Chipre, a la expectativa

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Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la sección internacional del diario El Confidencial , después de una década como corresponsal en Asia y el Mediterráneo, los últimos cinco años en Turquía.

Publicado el 11 Abr 2013

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Colas ante los cajeros durante el "corralito", Nicosia, (Mar 2013 | © Daniel Iriarte
Ciudadanos hacen cola ante los cajeros de una sucursal bancaria durante el “corralito”, Nicosia, (Mar 2013) | © Daniel Iriarte

“Lo de este país es patriotismo ciego”, nos dice Karl Haddad, un inversor bancario chipriota de origen libanés. “Podríamos haber aceptado una quita del 6 % a nuestros ahorros, sin tocar las pensiones, y salvar el país. Ahora, las opciones que nos quedan son todas malas, pero la gente no ha pensado en eso”, asegura.

Ese 6 % al que se refiere Haddad es uno de los sucesivos planes manejados por el Gobierno de Nicos Anastasiades en las últimas semanas para hacer frente al agujero financiero en el que ha caído el país. Chipre necesita unos 17.000 millones de euros, una cantidad equivalente al 100 % de su PIB: 7.000 millones para hacer funcionar el aparato estatal, y otros 10.000 millones como inyección al sistema financiero.

Esta última cantidad será, con toda probabilidad, suministrada por la llamada Troika (el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional), pero ésta ha exigido que para acceder a este rescate Chipre debe aportar un mínimo de 5.800 millones de dólares a la cuenta. Y ahí es donde han surgido los problemas serios.

El Gobierno saliente de Dimitris Christofias, del AKEL, el partido comunista de la isla, se negó hasta el último minuto a plegarse a las exigencias de Bruselas, dejando el problema en manos de Anastasiades, del partido democristiano DISY. El nuevo Gobierno, formado el último día de febrero, ha tenido que lidiar tanto con el ultimátum europeo como con las protestas populares provocadas por la situación. Una de sus primeras medidas fue decretar, el pasado 16 de marzo, un “corralito” para impedir la fuga masiva de capitales al extranjero.

Hristos Karandokis fue al banco conduciendo una excavadora, por si la sucursal no se mostraba “razonable”

Hubo quien se lo tomó muy mal. El obrero Hristos Karandokis, por ejemplo, se montó en la excavadora con la que trabajaba y recorrió los pocos kilómetros que le separaban de la sucursal de la Cooperativa Kyperounta donde tenía sus cuentas. Aparentemente, su idea inicial era arrasar la entidad, pero al llegar se lo pensó mejor. No obstante, aparcó el imponente vehículo en la puerta, por si el personal bancario no se mostraba “razonable”.

Los pequeños depósitos, protegidos

Pero este tipo de expresiones extremas de descontento han sido muy raras. A pesar de los inconvenientes creados por el cierre de los bancos, y de la rabia y la impotencia que muchos chipriotas prósperos sienten ante la pérdida de sus ahorros y la defenestración del sistema bancario vigente, no se han producido explosiones de violencia, ni siquiera pequeños disturbios. Los más humildes no se han visto perjudicados todavía por las medidas adoptadas por el Gobierno –la Unión Europea ha exigido y conseguido que se respetasen los depósitos inferiores a 100.000 euros, protegidos por la legislación europea-, pero parece inevitable que el reajuste económico que la isla tiene por delante produzca el cierre de muchas empresas, incrementando el desempleo y las penurias económicas.

“Para montar este restaurante, pedí un crédito de 200.000 euros hace ocho meses, así que obviamente estoy preocupado. Nadie sabe qué va a pasar”, dice Andreas Demosthenous. En el bar de su establecimiento se reúnen numerosos jubilados a jugar a las cartas y criticar el estado del país. En la televisión tienen puestas las noticias.

El padre de Andreas, Demos, antiguo cartero y posteriormente empleado de la municipalidad, señala a un comentarista. “¿Dónde estaban todos estos cerebros con sus soluciones mágicas hace un mes?” dice. Y extiende su rosario de quejas. “Madre Grecia, dicen. ¿Dónde está ahora? ¿Y por qué la Unión Europea no se comporta como una familia? Si no resuelven la situación de Chipre, habrá problemas para todos”, asegura.

