Gaza se levanta contra Hamás

Publicado por

Carmen Rengel

Publicado el 6 Nov 2013

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Gaza alberga un millón y medio de personas en 360 km2 | © Rafael Marchante

“Queremos que caiga Hamás, sin violencia. Nosotros sólo estimulamos al pueblo gazatí para que rompa su silencio y luche contra la injusticia”. Habla Orouba Othman, portavoz de Tamarrod Gaza, una corriente contestataria contra el Gobierno del Movimiento de Resistencia Islámico, la primera en firme desde que en 2007 Hamás comenzó a regir la franja.

Nunca antes se había articulado de forma tan seria el descontento popular contra el partido del primer ministro Ismael Haniyeh. En 2009 los jóvenes de Isha (Despertar) reclamaban tibiamente más libertades y en 2011 pidieron que se uniera a Fatah. Lo que exige ahora esta rama nacida al calor de los activistas del Tamarrod de Egipto, que derrocaron el pasado verano al presidente Mohamed Morsi, va más allá: quieren acabar con el régimen islamista y convocar elecciones. Para acabar con la “persecución, extremismo y corrupción”. El 11 de noviembre, dicen, es la fecha del cambio.

El nuevo Tamarrod se define como un movimiento pacífico, juvenil, para el que los males de Gaza tienen dos culpables: Israel, con su ocupación, y Hamás, quien a su juicio dio un “golpe de Estado” para hacerse con el poder. El partido ganó las elecciones de 2006 pero se hizo con la administración un año más tarde, tras negarse a dialogar con Fatah –el partido que gobierna en Cisjordania- y perseguir a sus dirigentes.

“Queremos actuar para denunciar todos los crímenes que ese paso nos ha traído”, insiste la portavoz. El grupo nació en primavera, pero no fue bautizado hasta verano, usando el nombre de sus vecinos –significa “rebelión”- y aprovechando el impulso de Egipto. El 1 de julio, los activistas lanzaron su primer comunicado, en el que abogan por “eliminar las injusticias” de Gaza basándose en “los corazones unidos” del “pueblo que sufre”.

Nunca antes se había articulado de forma tan seria el descontento contra Hamás

En agosto, cuatro chicos del movimiento, enmascarados, difundieron un vídeo en el que por primera vez salía su logotipo –una bandera palestina convertida en puño- y en la que se acusaba a Hamás de mercadear con armas que luego se usan para matar o aterrorizar a los propios palestinos. Fue tomada a broma en las altas esferas de poder. Cuando se proyectó a primeros de octubre en El Cairo, en una vigilia ante la sede de la Liga Árabe, Hamás ya estaba convencido de que iban en serio.

Ahora, Hamás acusa a Tamarrod de servir a Fatah, a los servicios secretos de Egipto y hasta al “enemigo sionista”, pero los activistas insisten en que no están afiliados a ningún partido. Aseguran tener “pocos” líderes, cuyos nombres no salen a la luz por miedo a que sean detenidos, y se apoyan en las redes sociales como plataforma de difusión.

Aseguran tener ya medio millón de firmas que apoyan su campaña. La mayoría fue recogida por email, porque los primeros intentos de colecta en la calle acabaron con los voluntarios en comisaría. Algunos han sido detenidos más de 15 veces en el último trimestre. Periodistas, intelectuales, portavoces vecinales… Pocos son los que no se han visto en un interrogatorio si han colocado en su muro de Facebook una foto de la campaña de Tamarrod, cuya página en esta red ha sido saboteada por Hamás en tres ocasiones. En algunos interrogatorios se ha empleado violencia física, según denuncia el Centro Palestino por los Derechos Humanos (CPDH).

Ante las preguntas de los internautas, los portavoces de la plataforma reconocen que su situación no es comparable a la de Egipto, donde el Ejército ayudó a ejecutar lo que parte de la población quería: el fin del Gobierno de los Hermanos Musulmanes. Gaza es otro mundo.

Hamás acusa a Tamarrod de servir a la inteligencia egipcia y al “enemigo sionista”

“Nosotros, solos, no podemos derrocar a nadie. El pueblo acometerá esta tarea. El cambio sólo puede venir desde la base. La lucha, lo sabemos, es desigual, porque ellos tienen medios, pero nosotros tenemos la razón”, resume Mayed H., un joven portavoz de Khan Yunis, al sur de Gaza. Ese cambio debe estallar con una manifestación, el día 11, aniversario de la muerte del histórico presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yaser Arafat. La elección “no tiene que ver con Fatah”, repiten insistentes, sino con su figura “reivindicativa” de la lucha palestina.

