Sí quiero… casarme por lo civil

Publicado por

Ethel Bonet

@Qarnabit

Periodista (Alicante, 1975). Vive en Beirut.

Publicado el 29 Abr 2013

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Kholoud Sukariye y Nidal Darwish, primera pareja libanesa casada por lo civil (2011) | ©  Natalia Sancha
Kholoud Sukariye y Nidal Darwish, primera pareja libanesa casada por lo civil (2011) | © Natalia Sancha

Ella tiene 30 años, él 29. Son felices y esperan un bebé. Y desde esta semana, incluso están oficialmente casados sin haber pasado por ningún altar.

Es la primera vez que ocurre en Líbano, donde el matrimonio civil no existe. O no ha existido: todos los asuntos de matrimonio, bautizo y divorcio están sujetos al control de las diversas confesiones, que reparten o niegan el sacramento según sus propias normas. A partir de ahora, el Ministerio de Interior reconocerá también los enlaces registrados sin intervención de curas, imames, rabinos o sacerdotes de alguna de las 18 confesiones legalmente reconocidas en el país.

Sukariye desea que su bebé crezca en un país sin divisiones sectarias

Es un enorme paso adelante en la lucha de los movimientos cívicos que piden un Estado laico. “Para nosotros fue imposible, pero las cosas pueden cambiar para nuestros hijos”, anhela Kholoud Sukariye, la ahora recién casada. Desea que el bebé que está esperando crezca en un país donde las divisiones sectarias no dominen todos los aspectos de la vida.

La historia de amor de esta libanesa suní con Nidal Darwish, un joven chií, comenzó hace tres años. Sukariye era la profesora de inglés de Darwish en el Instituto Americano de Educación. Lo de ellos fue un amor a primera vista. Cuatro meses después de haberse conocido, Darwish le pidió matrimonio. La familia estaba encantada. El hermano de Sukariye era incluso amigo de Darwish desde antes y actuó de mensajero ante el ‘corte’ de los enamorados. “Fue el primero al que se lo comunique por SMS. Me dio tanta vergüenza que apague el móvil por cuatro días. Luego me llamó y me dijo que sus padres estaban muy contentos por la noticia”, relata Darwish.

Al ser ambos musulmanes – las escasas diferencias dogmáticas entre chiíes y suníes no tienen relevancia alguna en el asunto matrimonial – no iba a haber ningún problema. Khouloud y Nidal no tenían que pasar por el proceso al que recurren las parejas libaneses de confesiones distintas que quieren casarse: un viaje al extranjero. Un auténtico negocio en Líbano.

Turismo de casamientos

Ofrecen paquetes de viaje exprés de dos días para las novios que se casan en Chipre

La ciudad de Larnaca en Chipre y Estambul son los destinos preferidos de miles de jóvenes libaneses que salen solteros y vuelven casados. Alrededor de 2.000 parejas al año, según estadísticas del Ministerio de Turismo libanés. Sólo en 2011, unas 700 parejas contrajeron matrimonio en Chipre, ya que es el destino más cercano y barato. Las agencias de viaje han sabido aprovecharse de esta demanda y ofrecen paquetes de viaje exprés de dos días para las novios que se casan en Chipre. El pack de boda cuesta alrededor de 1.450 euros, e incluye el viaje, la noche de hotel, más las tasas de la licencia de matrimonio y registro. El certificado tiene valor legal en Líbano.

A Kholoud y Nidal no les hacía falta evitar la mezquita, pero ellos decidieron no pasar por el altar. Forman parte de un creciente movimiento libanés a favor del laicismo, que quiere abolir el sistema confesional que en Líbano no sólo rige para las bodas sino incluso para el reparto de los cargos políticos y las circunscripciones electorales. Casarse por lo civil era un paso cargado de simbolismo. “No es por una cuestión religiosa. Se trata de un acto política; por nuestros principios de igualdad. Queremos que el Líbano sea un país laico”, insiste Sukariye.

El 10 de noviembre de 2012, Khouloud Sukariye y Nidal Darwish fueron a un registro civil para inscribir su matrimonio. Para hacerlo, primero tuvieron que hacer borrar su confesión religiosa de los papeles. No fue una decisión fácil. “Primero debíamos tener todo bien atado antes de dar el salto, ya que un fallo en el proceso podría traer consecuencias legales”, indica Sukariye.

En un foro de derechos civiles en Beirut, la pareja conoció a Talal Husein, un abogado que tras dedicar cinco años a estudiar a fondo la legislación libanesa encontró que la unión civil es legal en el país cuando la pareja no pertenece a ninguna confesión religiosa. Se trata del artículo 60 L.R de la Constitución, que data de 1936, es decir de la época del mandato francés sobre Líbano.

Una ley del mandato francés de 1936 permite el enlace civil a las personas sin confesión

“Una amiga mía, que conocía nuestro deseo casarnos por lo civil, nos presentó a Husein y éste nos hablo de la legalidad de los enlaces civiles”, señala Sukariye. Tras estudiar meticulosamente durante casi un año todos los documentos del abogado, los novios decidieron desafiar a la institución religiosa y contraer matrimonio en el funcionario del registro del Ayuntamiento.

