La incógnita del vecino de abajo

Publicado por

Andrés Mourenza

@Andresmourenza

Periodista (La Coruña, 1984). Corresponsal de El País en Turquía.

Publicado el 2 May 2013

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Calle Ledra  en el lado turco de Nicosia (Chipre) | © Ilya U. Topper /M'Sur
Calle Ledra en el lado turco de Nicosia (Chipre) | © Ilya U. Topper /M’Sur

Los chipriotas han necesitado algún tiempo para acostumbrarse a cruzar a la otra mitad de la isla con normalidad. Hasta la apertura del cruce del Palacio de Ledra en 2003, la separación de las dos zonas, la turca y la griega, a lo largo de la llamada Línea Verde, era absoluta, pero poco a poco sus habitantes han aceptado que la distensión es real. Hoy, muchos pasan al otro lado a visitar a sus amigos –los menos-, realizar gestiones administrativas o hacer compras: ropa barata en el lado turco, productos alimentarios y objetos cotidianos en el lado griego, donde el abastecimiento es mejor y el coste, para muchas cosas, es algo inferior.

No ha sido sino hasta hace poco que las agencias turísticas grecochipriotas han empezado a incluir visitas guiadas a la parte norte de Nicosia de forma rutinaria, pero cada vez se ven más visitantes de la mano de operadores griegos. En total, en torno a un millón de turistas cruzan la Línea Verde cada año. No obstante, persiste cierta desconfianza.

“Los griegos [chipriotas] se han gastado todo en comprar armas contra nosotros”, dice Semra, una anciana en un café cerca del Büyük Han, un gran caravansaray que es una de las principales atracciones turísticas del norte. “Es normal que ahora tengan problemas. ¡No digo ninguna mentira!”, dice, ante las risas de los contertulios.

Pero en muchos casos, los turcochipriotas no están felices ante las dificultades actuales de sus vecinos. Algunos consideran que no es correcto alegrarse de las penurias de quien, consideran, ya ha dejado de ser el enemigo: en 2004, un 65 % de los turcochipriotas votó a favor de la reunificación en un referéndum auspiciado por la ONU (en el que dos tercios de los grecochipriotas, sin embargo, votó en contra). Y está también el temor a que la crisis termine afectando a la parte norte. “Existen muchos riesgos. Quizás no tenga un impacto económico directo, pero estamos preocupados, porque todo lo que ocurre en el sur nos afecta”, explica Melis, dependiente de una librería.

Un millón de turistas cruzan la Línea Verde cada año para visitar el norte de Chipre

“Yo soy partidario de la reunificación, y si esta situación puede ayudar, bienvenida sea”, nos dice un pastelero llamado Özsen. “Puede que nos favorezca, si a raíz de esto se incrementan las exportaciones de productos turcochipriotas. Pero lo más probable es que se produzca una reducción en la actividad económica, los griegos vengan menos a comprar, las cosas se pongan más caras allá abajo, haya menos turistas, y al final nos pase factura a todos”, asegura este joven, cuya familia regenta una repostería de impecable gusto en la principal avenida comercial del norte de Nicosia.

Falsa prosperidad

La prosperidad de esta zona, sin embargo, es engañosa, nos dice. “Esta es una economía falsa, todo depende de Turquía. Si sales de aquí, ves que todavía somos un país muy pobre”, afirma. Lo mismo apunta Melis, quien asegura que la mayoría de grecochipriotas sólo cruzan la línea verde para apostar en la multitud de casinos de la la zona turcochipriota: “Y los casinos son propiedad de inversores turcos, por lo que a los turcochipriotas no nos queda nada”.

“Tememos perder a parte de nuestros clientes”, lamenta Dogan Ertug, propietario de un bar en la parte turcochipriota. “Además algunos turcochipriotas pusieron dinero en los bancos grecochipriotas, pensando que eran más sólidos que los nuestros y ahora lo perderán”, añade.

Una incertidumbre que señalan también las autoridades turcochipriotas: “Durante años la economía del sur era mucho más fuerte que la del norte. Ahora Turquía tiene una economía boyante y nosotros estamos mejor y, en cambio, no sabemos qué ocurrirá con el sur “, explica un alto funcionario de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), una entidad que sólo reconoce Ankara. Para el resto del mundo, desde un punto de vista legal, es “la Chipre ocupada”, como reza la línea oficial grecochipriota.