Tamarrod Gaza pretende reunir ese día a un millón de personas contra Hamás, una cifra abultadísima teniendo en cuenta que la población total de la Franja ronda el millón y medio. A través de sus webs y de pasquines colgados por las calles en mitad de la noche, están pidiendo al pueblo que compre suministros al menos para una semana y que tras la protesta permanezca en sus hogares, ante el temor de una ola de represión inmediata.

“Ese día cada ciudadano será un líder y tendrá un móvil o una cámara para grabar lo que ocurra. Lo único que necesitamos ese día es voluntad”, explica uno de los administradores de la página de Facebook del grupo, que no hace público su nombre por seguridad pero que dice ser un estudiante gazatí residente en Egipto.

Diversos medios palestinos e israelíes han dado cuenta de una reunión celebrada hace diez días en una mezquita de Gaza capital en la que altos mandos policiales, funcionarios del Ministerio del Interior y personal de las Brigadas Al Qassam –brazo armado de Hamás- habrían elaborado un plan de actuación contra la protesta, que se resume en una orden sencilla: tirar a matar a todos los que se sumen.

“No quiero heridos. Hay que disparar a la cabeza”, afirmó el ministro Fathi Hammad, según el diario Al-Hayat Al-Jadidia. Un portavoz de Interior, Isam Shahwan, lo niega: “No hay preocupación alguna. La estabilidad se mantiene en Gaza”, es su versión, repetida con insistencia. También niega que bajo el paraguas de la investigación de Tamarod estén deteniendo e interrogando a responsables de Fatah. Son “rumores”, señala, para tapar el proceso de negociación con Israel, a su juicio “ilegítimo”.

Hay síntomas de que a Hamás le preocupa la popularidad de Tamarrod

Pero hay síntomas de que Hamás está preocupada. Las constantes pintadas que aparecen con lemas contra el Gobierno son borradas en pocas horas, se han activado patrullas policiales de paisano que vigilan los centros estudiantiles y vecinales en busca de rastros de los tamarod, se ven pasacalles de las Brigadas Al Qassam, fusil y lanzacohete bien visibles, recordando con su megafonía las bondades de seguir la senda correcta…

Incluso el primer ministro Ismail Haniyeh ha tenido que mencionar a estos jóvenes. “Estoy a favor de la rebelión –tamarrod, en árabe-, pero que sea una rebelión contra la ocupación. Si no, se emprenderá un camino peligroso que podría tener consecuencias muy graves para nuestra unidad”, dijo el 21 de agosto. La respuesta a sus palabras fue la colocación de pasquines con los principios del movimiento contestatario en la misma puerta de las casas de los ministros de Hamás y en las sedes del diario Al Arabiya y la agencia de noticias Maan, ambas cerradas por la administración por sus informaciones críticas.

Los gazatíes, decepcionados con los islamistas

“La convocatoria será un éxito”, insiste Othman. Sostiene que la población de Gaza habla “de puertas para adentro” de su descontento con el Gobierno. Dice que votaron a Hamás con la esperanza que ampliara los servicios sociales, educación y sanidad, hasta entonces coordinados desde Ramalá, pero que Hamas “incumplió” el mandato popular al hacerse con el poder.

El control progresivo de cada parcela de la vida de sus ciudadanos ha terminado por hacerse “asfixiante”, añade Mayed. Ahora creen que es el momento de actuar, porque la situación económica es inaguantable y la presión social sólo necesita una vía para estallar.

El movimiento considera a Hamás el principal responsable del sufrimiento del pueblo

“Hamás es el principal responsable del sufrimiento de nuestro pueblo”, señalan los comunicados. La gente “recibe las migajas” de los suministros de gasolina o alimentos que llegaban hasta ahora por los túneles de Rafah, en la frontera con Egipto. Es el Gobierno el que exige un porcentaje sobre ese comercio y se lo “embolsa”.

“Tienen a tantos afines, hasta 40.000 funcionarios, que los 800 millones de dólares de presupuesto anual no llegan para cubrir nuestras necesidades. Ahora que Egipto ha cerrado totalmente Rafah y ha bombardeado los túneles, no tenemos combustible ni para luz. La única central ya no funciona. Hay más horas de cortes que de iluminación. Sólo con los túneles se pierden 230 millones de dólares al mes y el paro está en niveles de 2008, con un 43%. Por supuesto que el bloqueo de Israel es el marco de nuestra desgracia, pero Hamás y su comportamiento por ejemplo con la UNRWA ha influido para que tengamos aún menos o para que países como Qatar retengan la ayuda prometida”, abunda la portavoz.

