El discurso que no se dio

Publicado por

Uri Avnery

Publicado el 23 Mar 2013

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Queridos ciudadanos de Israel,

Siento la necesidad de hablaros directamente, y en especial a los jóvenes judíos de entre vosotros, a fin de llegar a vuestras mentes y tocar vuestros corazones.

Para hacerlo, he renunciado al gran honor de hablar en vuestra Knéset, como hicieron mis predecesores antes de mí. La Knéset, como todos los parlamentos, está conformada por políticos, pero esta vez quiero hablaros directamente a vosotros.

Vengo como un verdadero amigo. Un verdadero amigo debe contaros la verdad tal como la ve. Un verdadero amigo no os adula. No desea tergiversar la verdad para haceros sentir bien.

Lo sé, hombres y mujeres de estado extranjeros vienen a visitar vuestro país y se sienten obligados a deciros lo maravillosos que sois, qué líderes tan brillantes tenéis, qué logros tan grandes habéis conseguido. No creo que un verdadero amigo necesite hacer esto.

Cuando estás borracho, un verdadero amigo no te anima a coger el volante. Un verdadero amigo te pide las llaves de tu coche.

Si estás borracho de poder y éxito, un verdadero amigo no te incita a comportarte irresponsablemente.

“Cuando estás borracho, un verdadero amigo no te anima a coger el volante”

Este es mi objetivo hoy.

Puedo deciros con sinceridad que siempre he admirado el Estado de Israel, que nació solo trece años antes que yo.

Habéis creado un estado vibrante de la nada. Tan solo unos años después del terrible holocausto, uno de los mayores crímenes en los anales de la humanidad, este antiguo pueblo ha resurgido de las cenizas y se ha establecido como una presencia poderosa entre las naciones. Habéis establecido una democracia próspera. Vuestra ciencia, agricultura, industria de alta tecnología y todos los demás logros en muchos campos han provocado la envidia de muchos. Vuestra capacidad militar es reconocida por todos.

Nadie que no esté ciego puede negar las profundas igualdades entre la historias de nuestras dos naciones. De un pequeño grupo de pioneros, movidos por la persecución religiosa, hemos construido nuevas civilizaciones. Cada uno de nuestros pueblos ha construido una deslumbrante ciudad en la colina. Ambos hemos conseguido la libertad y la independencia en medio de una terrible guerra que amenazaba nuestra propia existencia. Ambos tuvimos que librar muchas más guerras, más antiguas y más recientes. Ambos podemos mirar atrás en nuestro pasado con orgullo y satisfacción.

“Algunas de las nubes negras las habéis hecho vosotros mismos”

Pero ambos sabemos que esta historia también alberga sombras oscuras. Hemos tratado con dureza a los pueblos que vivían en nuestros países antes de nosotros. Tenemos mucho por lo que pedir perdón. No deberíamos suprimir lo malo mientras celebramos lo bueno.

A pesar de estar amenazado por los enemigos, como todos nosotros, Israel puede mirar hacia adelante a un futuro brillante. Sin embargo, nubes negras amenazan este porvenir. Algunas de ellas, lamento decir, las habéis hecho vosotros mismos.

De ellas es de las que os quiero hablar.

Durante los últimos cuatro años he seguido los acontecimientos en vuestro país con creciente preocupación. De hecho, con gran miedo por vuestro futuro.

Ninguna nación, grande o pequeña, puede prosperar por mucho tiempo sin paz. La guerra es la maldición de la humanidad. Embrutece nuestro espíritu, consume nuestros recursos, extiende muerte y destrucción. En nuestros tiempos, con el desarrollo de medios de destrucción masiva cada vez más mortíferos, la guerra amenaza a nuestra propia existencia.

Aún así parece que hay entre vosotros una peculiar aversión a la paz. Se censura a los pacificadores como traidores o enemigos. Incluso he sido apodado un “destructor de Israel” por mis esfuerzos al principio de mi primera legislatura de establecer la paz entre vosotros y vuestros vecinos.

Se me ha informado que en la campaña de vuestras recientes elecciones, todos los partidos evitaron con esmero la palabra “paz”. Esto me parece increíble. Necesitáis paz, quizás más que ningún otro pueblo de la tierra.

También me han dicho que la mayoría de los israelíes, aunque anhelen la paz, creen fielmente en que “la paz es imposible”. La paz nunca es imposible si hombres y mujeres buenos se esfuerzan afanosamente por ella.

La historia está llena de enemigos implacables que hicieron la paz después de generaciones de conflicto. Mirad a la paz que mi país ha conseguido con Alemania y Japón tras la mortal lucha de no hace tanto. Mirad a la paz entre Francia y Alemania después de muchas generaciones de guerra. De hecho, la propia Israel ha hecho la paz y ahora vive en amistad con Alemania, tan poco tiempo después de la shoá.

“La paz empieza por ver a tu enemigo como un ser humano. Mirándole a los ojos”

Es cierto que el conflicto entre vosotros y el pueblo palestino es más complejo que la mayoría, pero os digo: la paz entre vosotros no es solo necesaria. También es posible.

La paz empieza por ver a tu enemigo como un ser humano. Mirándole a los ojos.

Esto debería ser fácil para los judíos. ¿Acaso las Sagradas Escrituras, nuestra herencia común, no nos dicen que Dios creó a todos los seres humanos a su imagen? ¿No ha dicho vuestro gran maestro espiritual Hillel que la base de todo comportamiento moral es no infligir al prójimo lo que odias?

