Nadie quiere a Obama

Publicado por

Nuria Tesón

Publicado el 14 Ago 2013

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Desfile militar en El Cairo (Julio 2013)   | © Imane Rachidi / M'Sur
Desfile militar en El Cairo (Julio 2013) | © Imane Rachidi / M’Sur

“Obama, go to hell”. Con pancartas en inglés, miles de barbudos gritan consignas contra Estados Unidos, mandan al infierno al presidente norteamericano. Llevan pancartas de sus “mártires”, los militantes de los Hermanos Musulmanes muertos en los últimos enfrentamientos en El Cairo.

El desfile tiene lugar ante la embajada de Estados Unidos en el barrio acomodado de Garden City, en la capital egipcia, donde algunos creían que nunca se verían manifestaciones. El edificio está cercada con alambrada metálica y protegido con un muro de policías pertrechados de antidisturbios en el único acceso transitable a la legación diplomática.

Toda la manzana es inexpugnable, pues sus entradas han ido siendo tapiadas con bloques de hormigón en las diferentes escaladas violentas que se han sucedido en el último año, hasta convertirla en un fortín.

Si fuera por los islamistas, Obama y el general Sisi irían juntos al infierno, pero los dos no lo tienen claro

“Sisi, Sisi, go to hell”. Si fuera por los activistas, el compañero de viaje de Obama camino del averno sería Abdel Fatah Sisi, el jefe del Estado Mayor que el 3 de julio depuso al presidente Mohamed Morsi, el primero elegido democráticamente… y el primero afiliado a la organización islamista de los Hermanos Musulmanes.

Pero curiosamente, los dos candidatos “infernales” no lo tienen tan claro. Poco días después de la manifestación, celebrada a finales de julio, el general Sisi acusó con duras palabras a Barack Obama en una entrevista con el diario estadounidense Washington Post: “Usted abandonó a los egipcios. Usted le dio la espalda a los egipcios, y ellos no lo olvidarán. ¿Y ahora quiere continuar haciéndolo?”

Tampoco los enemigos de Morsi, los millones de activistas que a finales de junio se reunieron en la plaza de Tahrir para exigir la dimisión del presidente, quieren nada con Obama. Los jóvenes que promovieron la recogida de firmas contra Morsi, unidos en el movimiento Tamarrod, se han negado a reunirse con el viceministro de Exteriores de Estados Unidos, William Burns. Aducen como motivo la doble política de Estados Unidos que en su día “apoyó a los Hermanos Musulmanes” y por la que exigen una disculpa de la Casa Blanca. Una segunda visita de Burns en a agosto, en la que se reunía tanto con los Hermanos como con los militares, terminó también sin resultado conciliador.

“El único canto común en Tahrir y Rabaa, entre islamistas y laicos, es anti-EE UU”

“Interesante: el único canto común en Tahrir y Rabaa – la plaza en la que se han atrincherado los seguidores de los Hermanos Musulmanes – es anti-EE UU. Un triunfo de la política americana”, señalaba con ironía en su cuenta de Twitter Hani Shukrallah, periodista y analista egipcio.

Porque en este punto coinciden ambos bandos: Estados Unidos no ha sido un simple espectador que se haya acomodado a la nueva situación, sino que tiene parte de la responsabilidad en lo que está sucediendo.

Las quejas de los islamistas son obvias: Washington ha dado el visto bueno al golpe de Estado de Sisi, precisamente evitando calificarlo de “golpe de Estado”. Un detalle fundamental: la ley estadounidense prohíbe entregar ayuda económica -aparte de la humanitaria- a un gobierno producto de un golpe. Caso de pronunciar la palabra “asonada”, Obama tendría que haber suspendido la asignación económica estadounidense a Egipto en concepto de ayudas militares. Asciende a 1.300 millones de dólares, la segunda mayor del mundo, después de Israel.

Esa cantidad es clave para mantener no sólo las buenas relaciones entre ambos países sino también la estabilidad en la región. Las filtraciones de Wikileaks confirmaron una vez más que los generales egipcios veían el programa de asistencia militar como “la piedra angular” de su relación con EE UU y que la ayuda anual era una “ ‘compensación intocable’ por mantener la paz con Israel”.

Y Washington necesita que los generales estén contentos para mantener a Egipto bajo control: el Ejército controla al menos el 40% de la economía egipcia y su presupuesto no está sujeto a la supervisión del Estado.

Así las cosas, la portavoz del ministerio de Exteriores estadounidense, Jen Psaki, se encargó de allanar el aterrizaje en El Cairo de William Burns, eludiendo definitivamente el término “golpe” y afirmando, días antes del viaje del subsecretario, que EE UU no considera que el Gobierno de Morsi fuera plenamente democrático. “La democracia no es sólo un asunto de ganar los votos en las urnas”, advirtió Psaki.

Con esas palabras, Washington daba el espaldarazo definitivo al golpe y la espalda a sus breves aliados en la región, los Hermanos Musulmanes. Y despejaba las dudas sobre el futuro de las ayudas militares. William Burns fue el primer representante de un país occidental en reunirse con el nuevo gobierno, designado por la cúpula militar tras el derrocamiento de Morsi.

