¿Un arte panárabe?

Publicado por

Sultan Sooud Al-Qassemi

Publicado el 30 Nov 2013

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En las últimas décadas, diferentes gobiernos árabes han experimentado una serie de fracasos políticos, militares, económicos y sociales. Desde la ocupación de Palestina y la pérdida de Sudán del Sur al desempleo y la falta de derechos humanos y derechos de las mujeres, el panorama se vuelve cada vez más negro. En un intento de enmascarar sus fracasos y de recabar el apoyo de las masas, estos gobiernos a veces han lanzado ataques no sólo contra otros Estados árabes sino que también han rebajado la importancia de la identidad panárabe o la han directamente despreciado.

Para enmascarar sus fracasos, los Estados árabes han rebajado la importancia de la identidad panárabe

En los últimos años, las potencias europeas que diseñaron las fronteras de los países árabes han empezado a eliminar las barreras que impedían viajar por Europa, pero a la vez, los gobiernos árabes han ido cerrando sus propias fronteras. Desde 1994, por ejemplo, no hay punto de cruce entre Argelia y Marruecos, en una frontera que se extiende a lo largo de casi 1.600 kilómetros. Los Estados del Golfo franquean la entrada sin mayores complicaciones a casi todos los visitantes occidentales, pero exigen intrincados procesos burocráticos para otorgar un visado a los árabes que no sean del Golfo. Estas actitudes refuerzan sin duda una sensación de separación entre árabes, especialmente entre los jóvenes, a los que les sale más fácil viajar a algunos países occidentales, africanos y asiáticos, que a los “países hermanos” árabes.

Arrogancia y racismo

El descubrimiento de petróleo y gas en el Golfo ha llevado a que millones de árabes inmigrasen a la Península Arábiga y a que algunos oriundos del Golfo mirasen a sus hermanos árabes, al igual que a los inmigrantes de Asia, con cierta sensación de superioridad. Por otra parte, en la cultura popular de los países del Levante y África del Norte, tampoco era raro en las últimas décadas cierto racismo hacia los árabes del Golfo.

A los árabes del Golfo se les mira como si a ellos no les preocuparan los crímenes de Israel contra los palestinos y como personas malcriadas por sus ingresos de petróleo. En los últimos dos años, varios canales de televisión por satélite árabes, que se habían hecho con una gran audiencia y jugaban un rol destacado a la hora de cubrir noticias en todo el mundo árabe, se han convertido en redes de orientación sectaria con un programa político que divide a los árabes aún más, mientras que los dirigentes políticos árabes más importantes de la última década han caído en desgracia. Como resultado, en todo el mundo árabe avanza el sectarismo excluyente y las políticas basadas en la reinvindicación de “identidades” estrechamente definidas. La caída del panarabismo en los años 90 y 2000 ha llevado a algunos a declarar el “fin del nacionalismo árabe”.

Islamismo y nacionalismo

El movimiento panarabista nunca se recuperó del todo de la desaparición de uno de sus abanderados más prestigiosos: Gamal Abdel Nasser. Sufrió aún más como resultado de dos importantes procesos: el surgimiento del islamismo político entendido como identidad regional, y la política de adoctrinamiento patriótico por parte de los gobiernos árabes.

El panarabismo sufrió  por el surgimiento del islamismo entendido como identidad regional

Después de la II Guerra Mundial, Cairo, ciudad sede de la Liga Árabe desde 1945, se consideraba la capital regional. No obstante, tras los Acuerdos de Camp David en 1978, Cairo sufrió durante una década el ostracismo de los países hermanos y la Liga Árabe se mudó a Túnez.

La Guerra del Golfo de 1990 marcó aún más las trincheras del mundo árabe, con algunos países unidos a favor y otros en contra de una intervención militar para liberar Kuwait del ejército de Sadam Hussein. A la vez siguió ganando espacio la identidad panislámica, que había surgido con la invasión rusa de Afganistán en los años 80, cuando los medios de comunicación controlados por los gobiernos árabes animaban a los musulmanes a unirse a la “guerra santa”.

Promoción del patriotismo

Con el declive del esplendor de El Cairo fue subiendo la prominencia del lugar más sagrado del islam, La Meca. En 1986, el rey saudí Fahd adoptó el título de “Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas” mientras que el canal de televisión más popular del mundo árabe, Al Jazeera, optó por comunicar su programación basándose en la “Hora de La Meca”.

Tras los alzamientos árabes de 2011, los partidos islamistas llegaron a la cumbre de varios Estados árabes y buscaron una cooperación estrecha con otros movimientos islámicos. El islam se convirtió en el nuevo -ismo unificador de la región.