Me han dicho que últimamente ha habido un aumento evidente en el racismo por vuestra parte, que ha habido incidentes de linchamientos, que muchos chicos y chicas jóvenes se enorgullecen de llamarse racistas.

Encuentro esto increíble. ¿Judíos? ¿Racistas? ¿Después de siglos de ser víctimas de una persecución racista? ¿Apenas poco más de medio siglo después del holocausto?

Yo soy una persona de piel oscura. Afortunadamente, mis antepasados nunca vivieron el mal absoluto de la esclavitud. Al contrario que millones de africanos, la familia de mi padre no fue raptada de su pueblo ancestral en Kenia. Pero las maldades de la esclavitud están grabadas profundamente en mi mente. La horrible vista de los linchamientos está aún vívida ante mis ojos.

Es igual que con las marchas por la libertad, en las que personas negras decididas se enfrentaron a turbas racistas, pistolas y perros de ataque. Siempre estaremos agradecidos a los jóvenes hombres y mujeres blancos que se unieron a estas marchas, muchos de los cuales eran judíos. No puedo entenderlo: ¿cómo puede un judío en Israel ser racista y estar orgulloso de ello? ¿Qué es lo que aprendéis es vuestras escuelas?

“¿Cómo puede un judío en Israel ser racista y estar orgulloso de ello?”

No he venido hasta aquí para intentar imponeros un plan de paz.

La paz no debería ser impuesta. Debe surgir del corazón. Debe ser aprobada por la mente.

Dejad que comparta con vosotros, aún así, algunas cosas que para mí son patentes:

La paz se debe basar en lo que se llama comúnmente “la solución de dos estados”. Dos estados para dos pueblos, para los israelíes y los palestinos.

No solo es la mejor solución, sino que es la única solución.

Aquellos que conversan sobre otras “soluciones” se están engañando a sí mismos. No hay otra solución.

Debe haber un estado palestino junto con Israel. Vuestros padres y madres se conformaban con nada menos que un estado propio, y los palestinos no se contentarán tampoco con menos. La libertad y la independencia bajo su propia bandera es el derecho de todos los seres humanos. Deberíais ser los primeros en entenderlo.

El estado de Palestina debe incluir todos los territorios palestinos ocupados en 1967. Cualquier cambio a las fronteras debe consensuarse entre las dos partes y tener una extensión igualitaria.

Jerusalén, esta maravillosa ciudad antigua donde nos encontramos ahora y que me llena de emoción, debe ser compartida por los dos pueblos. Lo que es árabe debería ser la capital de Palestina, lo que es judío debería ser la capital de Israel, reconocida al fin por todos.

El mundo, especialmente los Estados Unidos de América, debe salvaguardar y garantizar la seguridad de Israel. Al igual que la seguridad de Palestina.

“Mi gobierno firmará una solemne garantía para la seguridad tanto de Israel como de Palestina”

Obviamente, los millones de refugiados palestinos no pueden volver a Israel. La justicia no puede restaurarse imponiendo una nueva injusticia a los actuales habitantes. Pero debemos hacer un gran esfuerzo internacional para compensar generosamente a los refugiados, y debería permitirse al menos a un número simbólico de ellos que ejerzan su derecho de retorno.

Estos términos de paz han estado sobre la mesa durante mucho tiempo. El momento ha llegado (de hecho ya llegó hace mucho) para convertirlos en un tratado de paz permanente. Las demás naciones árabes, cuyo plan de paz encomiable ha estado también sobre la mesa durante muchos años, deberían ser invitados a este esfuerzo como socios.

Mi equipo de gobierno cumplirá con su deber firmando una solemne garantía para la seguridad tanto de Israel como de Palestina.

Una mención a los asentamientos.

Estados Unidos siempre los han visto como ilegales bajo la ley internaciones. Esto es tan cierto ahora como antes.

Aquellos israelíes que quedan en la zona palestina tras el intercambio de territorios mutuamente acordado deben ser repatriados a Israel. De la forma más amable posible. Con tanta compasión como sea posible. Con una compensación tan generosa como sea posible. Pero no pueden quedarse sin el permiso del gobierno de Palestina.

“El tiempo pasa, los asentamientos se extienden, las posibilidades de paz disminuyen”

Muchos de ellos se han asentados en los territorios ocupados con el propósito expreso de hacer imposible la paz. No debemos permitir que consigan su objetivo.

Estoy aquí hoy, justo después de que vuestros nuevos ministros hayan jurado el cargo, antes de que vuestro nuevo gobierno se haya puesto manos a la obra, porque siento una gran urgencia.

El tiempo pasa, los asentamientos se extienden, las posibilidades de paz están disminuyendo. Por lo tanto debemos actuar ahora.

Si continuáis por vuestra senda actual, seguramente el desastre os superará. Ya sois una minoría en la tierra entre el Mar Mediterráneo y el río Jordán, y vuestra proporción irá disminuyendo. Muy pronto os veréis en la decisión de elegir entre una gloriosa Israel que se convierte en un odioso estado de apartheid, un paria entre las naciones, o un estado gobernado por la mayoría árabe. De cualquier manera, será el fin del sueño sionista.

No me digáis, no os digáis que no hay nada que podáis hacer.

Sois el pueblo del futuro. El futuro es vuestra vida. Está en vuestra manos el poder aseguraros una vida en paz.

Yes, you can! ¡Sí, podéis!

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