La coyuntura regional juega contra Hamás, más débil que nunca. Parecía impensable, desde que mantuvo el pulso a Israel durante los ocho días de la operación Pilar Defensivo en noviembre de 2012 y forzó una tregua, con Egipto de mediador. Hasta los afines a Fatah salieron a la calle en la fiesta del día después del acuerdo -21 de noviembre-, todo un triunfo de los islamistas.

Pero un año después el contexto es radicalmente distinto. La caída de Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes, casa matriz de Hamas, sobre la lona egipcia ha sacudido los cimientos de Gaza. En la Franja ya nadie grita: “Morsi nos liberará” e Ismael Haniyeh apenas hace declaraciones, con su máximo aliado regional caído en desgracia.

La caída de Morsi ha sacudido los cimientos de Hamás

Morsi flexibilizó el tránsito de personas por la frontera de Rafah, aunque nunca abrió el paso por completo, ni permitió un comercio fluido, como prometió, aunque mandó a su primer ministro, Hisham Qandil, a Gaza en pleno bombardeo, azuzó el proceso de reconciliación entre Hamás y Fatah, aún por cuajar, y fue el primer líder en recibir a Haniyeh con honores de jefe de Estado. A la vez respetó la paz de 1979 firmada con Tel Aviv y sus acuerdos sobre la exportación de gas egipcio a Israel. Un legado que no empañaba sus buenas relaciones con Hamás. Pero todo eso saltó por los aires con el golpe del 3 de julio.

Sin Egipto, sin Irán

“Hamás es uno de los grandes perjudicados con el cambio en Egipto”, constata Mukhaimer Abu Saada, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Al Azhar, en Gaza. Hamás creía que el ascenso de Morsi “demostraba que el islamismo y la política son compatibles y aumentaba su esperanza de, un día, convertirse en un interlocutor válido para Occidente”, abunda.

“No esperaba este terremoto y ocurre cuando ha perdido sus apoyos esenciales. Al posicionarse a favor de los rebeldes sirios ha cortado sus lazos con Damasco, y en consecuencia, con Hizbulá [la milicia chií libanesa] y con Irán. Teherán aportaba 20 millones de dólares mensuales para funcionarios hasta hace pocos meses. Eso se ha acabado. Quedan Turquía y Qatar, pero los dos han rebajado su entusiasmo, a la espera de ver qué postura toma Estados Unidos”, sostiene.

En octubre de 2012, el jeque qatarí Hamad bin Khalifa Al Thani fue el primer líder mundial en romper el aislamiento diplomático de la Franja. Eran tiempos en los que viajaba en el coche personal de Haniyeh, con el primer ministro de chófer, y prometía 400 millones de dólares en casas y carreteras. Un dinero que no ha llegado en su integridad y que no se ha visto acompañado de las nuevas partidas prometidas.

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, hace meses que no menciona su cacareado viaje a Gaza, que lleva anunciando desde el ataque a la Flotilla de la Libertad en 2010. Jordania tampoco ha dejado a Hamás abrir una nueva oficina en su territorio.

Ghazi Hamad, viceministro de Exteriores de Hamás, valora sucintamente la crisis. “Confiamos en que Egipto siga jugando un papel importante en nuestro territorio. Su apoyo es muy necesario. Estamos dispuestos a mantener nuestras relaciones, independientemente de quién gobierne”.

“Quien mande en El Cairo, tendrá que mirar a Gaza”, vaticina el analista Hani Habib

La oficina de Haniyeh emitió una nota en julio en la que mostraba su “extremo dolor y pesar” por los asesinatos de miembros de los Hermanos Musulmanes. “No tenemos miedo a que nuestra causa esté ausente de su agenda, a pesar de las dificultades”, añade un comunicado cauteloso de las Brigadas Al Qassam.

“Quedan meses de reajuste. Se ralentizarán procesos como el Gobierno de unidad. La tregua con Israel será vigilada, por fuerza, porque EE UU así lo exigirá. Quien mande en El Cairo tendrá que mirar a Gaza, porque es un asunto de seguridad nacional, más aún con el Sinaí cuajado de islamistas, y eso nunca va a cambiar. Antes o después tendrán que comprometerse. Es complicado volver a una época de alejamiento tan claro como con [el exdictador Hosni] Mubarak”, vaticina Hani Habib, analista político de la Franja.

“Todo coincide con los intereses de Israel”, reconoce este especialista. Ese es otro de los miedos de la población de Gaza: el retorno al enfrentamiento abierto, duro, con el enemigo vecino. El brazo armado de Hamás lleva semanas amenazando con más lanzamientos de cohetes, que se entenderían como una cortina de humo a la crisis interna que afronta el Gobierno.

El pasado viernes, cuatro milicianos de Al Qassam murieron en una doble incursión del Ejército israelí, después de que cinco de sus soldados resultasen heridos por una bomba en la frontera, al pie del túnel de 1,7 kilómetros localizado hace un mes, que une la Franja con un kibutz y que supuestamente iba a ser empleado para infiltrarse en Israel.