Mientras tanto, los Estados árabes lanzaron numerosos programas para promover el patriotismo y el nacionalismo limitados a sus propias fronteras. Una de estas iniciativas patrióticas se llamaba “Jordania Primero” y prometía “consolidar el espíritu de pertenencia entre los ciudadanos”, mientras que la conservadora Arabia Saudí no celebró su primer festivo laico, el Día Nacional, hasta 2005, tras una serie de reuniones para un “Diálogo Nacional”.

Tras los alzamientos árabes, el islam se convirtió en el nuevo -ismo unificador de la región.

En 2009, Qatar cambió su festivo nacional del 3 de septiembre, fecha en la que los británicos se retiraron en 1971, por el 18 de diciembre, la fecha en la que el fundador del Estado moderno tomó el poder. Con este gesto, Qatar se distanció de la era colonial a la vez que celebraba públicamente su patriotismo. De hecho, aparte del islamismo en pleno avance y el nacionalismo local en los Estados del Golfo, el nacionalismo panarabista también se enfrenta a lo que se percibe como una identidad “pan-jaliyi”, es decir, abarcadora de los “árabes del Golfo”.

Panarabismo de Occidente

Entre el siglo XVIII y el XX,, las potencias coloniales europeas en el mundo árabe seguían a menudo una política de diferenciación entre etnias para consolidar su poder. Sin embargo, en las últimas décadas ha sido curiosamente Europa la que ha sido anfitriona de varios proyectos culturales panárabes no religiosos. En 1977 se fundó en Londres el Arab British Centre, tres años más tarde se estableció en París el Institut du monde arabe, que inauguró en 1987 su sede en un edificio diseñado por Jean Nouvel.

En 2006, España abrió en Madrid y Córdoba la Casa Árabe para promover los lazos culturales y económicos con el mundo árabe. Y aunque no se haya creado específicamente con esta intención, el Arab American National Museum, abierto en 2005, está jugando un destacado papel a la hora de construir puentes con el mundo árabe y de homenajear una cultura panárabe.

En la esfera académica, varias destacadas universidades de Occidente establecieron institutos para estudios dedicados al mundo árabe, algo que prácticamente no existe en el propio mundo árabe.

Además, en el mundo no árabe, desde Europa a Estados Unidos y Australia, surgen diversos festivales de cine que reflejan la cultura panárabe, mientras que los festivales cinematográficos en los países árabes son o bien globales, como los de El Cairo y las ciudades del Golfo, o regionales, como los del Magreb y el Golfo. Hay muy pocas excepciones, como el Festival de Cine Árabe de Orán en Argelia.

La apertura de Mathaf

Finalmente, en 2010, tras décadas en las que la identidad cultural panárabe o bien no recibía atención o fue marginada conscientemente, se inauguró en Qatar una nueva institución cultural panárabe: Mathaf, el Museo Árabe de Arte Moderno.

Aunque varias capitales árabes albergan museos como el Museo de Arte Moderno Egipcio o el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Argelia, éstos sólo se dedican a la producción artística de sus propios ciudadanos. Es decir que recogen el arte que se limita al espacio entre las fronteras del Estado; algunos ni siquiera incluyen a los artistas de su diáspora. Mathaf es distinto: tiene una visión y una colección panárabe.

Aunque varias capitales árabes albergan museos, no tienen una visión y una colección panárabe

La primera exposición de Mathaf se titulaba Sajjil: un siglo de arte moderno. Era un guiño hacia la documentación de la historia moderna artística de la región a partir de mediados del siglo XIX. “Sajjil ana arabi” (Apunta: soy árabe) es un verso de un poema famoso de Mahmud Darwish, el poeta icono palestino que murió en 2008.

La exposición estuvo coordinada por un triumvirato de mujeres árabes: la historiadora del arte palestina-iraquí Nada Shabout, junto a Wassan Al-Khudhairi y Deena Chalabi, que reflejó la experiencia en su ensayo “Creando Mathaf” en 2010:

“Con pocas excepciones, los museos en el mundo árabe suelen acoger y promover una idea específica de identidad nacional, una narrativa única coherente que se refleja en la exhibición de los objetos de un país determinado y su historia. Hay pocos museos públicos de arte moderno en la región, y también tienden a mostrar expresiones colectivas del orgullo nacional y dan menos importancia a la creación individual dentro de un marco social y artístico más amplio”.

