Retirada hacia lo desconocido

Publicado por

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.

Publicado el 26 Abr 2013

Publicidad

Guerrilleros del PKK en los Montes Qandil, Iraq (Marzo 2013) | © Karlos Zurutuza
Guerrilleros del PKK en los Montes Qandil, Iraq (Marzo 2013) | © Karlos Zurutuza

Ya está, ya hay fecha, ya es irreversible: el PKK, la guerrilla kurda, se retirará de Turquía casi 30 años después de dar su primer golpe. Lo anunció en rueda de prensa ante decenas de periodistas el jefe militar de la guerrilla, Murat Karayilan, en una colina de los montes Qandil, en el noreste de Iraq. Lo que nadie sabe muy bien es adónde llevará esta retirada y qué hacer después.

Los detalles del desarme siguen en una profunda niebla. No los conoce  ni siquiera el PKK, cree Orhan Kemal Cengiz, activista pro derechos humanos y analista. “Karayilan ha hecho un llamamiento a las autoridades del Kurdistán iraquí para pedirles comprensión ante el panorama de reunir a todos los guerrilleros del PKK en su territorio”, observa.

Nadie conoce los detalles del plan de desarme, ni siquiera el propio PKK

Esto demuestra, a su juicio, que ” Turquía no ha puesto en marcha un programa de Desarme, Desmovilización y Reintegración en un marco de acuerdos internacionales, pese a que Hakan Fidan, el jefe de los servicios secretos turcos, había prometido tal programa. Pero un proceso internacional de desarme de este tipo sólo puede arrancar si todas las partes se han puesto de acuerdo en todo, y aquí es fácil deducir que nadie conoce los detalles. Tampoco dentro del PKK nadie sabe nada”, analiza Cengiz.

Con todas sus incertidumbres, el anuncio de los montes Qandil pone fin a tres décadas de un sangriento conflicto. A partir del 8 de mayo próximo, los grupos de guerrilleros que se hallan en el interior de Turquía – según las estimaciones pueden ser unos 3.000 hombres y mujeres, mientras que otros 2.000 rodean a la cúpula en el norte de Iraq – iniciarán una retirada “escalonada, discreta y la completará lo antes posible”, según recoge la agencia prokurda Firat las palabras de Karayilan.

Es el primer gran paso desde que el fundador del PKK, Abdullah Öcalan, proclamó en la fiesta del Newroz, el 21 de marzo pasado, el fin de la lucha armada y el inicio de una nueva época política. La carta que Öcalan, preso desde 1999 en la isla de Imrali cerca de Estambul, hizo llegar al partido Paz y Democracia (BDP), fue leída ese día ante más de un millón de personas y difundió una sensación inmediata de que la guerra había llegado a su fin.

El PKK iniciará  una retirada “escalonada y discreta y la completará lo antes posible”

La retirada se hará “por iniciativa propia, evitando todo tipo de enfrentamientos, por los senderos que lleva utilizando desde siempre, de forma disciplinada y organizada”, señaló el guerrillero. Luego, los milicianos se quedarán en “Kurdistán Sur” (Kurdistán iraquí), previsiblemente en los montes Qandil, donde se hallan los cuarteles centrales del PKK. Es necesario que mientras tanto, el Ejército turco no lleve a cabo ningún bombardeo, ninguna acción militar, recalcó.

Efectivamente, éste es el mayor riesgo, y el Gobierno debe emplearse a fondo para mantener bajo control a las Fuerzas Armadas, porque el que se crucen soldados y guerrilleros durante la retirada será inevitable, y hay que evitar toda provocación, advierte Cengiz.

¿Irá todo sobre ruedas? “El PKK cumplirá su palabra, seguro”, cree Altan Tan, diputado del BDP por Diyarbakir y miembro de una de las delegaciones que visitaron a Öcalan en la cárcel en febrero. “Lo que no sabemos es si el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, también lo hará. No hay nada firmado, desafortunadamente no hay garantías”, recalca.

En realidad nadie sabe qué se ha hablado entre “Apo” – mote de Öcalan – y los servicios secretos turcos, desde que, en septiembre pasado, el dirigente kurdo envió a Erdogan una carta con una propuesta que nunca se ha difundido, pero que aparentemente contenía un concepto esencial: “Juntos podemos hacer historia si resolvemos el conflicto”, resume Tan la esencia de la misiva. No se trataría sólo de la población kurda en Turquía: si Erdogan se gana a esa población, unas 15 millones de almas, tendrá en su mano el elemento más importante para reformar todo la región de Oriente Próximo, añade el diputado.

La guerrilla dejará las armas definitivamente cuando todos los milicianos estén libres

Lo que el PKK o el BDP – la diferencia entre la guerrilla y el partido nunca se ha trazado con claridad – piden a cambio no está aún del todo definido, pero los contornos son claros. El proceso tiene tres fases, según detalló Karayilan en Qandil y recoge Firat. La primera acabará con la inminente retirada del PKK. Enla segunda, Turquía debe adoptar una nueva Constitución que dará a los kurdos todos sus derechos culturales y políticos. La tercera será la de “normalización”, en la que, alcanzada la convivencia pacífica en igualdad, se liberarán todos los milicianos presos, “incluído el líder Apo”. Sólo después, la guerrilla “procederá a inutilizar sus armas”, dijo Karayilan.

