«No se puede dejar de lado la ambición por la libertad»

Jorge Sampaio

Publicado por

Imane Rachidi

Publicado el 15 Feb 2013

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Jorge Sampaio |  © Presidencia de Portugal (presidencia.pt)
Jorge Sampaio | © Presidencia de Portugal (presidencia.pt)

Jorge Sampaio hace balance de sus seis años al frente de la Alianza de Civilizaciones. Una iniciativa de Naciones Unidas que no ha conseguido poner fin al conflicto más antiguo de la historia, el palestino-israelí.

Tras tres años como líder socialista de la oposición en la República de Portugal y cinco años como alcalde de Lisboa, Jorge Sampaio pasó a ser presidente del país luso en 1996. La prudencia que caracterizó su gobierno entonces es la misma con la que nos recibe en el Ministerio de Exteriores español.

“No hablo de Portugal fuera de Portugal. Cualquier cosa que diga puede ser utilizada en mi contra”, ironiza Sampaio, de 68 años, antes de comenzar esta entrevista. Está en Madrid para hablar de la organización de la que es Alto Representante desde 2006, la Alianza de Civilizaciones. Una iniciativa que nació con la intención de unir los diferentes pueblos del Mediterráneo, y que este abogado mira con mucho optimismo.

El nombre “Alianza de Civilizaciones”, aplicado al espacio mediterráneo, suscita la idea de que, por ejemplo, los países árabes y España no pertenecen a la misma civilización, sino a dos distintas. ¿Qué define una civilización?
Lo que tenemos delante son diversas culturas. Yo encontré una idea magnífica que era la Alianza de Civilizaciones, enfocada como un modo de relanzar la temática de la paz y del dialogo, después de la tesis de Huntington sobre el choque de civilizaciones. Nuestra individualidad está compuesta de varias aportaciones culturales, familiares, de medio ambiente. Por tanto, hay que intentar colocar en la mesa política el tema de la diversidad cultural como algo que se debe tratar al mismo tiempo que la economía, las finanzas, el desarrollo sostenible… Y si queremos tener una actuación preventiva o de control de los conflictos, hay que tener el tema de la diversidad cultural presente: el dialogo para la comprensión es algo fundamental.

Entonces, ¿cree que podremos hablar alguna vez de una misma civilización en el mundo?

«Tenemos que encontrar un denominador común, que es la dignidad humana»

No quiero entrar en concepciones teóricas sobre civilizaciones. Somos hombres y mujeres, y todos pertenecemos a la especie humana. Es cierto que tenemos diferencias culturales pero también muchos puntos en común. Y sobre todo, tenemos que encontrar un denominador común, que es la dignidad humana como elemento fundamental que permite diferencias de régimen, aportaciones diversas, identidades diversas, orgullos de la identidad propia, etc. Es una cosa compleja y difícil, pero hoy mucha gente refleja la necesidad de tener una identidad formada por su propio ambiente.

Como la que hay en los dos lados del Mediterráneo…
Me parece que han ocurrido tantas cosas en tantos siglos, y que han ocurrido todas en el Mediterráneo. Y ha habido tantos contactos que han trazado cosas comunes, dejando de lado las perspectivas colonizadores que hubo durante tiempo. Tenemos un Mar Mediterráneo que tiene muchos puntos de afinidad e interculturalidad, pero hay que tener claro que hay culturas propias de cada país y región.

¿Cuáles son los mayores logros de la Alianza? ¿Cuáles le producen satisfacción personal como éxitos de su mandato? ¿Y qué le habría gustado conseguir?
Es difícil establecer eso. Lo más significativo es el relator de alto nivel que creó la Alianza para un grupo de 135 miembros entre naciones y organizaciones internacionales, con la dimensión nacional y regional, y que ahora tiene actividad en varios puntos del mundo. Unos más exigentes y otros menos, pero este ha sido el gran logro que hemos conseguido. Y ahora la continuidad está abierta.

¿Y no se ha quedado con ganas de hacer algo en concreto?
No, sinceramente nada. El mandato termina con una Alianza consolidada, con estrategias regionales, con planes nacionales, con actividades en todo el mundo. Y esto ha sido algo que se ha construido en tan sólo 5 años.

Durante el Foro de Socios de la Alianza en Estambul, en mayo de 2012, el Secretario General de la Organización de la Conferencia Islámica, Ekmeleddin Ihsanoglu, nombró “actos odiosos como la masacre de Noruega o la quema de ejemplares del Santo Corán” como ejemplos de la intolerancia. ¿Hasta qué punto los teólogos de ambos lados intentan marcar hoy el diálogo sobre lo que son las prioridades para el respeto mutuo?