Aunque Mathaf se estableció en un colegio reconvertido, con un espacio de 5.500 metros cuadrados, su impacto va mucho más allá de las fronteras físicas. Los límites artísticos de Mathaf se extienden por todo el mundo árabe, desde Marruecos al Golfo, y abarcan obras de la diáspora árabe, que a menudo recibe poca atención, debido a razones políticas o geográficas. La colección panárabe de Mathaf demuestra que las luchas de argelinos e iraquíes, palestinos y yemeníes, entendidos como artistas árabes, se combinan perfectamente, como si fueran piezas de un puzle gigantesco que finalmente han sido colocadas en su lugar.

La colección panárabe de Mathaf demuestra que las luchas de artistas árabes se combinan perfectamente unas con otras

Pese a numerosos desacuerdos entre los gobiernos árabes, la mayoría de los ciudadanos del mundo árabe albergan una sensación de afinidad con sus hermanos árabes y sus causas. Los artistas del mundo árabe reflejan esa cercanía, cuando utilizan eventos de gran impacto en la historia árabe moderna, como la masacre de 1982 en los campamentos palestinos de Sabra y Chatila en Líbano, recreada con fuerza tanto en la obra del iraquí Dia Azzawi, como en la del kuwaití Sami Mohammed. Ambas forman parte de la colección de Mathaf.

El museo se inauguró un gélido día de invierno en la periferia de Doha, en diciembre de 2010, pocas semanas antes de que empezaran las revueltas árabes. Yo me encontré rodeado por varios destacados artistas árabes, como Leila Shawa, oriunda de Gaza y famosa por sus ilustraciones del Muro de Gaza, o Abdallah Al Muharriqi, un artista de Bahréin, cuyas obras reflejan los riesgos de la industria de la extracción de perlas en el Golfo a principios del siglo XX. También estaba Dia Azzawi, un iraquí cuyas obras están el la Tate Modern. Exponían también artistas de la diáspora egipcia como Ghada Amer y Youssef Nabil. Wafaa Bilar, profesor en la Universidad de Nueva York, me mostró su proyecto artístico “The 3rd I”, una cámara atornillada a la parte de atrás de su cabeza que transmite en directo las 24 horas diarias.

Decenas de otros artistas árabes se habían reunido aquí para un homenaje al arte árabe moderno y contemporáneo. También después me he encontrado con muchos artistas árabes jóvenes que hablaban bien de la institución. Parece ser que Mathaf ha dado a los artistas árabes un lugar y una sensación de pertenecer a una gran familia. “La colección de arte árabe moderno de Mathaf encabeza y promueve el panorama de arte contemporáneo árabe” dice Khaled al-Baih, un artista sudanés residente en Qatar. “Creo que a todos los artistas árabes les encantaría formar parte de un espacio que acoge obras de Ibrahim El Salahi y Dia Azzawi”, añadió, en referencia a los maestros de Sudán e Iraq.

Anteriores esfuerzos

Varios ciudadanos árabes intentaron establecer la idea de “Mathaf” (la palabra significa “Museo”) por su cuenta mucho antes de que se fundara la institución de Qatar. En 2003, la Fundación Kinda de Adel al-Mandil exhibía arte de todo el mundo árabe en el Institute du Monde Arabe de París, y un joven jeque qatarí, Hassan Al Thani, cuya colección forma hoy la parte más importante de Mathaf, apoyó sin descanso la idea del arte panárabe desde los años 80.

Sin embargo, la idea de un espacio de arte panárabe siempre era efímera. Capitales árabes como Bagdad y Kuwait celebraron ferias de arte panárabe que no duraban más de unas pocas semanas. La mayor parte de las obras se enviaban luego de vuelta a sus respectivos países, sin documentarse.

Hasta la apertura de “Mathaf” la idea de un espacio de arte panárabe fue siempre efímera

Hubo cierto número de iniciativas no gubernamentales en las últimas décadas para unirse alrededor de una identidad y un tema árabe común. En 1971, varias personas se juntaron en Damasco para establecer la Unión de Artistas Árabes, nombrando al artista palestino Ismail Shammout (1930-2006) como primer secretario general. La Unión celebró su primer festival en Argelia en 1987. En 2002, una destacada familia de Kuwait dedicada a los negocios estableció la Bienal Al Kharafi de Arte Árabe Contemporáneo. Pero muchos de estos esfuerzos se interrumpieron luego por motivos financieros o políticos.

El arte nunca es una isla. Hay que reconocer el riesgo de contemplar y promover el arte y la cultura árabe de forma aislada como si no tuviera conexión con la región ni con el resto del mundo.

Primero publicado en Alqantara • 25 Nov 2013

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