Reportaje

Algo más que carne

Irene Savio
Irene Savio
· 8 minutos

 

Protesta feminista contra Berlusconi, en 2010 / Irene Savio
Protesta feminista contra Berlusconi, en 2010 / Irene Savio

Hay países que matan a sus mujeres y esconden la cabeza debajo del suelo. Italia, el cuarto país por población de Europa, es uno de ellos. En lo que va de año fueron asesinadas 116 mujeres. En los últimos cuatro años han muerto de manera violenta casi 500 italianas.

Se trata de un fenómeno que, hasta ahora, no provoca alarma social, a pesar de que va en aumento y que no existe una verdadera ley contra la violencia de género. Además, Italia aún incumple parte de la normativa europea antiviolencia.

«La realidad indica que estamos frente a una situación desesperante. Una ola de feminicidios frente a la cual aún no hay un antídoto eficaz, ya que no provoca la indignación y la condena del conjunto de la sociedad, al tiempo que todavía carecemos de iniciativas concretas para contrastar el fenómeno de forma sistemática», explica Gabriella Moscatelli, la presidenta del Teléfono Rosa en Italia. Los datos de la organización que preside Moscatelli —que desde 1993 observa el fenómeno— y de la consultora SWG evidencian el crecimiento de los casos en Italia. En 2009, hubo 119 homicidios de mujeres a manos de maltratadores, en 2010 fueron 127 y en 2011 se llegó a los 136. Por el contrario, los homicidios de hombres han bajado dos tercios en el país desde 1992.

Romper con todo cuando hay un hijo de por medio —es el caso de 8 de cada 10 víctimas— no es fácil

Los observadores encuentran entre las primeras causas que no exista una verdadera ley que reconozca el delito de violencia machista como tal. A diferencia de otros países europeos, como España, donde sí hay una ley explícita. Motivo por el cual la senadora Anna Serafini, del progresista Partido Democrático (PD), presentó en julio un proyecto de ley en el que se reclama una planificación de mayor alcance para combatir esta plaga. Entre otras cosas, pide la incorporación de penas más severas para los maltratadores y unidades policiales y sanitarias especializadas en atender a las víctimas. Porque no las hay, por ahora.

El Parlamento, sin embargo, todavía no ha empezado a discutir sobre ello, una situación que se imputa a la crisis económica que atenaza a Italia. Pero tampoco parece ser una prioridad del Gobierno de Mario Monti. Después de hablar repetidamente sobre la necesidad de una mayor integración de la mujer, no ha sabido concretar aquellos buenos propósitos. «Es necesario que la ley sea aprobada lo antes posible», ha recalcado Serafini en defensa de su proyecto.

El problema es que, si bien es verdad que en los últimos años en Italia se han aprobado medidas que castigan indirectamente la violencia contra la mujer, como la ley de 2009 que combate el acoso físico, según la agencia CEDAW de Naciones Unidas «existe una brecha inmensa» entre la legislación y la práctica.

Pocas italianas denuncian. El promedio es entre el 5 y el 10% del total, según las diversas estimaciones de los expertos. Esto porque, entre otros motivos, romper con todo, más aún cuando hay un hijo de por medio (y es el caso de ocho de cada diez víctimas en Italia), no es fácil. Otro factor es el económico: el país todavía incumple la directiva 2004/83/CE del Consejo de Europa, que prevé que se les dé una indemnización a las afectadas. Aunque también inciden otros motivos, como la falta de información sobre cuáles son las pruebas que se deben presentar para alejar a un acosador, los pocos centros antiviolencia que hay (uno para cada 5 millones de habitantes) y la interminable duración de los juicios en Italia.

Un proceso por violencia sexual dura como promedio cinco años y medio, uno por divorcio tres años

Un proceso por violencia sexual en Italia suele durar cinco años y medio, uno de divorcio, tres años. Y éste es un punto clave, según los analistas. Porque los homicidios de mujeres en Italia, más aún que en otros países, se dan dentro de la familia: en el 87% de los casos. La mayoría son fruto de la violencia del cónyuge. No de los ex. Además, el 75% de los maltratadores son italianos, el 80% hombres que llevan una vida normal, sin problemas psicológicos graves y que actúan por voluntad propia, debido a su personalidad, y, en menor medida, por celos y dependencia de alcohol o drogas.

