Por el oro negro del Kurdistán

Publicado por

Lluís Miquel Hurtado

@llmhurtado

Periodista (Tarragona, 1986). Vive en Estambul, donde colabora con el diario El Mundo.

Publicado el 12 Dic 2013

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Policías iraquíes vigilan un pozo de gas cerca de Kirkuk |  ©  Karlos Zurutuza
Policías iraquíes vigilan un pozo de gas cerca de Kirkuk | © Karlos Zurutuza

El petróleo kurdo fluirá a Turquía, sí o sí. Se ponga Bagdad como se ponga. Éste fue el mensaje del ministro de Energía turco, Taner Yildiz, en un foro sobre Energía, celebrado en Estambul el pasado 5 de diciembre.

Desde hace muchos meses, Turquía negocia con la Región Autónoma del Kurdistán iraquí la firma de un paquete de cinco contratos millonarios para importar petróleo y gas natural. La zona, de facto independiente del resto de Iraq desde 1991, está bendecida con enormes yacimientos de hidrocarburos: entre 17.000 y 45.000 millones de barriles, con lo que se sitúa entre el ‘top 10’ del mundo, según algunas estimaciones. Pero tiene un problema: no hay manera de exportar el petróleo. El único oleoducto está controlado por Bagdad. Y las autoridades iraquíes llevan tiempo enfrentadas a las kurdas, a las que acusan de maniobras independentistas.

Kurdistán ya ha construido un oleoducto: basta con engancharlo al turco

Mientras dure la confrontación, Bagdad no permite que el petróleo kurdo fluya a Turquía. Los camiones cisterna kurdos apenas pueden manejar una pequeña parte de la riqueza. Entre 30.000 y 50.000 barriles por día, de acuerdo con las cifras de Ashti Hawrami, ministro de Recursos Naturales del Kurdistán iraquí.

Esto se acabará. Según la prensa turca, las autoridades kurdas ya han construido un oleoducto que discurro sólo por territorio bajo su control y desemboca en la frontera turca. Basta con engancharlo allí al ya existente para que el oro negro fluya directamente hacia Ceyhan, el puerto mediterráneo desde donde se puede exportar a Europa. Empezaría en breve con una capacidad de 150.000 barriles al día, según la agencia económica Bloomberg, y podría llegar a transportar en el futuro hasta 700.000 barriles diarios, estima la agencia Reuters. La prensa turca asegura que la conexión puede efectuarse antes de que acabe el año.

Es algo vital también para Ankara. “Turquía depende de un número limitado de exportadores. Un acuerdo con Erbil le permitirá rebajar costes y ganar seguridad energética”, explica Sinan Ülgen, director del Centro de Estudios Económicos y de Política Exterior (EDAM) turco. Turquía casi no dispone de reservas energéticas, pero gasta anualmente 60.000 millones de dólares en combustibles fósiles extranjeros, un caramelo para cualquier país productor.

“Esa factura es un obstáculo para el crecimiento” señala Ülgen. “Casi la mitad del déficit en la balanza de pagos de Turquía”, añade, “se debe a la factura por la importación de petróleo y gas”. Pero al negociar con Erbil, sin otros compradores, Ankara puede poner las condiciones.

“Si Bagdad acepta el ‘mecanismo triple’, bien; si no, vamos adelante de todas formas”

Las autoridades kurdas prevén alcanzar en 2015 el millón de barriles exportados diariamente, no tan lejos de los 2,25 millones de barriles que envió todo Iraq al exterior en octubre. Por eso Bagdad vio las orejas al lobo y declaró que todo contrato hecho sin su consentimiento sería “anticonstitucional”. En realidad existe un acuerdo sobre el papel, firmado hace varios años pero nunca llevado a la práctica: Bagdad debe controlar todas las exportaciones y a Kurdistán le corresponde el 17 por ciento de los ingresos. Demasiado poco, cree Erbil. Mientras no haya acuerdo sobre los detalles, las espitas permanecen cerradas.

Durante los últimos meses, Ankara ha dado mensajes contradictorios. La mayor parte de las veces insistía que todo acuerdo con Erbil exigiría el previo visto bueno de los dirigentes iraquíes. “Turquía cuenta con ellos”, insiste Ülgen, “pero no descarto que tiren adelante el acuerdo pese a un ‘no’ bagdadí, alegando que sí les ampara la Constitución”.

Eso es lo que sugiere la última declaración de Taner Yildiz en Estambul: “Si Iraq acepta el ‘mecanismo triple’ que hemos establecido (en referencia a reuniones tripartitas), todo puede funcionar. Desde luego es una decisión que deben tomar nuestros hermanos iraquíes. Si no lo aceptan, el proceso continuará”. Es decir, que el acuerdo se firmaría de todas formas, según interpreta la muy oficial agencia turca Anadolu.

