más nacionalidad que la de Castalia, la república de las Letras, de la que hablaba Hesse.

Nostalgia se publicará dentro de poco en España. ¿Cómo cree usted que ha tratado el paso del tiempo a su trabajo?

Pues con mucha ternura. Tenía veintiocho años cuando lo terminé, hace ya casi treinta años. Incluso ahora pienso que la hermosa historia de “REM” es la mejor construcción ficticia que podría haber imaginado nunca. Las demás también me gustan. Nostalgia es un libro hecho para enamorarse de él. A veces me fastidia que el joven Cartarescu fuera quien lo escribiese, ya que eso me ha obligado a trabajar duramente durante treinta años para superarlo. Incluso hoy día mis enemigos literarios comparan Nostalgia con mis trabajos más recientes para demostrar cuánto he decaído últimamente…

¿Cómo viven su sexualidad los rumanos? ¿Tienen sus propios tabúes? ¿Han experimentado un proceso de liberación en décadas recientes?

No lo sé, no he profundizado mucho en el tema. Lo único que puedo suponer es que es como en cualquier otro sitio; hay un gran abismo entre la generación de nuestros padres, que eran jóvenes en los cincuenta, y nosotros. Yo diría que después del 68, todo el mundo llegó al 69… Quizás haya algo que decir sobre la homosexualidad. Sí, en ese aspecto ha habido grandes cambio. Durante el régimen comunista, ser gay era un crimen penado con la cárcel. A muchos homosexuales los extorsionaba la policía secreta para obligarlos a convertirse en colaboradores. A día de hoy, tenemos ONGs gays, desfiles gays y todo lo demás, como en todas partes. A algunos les gusta, a otros no, pero expresar tu orientación sexual en Rumanía ya no representa peligro alguno.

Usted estuvo a favor de la Unión Europea. ¿Cree que se han cumplido las expectativas? ¿Ha habido mucha decepción?

Sí que hay decepciones. La burocracia de la UE en Bruselas es lenta e ineficaz.La crisis económica ha ahondado las diferencias entre aquellos países que pueden resistir y aquellos que necesitan ayuda.El euro casi no puede hacer frente a los problemas financieros mundiales. Pero aun así, creo que una Europa fuerte y unificada es nuestra mejor baza para tener éxito dentro de un mundo tan competitivo, así como para preservar los valores y la forma de vida europea. Europa es crucial para el destino de la cultura, ya que somos el último bastión de la alta cultura frente a la invasión de la cultura popular en todas partes del mundo.

Sólo para iluminar un poco al lector español, que suele estar poco informado en cuanto a la realidad rumana; ¿qué impacto tienen las grandes fortunas del país en la política rumana? ¿Y la mafia? ¿Hasta qué punto cree usted que ha llegado la corrupción?

La corrupción siempre ha sido el problema más importante, pero ahora me contentaría si solamente fuéramos corruptos. Los acontecimientos políticos del verano pasado han puesto al descubierto las debilidades del propio Estado rumano, de sus instituciones y de su sistema legal. La democracia misma se puso en grave peligro, y la reacción internacional fue lo único que pudo ponerle freno a un golpe de estado político que habría transformado mi país en un estado nacionalista anti-europeo como Hungría. El peligro aún no ha pasado, ya que la gente que atacó los valores democráticos rumanos este año siguen en el poder.

¿Le preocupa la fuerza de la extrema derecha en Rumanía, desde Noua Dreapta hasta Romania Mare?

Bueno, el populismo no es ni de izquierdas ni de derechas, solo es la tiranía de las mayorías manipuladas. Creo que el populismo es el mayor de los peligros no sólo para Rumanía, sino también para todos aquellos países que no puedan afrontar la crisis estos años. Y en cuanto a los extremistas de extrema derecha auténticos, no son, en lo que a mí respecta, un fenómeno preocupante de verdad en mi país actualmente. De vez en cuando algunos locos antisemitas niegan la participación de Rumanía en el Holocausto, pero esas opiniones son bastante aisladas.