Son múltiples los motivos, en el origen, de los malos tratos. En opinión de los observadores, influye la cultura machista, el modelo de familia patriarcal que propone con fuerza la Iglesia católica y la falta de aceptación de una parte de la sociedad a una completa emancipación de las italianas, a pesar de que éstas aún estén lejos de alcanzar este objetivo. Tanto que Italia ha caído 6 niveles en el Informe Global de la Brecha de Género de 2012, del Foro Económico Mundial, situándose ahora en el puesto 80, detrás de países como Honduras y Botswana. En Europa solo está delante de Grecia y Malta.

A pesar de que en la década de los 70, en Italia se aprobó tanto el divorcio como el aborto y se borró de la legislación que el hombre era el jefe de la familia, este proceso de reconocimiento de los derechos de la mujer como persona no ha continuado, algo que las organizaciones feministas achacan a los gobiernos de Silvio Berlusconi.

Las cifras

La conciencia de que la violencia machista es un grave problema social es relativamente nueva y sólo en los últimos años se han empezado a registrar los hechos de forma sistemática para conocer y combatir el fenómeno. Algunos países del norte del Mediterráneo y la mayoría de la ribera sur aún no disponen de estadísticas fiables o ni siquiera estimaciones aproximadas. Entre los que sí mantienen registros varía la definición de qué es un asesinato de violencia machista. En Turquía, la cifra se basa en los casos recogidos por la prensa y engloba también los casos de mujeres asesinadas por sus hermanos o hijos, aunque la mayor parte corresponde a maridos, exmaridos, novios, exnovios o pretendientes.

Año 2011

PAÍS VÍCTIMAS POR MILLÓN DE HABITANTES

Portugal 23 2,3
Turquía 155 2,2
Italia 136 2,2
Francia 122 2,0
Alemania 154 1,9
España 60 1,3

«El país se ha quedado atrás, ha frenado su evolución material y cultural», explicaba recientemente la líder del sindicato CGIL, Susanna Camusso. Ella es una excepción: se convirtió en la primera mujer en presidir su gremio en un país en el que son mujeres el 10,6% de los alcaldes, ninguna mujer es jefa de un partido y las féminas suman poco más que el 6% en los Consejos de Administración de las compañías.

El movimiento «Si no ahora, ¿cuándo?» nació a mitad de 2011 precisamente con el fin de contrastar el modelo cultural de mujer objeto y para hacer oír su voz en pleno apogeo del escándalo por las controvertidas relaciones de Berlusconi con prostitutas de lujo.

«Pero no es nuestro único objetivo. Ni Berlusconi el único culpable. Un punto importante es hacer campañas de educación. ¡Ni en las facultades de Derecho se estudia el fenómeno!», recalca la abogada Antonella Anselmo, que pertenece a esa entidad. «En los últimos diez años un elemento nuevo también está influyendo con fuerza: la mercantilización del cuerpo de la mujer en la tele y en la prensa», añade.

De hecho, con algunas excepciones, los medios de comunicación no ayudan en Italia. Lo confirma CEDAW: según este organismo, el 46% de las mujeres aparece en los medios asociada a contenidos de sexo, moda o belleza y sólo el 2% a sus profesiones o a su compromiso social. A esto se suma el que los feminicidios sean presentados como fruto de la acción repentina de hombres que actúan sin predeterminación cuando estos asesinatos casi siempre llegan tras una cadena de vejaciones y reproducen un modelo de agresión determinado.

«Es por eso que, además de reprimir con penas más severas, también debemos intervenir con la implementación de cursos en las escuelas primarias y secundarias. Es necesario que el respeto hacia las mujeres sea interiorizado como un patrimonio desde la temprana edad», coincide Moscatelli. «Esto es fundamental», puntualiza.

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© Irene Savio | Parcialmente publicado en Foreign Policy