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Según Reuters, el acuerdo ya se firmó el último viernes de noviembre durante una reunión en Ankara entre Yildiz y Nechirvan Barzani, primer ministro del Kurdistán iraquí y sobrino del todopoderoso presidente, Masud Barzani. El mutismo oficial no ayuda a aclarar detalles, pero Bagdad tuvo que sospechar algo: cuando el lunes siguiente, Yildiz quiso viajar a Erbil para asistir a una conferencia internacional sobre petróleo, la prensa turco se hizo eco de un confuso mensaje: Iraq habría prohibido los aterrizajes de aviones privados turcos.

Desde luego, Yildiz no viajó por carretera. Ni en avión de línea. Voló directamente a Bagdad, se reunió con su homólogo iraquí, Hussein Shahristani, y dejó que este declarase ante la prensa el acuerdo alcanzado: Turquía no negociaría con Kurdistán sin el visto bueno de Bagdad. Acto seguido, Yildiz siguió a Erbil, donde se reafirmó en esta postura y propuso negociaciones a tres bandas. Pero apenas tres días más tarde, en Estambul, fue rotundo: el petróleo kurdo llegará, dejó a entender. Con o sin Bagdad.

“La solución debe ser trilateral, o las relaciones turcas con Iraq quedarán muy dañadas”

Algo peligroso, cree el ex embajador turco Yalim Eralp, actualmente analista del centro de análisis turco GPOT. “Para que el acuerdo sea definitivo, se necesita la aprobación de Bagdad, y eso no está ocurriendo”, declara. “La solución debe ser trilateral. De lo contrario nuestras relaciones con Bagdad quedarán muy dañadas. Además, enviaría un gesto incorrecto, que podría llevar a la separación de las regiones kurdas de Iraq”, teme.

Pero ya están todos los cabos atadas, según Reuters: El pacto incluye la construcción de un oleoducto para importar crudo pesado desde los campos kurdo iraquíes de Taq Taq y Tawke, considerado de calidad superior. Y la extensión, previsiblemente a manos de la empresa turco británica Genel, de un gaseoducto providencial: 20.000 millones de metros cúbicos anuales que podrían llegar a Europa a través de la futura gran tubería transanatólica TANAP, ya bajo construcción para el gas de Azerbaiyán.

Parte del acuerdo consistiría en la entrada de Turquía en prospecciones de la región vecina. Para ello, Ankara ha creado la Compañía Energética Turca (TEC), que explorará 13 yacimientos, en la mitad de ellos en cooperación con la estadounidense ExxonMobil. Más de treinta empresas extranjeras operan en el sector del gas y el petróleo en Kurdistán, entre ellas los gigantes Chevron, Total y Gazprom.

Malestar iraquí

Los recurrentes rifirrafes diplomáticos entre Turquía e Irak, cargados de acusaciones cruzadas de sectarismo, tuvieron su pico cuando Ankara rechazó en 2012 extraditar al prófugo ex vicepresidente Tariq Hashemi, condenado a muerte por la Justicia iraquí. Las autoridades turcas parecían estar dispuestas a dejar de lado a Bagdad y apostar todo a la carta kurda: el ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, no sólo viajó a Erbil para reunirse con Masud Barzani, sino que además se dio un garbeo, junto a su anfitrión, por la muy disputada ciudad de Kirkuk, respaldando así a las pretensiones kurdas de quedarse con esta ciudad rica en yacimientos de petróleo.

En los últimos meses, Ankara ha escenificado una rebajada de tensiones y la búsqueda de un acuerdo con Bagdad. Tomando como referencia el texto de la Carta Magna iraquí, ahora propone que las ganancias sean depositadas en un banco nacional local mientras no se acuerde la proporción exacta del reparto entre Erbil y Bagdad. De no haber finalmente acuerdo, Sinan Ülgen lo ve negro: “Bagdad intentará prohibir por la fuerza a los kurdos transportar petróleo a Turquía”.

Pero la alianza entre Turquía y Kurdistán es firme: en noviembre, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, invitó a Masud Barzani a un acto público a Diyarbakir, la ‘capital’ del Kurdistán turco. El gesto tuvo un triple alcance: fortalecer la imagen de Erdogan como dirigente prokurdo de cara a las elecciones municipales de marzo próximo, sin ceder espacio al partido kurdo de Turquía, el BDP, fortalecer lazos para marginar a los movimientos kurdos de Siria, cada vez más alejados de la órbita de Erbil, y garantizarse el acceso al petróleo. Frente a estos tres intereses geopolíticas de peso, Bagdad poco podrá ofrecer.

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