“Esto deberíamos haberlo solucionado hace dos años. Pero el ministro de Finanzas siguió diciendo hasta el último minuto que teníamos liquidez, igual que en Grecia”, afirma. “Sheldon Adelson, el millonario, vino aquí y ofreció 32.000 millones al Gobierno para montar Eurovegas, que ahora van a poner en España. Lo rechazaron. Ahora creo que deberíamos haberlo aceptado”, suspira. “Hemos cometido demasiados errores”.

“Deberían habernos informado antes, no aparecer por sorpresa durante el fin de semana, aprovechando que los bancos estaban cerrados. Si nos lo hubiesen explicado honestamente, muchos chipriotas habrían colaborado gustosamente para ayudar al país”, nos dice Elena Aristodemou, gerente de hotel. Nacida en Sudáfrica de padres chipriotas, se instaló en la isla a los 17 años, donde se especializó en gestión turística.

“Los problemas empezaron tras la entrada en la UE. Chipre no tiene productos de exportación, así que la economía depende de la industria hotelera y los servicios. La unión nos ha perjudicado”, cree.
Cada chipriota tiene una teoría sobre cuándo empezó el declive. Para algunos, fue en el momento en el que abandonaron la libra, “una de las más fuertes de Europa”, como señala alguno con nostalgia. O un año después. O con el hundimiento de las hipotecas subprime en EE.UU. y Europa. O con la caída de Grecia. O con la explosión.

La explosión accidental de un arsenal militar dejó sin electricidad a media isla, casi triplicando las facturas

“La explosión” es uno de esos raros episodios cuya importancia decisiva solo se revela con el paso de los años. El 11 de julio de 2011, el arsenal de la base naval de Evangelos Florakis voló por los aires –aparentemente por las deficientes condiciones de almacenamiento de un cargamento de armas interceptadas con destino a Siria-, matando a 13 personas e hiriendo a otras 62. También se llevó por delante la principal planta eléctrica de Chipre, dejando sin electricidad a la mitad de la isla. De un día para otro, las facturas eléctricas casi se triplicaron, volviéndose inasumibles para muchos pequeños negocios. Claro, esto no explica el agujero financiero, pero ayuda a comprender el malestar.

La vida en la isla está permeada por el conflicto. “La última capital dividida”, reza la cartelería oficial de Nicosia. Una división que es no sólo mental entre ambas comunidades, sino física, desde la invasión turca de 1974, y absoluta hasta la apertura del paso fronterizo de Ledra en fecha tan reciente como 2003. La creación de la República Turca del Norte de Chipre, Estado que solo reconoce Turquía, no hizo sino empeorar las cosas a ojos de los grecochipriotas.

Economía del conflicto

Una división que, inevitablemente, afecta a la economía. “En las negociaciones se han hecho demasiadas concesiones a los turcos, por ejemplo en el tema de los subsidios. Resulta que recibía el mismo dinero un musulmán con sus cuatro esposas y sus innumerables hijos que un mutilado de guerra, o un trabajador grecochipriota que se ha quedado en el paro, y eso tampoco es justo”, nos dice una mujer. El argumento es descaradamente falso –la poligamia es ilegal tanto en Turquía como en la RTNC-, pero que quien lo expresa sea una persona culta, cosmopolita y partidaria de la reunificación amistosa, sin vencedores ni vencidos, indica lo profundo que ha calado la propaganda antiturca.

El conflicto también ha forzado al Estado chipriota a cuidar de sus ciudadanos, desde administrar la llegada de desplazados por la invasión –muchos de los que ahora bordean la cuarentena vivieron en campos de refugiados durante su niñez- a la creación de becas en el extranjero. Tal vez por ello, las divisiones ideológicas, partidistas, son algo menos virulentas que en otros puntos del Mediterráneo. Nada une tanto como un enemigo externo, que aquí era real, tangible, pues estaba a unos pocos metros. Y eso explica también que muy pocos chipriotas culpen de la actual crisis a sus líderes políticos. El verdadero adversario, aseguran, es la Troika, la Merkel, la voracidad europea.