«Hay que poder discutir si hay límites a la libertad de expresión o no»

En este tipo de accidentes, cada situación tiene su historia, y no siempre la historia es buena. Pero no podemos aplastar la historia, al igual que no aplastamos las Cruzadas y tantas otras cosas del pasado. Tenemos que vivir para el futuro. Lo esencial ahora es trazar los diversos actores que se preocupan por estos temas, establecer una plataforma común de acciones.

¿Acciones en qué sentido?
Sobre el campo de la educación, de la percepción del otro, de la aceptación de las diferencias culturales, del derecho a la libre expresión, de poder discutir sin problema un tema de gran complicación, de gran exigencia, como es saber si hay límites a la libertad de expresión o no. También hay que analizar los elementos que fallan en la educación y localizarlas de forma inmediata, sobre todo teniendo en cuenta los medios y capacidades actuales de multiplicación, que son elementos muy peligrosos.

Usted pasará el testigo a Nasser Abdulaziz al-Nasser, diplomático de Qatar, un país poco democrático que sigue una corriente severa del islam. ¿Será más difícil consensuar unos valores fundamentales de libertades públicas, si éstos no se asumen en los países de la Península Arábiga?
No. Es una iniciativa del secretario general de la ONU que nos da un mandato claro que debemos representar. La Alianza tendrá su continuidad y yo espero, con certeza, que haya ideas nuevas. Hay algo que no se puede dejar de lado y es la ambición por la libertad y los derechos humanos. Esto es algo esencial independientemente de cada miembro de la Alianza. Hay un patrimonio consolidado. Son cinco años de funcionamiento y yo creo que ese patrimonio será incluso más abierto y fuerte.

Cuando lo nombraron en 2007 usted dijo que la resolución del conflicto entre Israel y Palestina era “absolutamente esencial” para que la Alianza no sea “una utopía” sino una realidad. Seis años después, las grandes potencias no han dado pasos reales hacia esta resolución. ¿Qué balance hace?
Eso es competencia de las organizaciones políticas internacionales, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del Cuarteto. La Alianza se dedicó, por ejemplo en sus cursos de verano, a tener estudiantes de Israel y de Palestina e intentar aproximarlos en el terreno. Hay que distinguir entre lo que es estrictamente político, que les compite resolver a las instituciones políticas, y la Alianza, que no fue creada para eso.

«La Alianza se dedicó a aproximar a estudiantes de Israel y de Palestina en el terreno»

Me ha comentado antes que hay que llevar a la mesa de diálogo político la existencia de diversas culturas y la temática de la paz, en este caso se dan ambas condiciones…
Hay muchos conflictos hoy en el mundo, no sólo el conflicto Israel-Palestina, que es más conocido al ser el más antiguo. Tenemos que atender a las diversas competencias que nos dan a cada uno y trabajar para encontrar soluciones. No se pueden tener tantos conflictos en las sociedades, con las consecuencias terribles que tienen desde el punto de vista social.

¿Se siente decepcionado por el devenir de la Primavera Árabe? ¿Sus éxitos serán también para la Alianza? ¿Su fracaso les lastrará a ustedes?
No estoy sorprendido porque no se puede esperar que se pase de una situación como en la que estaban a una democracia plena en menos de dos años. No es posible. Los procesos de transición son siempre muy difíciles y espero que haya posibilidades de que tengan una transición equilibrada.

¿Cómo afecta la situación de esos países a la Alianza?
La Alianza está disponible para ayudar en sus competencias y capacidades en el campo de la juventud, de la educación, la inmigración… Pone todas sus capacidades a disposición de las tradiciones. Pero las tradiciones son nacionales. Los actores nacionales son los que marcan el camino a seguir, nosotros tenemos que estar disponibles pero no podemos interferir o decir que no tenemos ningún modelo salvo el de unos principios fundamentales determinados en los que la Alianza basó sus actividades desde siempre.

La Primavera Árabe consiguió que desde Occidente se observara con esperanza y simpatía los sucesos del mundo árabe. Ahora el estallido de violencia en Malí y el ataque a una planta industrial en Argelia vuelven a poner el miedo al terrorismo en primera plana del debate Occidente-Mundo Árabe. ¿Cómo deberíamos reaccionar?
Ante esa dimensión terrorista siempre hay que estar combatiente. Una cosa es hacer todo el trabajo que tiene que ver con la necesidad de la comprensión, de la diversidad cultural y del dialogo en el sentido que he mostrado en esta entrevista, que es el objetivo necesario de la Alianza Y otra cosa es combatir el terrorismo, que es muy claro en su complejidad y su dificultad. No podemos estar sin prestarle atención porque es un problema muy serio.

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