“Estados Unidos pierde credibilidad ante los ojos de los árabes por no mantener su respaldo a Morsi”

Essam el Erian , vicepresidente del Partido Libertad y Justicia – las siglas bajo las que se presentan en el Parlamento los Hermanos Musulmanes – no escatimó sus palabras. Estados Unidos “ha fallado en la construcción de cualquier régimen democrático que respete los valores y las reglas de la democracia en cualquier lugar que haya ocupado o de cuyos líderes haya sido aliado”, manifestó en julio en su página de Facebook. Poco después iba más allá exhortando a los egipcios a sitiar la embajada norteamericana y afirmando que el papel de Estados Unidos en lo que denomina “el golpe de Estado militar” en Egipto, es evidente.

Estados Unidos “está perdiendo su credibilidad ante los ojos de los árabes”, apunta Mohamed Beltegy, secretario general del Partido de la Libertad y la Justicia y exdiputado. Cree que “es sorprendente cómo Estados Unidos se niega a reconocer la legitimidad de un gobierno democrático”. En su opinión parece que “cualquier precio es válido para echar a los islamistas del poder, por democráticos que sean”.

Beltegy, que como Erian tiene pendiente una orden de arresto, considera que “la Administración estadounidense ha transmitido un mensaje muy grave al pueblo egipcio en el que destaca su ignorancia y su falta de respeto por el proceso democrático si este no coincide con sus intereses”.

Los adversarios de Morsi no olvidan que EE UU se reunió con los Hermanos Musulmanes nada más caer Mubarak

Para ambos lados ya quedan lejos las imágenes de hace ocho meses, tras los bombardeos de Israel sobre la Franja de Gaza: Hillary Clinton con el entonces flamante y democrático rais Morsi, presentándolo como el actor fundamental para la resolución de la crisis de Oriente Próximo y como gran amigo estadounidense.

Quienes no lo han olvidado son los enemigos de Morsi. En la plaza de Tahrir, convertida en cuartel general de los activistas de Tamarrod y las muchedumbres opuestas al partido islamista, los gritos contra Washington no son menos altos que entre los barbudos ante la la legación diplomática estadounidense. Muchos no quieren olvidar que tras la revuelta de Tahrir de 2011 y la caída de Hosni Mubarak, Estados Unidos se apresuró a reunirse con los Hermanos Musulmanes, cuando aún eran opositores ilegalizados como congregación. El gesto despertó las suspicacias de la oposición liberal no islamista. Washington ayudó a Morsi a ocupar el trono, creen muchos.

Una pancarta con la imagen del presidente Barack Obama con una larga barba – un montaje con una fotografía del líder de Al Qaeda, Osama Ben Laden- se repite por toda la plaza. El retrato barbudo ha sido inmortalizada ya en tazas y pegatinas: “Contra los que defienden el terrorismo”, reza la leyenda junto a la imagen.

La frase es una alusión a la convocatoria de Sisi, quien pidió a los egipcios a finales de julio salir a la calle para así, con su presencia, “autorizar” al Ejército egipcio a luchar “contra las amenazas terroristas” y sugiere que en realidad, Obama apoye al islamismo y no a los militares defensores de un orden político algo más cercano al laicismo.

De hecho, el que el general pidiera de modo directo la beligerancia de los ciudadanos en cualquier tipo de represión futura contra los simpatizantes de Morsi tal vez llegaba demasiado lejos para Estados Unidos. El mismo día del discurso de Sisi, Washington advirtió que por el momento no se enviarán los aviones F-16 que debían salir hacia Egipto como parte del programa de ayuda militar. “Dada la situación actual en Egipto, creemos que no es el momento de continuar la entrega de los F-16”, dijo a la prensa el portavoz del Pentágono, George Little. Subrayó que la decisión del presidente Obama contaba con la aprobación unánime del equipo de seguridad nacional.

El desalojo de Rabaa, bastión de los islamistas, deja muertos pero no reduce el respaldo al Ejército

Veinticuatro horas después, el saldo de manifestantes muertos en Rabaa, donde los militares dispararon contra los activistas de los Hermanos Musulmanes, ascendía a 74, los heridos a más de 700.

Dos semanas más tarde, al publicarse esta información, el Ejército procede al desalojo de las dos plazas bastión de los islamistas,  dejando un nuevo reguero de decenas de muertos en la madrugada  del 14 de agosto, entre los vítores de los ciudadanos cuyo odio contra los Hermanos Musulmanes no ha parado de crecer mientras su respaldo del Ejército sigue en aumento.

Porque la marea de egipcios contrarios a los islamistas siguen resistiéndose a llamar “golpe” la decisión del general Sisi a deponer a Morsi. En lugar de hablar de una asonada se refieren a ella como la “tercera revolución” o “tercera ola revolucionaria”, como hace el intelectual Alaa Al Aswany.

Incluso Hassan Abu Taleb, analista del think tank egipcio Al-Ahram, señala que se trata de “la cuarta vía”, la “política de las masas”: aquella que viene cuando ni las protestas, ni las urnas, ni la democracia al uso funcionan. Es rotundo: “Lo hicimos con Mubarak, lo hemos hecho con Morsi y lo haremos con cualquier presidente que abandone la tradición civil, nacionalista e histórica egipcia”.

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