“Lo más difícil fue decírselo a mis padres”, confiesa Sukariye. “Como mujer musulmana, mis padres no entendieron mi deseo de no querer celebrar una boda por el rito islámico. Pero después, cuando les explique que según la ley, los matrimonios civiles son legales en el Líbano, me apoyaron en mi decisión”, subraya.

Limbo jurídico

Pero el remolino social y judicial fue mucho más allá del ámbito familiar y ha puesto en jaque a las autoridades políticas y religiosas. El primero en reaccionar fue el mufti Mohamed Rashid Qabbani, máxima autoridad suní en el Líbano, que atacó la decisión mediante una fetua, un edicto religioso por el cual prohibió las uniones civiles y advirtió de que cualquier responsable musulmán que apoye el matrimonio civil sería considerado un apóstata.

Pero el Alto Comité Consultivo del Ministerio de Justicia (que está dirigido por Shakib Qortbawi, cristiano de orientación laica), validó el enlace, incluso dos veces. El Ministerio de Interior, en manos de Marwan Charbel, también cristiano y también parte del laicista Movimiento Patriótico Libre, vaciló muchos meses en hacerlo y dejó a la pareja en un limbo jurídico.

“El Gobierno libanés es un régimen sectario, basado en los intereses religiosos de cada confesión”

“Son excusas. Nuestro enlace es legal. El problema es que el Gobierno libanés es un régimen sectario, basado en los intereses religiosos de cada confesión, sin tener en cuenta los derechos civiles”, denuncia Darwish. “Es nuestro derecho como ciudadanos libaneses. No creemos en el matrimonio regulado por una institución religiosa. El Gobierno tiene que reconocer el estatuto matrimonial en el registro civil”, reclama Sukariye.

Varias asociaciones civiles contra el sectarismo organizaron concentraciones pacificas para reclamar el matrimonio civil. Las demandas llegaron también al Parlamento a través de un proyecto de ley, elaborado por Ogarit Yunun y Walid Slaibe, fundadores de la campaña nacional para el Estatuto Personal de los libaneses. Ésta es la última iniciativa civil para cambiar el actual sistema que refuerza el poder de los bloques religiosos y perpetúa el régimen confesional en Líbano. Hasta hoy, por una ley no escrita, el presidente debe ser cristiano maronita, el primer ministro musulmán suní y el portavoz del Parlamento, chií. Desde los años setenta, tres borradores de ley han pasado al Parlamento, pero todos han acabado en los cajones.

Incluso el presidente del país, Michel Suleiman, un cristiano moderado, participó en el debate matrimonial a través de las redes sociales, y se manifestó a favor de la unión civil. Consideró que los matrimonios civiles son un “paso muy importante en la erradicación del sectarismo y en la construcción de la unidad nacional”.

Finalmente, en la penúltima semana de abril, Marwan Charbel firmó el acta de matrimonio y legalizó el enlace de Sukariye y Darwish. Un plumazo que sienta precedente y abre la puerta a que otras parejas hagan lo mismo. “Felicidades para Kholoud y Nidal” escribió Suleiman en twitter el jueves.

La puerta está abierta. Poco antes ya dio el paso otra pareja, si bien menos presente en los foros públicos: Shaza Khalil y Tony Dagher, ella musulmana y él cristiano. Decidieron anular sus billetes a Chipre para insistir en casarse en Líbano.

Una pareja cristiana maronita decidida a divorciarse no tiene más remedio que convertirse a otra fe

Pero el debate va más allá de las bodas. En una entrevista con la prensa libanesa, la activista Yunun declaró: “No buscamos validar un texto concreto ni reducirnos al matrimonio civil. La iniciativa del abogado Husein para legalizar el enlace no religioso es sólo para aquellos que retiren su confesión del registro civil. Nosotros queremos una ley completa que respete los derechos de todos los libaneses”.

Y es que la religión no sólo complica la boda sino también el divorcio. La mitad de la población libanesa es cristiana, y si bien las Iglesias ortodoxas reconocen en algunas circunstancias la disolución del matrimonio, las católicas – incluida la maronita, mayoritaria en el país –, fieles al dogma de Roma, no lo permiten nunca. Una pareja maronita decidida a divorciarse no tiene más remedio que convertirse a otra fe. El proceso de divorcio en una corte religiosa ortodoxa cuesta a la pareja entre 7.000 y 20.000 dólares. El precio incluye la contratación de un abogado, el pago a la Iglesia siríaca-ortodoxa  para la conversión y el divorcio en sí.

Quien no tiene la suma, elige a menudo convertirse al islam: es rápido y barato y el divorcio no presenta complicación alguna, siempre que el hombre esté de acuerdo.

La futura hija o hijo de Kholoud Sukariye y Nidal Darwish no tendrá que pasar por todos estos vericuetos, espera la pareja. Cuando nazca, la inscribirán en el registro sin confesión religiosa. “Queremos que pueda decidir su religión. Que sea una elección personal no impuesta por la presión sectaria y política”, afirma la joven, por fin casada con todas las de la ley.

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