La economía de la parte norte de la isla ha crecido a más de un 6% anual desde 2003, pero el aislamiento sigue pesando mucho. Debido a esta situación, la RTNC se ve obligada a canalizar casi toda su actividad económica a través de Turquía. Sus exportaciones se venden en todo el mundo bajo etiqueta turca, e incluso el código telefónico y postal son los de una provincia turca. El gobierno turco mantiene un contingente de 17.000 soldados en la isla, y aporta unos 600 millones de dólares anuales a las arcas de este “estado hermano”, según detalla a M’Sur Ersin Tatar, ministro de Finanzas de la RTNC.

“Nuestra economía está totalmente separada de la del sur, por lo que su situación no nos afecta para nada. Tenemos el apoyo total de Turquía, que tiene un sistema financiero muy sólido, y unas finanzas y un presupuesto seguros”, dice Tatar. Este político asegura que el sistema bancario turcochipriota está en perfecto estado de salud, pues dado que sus entidades financieras no están reconocidas en el mercado tradicional, sólo pueden dedicarse a la banca más básica: actualmente disponen de 9.000 millones de liras turcas (3.800 millones de euros) en depósitos y han otorgado 6.000 millones (2.500 millones de euros) en préstamos.

Las autoridades de la RTNC animan estos días a los británicos y rusos que viven en la parte griega de la isla a establecer sus inversiones y comprar tierras en el norte, aprovechando la estabilidad aportada por el paraguas de Ankara. Turquía, de hecho, ofreció la semana pasada al gobierno grecochipriota la posibilidad de adoptar la lira turca como divisa si la isla era obligada a abandonar la Eurozona, una propuesta que no sentó demasiado bien en el sur.

«La solución para el conflicto de Chipre es una confederación», asegura un ministro turcochipriota

“Por supuesto que nos entristece lo que está ocurriendo en el sur, no queremos que nuestros vecinos lo pasen mal. A mí me caen bien los grecochipriotas. Pero Chipre son dos países y nuestras economías están separadas”, afirma Tatar. “Tenemos que ser realistas sobre nuestras posibilidades. La solución es la convivencia de los dos Estados en una confederación”, afirma, la idea que defiende el actual gobierno del Partido de Unidad Nacional. Esta formación, de corte nacionalista y conservador, llegó al poder hace tres años después de que el izquierdista Mehmet Ali Talat fracasase en las negociaciones de reunificación con la presidencia grecochipriota, lo que le acabó pasando factura electoral.

El ministro cree que la crisis actual puede ayudar a suavizar las posturas del sur, facilitando la resolución del conflicto. “Espero que los grecochipriotas despierten a la realidad y se den cuenta de que no podemos vivir así. El Chipre griego se unió a la Unión Europea por razones políticas, para tener respaldo contra la RTNC y Turquía, pero económicamente les perjudicó”, asegura el ministro. “Tienen problemas porque están en la UE”, concluye.

Aumentan las compensaciones

Pero la crisis también ha cambiado el panorama político en un aspecto: ha provocado un pequeño ‘boom’ en la solicitud de compensaciones por las propiedades de los refugiados, uno de los elementos más espinosos del conflicto.

Tras la invasión turca, entre 150.000 y 200.000 grecochipriotas huyeron al sur y 60.000 turcochipriotas al norte, dejando atrás sus hogares, negocios y campos de cultivo. Desde entonces, esas propiedades han permanecido abandonadas u ocupadas por refugiados del otro bando, e incluso por las fuerzas militares que Turquía envió para proteger a la RTNC. Para resolver esta cuestión, las autoridades turcochipriotas crearon en 2006 la Comisión de la Propiedad Inmobiliaria (IPC), reconocida por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y compuesta por cinco funcionarios turcochipriotas y dos representantes del Consejo de Europa.

Durante años, muy pocos grecochipriotas acudieron a la IPC para exigir la restitución de sus tierras o una compensación por su pérdida: entre 2006 y 2010 se registró una media de apenas 168 peticiones anuales. Sin embargo, a medida que se profundizaba la crisis, más y más grecochipriotas se dirigieron a la Comisión para reclamar una indemnización y hacer así frente a sus problemas económicos: en 2011 hubo 1.926 solicitudes formales; 1.601 en 2012 y cerca de un millar tan solo en los últimos seis meses.

