La fría venganza

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 18 Dic 2012

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“La venganza es un plato que se sirve frío” es un dicho atribuido a Stalin, pero no sé si lo dijo de verdad. Cualquier posible testigo fue ejecutado tiempo ha.

En cualquier caso, el gusto por la venganza tardía no es una característica israelí. Los israelíes son más impulsivos, más inmediatos. No hacen planes, improvisan.

En este aspecto, Avigdor Lieberman tampoco es israelí, sino ruso.

Cuando “Evet”, como le llaman en ruso, seleccionó a su bancada de la Knéset hace cuatro años, actuó como siempre y siguió su impulso de aquel momento. Nada de tonterías sobre democracia, primarias y cosas así. Hay un líder, y el líder decide.

Había una mujer muy guapa de San Petersburgo, Anastassia Michaeli, que, aunque no fuera muy lista, era agradable de mirar durante las aburridas charlas de la Knéset.

También estaba aquel simpático señor con ese nombre tan ruso, Stas Miszhenikov, imposible de pronunciar para los israelíes. Es popular entre los inmigrantes rusos, así que, davay, nos lo quedamos.

También ese diplomático israelí, Danny Ayalon, que nos puede venir bien si me nombran secretario de Exteriores.

Pero los impulsos pasan, y los elegidos siguen elegidos durante cuatro años.

La guapa resultó agresiva, además de idiota. Durante un mitin público del comité de la Knéset, se levantó y le tiró un vaso de agua encima a uno de los miembros árabes. En otra ocasión, atacó físicamente a una diputada árabe en la tribuna de la Knéset.

El ruso simpático acabó siendo demasiado simpático. Se emborrachaba con regularidad y organizaba fiestas para su amante en el extranjero, con todos los gastos pagados por su ministerio. Hasta sus guardaespaldas se quejaron.

Y el diplomático los superó a todos, invitando a los periodistas a ser testigos de cómo humillaba al embajador turco al colocarlo en un asiento muy bajo durante una reunión. Esto desembocó en el conocido incidente de la Flotilla de Gaza turca, que fue, y sigue siendo, algo tremendamente perjudicial para los intereses estratégicos israelíes. Además, Ayalon se dedicaba a hacer filtraciones de manera compulsiva.

Lieberman no reaccionó ante todo esto. Defendió a su gente y criticó a los que le criticaban, quienes al fin y al cabo no eran más que gentuza de izquierdas.

Pero ahora ha llegado el momento de elegir a la facción de Lieberman para la próxima Knéset, de nuevo sin tonterías democráticas. Para su mayor consternación, a los tres se les ha destituido en menos de cinco minutos. Todo sin la menor muestra de emoción. Con mucha frialdad.

No te metas con gente como Lieberman, como tampoco te meterías con Vladimir Putin y compañía.

Si yo fuera Benjamín Netanyahu, no me preocuparía por Abbas, Ahmadineyad, Obama, Morsi o la oposición combinada de la Knéset. Mi preocupación se centraría en Lieberman, justo a mi espalda. Estaría muy, pero que muy preocupado. Cada minuto del día.

Hace dos semanas, acontecieron sendos hechos fatídicos que pueden acelerar la caída política del “Rey Bibi”. Uno fue cosa suya, el otro no.

Si yo fuera Netanyahu, no me preocuparía por Ahmadineyad o Morsi sino por Lieberman

En las primarias del Likud, dominadas por la manipulación y los tratos sucios., se eligió una nueva facción de la Knéset compuesta casi exclusivamente por miembros de extrema derecha, incluyendo a fascistas declarados y que son, en muchos casos, colonos o representantes suyos. En contra de los deseos de Netanyahu, a toda la derecha moderada se le dio la patada.

Obviamente, Netanyahu también es de extrema derecha, pero le gusta hacerse pasar por un hombre de estado moderado, responsable y maduro. Los moderados le han servido de coartada.

El nuevo Likud no tiene nada que ver con el partido “revisionista” original que le precedió. El fundador del partido hace 85 años, Vladimir (Ze’ev) Jabotinsky, un periodista y poeta nacido en Odessa y educado en Italia, era un nacionalista extremista y un demócrata muy liberal. Acuñó una nueva palabra especial en hebreo (“Hadar”) para su visión del judío ideal: Justo, honesto, decente, que lucha denodadamente por sus ideales, pero que es también magnánimo y generoso para con sus adversarios.

Si Jabotinsky pudiera contemplar a sus últimos herederos, quedaría asqueado (en su momento aconsejó a Menachem Begin, uno de sus pupilos, que se tirase al río Vístula si dejaba de tener fe en la conciencia humana).

Justo antes de las primarias del Likud, Netanyahu hizo algo increíble: Llegó a un acuerdo con Lieberman para unificar sus dos listas electorales.

¿Por qué? Su victoria en las elecciones parecía ya algo seguro, pero Netanyahu aplica tácicas políticas de forma compulsiva sin ser un estratega, sino un cobarde. Quiere jugar sobre seguro. Con Lieberman, su mayoría tendría la solidez de Fort Knox.

¿Pero qué pasará dentro de la fortaleza?