“[Dimitris] Christofias, el presidente anterior, era un buen político, pero estaba demasiado concentrado en resolver el problema de la división, y descuidó todo lo referente a la economía. Cuando ocurrió la explosión, no se preocupó de buscar una solución a la falta de electricidad”, dice la mujer. “Si el problema del agujero financiero existe desde hace seis meses, ¿por qué no nos lo dijeron antes? El nuevo presidente, [Nicos] Anastasiades, no tiene la culpa, claro, apenas lleva unas semanas en el cargo”, comenta.

“A Chipre le ha venido todo muy fácil. Cuando la guerra del Líbano, muchas multinacionales se trasladaron aquí, trayendo mucho dinero. La autopista principal del país se construyó con financiación kuwaití, durante la guerra del Golfo. Y luego vinieron los rusos, que han sido la mayor de las bendiciones”, afirma Karl Haddad. Unos rusos que ahora se preparan para hacer las maletas, retirando los depósitos de los bancos chipriotas en cuanto sea posible, o, en muchos casos, incluso físicamente. El enviado especial de M’SUR visitó la isla hace tres años y el cambio es notable. Hay negocios que han desaparecido sin que otros nuevos los sustituyan. Hay menos clientes en los cafés. Y hay muchos menos turistas. Los han sustituido los periodistas, omnipresentes en los comercios y restaurantes, abordando a los ciudadanos por la calle, montando guardia frente al Parlamento.

«Nos obligan a aceptar un rescate de 10.000 millones, pero Chipre solo necesita 3.000», dice la activista Thekla Kittou

“En las manifestaciones solo se ven banderas griegas, pero estamos aquí por culpa de los griegos. Empezamos a comprar bonos de deuda griegos cuando todo el mundo trataba de sacárselos de encima. Pero los intereses eran enormes, y eso era muy tentador”, comenta Haddad.

Para Thekla Kittou, el agujero financiero de Chipre “es una cuestión geopolítica”. Thekla ha sido activista durante más de cuarenta años, los mismos que lleva relacionada con el mundo del cine como actriz, documentalista y directora. Coordina el comité ciudadano “Seisachtheia” (“Sacudirse el yugo”) y varias asociaciones civiles.

¿Salir del euro?

“Alemania quiere romper la buena relación entre Chipre y Rusia: si se aplica la quita, el capital ruso se marcha, y los bancos alemanes están en condiciones de beneficiarse. Hemos visto que han empezado a enviar mails y anuncios especializados diciendo: ‘Traed vuestro dinero a Alemania, es un mercado seguro’”, afirma.“Si consiguen imponer la deuda a Chipre, la única manera de cubrirla es con nuestro gas, con lo que Alemania rompería su dependencia absoluta del gas ruso. Desde su punto de vista, es una muy buena idea”, comenta.

Otro de los problemas, según ella, es que “la Troika ha forzado a las cooperativas a funcionar como entidades bancarias normales a través del Banco Central, contrariando la legislación chipriota”. “La prueba de que quieren someternos es que nos obligan a aceptar un rescate impagable de 10.000 millones de euros, cuando las necesidades reales de Chipre son de 3.000 millones”, asegura.

La situación es tal que casi dos de cada tres chipriotas (un 67 %, según una encuesta de la consultora Prime Consulting) verían como algo positivo la salida del euro, mientras que solo un 24 % se opone a la idea. Y hasta un 91 % se muestra de acuerdo con el rechazo parlamentario de esta semana al plan de quita para acceder al rescate europeo.

Pero no todos piensan igual. “Con el plan, la gente habría perdido parte de sus ahorros, pero todavía tendría trabajo”, dice Kostas, un chófer que estos días pasea periodistas por la isla. “Ahora, lo más probable es que la economía acabe colapsando, y todos perdamos nuestro empleo. Habrá que ver qué es preferible”.

 

 

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