Desde principios de año, más de 60 cohetes y morteros, 22 de ellos en abril, han impactado en Israel, lanzados desde Gaza. La mayoría han sido reivindicados por grupos salafistas, hermanos de los que operan en el Sinaí, pero los de las dos últimas semanas llevan la marca reconocida de Hamás.

 La tregua que puso fin a la operación Pilar Defensivo, en realidad, no es tal

Desde la tregua que puso fin a Pilar Defensivo –operación de la que se cumple un año el día 14 de noviembre, que dejó 166 muertos palestinos y seis israelíes-, Hamás se había comprometido a no atacar territorio israelí, tras lograr golpear el sur de Tel Aviv y Jerusalén, hitos atribuibles al sofisticado armamento cedido por Irán. Mientras, Israel acató su parte, la promesa de no realizar asesinatos selectivos en la franja.

La tregua, en realidad, no es tal. En este año, el Centro Al Mazan ha contabilizado al menos siete muertos palestinos civiles por disparos israelíes en la frontera o por ataques aéreos. 90 personas fueron heridas. “Nos reservamos el derecho a actuar contra sospechosos”, es la frase con la que explica estas incursiones el Ejército. El acuerdo incluía una rebaja progresiva del bloqueo que Israel impone a Gaza desde 2007, tras la llegada al poder de Hamás, más urgente aún tras los daños por valor de 300 millones de dólares que dejó la guerra en la Franja.

Los cambios han sido poco llamativos. Israel ha permitido el acceso puntual de materiales de construcción, vetados hasta ahora, pero el descubrimiento de túneles ha hecho que se revoque la decisión, por el “mal uso” que se daba a los productos. Los pescadores vieron cómo se ampliaban de tres a seis las millas en las que podrían faenar, pero esto aún no les permite acceder a las especies más valoradas, como el atún. Según los Acuerdos de Oslo (1993), los palestinos podían pescar en 20 millas, límite que Israel, alegando un posible contrabando de armas, ha ido reduciendo progresivamente. Hace una década, se permitían hasta 12.

También se levantó el bloqueo en la llamada zona de amortiguación, una franja de 500 metros anexa a la valla fronteriza con Israel, a la que los agricultores no podían acceder por “seguridad”. Esa tierrasupone casi un tercio de su producción anual del campo gazatí (la anchura total de la Franja de Gaza no supera los 10 kilómetros y gran parte está cubierta por edificios). El CPDH denuncia que la aplicación de esta medida es “irregular”, que no todos los días es seguro ir a trabajar a la zona y que la mayoría de heridos por disparos en este tiempo eran trabajadores labrando sus campos.

Cisjordania también se mueve

Tamarrod Gaza está cobrando protagonismo por lo insólito que es un movimiento organizado contra Hamás. Pero no está solo. Tiene una rama hermana, Tamarod Palestina, que engloba su causa, la de Cisjordania y Jerusalén Este, la de los árabes expulsados de sus propiedades en 1948 y de los palestinos en el extranjero.

Tamarod Palestina engloba la causa de Gaza, la de Cisjordania y Jerusalén Este

Mohamed Masharqa, portavoz en Cisjordania, explicó al diario digital Al Monitor que su grupo lo forman “hombres y mujeres de todo tipo, de fuera y de dentro, que quieren emplear todos los medios de resistencia contra la ocupación israelí en aras de la libertad de todo el país”. Su discurso ya muestra desajustes respecto a Gaza. No descarta una “Tercera Intifada”, porque “la acción militar puede ser el camino más corto para acabar con esa ocupación”, como decía su comunicado en una reciente protesta en Ramalá. Reclama elecciones legislativas y presidenciales para “renovar” el Gobierno también en Cisjordania, pero no usa la palabra “derrocar”. Dice ir contra “Oslo, Hamás, la Autoridad Nacional Palestina, la corrupción, los sueldos escandalosos y la separación geográfica impuesta” por la separación entre Fatah y Hamás, pero reitera que Israel es su “máximo enemigo”.

Sostiene que el movimiento aspira a ser “el primer gran intento de unidad del pueblo palestino en décadas”. Hay talleres de concienciación en centros juveniles y de estudios y recogidas de firmas, pero la división interna es importante. Han surgido varias secciones, por distritos cisjordanos, y algunas han cambiado de nombre. “Es complicado articular a gente tan distinta, aunque haya mucho que nos une -reconoce Masharqa-. Nuestra ambición es tirar piedras al agua estancada que es Palestina, pero sabemos que es una carrera a largo plazo”.

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