Los fachas del ramadán

Publicado por

Zineb El Rhazoui

Publicado el 15 Ago 2013

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No: no se trata de un mes de ayuno. Eso se encargan de desmentirlo las mesas opulentas llenas de manjares adicionales que se colocan para la ocasión delante de todas las tiendas de comida oriental de Francia y Navarra: evidentemente, el ramadán es un mes para atiborrarse. A partir de la puesta del sol, es decir las 22:00 horas en este mes de agosto, todos devoran frenéticamente las zelabía, chabbakía, mekrut y otras especialidades chorreantes de azúcar. Esta tregua de calorías durante un mes tan largo, que una habría creído época de frugalidad, se traga ella solita una gran parte del presupuesto anual de las familias que se pliegan a esta costumbre.

Será cierto que el musulmán medio está convencido de que Dios le ordena ayunar para que sienta en sus propias carnes lo que sufren los necesitados, pero eso no quita un ápice a la codicia con la que mete los dedos en el tayín por la noche, sin pensar ni un momento en compartir su alimento con los pobres que pululan por el barrio. Eso sí, los más desposeídos también tienen que hacer el ramadán, no cuenta para nada el que tengan la barriga vacía también el resto del año.

Pero los que le preocupan al musulmán medio no son ellos. Sino los otros, aquellos que son sus semejantes, con el mismo color de piel, pero que tienen el atrevimiento de alimentarse delante de sus narices, cuando él mismo ha invertido tanto esfuerzo y dinero en la logística de su estómago.

Cuando comer se convierte en un acto de subversión, los Estados legislan como pueden para hacer respetar el régimen de ayuno forzoso.

Alepo

Sexo y dieta

Parece que no le basta con los enemigos que ya tiene: ahora, la oposición siria también se enfrenta a los incondicionales del café por la mañana. Los dirigentes de la Siria libre y democrática de mañana han decretado en Alepo que aplicarán un año de prisión a cualquiera que no cumpla el ayuno del ramadán. Al mismo tiempo han acuñado el innovador concepto de la “yihad sexual”, haciendo un llamamiento a las siervas de Dios para que se unan al maquis de la yihad para aliviarles la hinchazón de huevos a los combatientes. Ahora, claro, hace falta que esperen que ellos se llenen la panza primero, caída la noche. Esperemos que el nuevo código de trabajo sirio al menos haya previsto primas para las horas de trabajo nocturno.

Túnez

Identidad nacional

Visto que no son capaces de arreglar la crisis política y económica que sacude el país, los barbudos de la época pos-Ben Ali se afanan para prevenir al menos las crisis de hipoglicemia. Desde el principio del ramadán, el ministro de Asuntos Religiosos, Noureddine El-Khademi, declaró en una radio nacional que abrir los restaurantes y cafés durante el mes sagrado sería contrario a la identidad nacional.

El pretexto para tomar tan agria medida es que la mayoría de los tunecinos son, supuestamente, musulmanes, de ahí que las normas del ramadán se aplican a todos. Pero quienes le respondieron, con cierto sentido de humor, no eran precisamente los marcianos quienes, por toda respuesta, fueron publicando fotos en las redes sociales en las que se les veía disfrutar de una pizza o de un zumo de naranja, esto último un guiño al primer presidente del país, Habib Bourguiba, que había bebido tal zumo en pleno mes de ayuno. Decenas de tunecinos querían demostrar así que no tienen intención de renunciar mañana por la mañana a la reputación de su país como el más tolerante del Norte de África respecto a quienes no ayunan. He aquí lo que realmente constituye la identidad nacional tunecina.

Cabilia

Cábalas anticristianas

En estos territorios rebeldes de Argelia, el ramadán se convierte cada año en un extraño rito de caza y captura. Desde el principio del mes de ayuno, la gendarmería nacional argelina lanza brigadas enteras contra los ciudadanos que comen, a veces incluso en la intimidad de sus casas. Una cafetería fue incluso cerrada y sellada por la policía, tras confiscarse su registro de comercio, bajo el pretexto que servía consumiciones a personas que deberían haber hecho el ayuno. Pero en lugar de tragarse la vergüenza de no ayunar, la población se ha movilizado para reivindicar su derecho a comer. Esta región es el feudo de la comunidad cristiana argelina, no reconocida e incluso combatida por el Estado. Y el ramadán no incita a la tolerancia religiosa, sino todo lo contrario.

El Cairo

Coptos y callados

Si existe una tierra donde se ayuna más que en cualquier otra, ésta es Egipto, desde luego. Pero esta plusmarca no es el mérito de los musulmanes sino de los coptos, aunque son minoría. Muchos cristianos egipcios, fervientes practicantes, ayunan más de 200 días al año, se dice. Eso sí, su práctica del cuaresma es tan discreto que es muy difícil verificar cuánto dura. Los musulmanes, por su parte, ayunan treinta días al año, y el país entero se pone patas arriba. En la Administración, los horarios se adaptan y las funcionarias veladas que sólo se meten en funcionamiento con un bakchich durante el resto del año, señalan con mirada austera al ciudadano en qué cajón debe deslizar el billete. ¡Cómo se iban a ensuciar las manos tocando el dinero de la corrupción en pleno ramadán!

Los escasos restaurantes que siguen abiertos para los turistas o para los coptos, sobre todo los de comida rápida, difunden cánticos del Corán a voz en grito. Lo que más les gusta son los versículos que atacan a los cristianos, una pequeña venganza, bastante cobarde, contra estos egipcios que tienen el mismo pelo rizado que todos los demás pero, ah, tienen derecho a comer.

Marruecos

Los fachas del ramadán

Un reino de 34 millones de tubos digestivos que se alimentan todos a la misma hora, de los mismos platos y mirando los mismos programas de televisión… El ramadán marroquí haría palidecer e envidia a los mejores teóricos del fascismo. Es seguramente uno de los peores lugares del mundo para los que no ayunan en ramadán, especialmente si son marroquíes. Es más: este país, que gusta de presentarse como un ejemplo excepcional de tolerancia religiosa, mantiene en su código penal el artículo 222, que condena a toda persona que coma o beba (agua) en público a una pena de prisión de entre uno y seis meses. Una situación que suscita la indignación de los defensores de derechos humanos.

En su edición de 2013, ya en las dos primeras semanas de ramadán, la policía marroquí había detenido, con pocos días de diferencia, a un joven y luego a una chica, ambas condenadas a tres meses de prisión por haber fumado un cigarrillo. La mayor parte de la opinión pública marroquí aprueba estas medidas, bajo el pretexto del “respeto” a la religión. Una religión que, en la práctica, ha perdido toda respetabilidad.

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