“En las últimas semanas se acercan a preguntar entre 15 y 30 personas al día y nos cuentan que hay mucha más gente interesada. Pero somos una oficina pequeña y no damos abasto con tantas peticiones”, explica el presidente de la comisión, Güngör Günkan. La mayoría de los casos se resuelve de forma amistosa a través de una negociación pero si hay desacuerdo se puede recurrir al Tribunal de Estrasburgo. Hasta ahora, se ha resuelto sólo el 10 % de las peticiones y la RTNC ha tenido que pagar por ello unos 103 millones de libras esterlinas (122 millones de euros).

María Fieros es una de las refugiadas que perdió sus tierras con la guerra. Ahora está viviendo de primera mano los problemas de la crisis bancaria de su país, ya que perderá dinero por la quita de depósitos y su negocio de antigüedades corre riesgo de quebrar. Pero aún así no quiere oír hablar de la mediación de la IPC. “Te dan una miseria, ni una décima parte de lo que realmente vale”, se queja.

Ajileas Dimitriadis, el abogado que ganó el primer caso sobre propiedades arrebatadas por la ocupación turca en el Tribunal de Estrasburgo (Loisidou vs. Turkey), que sentó jurisprudencia internacional, cree que quizás esta estimación es exagerada pero también considera que los turcochipriotas se están aprovechando de la crisis que afecta al sur de la isla. “La IPC sabe que muchos grecochipriotas están desesperados y los exprime”, denuncia Dimitriadis. “Un caso normal puede tardar hasta 12 años si se lleva al Tribunal de Estrasburgo, así que el dilema es si resuelven el caso recibiendo una compensación barata o se pueden permitir el lujo de esperar”, añade.

«Si le vendes tus tierras a un ruso eres un gran promotor, pero si es a un turcochipriota, eres un traidor»

Al gobierno grecochipriota tampoco le hace gracia que sus ciudadanos accedan a un mecanismo de la RTNC y, de hecho, la Fiscalía anunció que abrirá una investigación sobre el asunto. Günkan se encoge de hombros: “Los políticos del sur siempre les dicen a sus ciudadanos que no vengan a la IPC, que esperen a que se arregle todo el problema de Chipre y puedan recuperar sus propiedades”, dice. “Pero si se les pregunta cuándo solucionarán el conflicto, nunca responden. Y esta gente necesita el dinero. Nosotros arreglamos sus asuntos y, si corresponde, les pagamos una compensación. Y yo creo que de esta forma estamos contribuyendo a solucionar la división”, asegura.

Inmigrantes a la expectativa

Para Dimitriadis hay otra razón por la que al Gobierno de Nicosia no le interesa que se recurra al arbitraje de la IPC. Según este abogado, las autoridades grecochipriotas no quieren sacar el tema de las propiedades de debajo de la alfombra porque entonces se abriría la vía para que también los turcochipriotas exijan sus propiedades perdidas en el sur, y de ahí los obstáculos que tratan de poner para que sus ciudadanos reclamen en el norte. “Resulta que si le vendes tus tierras a un ruso eres un gran promotor, pero si se las vendes a un turcochipriota eres un traidor”, ironiza.

La expectación y la crisis no se limitan a la comunidad turcochipriota, sino que también las sienten los inmigrantes. Bajo el viejo hotel Saray, que aún conserva huellas de los disparos de la guerra de 1974 y está coronado por un inmenso cartel que promociona su Caesar’s Casino, un grupo de tres búlgaras descansa y saborea un café turco. Las tres llegaron hace una década a la parte grecochipriota, aunque una trabaja ahora en la RTNC como camarera.

“Antes eran buenos tiempos, cuando existía la libra chipriota. Tras la entrada del euro, todo subió de precio. Ahora, con la crisis de los bancos, la tienda de muebles en que trabajo perderá su dinero, cerrará y yo me quedaré sin empleo”, se queja Ayten Smail. “A Bulgaria no puedo volver porque no hay trabajo. Tendré que volver a emigrar, aquí al norte de Chipre o a Alemania”, dice mientras sus tres dientes de oro brillan al sol de la tarde. Al menos eso no se lo podrán quitar ni los conflictos políticos en Chipre ni el abismo económico.

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