Sobre amor y muerte

Publicado por

Mansoura Ezeldin

Publicado el 4 Ago 2013

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Pese a lo oscuro de la expresión o quizá por ese motivo, en el dicho levantino “Que me entierres (taborni)” hay una fusión extraordinaria entre la muerte/sepultura y el amor. Literalmente la palabra quiere decir: “Espero que me entierres”, lo que figurativamente significa: “Te deseo una vida más larga que la mía”; es decir: te quiero hasta el punto de que no soporto perderte, por eso, deseo morir antes que tú.

La palabra, propia de ritos funerarios y ánimas silenciosas, de tumbas custodiadas por rosas y chumberas, ha recorrido una gran distancia hasta alejarse de su significado literal. La naturaleza del idioma implica sutileza y argucia, pero “taborni” supera con creces a cualquier término en la “traición” a su origen, en la desobediencia. Tal como lo escuchamos hoy en día, incluso se nos vienen a la cabeza significados colmados de amor y seducción.

Todavía existe armonía entre el amor y la muerte: la emoción es violenta

El ingenio popular se ha adueñado del término liberándolo de su pesada carga semántica. Borrándole las oscuras sombras, lo han dotado de vitalidad de movimiento llevándolo a contextos nuevos. Así, se pone en boca de una madre mientras juega con su pequeño, lo dice una amada a su amante mientras ríen y también un adolescente precipitado bromeando y piropeando a una guapa que pasa a su lado.

No obstante, ¿es verdad que el término ya no guarda nada de relación con su origen? Diríamos que no del todo. Todavía existe armonía entre el amor y la muerte; la emoción que expresa y sugiere es violenta y a la vez vencedora como la muerte; el amor que convierte la vida de quien ama en un sacrificio por lo amado.

Pero ¿no significa el deseo de morir antes de quien amamos, de alguna manera, reconocer implícitamente que, con nuestro amor torrencial, somos más cobardes y egoístas que si sufriéramos los dolores de su pérdida?

¿Qué ingenio es aquel que compara el amor con la muerte?

En el habla egipcia hay una oración que dice: “El Señor marca mi día antes que el tuyo”. Además, utilizamos la palabra “muerte” para referirnos a lo más de lo más: “Te quiero a morir”, “te odio a morir”, “guapa de muerte”… Quizás sea la confirmación de nuestra debilidad como seres humanos frente a ese hecho incomensurable del que nadie nunca ha logrado escapar.

“Te quiero a morir”, “guapa de muerte”… expresiones que confirman nuestra condición humana

En el habla siria, a la expresión “taborni” le corresponde también otro dicho, casi en desuso: “Que me pongas el arrayán”. Es mucho más estético e inspirativo y significa: “Espero que vivas mucho tiempo después de mí para que plantes el arrayán en mi tumba”.

Ambas expresiones provienen de todo un legado cultural árabe, presente también en muchas otras culturas, donde se ve el amor como un asunto muy serio condenado a la tragedia, al drama, y más aún, como sinónimo de locura y muerte. ¿No fueron Qays ben Mulawwah y Qays ben Dhuraih apodados “Maynun Layla” (Loco por Layla) y “Maynun Lubna” (Loco por Lubna) respectivamente? ¿Y qué decir de aquel beduino de los Banu Adhra que cuando le preguntaron quién era respondió: Soy de un pueblo donde si se ama, se muere?

Dentro de las muchas caras del amor, queda aquella de la aniquilación del espíritu en la pasión del amado. Queda la imagen del enamorado llevando las flores a la tumba de su amor. Es como si estuviéramos frente a la consolidación de la idea de que el recuerdo del amor perdura más que el amor en sí; de que la devoción al recuerdo de un amor es más fuerte que el disfrutar físicamente de ese amor, a su lado.

Un amor mezclado con la muerte es un amor que desafía la fuerza que tiene la muerte.

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