Abajo el Artículo 490

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Aïcha Zaïmi Sakhri

Publicado el 18 May 2013

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Desde hace varias semanas, un asunto de violación, que implica a un diputado, ha causado revuelo en las redes sociales. El tribunal absolvió al acusado pese a las aplastantes pruebas. Los hechos se remontan a tres años atrás y la víctima ha tenido un hijo, fruto, según ella (y el ADN) de aquella agresión. El asunto ha causado una gran indignación.

Desde el asunto de Amina Filali, las violaciones provocan un sentimiento de cólera, y con razón. Sobre todo porque a menudo no se castiga al agresor. Yo respeto la presunción de inocencia de ese señor y el fiscal de aquel asunto ha recurrido la sentencia, que no le ha parecido satisfactoria. La Justicia decidirá con ecuanimidad, o eso espero.

Pero el escándalo mete el dedo en la llaga de un problema fundamental en lo que a violaciones se refiere: la víctima debe demostrar que no hubo consentimiento. Y las víctimas pasan rápidamente al banquillo de los acusados. En conjunto, la culpa es de ellas: por su manera de vestirse, de hablar, de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado… En conjunto, es que se lo han buscado.

El artículo 490, que prohíbe el sexo sin matrimonio, se usa para castigar a la víctima

Esta manera de tratar a las víctimas quita a muchas las ganas de llevar a juicio a un violador.

Pero lo que más me choca es que cuando una violación desemboca en un embarazo no deseado, algunas asociaciones femeninas prefieren convencer a la víctima de no interponer denuncia. ¿Por qué? Porque es difícil, como acabamos de explicar, demostrar que no hubo consentimiento y porque la víctima lleva “el fruto” de su culpa. En otras palabras, el artículo 490 del código penal marroquí, que prohíbe toda relación sexual fuera del matrimonio, se invoca para castigar a la víctima.

El agresor no se arriesga a nada, porque niega todo. La prueba del ADN, incluso cuando demuestra la filiación, no legitima al niño. La chraa (charia, ley coránica) no lo reconoce. La mujer se convierte de víctima de una violación en culpable de una relación fuera del matrimonio y en madre soltera, rechazada por su familia y por la sociedad.

Se ha hablado mucho del artículo 475 del código penal, que permite al violador casarse con su víctima para escapar del castigo (y que ha sido utilizado por las familias para evitar la vergüenza social). El artículo acaba de ser limpiado y se le ha amputado este párrafo medieval. Pero ahora ya es hora de que se renueve el código penal entero y se reforme a la luz de la realidad imperante en Marruecos su filosofía desigual y discriminatoria respecto a las mujeres.

Este artículo 490 no es más que una espada de Damocles colgada sobre la cabeza de numerosas mujeres. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio, entre adultos que las consienten libremente no sólo existen sino que se practican a diario en todas las capas de la sociedad. Incluso la mentalidad social, por mucho que le haya costado evolucionar, ya no las condena de la misma manera que hace algunos años. La sociedad prefiere cerrar los ojos ante esta hipocresía. Como ante otras muchas, por cierto.

Hoy, la edad media para casarse está en los 29 años para las chicas. Estas mismas chicas, que a menudo estudian y trabajan, desde luego se codean con hombres. Y el artículo 490 sigue autorizando a los representantes de la Ley a preguntarles: “Qué hace usted con Fulano en la calle? ¿Es su marido, su hermano o su padre?”, cuando saben perfectamente que no es ninguna de las tres cosas.

Esta desgracia le ha ocurrido a una de nuestras periodistas, Sabel Da Costa, y al fotógrafo Brahim Taougar, destinados a la región de Angfou para hacer un reportaje. El caid (autoridad local), en un intento de impedir su trabajo por motivos que sólo él conoce, se dispuso a acusarlos de… ¡fornicación!

Lo más vergonzoso es que los exmaridos también utilizan este artículo, no para recuperar la tutela de los hijos sino como medio de presión para que una mujer renuncie a sus derechos, incluida la pensión alimenticia.

Está claro: el artículo 490 del Código Penal es una herramienta para el chantaje y la corrupción. Hay que abolirlo, simple y llanamente. Para que víctimas y violadores estén cada uno en su lugar.

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