“Es importante que no hayan pedido la autonomía”, subraya Cengiz. El BDP tampoco, o no del todo, aunque es frecuente ver alusiones a una reorganización autonómica en sus discursos. “No utilizamos el término ‘autonomía’ sino que hablamos de ‘gobiernos regionales’”, precisa Altan Tan. “Se trataría de agrupar las 81 provincias de Turquía en 15 o 20 bloques, un poco como el sistema alemán o el norteamericano. Pero es imposible trazar una frontera clara entre regiones turcas y kurdas, porque muchas ciudades son mixtas; de hecho, la mitad de los kurdos viven en el oeste de Anatolia y Estambul, con tres millones entre sus 13 millones de habitantes es la mayor ciudad kurda del mundo”, apunta.

Asi, las provincias kurdas se podrían agrupar en tres o cuatro regiones: Diyarbakir, Van, Gaziantep, Malatya… “Pero en ningún caso estas provincias tendrán un estatus diferente a las otras; todas serán igual de descentralizadas”, recalca.

Es imposible trazar una frontera clara entre regiones turcas y kurdas y muchas ciudades son mixtas

Pero el eje central para todo el movimiento kurdo es otro: la lengua. Aquí no hay medias tintas. El derecho a la enseñanza primaria en su lengua materna es irrenunciable. La propuesta que el BDP presentó a inicios de abril en la comisión constitucional del Parlamento parecía copiada de la Carta Magna española: “El turco es la lengua oficial del Estado. Todos los ciudadanos tienen el derecho y el deber de aprenderla. Los parlamentos regionales podrán declarar cooficiales otras lenguas maternas. El Estado es responsable de proteger el uso y el desarrollo de todas las lenguas como patrimonio cultural”.

Con esta base, cree Altan Tan, se podrá crear un sistema de enseñanza en el que quien quiere será escolarizado en kurdo, aunque con una asignatura obligatoria de lengua turca, y quien quiere estudiará en turco, pero podrá aprender kurdo como idioma segundo. El sistema implantado el otoño pasado, en el que se puede elegir kurdo como optativa a partir del quinto año, está lejos de satisfacer a nadie.

La pelota está ahora en el tejado del gobierno, si bien éste se escuda en la oposición nacionalista para retrasar toda reforma esencial, añade el diputado. Pero Tan es optimista: “Los nacionalistas gritan mucho e intentan asustarnos, pero no creo que tengan suficiente fuerza”, opina. Y el propio AKP, el partido en el poder, sigue dominado por “reflejos de patrón o gran hermano” y no dará ningún paso por voluntad propia, denuncia el parlamentario. “Intentarán contentarnos con caramelos”, vaticina. Lo sabe de buena tinta: Tan es miembro de la comisión constitucional. “No hay acuerdo. Pero espero que llegue a haberlo”, concluye.

¿Qué ocurre si el Gobierno no cumple? Tampoco habrá vuelta a la guerra, cree Altan Tan. “La lucha seguirá de forma democrática”. De hecho, tras la explosión de alegría durante el Newroz en Diyarbakir cuesta imaginar que los jóvenes volverán a empuñar fusiles: es como si con la declaración de la paz se les hubiera quitado de encima lo que casi parecía una obligación de demostrar con el arma en la mano el amor a su pueblo.

Aunque el Gobierno no cumpla, no habrá vuelta a la guerra, cree el diputado kurdo

Lo mismo cree Cengiz. “El lenguaje del comunicado de Karayilan enseña que los propios milicianos ya se ven a sí mismos como futuros participantes en la política de Turquía; se entienden como un elemento internacional pero democratizador entre las comunidades kurdas en todo Oriente Próximo”, observa.

Altan Tan cree que es urgente poner en marcha un programa de reinserción social y política no sólo para los 5.000 guerrilleros que están en el proceso de abandonar las armas, sino también para los 75.000 ‘korucular’, los milicianos kurdas al servicio del gobierno cuyo cometido era proteger las aldeas contra el PKK y que ahora se quedarán sin trabajo.

Tal vez la carta que Öcalan envió a Erdogan trazaba un plan mayor, en la que estos detalles parecían menores ante la visión de un futuro en el que un pueblo kurdo unido a través de cuatro países constituiría un bloque aliado a Turquía, la mayor potencia geopolítica al sur de Rusia. La idea de “rediseñar Oriente Próximo” sin necesidad de tocar las fronteras trazadas por el colonialismo, uniendo a las comunidades kurdas en Iraq, Turquía, Irán y Siria en una especie de federación, también dominó buena parte de su famosa carta del Newroz.

 “Quien quieres soñar un mundo sin kurdos, tendrá pesadillas”

Aunque nadie sabe muy bien qué imagina Erdogan, los enormes yacimientos de petróleo del norte de Iraq, cuyo mercado natural es Turquía, juegan un rol primordial, apunta Altan Tan. Y si bien las relaciones entre los empresarios turcos y Masud Barzani, el hombre fuerte del Kurdistán iraquí, son excelentes, un PKK hostil sobra en esta ecuación, señala.

Por otra parte, ante una Siria en plena fase de autodestrucción, un cinturón estable bajo dominio de milicias kurdas leales al PKK – lo que ya es una realidad – será un excelente panorama para Ankara, si consigue hacer las paces con su propia población kurda. Si Erdogan, apodado “el sultán” por sus críticos, quiere ver cumplidos sus sueños de grandeza, necesariamente debe ganarse el apoyo de los kurdos. “Quien quieres soñar un mundo sin kurdos, tendrá pesadillas”, resume Altan.

Tal vez por eso, hasta el moderado CHP, el mayor partido de la oposición, se ha decantado por arremeter contra los avances en la negociación que, así temen, cimentarán el poder de Erdogan más allá de lo admisible. Y tal vez por eso, los activistas, políticos y milicianos kurdos, aunque no confíen en Erdogan, tengan tanta confianza en que la paz, finalmente, llegará.

Post relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *