Egipto, república galáctica

Publicado por

Nuria Tesón

Publicado el 5 Jul 2013

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La historia tiene en Egipto la capacidad de transformarse como si uno subiera y bajara de una máquina del tiempo cada vez que cogiera un taxi. Unas veces parece que de algún rincón del desierto va a salir Ramses II al frente de sus tropas conquistadoras y otras cree haberse teletransportado a una República como la de la Guerra de las galaxias, en la que las conspiraciones se mezclan con los dialectos venidos de todos los rincones del Universo. Tan voluble es el concepto del tiempo, el espacio y las alianzas en este rincón de África.

Lo que ocurre en Egipto estos días tras el golpe de Estado militar (llamamos a las cosas por su nombre) que ha acabado con el primer presidente de su democracia, el hermano musulmán Mohamed Morsi, es tan complicado al menos como la trama de la saga galáctica de George Lucas con sus saltos temporales. Me di cuenta de ello hablando con Pablo, un entendido de dichas guerras estelares de casi 7 años de edad que no alcanzaba a comprender que los que tenemos un pocos años más hubiéramos conocido a Anakin Skywalker pasada la pubertad y no cuando todavía ganaba carreras de vainas.

Pocos a estas alturas saben en qué episodio de las películas se encuentran

Si algún no fan de Star Wars ya se ha perdido, entenderá ahora a qué me refería con las similitudes entre la transición egipcia y las aventuras de Skywalker, Darth Vader y compañía: pocos a estas alturas saben en qué episodio de las películas se encuentran; si en el cuarto que se estrenó hace 30 años, o en el primero, que fue a los cines cuatro lustros más tarde que aquel.

Estos días en Egipto se habla de una nueva revolución, de recuperar el país y de democracia, pero la incertidumbre me asalta cuando esa palabra, democracia, va aparejada a botas, sables y guerreras, aunque traiga el respaldo legítimo de millones de egipcios que la reclaman merecida y honestamente.

Traición, conspiración, lucha de poderes e intereses partidistas son palabras que se mezclan en mi cabeza como en una coctelera. Oigo que se han cerrado 35 canales de televisión pertenecientes a los Hermanos Musulmanes o afines a ellos y se me eriza el cabello. Me entero de que Mohamed Badíe, el guía supremo de la hermandad, ha sido detenido, así como Saad Katatni, exportavoz del Parlamento egipcio y presidente del partido Libertad y Justicia al que he entrevistado en multitud de ocasiones, y me hecho a temblar.

Es entonces cuando acuden a mí retazos cinéfilos de las películas de Lucas, conspiraciones y luchas de poder: el poder de la Fuerza.

Siempre ha habido una lucha de poder en la sombra entre Hermanos Musulmanes y los militares

A grandes rasgos, la acción de Star Wars se sitúa en una galaxia muy lejana, donde durante siglos ha existido una pugna entre los caballeros Jedi, que abogan por el orden y la justicia en la República Galáctica, y los Sith, una secta de seres que utilizan el lado oscuro de la Fuerza para destruir a los Jedi y gobernar en la galaxia.

Desde que empezó la saga de la República Galáctica de Egipto en 2011 siempre ha habido una lucha de poder en la sombra entre Hermanos Musulmanes y los militares. No simpatizo con las ideas ni métodos de unos ni de otros.

Cuando el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas tomó el poder en febrero de 2011 al ser derrocado Mubarak (entonces nadie habló de golpe de Estado…) torturaron, juzgaron a civiles en tribunales militares, restringieron libertades, y se dedicaron, en definitiva, a acomodarse en el poder. Sólo la presión en las calles de los egipcios logró forzar unas elecciones presidenciales.

Los Hermanos Musulmanes, sin embargo, no formaron parte de muchas de esas protestas, tenían su propio plan y este requería moderación y buenas relaciones con los militares. Así que el primer año de transición lo pasaron como una pareja de enamorados enfadándose y reconciliándose. Aunque pudiera parecer lo contrario, los Hermanos buscaron siempre su propio beneficio.

Cuando al final Morsi se impuso al candidato de los militares, Ahmed Shafik (amigo de Mubarak, último primer ministro antes de la revolución…), tuvo que haber una dura negociación entre bambalinas y un choque de sables de generales e islamistas, para que se reconociera a Morsi el 51% de los sufragios.

Lo primero que hizo el flamante presidente fue jubilar a la cúpula del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y colocar en su lugar a un general afín a los Hermanos Musulmanes: Abdelfatah Sisi.

Pero en vista de los últimos acontecimientos el general Sisi-Skywalker ha acabado con el hermano Morsi-Vader, sin importarle cómo había llegado a donde estaba. Aparentemente la Fuerza ha ganado al lado oscuro.

Las purgas han sido la norma durante el corto reinado de Morsi: ¡Fuera vestigios del antiguo régimen! ¡Adentro Hermanos Musulmanes, salafistas y simpatizantes! El idilio no podía durar. El último pulso a la judicatura y especialmente el nombramiento de varios ‘hermanos’ musulmanes como gobernadores de la mayoría de las provincias del país, posiciones políticas que hasta el momento siempre recibían generales retirados, ha terminado de orientar la espada láser a la cabeza de Morsi.

Morsi ha demostrado ser sordo a las demandas de los sectores no islamistas

Pero no quiero dejar a los militares como Jedi defendiendo a Egipto. El verdadero poder de la fuerza ha sido el de los egipcios, los rebeldes que no han dejado de derramar su sangre ni un solo día en los últimos dos años y medio para defender la democracia que quieren.

No cabe duda de que Morsi no habría atendido a los que protestaban en las calles ni en el mejor de los casos. Durante este año ha demostrado ser sordo a las demandas de los sectores no islamistas. En las protestas contra él estos días he visto a musulmanes conservadores exigiendo su fin, tal es la pérdida de respaldo entre la población que ha sufrido en los últimos meses.

Morsi no ha tenido capacidad de mejorar la economía; no ha emprendido reforma alguna encaminada a fomentar un proyecto político de futuro que incluyese las distintas tendencias y sensibilidades de la sociedad egipcia, un país con 90 millones de habitantes; ni fue capaz de contener el ansia de poder de los Hermanos Musulmanes para lograr un consenso en la redacción de una Constitución para todos. Esa avidez, ese egoísmo y ese deseo de reemplazar las estructuras del Estado mubarakista por el estado islamista de los Hermanos Musulmanes son los que le han hecho caer de su pedestal.

Morsi debía caer para que Egipto avanzara y eso no habría sido posible sin el beneplácito del Ejército, mal que nos pese. Pero cuidado, los militares egipcios ya han demostrado que sus buenas palabras y sus promesas de guardianes de la libertad y el deseo de los egipcios son huecas y están larvadas de segundas intenciones: preservar en la oscuridad sus presupuestos e intereses económicos y mantener su autonomía fuera del control estatal, como la segunda cabeza de un Estado bicéfalo. Ésta es su prioridad, y aunque los generales hayan entregado el poder a un presidente interino estemos atentos. El lado oscuro de la fuerza se siente muy fuerte y cómodo en el interior del Ministerio de Defensa.

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