Lieberman, ahora número dos, se quedará con el ministerio más importante y poderoso; el de Defensa. Esperará pacientemente, como un cazador acechando a su presa. La facción unificada será ideológicamente mucho más cercana a Lieberman que a Netanyahu. Lieberman, el frío y calculador, aguardará hasta que la presión internacional obligue a Netanyahu a hacer algunas concesiones a los palestinos, y entonces atacará.

Netanyahu es de extrema derecha, pero le gusta pasar por moderado

Esta semana hemos podido ver el preludio. Después del abrumador reconocimiento de Palestina como Estado por parte de la ONU, Netanyahu “contraatacó” anunciando sus planes para la construcción de 3.000 nuevos hogares en los territorios palestinos ocupados, incluyendo Jerusalén oriental, la inevitable futura capital de Palestina.

Hizo hincapié en su determinación por llenar el área llamada E1, ese espacio aún vacío entre Jerusalén occidental y el gigantesco asentamiento de Ma’aleh Adumin (que, por sí solo, tiene un área municipal más grande que Tel Aviv). Esto aislaría la parte norte y la parte sur de Cisjordania de manera efectiva, sin contar el pequeño pasillo cerca de Jericó.

La reacción internacional ha sido más fuerte que nunca. Animados sin duda entre bastidores por el presidente Obama, los países europeos convocaron a los embajadores de Lieberman para protestar por la medida (ya que Obama es demasiado cobarde para hacerlo él mismo). Angela Merkel, que suele ser el felpudo bajo los zapatos de Netanyahu, le advirtió de que Israel se arriesgaba a quedar aislado por completo.

Si Merkel cree que así va a intimidar a Netanyahu o a los israelíes en su conjunto, está completamente equivocada. En realidad, los israelíes agradecen el aislamiento. No porque sea “espléndido”, como solían pensar los británicos, sino porque vuelve a confirmar que el mundo entero es antisemita, y no se puede confiar en nadie. Así que al infierno con todos.
¿Y qué pasa con  los demás partidos? Yo casi me pregunto; ¿qué partidos?
En la política israelí, con sus numerosos partidos, lo que en realidad importa son los dos bloques; el religioso de derechas y… bueno, el otro bloque.

En Israel no existe un bloque “de izquierdas”. La izquierda es hoy en día, como la homosexualidad de Oscar Wilde, “el amor que no osa pronunciar su nombre”. En vez de eso, ahora todo el mundo dice ser “de centro”.

Un asunto aparentemente sin importancia ha suscitado mucha atención esta semana. El Partido Laborista de Shelly Yachimovich ha puesto fin a su largo acuerdo de “votos de sobra” con Meretz, y ha hecho uno nuevo con “Hay Futuro” de Yair Lapid.

Dentro del sistema electoral israelí, que es estrictamente proporcional, se pone mucho cuidado en que no se desperdicie un solo voto. Por eso dos listas electorales pueden llegar a un acuerdo previo para combinar los votos de sobra que les queden tras la asignación de escaños, para que uno de ellos pueda obtener uno más. En ciertas situaciones, este escaño adicional puede ser decisivo para la división final de los dos bloques mayoritarios.

El Partido Laborista y Meretz tenían una alianza natural. Ambos son socialistas. Puedes votar al Laborista y aun así estar satisfecho de que tu voto acabe ayudando a que salga elegido otro miembro de Meretz. Reemplazar este acuerdo con otro partido no es baladí, especialmente si el otro partido es una lista hueca, sin ideas serias, ansioso por unirse al gobierno de Netanyahu.

Los israelíes agradecen el aislamiento porque confirma que el mundo es antisemita

Sin representar nada más que el carisma personal de Lapid, este partido podría adjudicarse unos ocho escaños. Lo mismo ocurre con el nuevo “Movimiento” de Tzipi Livni, improvisado a la carrera en el último momento.

Meretz es un partido antiguo y leal, que siempre hace las declaraciones correctas y se mantiene apartado de la corrupción. Por desgracia, tiene el mismo carisma que una tetera vieja. Ninguna cara nueva en una época en la que las caras cuentan más que las ideas.

A los comunistas los consideran el partido “árabe”, aunque cuentan con un candidato judío. Al igual que los otros dos partidos “árabes”, tienen poco peso, sobre todo teniendo en cuenta que aproximadamente la mitad de los ciudadanos árabes ni siquiera votan, por indiferencia o indignación.

Eso nos deja al Laborista. Yachimovich ha tenido éxito en su esfuerzo de imbuir nueva vida en su partido medio muerto. La lista electoral cuenta con nuevas caras que le dan alegría, aunque algunos de los candidatos no se hablan entre ellos. Horas atrás, Amir Peretz, el antiguo ministro de defensa, dejó a Shelly por Tzipi.

Pero, ¿es esta la nueva oposición? No en lo concerniente a asuntos de pequeña importancia como la paz (palabra que no se debe mencionar), el enorme presupuesto militar (ídem), la ocupación, los colonos (a Shelly le caen bien) o los ortodoxos (a Shelly también le caen bien). Si se le presiona, Shelly admite que está “a favor de la solución de los dos Estados”, pero en el Israel actual eso no significa casi nada. Lo que es más importante, se niega categóricamente a comprometerse a no unirse a la coalición Netanyahu-Lieberman.

Bien podría ser que el que acabe ganando las elecciones dentro de seis semanas sea Avigdor Lieberman, el hombre de la fría venganza. Y eso será el comienzo de un capítulo completamente distinto.

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